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Colombia, bajo la visión del Foro de Sao Paulo, gritos de violencia en la calle

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22/11/2019 18:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La democracia es libertad de conciencia, jamás podrá llamarse dictadura, menos un camino socialista

Aventis

 

 

En los países con regímenes democráticos, generalmente ignoran las protestas sociales a pesar de ser reconocidas como un derecho en sus constituciones políticas.

Lo recién acontecido en diversos países vecinos, ha suscitado pánico en el nuestro. No es para menos, ya que aquí abundan múltiples motivos muy indignantes, además, muchos oportunistas arribistas, que una protesta social callejera multitudinaria la pueden convertir en una turba vandálica que, para contenerla, se requiere de la intervención de la fuerza pública.

 

De veras, la manipulación de cada protesta social no debe tener antecedentes en nuestro continente, y es entendible por los numerosos y distintos intereses presentes, ente los cuales sobresalen, la lucha entre la derecha y la izquierda por el poder político y económico, la explotación de la minería ilegal, del narcotráfico, de la corrupción, entre otros que tienen a algunos países en un tremendo caos.

 

Ante las medidas previstas por el presidente Iván Duque, en Colombia con el supuesto propósito de evitar el vandalismo de los participantes en el paro nacional, mi condición de persona pacifista y analista me lleva a implorarle a la Divina Providencia, que tal desastre no ocurra, porque la muerte violenta de cualquiera de los reclamantes podría desencadenar una catástrofe con final impredecible. Tal es el caso de Bolivia y Chile, el año pasado Venezuela con las ya famosas guarimbas. Lo más grave es que no se vislumbra solución a tan caótica situación, que nos tiene ad-portas de caer en manos de un gobernante despótico similar o peor al de Venezuela. El solo pensarlo produce grima. Dios libre a Colombia de un gobernante como Nicolás Maduro, apoyado por una cúpula militar, a cuyos integrantes solo les interesa acumular dinero, mientras sus compatriotas andan dispersos por otros países, la mayoría pidiendo limosnas. La Violencia; es decir, la guerra. No es el camino para salir del atolladero en el que nos encontramos hundidos.

 

La solución es lograr convivir en paz, reconociendo los derechos y libertades de los demás, de verdad, sin tapujos. Trabajando con honradez, sin quitarles las oportunidades de superación a nuestros semejantes, para lo cual se requiere educación de alta calidad, buena alimentación, atención integral de la salud, vivienda digna, agua potable para todo mundo, manejo sanitario de los desechos, tales como los excrementos humanos, de los animales, de los residuos sólidos conocidos como basura, cuidado esmerado del medio ambiente. En fin, procurando y preservando el bienestar colectivo.

 

Está comprobado hasta la saciedad que la polarización ideológica provoca animadversión, exclusión y muchos males más. Los extremos convergen a lo mismo, porque quienes atacan a quienes no comparten sus pensamientos siempre serán enemigos. ¡Que horror! Tan terrible y salvaje.

 

Pero tampoco es admisible que se allanen casas de artistas, de jóvenes, de opositores civiles que quieren un mejor país.

Sin embargo, a esta hora en que usted está leyendo esta columna, seguramente el país entero tendrá las calles llenas de jóvenes universitarios, artistas, intelectuales, amigos de la paz, protestando por los incumplimientos que vienen acumulados de años atrás.

Los revolucionarios franceses que en el Siglo XVIII promulgaron Los Derechos Humanos, no se los concedieron a las mujeres y, por el contrario, Robespierre condenó a la guillotina a la líder Olympe de Gouges por haberlos reclamado a nombre de las ciudadanas. El 8 de marzo, aprobado en un congreso mundial para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, en homenaje a las mártires que a principios del siglo XX fueron cremadas por reclamar la igualdad, poco a poco fue perdiendo su esencia hasta reducirse a otra de las fechas ordinarias que permite a los hombres aprovecharse de ellas tras los halagos, las flores y los regalos.

En Colombia fue promulgada la Ley 1257 de 2008 para la protección integral de las mujeres víctimas de las violencias, pero las estadísticas demuestran que, por faltar políticas efectivas estatales, crece la impunidad. Las luchas por la igualdad de las mujeres deben fundamentarse en el ejemplo de las hermanas Mirabal.

