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Este ses es el auténtico Pablo Iglesias

17/01/2016 07:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image Roma, se dirigió Cuenta la leyenda que Rómulo, nada más concluir con las labores de la fundación de confiadamente a los pueblos vecinos, con la intención de reclutar gente que accediera a instalarse en la ciudad que acababa de nacer. Pero esta iniciativa de Rómulo no tuvo mucho éxito. Aunque garantizaba a unos y otros que la nueva ciudad era el mejor sitio para vivir en libertad, tan solo respondieron a la llamada muchos prófugos y refugiados y toda clase de personas proscritas y desarraigadas, que arrostraban auténticos problemas de convivencia en las ciudades de donde provenían. En principio, con la llegada de todo ese gentío, aunque en su inmensa mayoría no era muy recomendable, el fundador y primer rey de Roma se sintió extraordinariamente satisfecho y, sin pérdida de tiempo, comenzó a poner en marcha las instituciones que se necesitaban para mantener la seguridad y el orden dentro de la nueva urbe. Entre esas instituciones, estaba el ejército y también los primeros Patricios o Senadores de la historia romana, que recibirán más tarde el honroso título de "Padres de la Patria". Pero la recién creada ciudad de Roma continuaba teniendo un problema extremadamente grave. La colonia romana estaba formada casi exclusivamente por varones y, si no encontraban mujeres rápidamente, el futuro de la ciudad estaba abocado al fracaso más absoluto. Para eludir semejante peligro y garantizar la viabilidad de la ciudad de Roma, Rómulo, y sus colaboradores más directos, decidieron utilizar el engaño, y hasta la fuerza, para conseguir mujeres. Con tal fin, organizaron una gran fiesta con carreras de carros y banquetes en honor al dios Neptuno e invitaron a todas las poblaciones vecinas. En la fecha programada para los festejos, los sabinos, que vivían en la cercana colina del Quirinal, comenzaron a llegar en masa, dispuestos a participar en los festejos programados. Tal como habían previsto los romanos, traían consigo a sus mujeres y a todos sus hijos. Y cuando muchos de los sabinos habían bebido ya más de la cuenta y otros estaban entretenidos compitiendo en los juegos, los hombres de Rómulo raptaron a todas sus hijas y, después, expulsaron de la ciudad a sus padres. Y esto es, ni más ni menos, lo que pretende hacer Pablo Iglesias con los confiados españoles, dejando incluso muy pequeño al mismo Rómulo. El fundador de Roma cameló a los sabinos, para que disfrutaran de aquellas fastuosas fiestas, con toda su familia. Sus falsas promesas de amistad y buena vecindad ocultaban deliberadamente su verdadera intención de raptar a sus hijas. No olvidemos que Pablo Iglesias comenzó su andadura política, escenificando ante el congreso fundacional de Podemos lo que escribió Marx a su amigo Kugelmann, cuando la Comuna tomó fugazmente el poder en Paris, entre el 18 de marzo y el 28 de mayo de 1871. En dicho escrito, Karl Marx aseveraba que los parisienses estaban "prestos a asaltar el cielo" y Pablo Iglesias completó la frase diciendo que: "El cielo no se toma por consenso, sino por asalto".

