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BUDA MAITREYA y el Humanitarian Marketing Program. Comprar y sin gastar de más, donar

10/09/2022 08:19 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Global Solidarity concentra los Programas de Afiliados y redirecciona el 5% de las comisiones por ventas Online hacia UNICEF y otras ONGs

EXTRACTO DEL LIBRO: 

 

 

¿PODEMOS CAMBIAR AL MUNDO?

 

Lo hacemos todo el tiempo, pero no pensamos lo suficiente acerca del poder que tienen cada uno, de nuestros aparentemente  insignificantes actos diarios, al sumarse colectivamente.

 

Por el solo hecho de encontrarnos vivos, contribuimos a que el mundo sea diferente. Así sea en una ínfima proporción y potencia, la realidad de nuestra presencia modifica el total de formas, contenidos y energías del entorno que nos rodea. No se trata de un hecho espiritual, sino puramente físico y mensurable. Toda acción humana inevitablemente interacciona con el total de la realidad externa, en la misma medida y proporción de su propia escala e intensidad.

 

Entonces, cada uno de nosotros posee poder para cambiar el mundo. Sea este poder limitado o casi ilimitado, la cuestión es que lo tenemos. Ahora, si lo sabemos usar y si lo queremos usar, es un aspecto diferente.

 

Cuando el pensamiento racional madura y los niños se convierten en adolescentes y en adultos jóvenes, perciben que el orden existente en el mundo que los rodea no es perfecto, no es equilibrado y carece de estabilidad predecible permanente. El mundo que la sociedad humana crea, es un mundo perfectible, reorganizable, moldeable a todos los efectos.

 

Si queremos y si sabemos cómo hacerlo, podemos contribuir positivamente en la mejora del estado de cosas sobre el mundo. Esto se debe a que nuestra realidad socioeconómica es flexible y adaptable.

 

También  de joven se percibe que el mundo ya posee una lógica previa de organización, determinada por una alta inercia de muy difícil transformación o anulación. Esta lógica está basada en las transacciones interesadas bajo el patrón dinerario. El problema interno, del sistema que obedecemos, son los efectos negativos y distorsivos de la cuantificación incontrolada.

 

Para explicarlo en forma simple: digamos que alguien descubre que talando árboles se pueden añadir nuevas tierras de cultivo. Al principio, esto es visto como un progreso, porque la nueva situación brinda nuevos beneficios acumulativos. Otros ven estos mayores beneficios y deciden entonces hacer lo mismo. Cuando suficiente cantidad de individuos repiten las mismas acciones, la relación beneficios-costos, tiende a invertirse y así, los costos totales finales superan a los beneficios. Por ejemplo, la población acaba destruyendo todo el bosque y el medio ambiente cambia, el clima se altera y las cosechas ya no son tan buenas, el rinde disminuye y los beneficios ya no superan la sumatoria de los costos integrados.

 

¿Qué pasó en realidad? La multiplicación excesiva de la misma acción, aumentó significativamente los pequeños costos negativos iniciales, hasta el extremo de convertir en inviable la ecuación de beneficios de partida. O sea, no por hacer más y mejor una misma cosa, obtendremos siempre una acumulación constante de beneficios positivos.

 

Este efecto cuantitativo indeseable sobre el crecimiento acumulativo de los efectos negativos del sistema, es lo que estamos todos los seres humanos ahora percibiendo sobre el mismo mundo que habitamos. Primero, nuestra población en sólo 2 siglos se multiplicó por 10, mientras que nuestra capacidad de trabajo o de procesar los recursos naturales se multiplicó por factor de 1.000 a 10.000, al hacer uso intensivo de las máquinas y la tecnología. Como resultado de esto, estamos alterando el clima mundial, nos están empezando a faltar alimentos y agua potable, junto a una curva peligrosamente explosiva de crecimiento de la criminalidad o violencia en todas las ciudades que sobrepasan el millón de habitantes. ¿Por qué? Nuevamente estamos frente a fenómenos determinados por la lógica de procesos cuantitativos, que se convierten en incontrolables bajo la presión de la demanda siempre insatisfecha, de una superpoblación en constante crecimiento.

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Es una progresión que sabemos acabará muy, pero muy mal. ¿Qué podemos hacer para prevenir males mayores? ¡Cambiar al mundo!  Pero ¿cómo? Cambiando nuestros hábitos diarios, entre casi todos, al mismo tiempo.

 

Los problemas del mundo son problemas de números. La base es siempre económica y no política. Hay una antigua discusión sobre si la política determina a la economía o viceversa. La respuesta es que, mientras el sistema económico no cambie en esencia, toda iniciativa política redundará en cambios aparentes y lo que realmente hará es malgastar recursos que no podrán luego, ser fácilmente acumulables para un segundo intento.