En 1960 en República Dominicana, Minerva, Patria y Teresa Mirabal, por orden de Leonidas Trujillo, fueron víctimas de cárcel y apaleamiento, por defender su dignidad y denunciar los escuadrones de la muerte. Julia Álvarez narra estos hechos reales en su novela “En el tiempo de las Mariposas” (1984). El director español Mariano Barroso, estrenó en 2001 un filme con título homónimo.

Y llegó el 27 de octubre. Nerviosismo total en cada una de las campañas, especialmente las que propenden por la gobernación de Santander y alcaldías de cada uno de los 87 municipios. en virtud a los hechos que se han sucedido, es bueno hacer llamado a la cordura y hacer análisis de cada uno de los aspirantes, que en el trascurso del proceso han mostrado fortalezas y debilidades; quedando eso si claro, que no hay alguna que no haya tenido señalizaciones por algún motivo de comportamiento personal o público. El marasmo se inicia por la forma como cada uno ha accionado el proceso de inscripción de la candidatura, donde algunos “jugaron a la doble” factor de ventaja frente a sus contrincantes; la otra forma que se ha salido de madre, la diversidad de los partidos y las alianzas que entre ellos se dan, ya que, sin excepción, los lideres buscan asegurar la victoria, así su grupo partidista se vea afectado con alianzas, inverosímiles en otros tiempos atrás.    Claro que todo ello es reflejo de la reglamentación que los mismos políticos han aprobado, y nunca han aceptado implementar procedimientos que puedan cernir en calidad el grupo de participantes; creyéndose que la proliferación de enclenques partidos o “grupos significativos” es fortalecer la democracia, pero en realidad es dividir el pensar político, para favorecerse en el plano personal. Hay variedad de candidatos, con perfiles diferentes; de trayectoria o sin ella en el campo político-administrativo oficial. Es deber y derecho ciudadano sufragar, estamos en un país político partidista, si no se cumplió con ese compromiso como ciudadanos, será más fácil para los “dueños” de votos o maquinarias electorales, lograr el objetivo.

Santander ha sido a través de la historia. departamento icono en gestas de cambio, y dado el temple, carácter y honestidad se han sacrificado verdaderos líderes que bien podrían haber dado un cambio a la realidad que vive en todo el país. No es motivo de orgullo ser pasivos frente a la iniquidad y la injusticia social, en gran parte de nuestra población; todo ello por hechos de corrupción, que se suceden dada la deshonestidad de muy pocos, que sin ningún reparo buscan aprovecharse de la inconmensurable riqueza que tienen en ese departamento, donde se tienen elementos naturales y de emprendimiento en la producción; da tristeza ver empresas que nacieron y se desarrollaron acá, se han traslado a otras regiones del país o se han acabado, por falta de apoyo o malas administraciones.

El otro día, pretextando un análisis de los inverosímiles altibajos del prestigio económico inglés, Hernando Gómez Buendía, un “cuyabro” de todo el café, se dio un paseo por la evolución de la democracia moderna, que nos produjo las nostalgias a todo aquel que se crio en frontera

Sí, porque la ateniense, pese a invocar el poder del pueblo que tomaba las decisiones en una plaza y no el rey o el emperador como en otras ciudades; no era tan perfecta, pues excluía a las mujeres, a los metecos o extranjeros y a los esclavos.  

Pero la Democracia para tanta gente, para millones de personas, de todos los colores y de todos los ojos, y de todos los rizos; se inventó en Inglaterra y con todas las variantes de opinión.

Y en su ciclo de subidas y bajadas, se perfeccionaba o se regresaba, convirtiéndose al final esa ciclotimia en un asunto cultural. La democracia es manos o menos perfecta en la medida de la cultura que adquiera un grupo social. Pero el invento con todos los defectos de que hablaba Winston Churchill, es por ahora el mejor para gobernar esos millones de personas que se asientan en un territorio. Se trata de elegir a unas pocas personas para que analicen e investiguen los problemas de una comunidad, negocien concesos, aprieten reglas y modernicen políticas para tener decisiones racionales. Y se inventaron el parlamento, que nosotros llamamos el congreso en el régimen presidencial.

Y todo comenzó porque como nos decía en el repaso; a los franceses y los latinos tan dados a enredar todo y a confundir, con el pretexto de mejorar la democracia; decidimos prescindir de los políticos, para que el pueblo soberano (1789) tomara directamente las decisiones.

