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Anécdota inédita de Héctor Lavoe (1)

19/05/2009 11:09 2 Comentarios Lectura: ( palabras)

Esta anécdota porque fue narrada a este escriba por el mismo Hector. Lo habíamos estado entrevistando justo un día antes de su infausto accidente donde cayó de su suite de un rascacielos

Cuando empezó como cantante con Willy, Hector no pesaba más de cincuenta kilos con la ayuda de dos piedras en los bolsillos, por tanto sus camisas tenía que entallárselas una modista colombiana que vivía a la vuelta de su departamento. Otro tanto sucedía con sus pantalones, que debían ser entallados por un sastre borrachín a quien debía invitarle un ron mientras se dedicaba a sus labores, pero, además, había también que vigilarlo, porque cuando le daba sed no había cliente que pudiera sacarlo de su barra preferida en un billar de la 110th, donde se reunían los otros sastres de la localidad y además se escuchaba boleros de Tito Rodríguez.

Eran las épocas de las vestimentas hippies con pantalones de amplias bastas y camisas con largos solaperos, además de colorinches y flores por todo lado. La moda niuyorican también exigía sombrero con pluma y por lo menos un par de pacos de moño rojo en bolsillo interior del saco. Pero como el sastrecillo era chapado a la antigua no había nada que le diera más rabia que tal tipo de indumentaria a la cual consideraba propia de afeminados, por tanto cuando se acercaba alguien para que le confeccione o modifique una vestimenta de ese jaez, normalmente la rechazaba, salvo que el cliente fuera Hector, ya que este aparte de ser su paisano, también gustaba de escuchar los boleros de Tito Rodriguez, y cuando se daban sus buenos palos de ron, dejaban todo de lado y se ponían a cantar hasta avanzada la noche.

Pues bien, había llegado Hector a entallar su ropa hippie a las seis de la tarde de un lunes, día que normalmente era de descanso de los artistas, aclarando que cuando decimos descanso, en el caso de Hector, este se circunscribía tan sólo a sus contratos, porque en lo que respecto al canto y al trago y otras diversiones, el rey de la puntualidad jamás descansaba, a pesar de su juventud, o quizás a causa de ella.

Como ya se había hecho costumbre, llegó el flaco con su botella bajo el brazo, pero resulta que no estaba el sastrecillo valiente porque la sed le había dado temprano por la mañana y no lograba calmarla aún así que Hector ya sabía que el artista de las tijeras y las agujas estaba en el bohemio billar de la 110. Hector urgido de la ropa que le había encargado y trayendo además algunas vestimentas candidatas al entalle, llegó con toda parsimonia al referido local y encontró al tío sumergido en una hermosa borrachera con balcón a la calle. Otro sastre que se encontraba presente, angurriento y un tanto más lúcido, se acercó a Hector para ofrecer sus conocimientos y artes y solucionar las urgencias del destacado cantante. Hector declinó, sabedor de los celos profesionales entre su amigo y los colegas, además era enemigo de ese tipo de enfrentamientos.

Como ya se había hecho costumbre, llegó el flaco con su botella bajo el brazo, pero resulta que no estaba el sastrecillo valiente porque la sed le había dado temprano por la mañana y no lograba calma

El sastre rival se adelantó a colocar en la vellonera, como le dicen ellos a la rocola, una moneda donde Tito Rodríguez cantaba con tremendo swing:

El que se fue no hace falta

Hace falta el que vendrá.§

Y aprovechó del mensaje de la letra de la guaracha para seguir insistiendo en la calidad y, sobre todo, la puntualidad de sus servicios. Pero como Hector no era de esos engreídos o malgeniados artistas que gustan de hacer líos donde la gente los pueda ver lucir sus caprichos y rabietas, sino más bien el flaco era de los que le sacaba partido a las peores desgracias, al verlo en ese estado se emocionó, le mostró la botella de ron y se puso a cantar.

Flores negras en tus ojos nos apartan sin piedad

Pero el día vendrá para que seas para mi nomás

Nomás!

El borrachín, creyendo entender un mensaje que no existía, miró a sus colegas y los amenazó con una botella rota.

- ¡Nadie nos va a separal, mi pana! ¡Y como yo me entere que alguno de ustedes intente encalgalse de los trajes de Hector se la va a vel conmigo, porque yo soy el sastre oficial de mi pana Héctol!

Todo se solucionó con un abrazo y tremenda borrachera hasta el día siguiente.

§ En otra de las anécdotas mencionaremos el verdadero propósito de esta composición de Tito. (si el amable lector insiste lo haremos mucho más rápido)


Sobre esta noticia

Autor:
Omardante (8 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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Sergio (18/01/2011)

jajaja que tal cosa las que vivia Hector xD, cuelguen lo demas que hace falta, xD

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VICTOR H. (04/03/2013)

EXCELENTE ANECTODA PORFAVOR AGRENGUEN OTRAS