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Churchill y Burke, un camino para la democracia centralizada

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19/11/2019 12:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Falsos isquierdisdistas oscurecen mapa mundial y el narcotráfico hace mella en el desarrollo de los pueblos junto a la coca

Fuente Literaria

El debate intelectual se ha enardecido en los últimos años. Se percibe en la nueva relevancia de autores de dilatada trayectoria como Rémi Brague o Chantal Desol; y, sobre todo, en la repentina aparición de figuras como Jordan B. Peterson,  Camille Paglia, Ben Saphiro, Anthony Esolen, Eric Zammour, Fabrice Hadjadj, Jean-Claude Michéa o Ayaan Hirsi. Cada cual tiene su nítido perfil, pero todos gozan de una capacidad real de crear opinión.

Múltiples factores propician tanta vitalidad. A la contra: la recuperación dialéctica del marxismo cultural y gramsciano, el auge de los movimientos identitarios y la paulatina expansión popular de un ecléctico discurso postmoderno imperante. Esto ha hecho, paradójicamente, que la controversia resulte más excitante. Tanto, que ha alcanzado gran trascendencia pública y directamente política. A nadie escapa, aunque no entre dentro de los límites de este artículo, la influencia del antipostmodernismo en la agenda política de Donald Trump o en la victoria electoral de Jair Bolsonaro, admirador confeso del filósofo Olavo de Carvalho. En Europa del Este los intelectuales y poetas que se opusieron al marxismo y al globalismo tuvieron y tienen un gran eco público.

 Las redes sociales son una perfecta plataforma para los mensajes inconformistas y un instrumento de la libertad de expresión, incontrolable por ningún poder oficial o económico. Como estudia el profesor de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Navarra, Alberto Nahum García (y que haya un académico estudiando este fenómeno tan actual da otra medida de su peso), destacan Youtube, los podcasts de figuras mediáticas, los vídeos de Prager University y la página de McManus (Postmodern Conservatism), entre otros. Estos medios conviven (y se complementan) con revistas más convencionales. pero igualmente influyentes, como First Things, Radical Orthodoxy, Causeur, American Affaires, Quillette. The Spectator The Imaginative Conservative. La proliferación de pequeñas editoriales independientes no debería echarse en saco roto. Sólo en España tenemos Homo Legens, El Buey Mudo, Nuevo Inicio, Ciudadela, Los papeles del Sitio

No todo es inmediato debate mediático. Un discípulo de Raymond Aron,  Daniel J. Mahoney,  ha escrito el inquietante The Idol of our Age (2018), un ensayo de máxima actualidad desde el que entender muy bien el estado de la cuestión y sus corolarios tal y como se sugieren aquí. La importante escuela de pensamiento político de Leo Strauss tiene en Gregorio Luri un influyente continuador hispánico, que ha publicado una práctica guía para perplejos antipostmodernos españoles: La imaginación conservadora (2019).

Para no perdernos entre tantos nombres, terminaré volviendo a la tesis básica de este análisis. Incluso el más radical y actual de los debates antipostmodernos puede enfocarse y entenderse, como todos, desde la cuestión esencial del ser o el no ser.

Nada más iconoclasta que quienes se plantean los límites y carencias de la democracia Bryan Caplan y su libro El mito del votante racional (2007), o el chileno Axel Kaiser y su La tiranía de la igualdad (2015), o Jason Brennan y su Contra la democracia (2016). ¿Sus motivos? Que la dictadura china ha conseguido niveles de bienestar y de progreso científico y académico que antes sólo se consideraban posibles en una democracia; la evidencia de que las democracias parecen incapaces de defenderse de quienes se aprovechan de ellas para dinamitarlas desde dentro; o la incongruencia de que el socialismo continúa vivo a pesar de haber fracasado donde se aplicó.

Lo fundamental, sin embargo, no son los motivos, sino las razones, que confluyen, de nuevo, en nuestro dilema esencial. ¿Son o no son el ser humano, la sociedad, el Derecho, el mercado y las relaciones internacionales un libro en blanco donde la democracia puede decidirlo todo con soberanía absoluta o hay una realidad preexistente que o respetamos o nos atenernos a las consecuencias? El antipostmodernismo siempre será —en sus mil frentes abiertos, con sus innumerables matices, a través de sus muy diversos pensadores— una vuelta al realismo, a los principios de no contradicción y de causalidad y a la responsabilidad personal.

Con la postverdad se trata de hacer real por medio de la palabra hablada o escrita lo que es “imaginario” o lo que es “sencillamente falso”, lo que entronca con aquello de que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. En el fondo viene a ser una nueva deriva del “Pienso luego existo” cartesiano. Cuando no se acepta una verdad ontológica y objetiva priman las construcciones de conciencia, individuales o colectivas.

