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Adolfo Suárez, el líder de la Transición

23/03/2014 10:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Sus decisiones cambiaron el rumbo de España, sus principios acabaron derrocándole y su legado ya es patrimonio de un país que llora su ausencia

La mayor parte de la gente que lo conocía lo consideraba, ante todo, un seductor nato. Con su mirada franca, la voz firme y la elegancia de un hombre acostumbrado a lidiar cada día con el traje como uniforme habitual, Adolfo Suárez era, además de presidente del gobierno de la España post-franquista, el yerno que todas las madres querían para sus hijas.

Solo así se entiende que el político cebrereño pudiera capitanear a buen puerto una nave que parecía dirigirse a la deriva en cada golpe de viento. Su célebre "puedo prometer y prometo" se convirtió en el santo y seña para convencer y dar confianza a un país que soñaba con construir una nueva democracia sobre sillares viejos.

Y es que la Transición no fue, ni mucho menos, un camino de rosas en aquella España convulsa que intentaba olvidar los terrores de una guerra fratricida que había desembocado en cuatro décadas de dictadura.

Suárez, líder falangista y tecnócrata convencido, se convirtió debido a las circunstancias en un funámbulo de la política capaz de liquidar las instituciones de Franco y fumar cigarrillos en la sombra con un enemigo acérrimo del caudillo como Santiago Carrillo, secretario general del Partido Comunista.

"Suárez es un anticomunista inteligente, que prefiere combatir nuestras ideas políticamente y no por la fuerza", explicaba Carrillo en una entrevista concedida en El País en 1977. "Él comprendió que había que legalizar al PCE, a pesar de ser ideológicamente anticomunista, porque vio claro que sin nosotros no había posibilidad de cambio con un mínimo de credibilidad democrática".

Adolfo Suárez

Sin embargo, en aquellos días de vino y rosas llenos de adicciones al cambio y a la reforma, convencer gracias a la palabra y el carisma no era suficiente: el descontento de los sectores más poderosos del ejército (y a la vez los más afines al antiguo régimen) crecía con cada atentado de ETA, y la inflación y la grave situación económica amenazaban con llevar al traste el proyecto de nueva España que se gestaba a finales de los años setenta y principios de los ochenta.

En aquellos momentos, el presidente vivía en una espiral de estrés y cansancio. Apenas le quedaba tiempo para poder disfrutar de su mujer, Amparo, y de sus hijos. Su profundo sentido como hombre de estado le obligaba a tener muy claro cuál era su prioridad en aquellos tiempos.

Suárez siempre tuvo la virtud de ser ambicioso y rodearse de buenos amigos. Su talante reformista le valió los favores de un padre de la constitución como Torcuato Fernández de Miranda, gran cerebro de la transición, y también su amistad con el propio rey Juan Carlos I, heredero designado por Franco, fue fundamental para que el presidente del gobierno tuviera poder suficiente para actuar.

No obstante, la relación entre político y monarca a lo largo de los años pasó por varios altibajos durante la legislatura de UCD y acabó enfriándose definitivamente justo antes de la dimisión del dirigente abulense en enero de 1981.

Adolfo Suárez era, además de presidente del gobierno de la España post-franquista, el yerno que todas las madres querían para sus hijas

Aquellos que un día garabatearon en una hoja de papel cómo sería la nueva democracia en España, vieron películas del oeste en el Palacio de La Zarzuela durante muchas tardes o navegaron juntos en el yate Fortuna, acabaron sellando un punto y aparte en su idilio justo antes del golpe de estado del 23-F y la irrupción de Felipe González en las siguientes elecciones.

Suárez, en 1981, era un león herido de muerte por el desgaste que no supo avanzar en el proceso de construcción de una maquinaria política coherente. La misma democracia por la que él había luchado le había dejado fuera de juego solo unos años después. Aunque todavía le quedaba un servicio por cumplir...

El 23 de febrero de ese mismo año, el teniente coronel Tejero, irrumpió en el Congreso de los Diputados en pleno debate de investidura del nuevo presidente, Calvo Sotelo, con la intención de dar un golpe de estado que tuvo en jaque al país durante varias horas. En aquel momento crítico, Suárez permaneció de pie en el hemiciclo cuando se escuchó una ráfaga de metralla y mantuvo el tipo para defender la Constitución mientras permanecía retenido junto al resto de sus colegas en la Carrera de San Jerónimo.

Y tras aquel momento cumbre, llegó la soledad. El fin de su vida política, o al menos, su etapa más importante y trascendental. Él mismo hizo balance en una entrevista concedida a ABC que fue censurada de su labor como presidente: "La historia admitirá que luché, que intenté conciliar los intereses y los principios..., y en caso de duda, me incliné siempre por los principios".

Pese a lo que se pueda imaginar, fue a partir de ese momento cuando Suárez comenzó su prueba más difícil, la lucha con un enemigo sin rostro ni bandera: un proceso degenerativo neurológico que acabaría, a la postre, borrando todos sus recuerdos. Además, el dirigente tuvo que enterrar a su mujer, Amparo, y a su hija, Mariam, que no pudieron derrotar al cáncer. Un final de etapa tremendamente duro para uno de los hombres más importantes del siglo XX en España

Así explicaba su estado de salud su hijo, Adolfo Suárez Illana: "Él está en su mundo, un mundo que quizá no es real pero un mundo amable, en el que no sufre; el alzhéimer va avanzando, pero sigue siendo agradable estar con él".

Eso sí, todavía le quedaba una cuenta pendiente al ex-presidente... Un reencuentro con un amigo del pasado, compañero en mil batallas. En 2008, Juan Carlos I visitó en la intimidad de su casa a Suárez para poner el broche a una relación llena de cariño y sinsabores que marcó el rumbo de un país.

Suárez: -¿Quién es usted?

El Rey: -Adolfo, soy tu amigo...

Hoy, 23 de marzo de 2014, el Presidente se ha marchado ligero de equipaje, dejando todo su legado en una Democracia que nos toca seguir construyendo y defendiendo a todos. Una lección de vida, ahora que ha llegado su muerte.

¡Gracias por tanto!


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Autor:
Adrián Boullosa (40 noticias)
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