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Apuntes alrededor de atentados proyectados por el SIE

15/08/2010 17:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

De acuerdo con Ricardo Uceda: Caso Javier Diez Canseco

El Perú durante la violencia politica que enfrentó a los grupos terroristas contra el Estado; generó una infame polarización entre aquellos - como las Fuerzas Armadas - que adoptaron una forma de lucha sin contemplación alguna; y aquellos grupos civiles que sin defender a los grupos terroritas criticaban la forma de cómo se desarrollaba la lucha antisubversiva, básicamente en torno a la vulneración de derechos fundamentales de civiles.

Aquellas voces civiles venían de personajes ligados a la izquierda durante los años 80 y eran percibidos negativamente por Servicio de Inteligencia del Ejército. Uno de estos personajes era Javier Diez Canseco. Leo Muerte en el Pentagonito de RIcardo Uceda (Uceda, Ricardo. Muerte en el Pentagonito. Los cementerios secretos del Ejército Peruano. Planeta. 2004 p. 305-307) y encuentro revelaciones interesantísimas producto de un periodismo de investigación comprometido.

El segundo operativo del Grupo Colina se iba a llevar a cabo en Lima, en enero de 1992, a pocas cuadras del Congreso. Consistía en el asesinato de Javier Diez Canseco, un parlamentario izquierdista normalmente odiado por los militares a cargo de asuntos antisubversivos. Desde sus épocas de dirigente estudiantil en la Universidad Católica, Diez Canseco parecía estar en todas las protestas posibles, siempre con el dedo acusador y el discurso indignado, ya fuera en el hemiciclo del Congreso – donde fue opositor a los regímenes de Belaúnde y García -, en un mitin o en las mismas asambleas izquierdistas. Cojeaba de la pierna derecha por la secuela de una poliomielitis, lo que no le impedía estar en la primera fila de las marchas y recorrer el país haciendo sonar el clink clink de sus zapatos ortopédicos. Por supuesto, Diez Canseco estaba detrás de las más importantes denuncias sobre violaciones de derechos humanos cometidas por las Fuerza Armadas. Precisamente por los días en que Enrique Martin ordeno seguirlo, integraba una comisión parlamentaria que investigaba la matanza de Barrios Altos.

Diez Canseco era un aliado del terrorismo para los militares que combatían a Sendero Luminoso, y objetivo obligado cuando en el Ejército se hicieron planes para eliminar a los izquierdistas más peligrosos. Aún no había sufrido un atentado grave, aunque sí acciones de amedrentamiento. Dos autos suyos fueron robados y destruídos. Tres veces entraron en su domicilio de Pueblo Libre extraños que no se llevaron dinero ni electrodomésticos. En noviembre de 1990 una bomba destruyó la fachada de su casa. Un mensaje del SIE.

En enero de 1992, la muerte de Diez Canseco parecía estar próxima. Enrique Martin dispuso un seguimiento diario del congresista, quien todas las mañanas era esperado a su llegada al Congreso por dos agentes confundidos entre los transeúntes de la plaza Bolívar.

Ambos informes revelan el interés de estudiar los movimientos del parlamentario en el centro de Lima. Había un motivo poderoso: en esa zona pensaban matarlo

(…)

Entre los documentos obtenidos para este libro figuran dos titulados “Informe de agente”, de los días 8 y 9 de enero de 1992, referidos a este seguimiento. Aparecen las horas en que Diez Canseco llegaba y se iba del Congreso, las descripciones de su vehículo y de su chofer y guardaespaldas, a Diez Canseco se lo alude como “Angelito”, sin identificarlo, pero las características de su camioneta (Lada blanca, placa TG 4428) y de su guardaespaldas (“un exmiembro de la policía de apodo Beto”) le corresponde, las calles por las que se desplaza al retirarse son indicadas específicamente, y en el reporte de día 8, hasta graficadas. Finaliza así: “Se adjunta croquis de desplazamiento del SUJETO y álbum de fotografías”.

Ambos informes revelan el interés de estudiar los movimientos del parlamentario en el centro de Lima. Había un motivo poderoso: en esa zona pensaban matarlo.

A los pocos días del seguimiento, Martin le preguntó a Sosa cómo despacharía a Diez Canseco, Sosa le dio dos posibilidades, ambas operando en la última cuadra del jirón Conde de Superonda, donde, por las noches, circulaban pocos automóviles. La primera era atacarlo luego de que una falsa obra pública – la reparación de la pista, por ejemplo – lo obligara a bajar la velocidad. Los mismos impostores que hacían la reparación lo llenarían de balazos.

La segunda opción era esperarlo en el mismo sitio, con una camioneta descubierta en la que un hombre, en el momento debido, dispararía una lanzagranadas antitanque RPG. Luego de destruir el Lada con sus ocupantes, la camioneta huiría por el jirón Cañete y desaparecería en la plaza Unión. Esta posibilidad era la preferida por Sosa, y de la misma opinión de Martin. No requería más preparativos que la vigilancia en la plaza Bolívar y un buen posicionamiento de la camioneta en el jirón Conde de Superonda. Y un pulso firme, claro.

El día señalado, Jesús Sosa recibió la orden de Enrique Martin a primera hora de la mañana. El agente se dispuso a actuar en la tarde o en la noche, cuando “Angelito” abandonara el Congreso, y durante el día se dedicó a estudiar el jirón Conde de Superonda. A la una de la tarde, los agentes apostados en el Congreso le informaron que Diez Canseco recién había ingresado al Palacio legislativo. Casi a la misma hora lo llamó por la radio Martin, quien por la mañana había ido a una reunión en el Pentagonito.

- Regrésate – le dijo -. El trabajo queda suspendido.


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Autor:
Franco Mc (80 noticias)
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Nota de prensa
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