 

Resolver los crecientes conflictos del mundo, que se han disparado en estampida, no pasa por el factor político, sino por resolver y equilibrar una ecuación integral de todos los recursos económicos disponibles.

 

Todos nuestros actos sumados, se traducen en activad económica. Cada acción ejecutada implica un gasto, un consumo. Del otro lado de la cadena esto permite sostener empleos y empresas, un sistema de producción flexible adaptado a la demanda constante. Pero, la demanda constante, no es otra cosa que nuestros hábitos diarios. Si estos llegaran a cambiar de un día para el otro, toda la estructura superior dependiente también se verá obligada a cambiar y adaptarse, o desaparecer. Así de simple.

 

Si bien esto es una simplificación grosera, repasemos el cuadro de situación. Primero, tenemos que la cuantificación causa desorden en el cuerpo social mundial al multiplicarse fuerzas negativas o efectos negativos acumulados, resultantes de todos los procesos que realizamos y en los que intervenimos. Segundo, todas nuestras acciones son movimientos económicos objetivos y mensurables, que crean niveles de organización de escala creciente. Tercero, toda la ecuación económica mundial depende de la continuidad de nuestros hábitos diarios, siendo esta la razón principal para la existencia de la publicidad de los mercados y la propaganda política.

 

O sea, toda la superestructura de la civilización humana colectiva, depende de lo más simple y elemental, nuestros hábitos diarios. No es necesario que salgamos a las calles y a las plazas públicas demandando que se produzcan los cambios deseados, basta que dejemos de consumir o consumamos en forma selectiva y diferencial, para hacer aparecer o desaparecer un determinado estado de cosas sobre el mundo que habitamos. Por el momento, mientras se mantenga la actual relación capital-trabajo, poseemos este poder total. Pero, no hemos aprendido a ser lo suficientemente listos para usarlo y aplicarlo en forma colectiva cooperativa, sincronizada y coordinada. Y más elemental todavía, no hemos tenido, no hemos sentido y no hemos pensado que exista razón suficiente para hacerlo todavía.

 

¿Y cuál es esta razón ahora? El Hambre Mundial y el Calentamiento-Inundación Global. Si no hacemos lo suficiente para frenarlos y revertirlos, más tarde o más temprano nos veremos directamente involucrados con estas dos crecientes inercias negativas, que amenazan el futuro de nuestro mundo. ¿Por qué? Porque al sumarse e interactuar entre ambas, no sólo se aceleran más rápido, sino que crean condiciones suficientes para el surgimiento de nuevos factores de desorden, como por ejemplo una 3º Guerra Termonuclear, cuando los alimentos y el agua potable escaseen lo suficiente y necesario, para hacer perder la razón a los líderes mundiales claves.

 

Con las limitaciones a las que estamos sujetos todos nosotros, seres humanos ordinarios, ¿qué podemos hacer para evitar lo peor y hacer posible lo mejor? Algo bien simple, ayudar y cooperar en traer al mundo el Humanitarian Marketing Program. ¿De qué se trata? De una corrección automática sobre los efectos negativos en los procesos de acumulación del capital. Básicamente, consiste en la concentración de un porcentaje de los beneficios fijos del sistema, y en su aplicación para la financiación del desarrollo de soluciones integrales. Por ejemplo, si un porcentaje fijo pudiera ser extraído del Comercio Mundial, esto permitiría contar con los recursos económicos suficientes para combatir el Hambre Mundial y el Calentamiento-Inundación Global, así como otras amenazas en ciernes. Tales soluciones requieren ecuaciones económicas sostenibles que resuelvan los costos fijos involucrados.

 

Por el momento, ningún país ni organización quiere ceder recursos para dar solución definitiva a los problemas mundiales. El mundo se ha globalizado, todas las naciones se sientan a la mesa para comer de los beneficios, pero nadie luego quiere lavar los platos sucios. Es una conducta insostenible en el mediano y largo plazo. Un acto de irresponsabilidad. Todos contribuimos a crear los problemas que sufre el mundo y, en la misma proporción y medida, todos debemos contribuir a corregirlos. La globalización del planeta necesariamente implica una reducción de las libertades y soberanías nacionales. Debemos comprender esto, a riesgo de soportar graves pérdidas futuras, como consecuencia de los problemas mundiales comunes agravados.

 

 

 

 

 

 

 

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Sobre esta noticia

Autor:
Roberto Gomes (97 noticias)
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Nota de prensa
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