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Allanando El Comino A Podemos

08/11/2014 08:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image Es indudable que Alfonso Guerra tiene una facilidad pasmosa para crear frases lapidarias, profundamente mordaces y sarcásticas y, cómo no, tremendamente ofensivas. De todos modos, no siempre sus ácidas invectivas responden a denuncias concretas de hechos que, si no son políticamente delictivos, son al menos poco éticos y amorales. Muchas veces hierra el golpe, y otras, o se trata de un simple desahogo verbal, o busca intencionadamente desviar el foco de algo que le resulta incómodo.

El pasado día 16 de octubre, los prebostes del PSOE, capitaneados por Pedro Sánchez, conmemoraron el 40 aniversario de aquel Congreso clandestino que se celebró en Suresnes (Francia) en 1974. Y Alfonso Guerra aprovechó el evento para lanzar una diatriba, no sé si contra Podemos, o contra las televisiones que dan cancha a su indiscutible líder. El caso es que culpa de los éxitos de Pablo Iglesias a los medios televisivos que le llevan a sus tertulias. Y lo hace con una frase tan directa como esta: "Hay televisiones que incuban el huevo de la serpiente".

Es muy posible que Pablo Iglesias, o Podemos en su conjunto, sea una auténtica serpiente y, sin lugar a dudas, de las más venenosas. Quizás sea verdad que las televisiones popularizaron excesivamente la imagen de este impenitente admirador del bolivariano Hugo Chávez y de Fidel Castro, pero nada más. Son más bien los responsables de los partidos políticos tradicionales los que, en realidad, están alfombrando el camino con abundantes rosas a este nuevo caudillo nazi, al contemporizar con tanto trincón y manilargo

La corrupción política, en efecto, ha sido una constante a lo largo de toda nuestra historia y, de manera mucho más intensa, a partir de 1978, fecha en la que se aprobó la Constitución Española. Comenzó la serie, en tiempos de UCD, con la comercialización fraudulenta del aceite de colza y termina, de momento, con las famosas tarjetas opacas de Caja Madrid, pasando, entre otros, por los GAL, Filesa, los fondos reservados, Luis Roldán y el caso Guerra, sin olvidarnos, claro está, de la Gürtel y del escándalo de los ERE en Andalucía, por citar exclusivamente los casos más importantes.

Los casos de corrupción, cuando son extremadamente graves, hasta pueden terminar pervirtiendo nuestro sistema democrático. Producen, eso sí, enormes estragos en la convivencia ciudadana y, por supuesto, terminan dejando sin credibilidad alguna a los representantes públicos, que utilizan sus cargos para aumentar ilegalmente su fortuna personal. Cuando la economía es boyante y los ciudadanos en general no pasan estrechez alguna, pueden llegar incluso a zaherir y denostar públicamente a los políticos desleales y deshonestos, pero nada más.

Las cosas cambian radicalmente cuando nos azota una crisis económica tan brutal como la que padecemos desde 2008. Dicha depresión económica no ha hecho más que destruir puestos de trabajo, ocasionando un número de parados realmente escandaloso y un empobrecimiento general de la sociedad. Es normal que, con una situación tan preocupante como esta, peligre hasta el mismo sistema democrático. Cuando hay mucha gente viviendo en la indigencia, sin poder cubrir sus necesidades más básicas, la sociedad se vuelve mucho más intransigente e inflexible y ya no se conforma con abuchear y denigrar a los chorizos, que se apropian indebidamente de lo que no es suyo. Entonces, exigen toda clase de responsabilidades y, como es lógico, demandan su destitución inmediata y que devuelvan lo robado.

Cuando concurren esas circunstancias tan graves, la censura social alcanza también a los responsables de los partidos políticos, aunque personalmente estén libres de semejante lacra. Los reprueban precisamente por su manifiesta tibieza para enfrentarse a la lacra de la corrupción. Más aún: acostumbran a encubrir y a disculpar a estos ventajistas políticos. . Y cuando los que se aprovechan de su puesto para mejorar ilegalmente su situación política y económica, son personajes prominentes del partido, hasta los protegen descaradamente, mandándoles al Senado, para que estén aforados y a resguardo de cualquier contingencia judicial.

Los profesionales de la política hoy día han perdido totalmente la decencia y la dignidad. De ahí que traten siempre de ocultar sus propias miserias, exagerando las de sus rivales políticos, pidiendo incluso, por qué no, su inmediata defenestración. Es la estrategia del "y tú más..." que, con tanto desparpajo, utilizan unos y otros. Admiten, eso sí, que es necesario regenerar la vida pública, pero quieren que sean los otros los que entonen solemnemente el "yo pecador...". Para acabar con ese ambiente generalizado de corrupción que nos invade, son todos los partidos políticos los que deben hacer un examen sincero de conciencia. Ya lo dijo Goethe, "que cada cual barra ante su puerta y así el mundo estará limpio".

Hoy día, los políticos de uno y otro bando se han olvidado del bien común y actúan de espaldas a los ciudadanos a quienes representan. Solo piensan en sí mismos y, como hizo últimamente Jordi Pujol, tienen la desfachatez de reñir y abroncar a quienes se atrevan a censurar públicamente su conducta inmoral. Los ciudadanos están ya hartos de tanto cinismo y exigen a los líderes políticos de los dos grandes partidos que recapaciten seriamente, que escuchen al pueblo y que pongan fuera de la circulación a toda esa tropa de indeseables que han hecho de la corrupción su modo de vida.

Que el jefe de fila de uno de los dos grandes partidos pida perdón a los españoles por haber colocado en puestos de responsabilidad a vividores y sinvergüenzas está muy bien, pero ese gesto, si no va acompañado de medidas drásticas y radicales, no soluciona nada. Aunque la corrupción política se ha extendido como una plaga y ha infectado a toda la sociedad, los responsables de los partidos han estado siempre puestos de perfil. Y los líderes, que se hayan arrepentido de verdad y quieren acabar con tanta podredumbre, deben hacer algo más que pedir disculpas. Una de dos, o reforman nuestro sistema administrativo y resucitan nuevamente a Montesquieu, o seguiremos chapoteando indefinidamente en ese ambiente irrespirable de corrupción.

Mientras los responsables de los partidos tradicionales sigan como hasta ahora, empecinados en airear los pecados del adversario para escamotear los propios, no habrá modo de acabar con la corrupción política que nos asfixia a todos. Y mientras no cambien y se pongan de acuerdo, ninguno de ellos va a mejorar sus propias expectativas y seguirán agrandando ese enorme desaguadero por donde se les van los votos. Y a la vez, llevarán en volandas a Podemos hacia un éxito que jamás habría soñado.

José Luis Valladares Fernández


Sobre esta noticia

Autor:
Valla (105 noticias)
Fuente:
joseluisvalladares.blogspot.com
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Tipo:
Reportaje
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