Con estas premisas,  Isabel Díaz Ayuso (periodista y diputada del PP en la Asamblea de Madrid) puso algunos ejemplos de posverdades en el campo de la alimentación (“si los huevos son buenos, si los huevos son malos”), en el de los cotilleos de las redes sociales, que “multiplican la mentira”, y en el del cambio de relato, por ejemplo, sobre el terrorismo. La diferencia ahora es que las redes sociales multiplican los efectos de un fenómeno que de una manera o de otra siempre ha existido.

Ignacio Urquizu (sociólogo y diputado del PSOE) también insistió en que el carácter novedoso de esta postverdad proviene de los nuevos medios de comunicación y del alcance y velocidad de estos nuevos medios de comunicación. Especialmente los españoles habían caído en altísimas proporciones en el “encanto” de las nuevas tecnologías, aunque también añadió que se era menos ingenuo de lo que a veces se piensa: “Los ciudadanos digitales son más críticos de lo que se presupone”,

La democracia solo funciona si nosotros, en cuanto ciudadanos, somos capaces de pensar más allá de nuestro limitado interés personal. Pero para ello necesitamos tener una opinión generalizada del mundo en el que vivimos juntos. La burbuja del filtro nos empuja en la dirección contraria: crea la impresión de que nuestro limitado interés personal es todo lo que existe. Y aunque esto es genial para conseguir que la gente compre por Internet, no lo es para que las personas tomen juntas las mejores decisiones

. El discurso de Churchill en junio de 1940, de que resistirán en cada playa, en cada esquina a los fascistas de su tiempo, que Inglaterra prevalecería, Burke lo adelantó: «No sucumbáis nunca ante el enemigo, se trata de una lucha para que sigáis existiendo como nación. Y si habéis de morir, hacedlo con la espada en la mano. Hay un agudo y vívido principio de energía en la mente del pueblo inglés que solamente necesita una dirección apropiada para combatir a este o a otro enemigo por feroz que sea. Perseverar hasta que esa tiranía haya sucumbido». Este fragmento pertenece a las obras posteriores a las Reflexiones, a las Cartas sobre una Paz Regicida,  en las que Churchill supo leer que la política de apaciguamiento de Chamberlain ya no le había funcionado a Pitt.

El presidente Maduro, debe tener cuidado con el lenguaje, lo están juzgando y filtrando con su propia palabra, la traición es presente, allí están los ministros de la economía haciéndole una burla a la nación bolivariana.

Burke siempre fue un whig, un liberal enfrentado a los tories del partido conservador, un liberal enfrentado a los privilegios de la Corona frente al Parlamento, un liberal defensor de la Ley y del Derecho frente a los poderosos, de la tolerancia religiosa. Un liberal que defendía la justicia asociada a la verdad y no a lo que dictara la oportunidad política. No obstante, la mayoría de los estudiosos conocedores de la dimensión de su figura lo consideran un liberal clásico hasta el obstáculo, para ellos insalvable, de las Reflexioneque consideran una obra conservadora.

No lo es para nosotros, porque consideramos que es una obra que condensa todo su pensamiento apremiado por «el trueno y tormenta», en palabras de Isaías, al que tanto le gustaba citar, y se impone el deber de frenar la Revolución francesa y su importación por las Sociedades Constitucionales a Inglaterra, «nos quieren hacer creer que la Revolución de allí mejorará atravesando el canal como algunos licores». Por eso inspira a Churchillavezado lector de Burke. En su soledad infantil y adolescente releyó sus obras completas y muchas de sus originales citas son paráfrasis de las menos conocidas del pelirrojo irlandés para cimentar esa aseveración hemos analizado las Reflexiones al hilo de toda su obra anterior, sobre la que existe un consenso de que se trata de una obra liberal, y para sorpresa vemos cómo muchas de las afirmaciones que se contienen en las Reflexiones y su propia estructura aparecen citadas con literalidad en todas las obras que acabamos de citar. Por eso nadie puede afirmar sin sonrojarse que las citadas Reflexiones son un libro conservador, es todo lo contrario. Se opone con una fuerza argumental y con una contundencia anticipatoria sin precedentes a la Revolución francesa, y por eso es más cómodo dejarse llevar y afirmar que es una obra conservadora. Y no tendríamos ningún problema en aceptar que Burke pueda ser un pensador conservador y esto no minaría su influencia, pero faltaríamos a la verdad. Y la importancia de probar este extremo es doble. Uno por justicia con su obra. Otro porque situar una obra como la de Burke en su justa familia ideológica ayuda a entender la evolución del liberalismo a lo largo de la historia.