Y ello en sí es absurdo, porque el “Pueblo soberano” no existe, no puede entonces decir absolutamente nada. Lo que existe es un mundo de gente con ideas diferentes, volubles, cambiantes y confundidas en conceptos y en palabras. 

Lo que tenemos son una horda de colectivos generando violencia y no movimientos de lucha social.

Pero en el mundo de las influencias, las mismas comunidades se contagian de los aciertos y de los errores, y hoy los ingleses se afrancesan y le han preguntado al pueblo que diga “si” o “no” para salirse de la Unión europea. 

Cualquiera de las dos palabrejas, origina miles y miles de lecturas, de tal manera que cuando el pueblo dijo “Sí”, no supieron que había dicho y hoy están a la deriva. y se está dañando un matrimonio que iba bien. 

Más o menos como aquí, que nunca han sabido que dijo el pueblo con el no. Pues todos dicen mentirijillas, como los ingleses. Y van a tener que repetir el referendo. ¿Qué tal que lo repitieran a propósito de la paz, sobre las 360 páginas del acuerdo?

Latinoamerica se convertirá en una lengua de fuego por descuido de la izquierda

Pregunta Gómez Buendía. 

Bueno la moraleja para Colombia y Venezuela, es no prescindir de los políticos, sino elegir “bien” a los políticos.  

Adenda: ¡Vea pues: ¡aquí en Colombia, como que no estamos eligiendo bien últimamente!

Es común escuchar a ciertos líderes políticos decir, que este será un paro para la historia, otros lo criminalizan y algunos indignados creen que en Colombia ya era hora de que el pueblo se rebelara puesto que en este país las cosas pasan y nadie hace nada. Quien crea que en Colombia las movilizaciones no han sido memorables ni han generado cambios, realmente es porque carecen de un conocimiento profundo de la forma en como la ciudadanía de forma activa se ha volcado a las calles y plazas del país.

¿Recuerdan la famosa frase “ese tal paro nacional agrario no existe?, pues bien, esa frase acuñada por el expresidente Santos, generó tal indignación que el paro nacional se hizo sentir en las principales carreteras del país hasta llegar a Bogotá.

El gobierno del ex presidente Uribe también vivió un paro muy particular y fue el de la rama judicial que se mantuvo por más de un mes y paralizó el funcionamiento de los juzgados y tribunales en las principales ciudades.

Pero, si queremos hablar del papá de todos los paros, debemos remontarnos a la década de los 70 más específicamente al año 1977.

En mitad del periodo del Gobierno de Alfonso López Michelsen, para el mes de septiembre, se llevaría a cabo una manifestación convocada por las centrales obreras del país que buscaban entre otras cosas, reversar las reformas impuestas por aquel gobierno que eliminaron algunos subsidios, incrementó el valor de los servicios públicos, y como es lógico, conllevó al crecimiento de la inflación.

La respuesta de la administración López Michelsen, fue la de declarar el paro como subversivo, incluso, mediante decreto, se establecieron penas de 1 a 6 meses de cárcel para quienes participaran en cualquier manifestación popular, eran tiempos de la constitución de 1886. El espectro de participantes del paro era tan amplio, que reunía desde milicianos de las guerrillas, hasta conservadores de la oposición, aun así, el comité convocante tenía claro los puntos a discutir entre los que se encontraban jornadas de trabajo de 8 horas, congelación de precios etc.

Sólo tres meses después, y tras muchas confrontaciones en las calles, fuego, cristales rotos, heridos y muertos, cesó la movilización más grande de la que ha habido registro en nuestro país. Lo grave no es que haya marchas y protestas. ¡Están a la moda y son de los jóvenes! Lo grave es que haya países donde la marcha es la única agenda; países que no ven su futuro; países cuyos gobiernos no dan esperanza a los nuevos ciudadanos porque no proponen nada para adelante y se concentran en el pasado. Por eso las marchas se vuelven la única esperanza, a falta de un liderazgo que la ofrezca.

Por supuesto que China tiene problemas de opinión pública mundial y doméstica especialmente por Tíbet y Hong Kong. Este último lleva seis meses paralizado, totalmente en las últimas semanas, con marchas, manifestaciones y caos que han producido ya muertes y pérdidas económicas, heridos y detenidos por centenas. Qué piden los manifestantes: voto universal y una justicia independiente del PCCH. Nada grave diríamos en Colombia.