Ya en la campaña para las elecciones europeas, celebradas el 25 de mayo de 2014, tanto Pablo Iglesias, como Juan Carlos Monedero, utilizaron un discurso excesivamente bronco e insolente. Según ellos, los políticos tradicionales de España son todos unos carcas, están llenos de corrupción y forman parte de una casta, que no piensa nada más que en acaparar privilegios y acumular riquezas. Siguiendo ciegamente las indicaciones del capital, en vez de trabajar para el pueblo, están siempre al servicio exclusivo de las eléctricas y de la banca. Los de Podemos aplican a la clase política española los mismos epítetos que utilizó Marx para criticar a los que reventaron el efímero triunfo de la Comuna de París: dicen que huele a cuartel y a Iglesia y que, sin lugar a dudas, rezuma filisteismo por todas partes. El recurso a esa agresividad insultante y populista, desconocida hasta entonces, caló principalmente en el electorado joven y Podemos obtuvo así un resultado magnífico, logrando un número de eurodiputados, que ni ellos mismos esperaban. Al conseguir un resultado tan positivo en las elecciones europeas, las huestes de Podemos, con Pablo Iglesias al frente, deciden mantener esa manera tan beligerante y provocativa de hacer política. Pero llegan las elecciones andaluzas del pasado 22 de marzo y las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo, y aunque el resultado logrado por Podemos fue francamente aceptable, se quedó muy por debajo de las expectativas previstas. Entonces Pablo Iglesias, para afianzar y mejorar sus posibilidades en las próximas elecciones generales, decide moderar su discurso y adoptar definitivamente una actitud menos agresiva y virulenta para no molestar a nadie. Quiere comenzar a dar una imagen más cercana a Mahatma Gandhi que al adorado Hugo Chávez, y ocultar su radicalismo para poder disputar a los socialistas de Pedro Sánchez la hegemonía de la izquierda en España. Así fue como Pablo Iglesias comenzó a esconder su faceta más radical y leninista y a simular finalmente un alejamiento ficticio de sus referentes bolivarianos. Comprendió que, para robar protagonismo al PSOE y arrebatarle una buena parte de sus feudos, tenía que abandonar su particular "caza de brujas" y mostrar un rostro más amable. Y empezamos a ver en los medios de comunicación a un secretario general de Podemos sonriendo seráficamente, pidiendo calma, tolerancia y camaradería y mostrándose partidario de una socialdemocracia, similar a la que encontramos en los países nórdicos. Ya metidos en la campaña para las elecciones generales del 20 de diciembre, el líder de Podemos no perdió la compostura, ni dejó de sonreír. Enfervorizaba e ilusionaba a su público, apelando a las emociones, y muchos de sus simpatizantes interrumpían sus mítines, gritando desaforadamente "sí, se puede". Pero llegó la noche del 20Dy, como era de esperar, reapareció otra vez el incorregible bolivariano de siempre, el auténtico Pablo Iglesias, dispuesto, cómo no, a materializar, lo más rápidamente posible, el asalto a los cielos con la inestimable ayuda de las distintas plataformas de la izquierda nacionalista que le apoyan. Nada más conocer los primeros resultados electorales, Pablo Iglesias dejó de representar el papel de supuesto carismático Rey Mago, que cuidaba desinteresadamente de los más pobres y desamparados, y se convierte otra vez en el revolucionario que siempre fue. Su comparecencia era esperada por un numeroso grupo de incondicionales, muchos de ellos hijos de papá, que celebraba aquel acontecimiento con aplausos y con gritos desaforados de "Presidente", Presidente", "Presidente" y algún que otro "Sí se puede". Alentado con semejante recibimiento, el líder de Podemos compareció en la provisional sala de prensa, arropado por toda su Ejecutiva, y comenzó su perorata con estas palabras: "Hoy ha nacido una nueva España que pone fin al turnismo e inaugura una nueva etapa política en nuestro país". Y para cumplir con las distintas plataformas de la izquierda nacionalista que le apoyaron, se ofreció abiertamente a los independentistas para dar una solución satisfactoria a las tensiones territoriales que padece nuestro país. Y recalcó reiteradamente, cómo no, que quedaba expedito el camino para "una segunda Transición". Una vez confirmado el resultado electoral, el líder de la formación morada comenzó a comportarse como si realmente hubiera ganado aquellas elecciones. Con su defensa a ultranza del "derecho a decidir" y su continua reivindicación del "Estado plurinacional", logró, es verdad, 69 escaños en el Congreso de los Diputados. Pero hay que tener en cuenta que 27 de esos escaños son prestados por las plataformas nacionalistas con las que pactó Podemos en Cataluña, Valencia y en Galicia. Y esto, como es lógico, limita considerablemente los márgenes de maniobra a Pablo Iglesias, al tener que cumplir los compromisos suscritos con esas formaciones separatistas. Gijón, 1 de enero de 2016

José Luis Valladares Fernández


Sobre esta noticia

Autor:
Valla (105 noticias)
Fuente:
joseluisvalladares.blogspot.com
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Tipo:
Opinión
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