Edmund Burke es considerado por el gran público un político conservador, a lo sumo liberal-conservador. Junto a lo anterior se une una conjunción de cuatro factores históricos ajenos al fondo filosófico político de su acción.

Verdaderos líderes deben fortalecerse en unidad y sueños

De una parte, la ruptura provocada por Fox en los whigs tras la Revolución francesa y el aprovechamiento que hace Pitt el Joven de la figura de Burke como ideólogo. Se rompían los whigs y Fox tenía que escenificar que Burke se había hecho un conservador para que nadie dudara que él era su líder auténtico. Sin embargo, es Fox quien se radicaliza y así lo siente cuando le abandonan muchos políticos más que no solo Burke. Esto se contiene en sus obras posteriores El llamamiento de los nuevos a los viejos whigs y las Cartas a un noble lord.

De otra parte, la necesidad del partido tory de refundarse en el siglo XIX ocupando el espacio político de los whigs ante el aumento de los radicales. Así,  Disraeli afirma que el verdadero fundador del moderno partido es Burke y reclame para él mismo el título nobiliario que Jorge III no le concedió: Lord de Beaconsfield.

Cuidado con América del Sur, es democrática y socialista, más no totalitaria.

Y si esto no fuera suficiente lo completa con el Discurso de la Reforma Económica,  donde todos sus detractores convergen en que es la mayor pieza de reforma liberal, tanto económica como política, que se había planteado en el Reino Unido, inspirada en las reformas que Necker había llevado a cabo en la vecina Francia.

Pocos autores, sin embargo, se han atrevido a profundizar en su última obra antes de las Reflexiones, El proceso a Hastings, en los asuntos de la India pensando que era una «vendetta» personal auspiciada por su primo Will Burke y sus fracasos económicos y la animadversión de su amigo Philip Francis, verdadero autor de las Cartas de Junius,  aunque se las atribuyeran por talento al propio Burke, contra Hastings. O pensando que era otra de sus «extravagancias» culturales propias de la fascinación orientalista de la sociedad del XVIII. No lo hizo por esos motivos, ni tan siquiera por la alteración que los nabob MP, los nuevos parlamentarios que entraban con el dinero de la Compañía de las Indias Orientales que el rey y el doble gabinete empleaban para introducir personajes favorables en ese cambiante Parlamento, favoreciendo la acción del propio monarca y no el equilibrio y las prerrogativas del Parlamento. Era la civilización lo que estaba en juego y por eso le dedicó casi veintidós años, justo cuando su estrella política se había apagado e «hizo más enemigos políticos que en todas sus batallas juntas». Lo consideraba su legado y ya se quedaban atrás los primeros días de este juicio en la Cámara de los Lores en el que se llegó a pagar la reventa como un auténtico espectáculo. Al final, Hastings resultó absuelto pero la forma en la que los británicos gestionaron su Imperio cambió para siempre. Y ese era su legado, «recordad, recordad, recordad».

Con el juicio a Hastings la inspiración le encontró trabajando y escribió una fulgurante obra de filosofía política que le sirve a Edmund Burke de pasaporte indiscutible para la posteridad. Es el único político que consigue vislumbrar lo que traerá la Revolución francesa y escribe su célebre Reflexiones sobre la Revolución francesaque, en palabras del propio rey Jorge III, «es un libro que todo caballero debe leer» y que se convierte en el fundamento sólido de la defensa de la civilización frente a los intentos revolucionarios que asolan Europa hasta el advenimiento de ese «caudillo militar que pondrá orden en estas revoluciones» anticipando la figura de Napoleón, ese Ogro Bony que tendría que esperar a un Waterloo y a Wellington, otro whig irlandés.

La tercera se produce por parte del pensamiento conservador norteamericano en la Guerra Fría para su rearme frente a la «otra revolución» que inspiran la política de Reagan y Thatcher con Russell Kirk a la cabeza; y la cuarta, por la contestación furibunda de pensadores estructuralistas y marxistas ante un icono al que desean descalificar para que prevalezca una única interpretación de la historia de la humanidad y de la revolución. Le viene liderada por Krammick y Laski. Lo mejor era apartarlo como un conservador a un rincón de la historia.

Ahora bien, estas fronteras tan estrechas entre las ciencias sociales y las que estudian la naturaleza misma han inducido a aplicar métodos y técnicas similares en ambos sectores, inclusive hoy se puede afirmar que leyes que se consideraban propias de las ciencias naturales se pueden interpretar desde las ciencias sociales. Una de ellas es la teoría del péndulo que por tratarse del estudio del movimiento aparentemente corresponde a la Física, pero que el vaivén histórico de algún acontecimiento de la humanidad hace pensar que su validez no es exclusiva de la naturaleza, sino que tiene vigencia en las ciencias sociales, y que incluso particularmente se enfoca desde la política.

Para Emmerich y Alarcón (2007), la ciencia política estudia la actividad pública de los ciudadanos en el marco de la Republica. Esta aseveración funcionalista coloca al conocimiento político sobre el trípode del poder, el talento y los recursos, factores que se consideran los pilares de las políticas públicas. De esta manera, se requiere de las cualidades que les otorgan las leyes a los ciudadanos para decidir sobre los asuntos públicos para considerar que se tiene el Poder, se habla entonces de la Republica.

Por otra parte, universalmente se conocen dos modelos de gestión pública: el Estado liberal de derecho y el Estado Social de derecho, el primero procura el bienestar de los ciudadanos con apego al ordenamiento jurídico preeminentemente, mientras que el segundo desde una visión humanista, tomando en cuenta fundamentalmente la base poblacional pretende el mismo fin anterior.

Asimismo, al referirse a los ciudadanos, con una marca primaria en lo ideológico, se tiene una connotación de competencias, de talento que se necesita para actuar con acierto cuando se tiene la obligación de proporcionar bienestar social y calidad de vida a quienes habitan en un territorio determinado y finalmente los recursos, sin los cuales no se puede ejecutar ningún plan para redimir con obras públicas a la población que lo requiera, esto último lleva a considerar la economía y la política como inseparables.

Según Alarcón (2011), el estado liberal traduce el imperio de la ley. En cambio, el Estado Constitucional tiene una matización moderna que es el liberalismo igualitario donde se defiende la relación de equilibrio entre los ideales de libertad y los ideales de igualdad. Por otra parte, Bobbio (s/f; citado por Yturbe, 2007) ratifica que el Estado Liberal acoge al Estado Constitucional, que implica la atención a los derechos fundamentales y la división de poderes, propio de los Estados Democráticos.

 

Por lo anteriormente explanado, se percibe que el movimiento pendular en cuanto a las formas del Estado en cada Nación se moviera entre el Estado liberal de derecho y el Estado Social de Derecho, estas diferentes maneras de constituir el orden jurídico de una Patria se corresponden con posturas ideológicas, por lo tanto, conviene estudiar los giros históricos en lo que respecta a ello para cerrar el ciclo de análisis.

La Revolución Francesa de 1789 es considerada como un hito en la exigencia del pueblo a sus gobernantes y se sustentó en la propuesta de Libertad, igualdad y fraternidad. Fue un conflicto social y político, de autoproclamación de la Asamblea Nacional como Tercer Estado, marcando el final definitivo del feudalismo y del absolutismo y se considera que dio inicio a la era contemporánea. Para McPhee (2009): “La Revolución Francesa es uno de los grandes y decisivos momentos de la historia que nunca antes había intentado un pueblo de un extenso y populoso país reorganizar la sociedad en base al principio de soberanía popular”. Tomando en cuenta los principios ya mencionados de la revuelta popular en Francia en el siglo XVIII, se han hechos arreglos a lo largo de la historia estructurando fundamentos teóricos desde el punto de vista ideológicos. De esta manera, las tendencias ideológicas denominadas liberalismo, neoliberalismo o postliberal ismo toman en cuenta principalmente la libertad y sus enunciados se basan por propiciar el desarrollo individual en el marco de sus potencialidades; estando la igualdad establecida en darle la misma oportunidad a todos para desarrollarse. El Socialismo, por su parte, jerarquiza principalmente la fraternidad (hoy convertida en solidaridad) y propende el desarrollo social por encima del individual, la igualdad es interpretada en el marco de la distribución del bienestar social.

América Latina necesita volver a pensarse, pero ya no en función de coincidencias ideológicas. Debe, en cambio, encontrar su propio “carbón y acero”: esos intereses comunes, permanentes y de realización posible que le den un rumbo sostenido para sortear los obstáculos mayores que propone el Siglo XXI. Identificarlos será la primera tarea. La infraestructura para comerciar de un océano a otro; la inversión tecnológica a gran escala para sacar a nuestras economías de su recurrente primarización y la protección regional de recursos naturales: sobre estos -y otros- intereses permanentes podemos construir una integración duradera, que contemple la rica variedad de modelos de desarrollo existentes. Los europeos se “conjuraron” no sólo para dejar la guerra atrás, sino para avanzar juntos. Sin esperar nuevos liderazgos personales, para América es la hora -como imaginó Borges- de tomar la extraña resolución de ser razonables, de olvidar nuestras diferencias y acentuar nuestras afinidades.

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño


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Emiro Vera Suárez (1231 noticias)
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