El Estado democrático supone derechos para los ciudadanos de muy diversa índole, entre ellos el de manifestarse a favor o en contra de las políticas públicas del gobierno de turno; pero también el ciudadano tiene obligaciones, como la de actuar de buena fe en todas sus actuaciones públicas o privadas y no atentar contra la libertad de los demás ciudadanos ni contra el patrimonio público o privado

Esta recordación cobra sentido en la medida que, con ocasión del paro señalado para estos días en Colombia, mucho se ha dicho y hasta con exageración de lo que es el derecho a protestar de los inconformes; pero poco se ha señalado de las obligaciones que se tienen por la convivencia social y que no pueden abandonarse al momento de manifestar la inconformidad.

Colombia es un país experto en protestas sociales; quienes hemos visitado su entorno territorial y centro histórico por años en Cúcuta, podemos dar fe de ello. Rara es la época donde semanalmente no se presente algún tipo de protesta encaminada a marchar hasta la plazoleta de las gitanas.   Protestas de toda índole; estudiantes,  campesinos, indígenas, maestros, trabajadores, reclamos sociales, etc.   Ello es normal, es lo propio de una democracia.

Las protestas anunciadas tienen una fundamentación bastante exótica, pues parecen más preventivas  por lo que no ha pasado y a lo mejor no pase, que quejas por acciones y políticas gubernamentales.  Se protesta por privatizaciones estatales que no se han dado y que no se sabe si ocurrirán, como el caso de parte de Ecopetrol;  falta de inversión en la educación; porque se plantea una reforma laboral que incluye un salario inferior al mínimo para los jóvenes,   que fue una idea lanzada por un gremio, que de inmediato contó con la desaprobación del Gobierno; una reforma pensional que privatizaría Colpensiones y eliminaría la pensión de los trabajadores como un derecho, también  desmentida por el Gobierno.

Con razón, algunos analistas atisban un paro nacional con evidentes propósitos políticos.  Sin duda, muchos de los políticos de moda, han utilizado la protesta contra la corrupción, o las mingas indígenas, o marchas obreras como catapulta para llegar a la función pública. También, a pesar del oportunismo que encierran protestas de esta raigambre, hacen parte de la democracia.

Lo que no se puede olvidar son los deberes de los ciudadanos y de las autoridades públicas.  La protesta no puede convertirse en patente de corso para atacar los edificios públicos o privados, ni para dar rienda suelta a los actos vandálicos.   Los ciudadanos que protestan deben realizar su marcha de manera pacífica, sin atentar con los derechos de los demás y las autoridades deben estar prestas a impedir cualquier acto de vandalismo. Mal momento para la protesta por la situación de violencia que ha vivido el vecindario; en Ecuador, Bolivia y Chile, lo que se inició como actos de protesta terminó como actos de barbarie y no quiero que esto suceda en Colombia.  

 Es entonces respetable salir a expresar peticiones y descontentos, individuales o colectivos, abiertamente, con transparencia, sin móviles oscuros, como los de generar caos y anarquía. A las marchas no hay razón para ir encapuchado, pues son libres e independientes. Lo válido se pide con la cara descubierta, sin bandidaje ni terror. Ahora bien, después de reflexionar sobre los puntos gruesos en los que se justifica la manifestación y conocidas las respectivas aclaraciones del Gobierno sobre los supuestos males, concluimos que detrás hay desinformación, tergiversación, populismo y verdades a medias (velozmente multiplicadas en redes sociales), movidas por intereses particulares que no interpretan la colectividad y son poco nobles. También creo pocos saben con convicción y realidad por qué van a la calle: por moda, por una coyuntura particular, por cualquier razón, por causas mediáticas, por copiar a otras ciudades del mundo, todo con el riesgo de no saber cómo terminarán las cosas, que impacten negativamente nuestra apreciada democracia.

Por eso, lo que no se debe permitir es que aumente la polarización y los odios, el resentimiento y el rencor, se desprecie la gobernabilidad y controvierta la legitimidad de un presidente elegido popularmente en las urnas. Debemos es preservar el diálogo sincero, abierto y generoso, que dé cabida y participación a las diversas opiniones, dentro del respeto mutuo. Es claro que debemos respetar el derecho constitucional y democrático a la protesta social, que permite a los ciudadanos manifestar su inconformismo de manera pacífica y responsable, pero su desarrollo debe blindarse de desmanes, vandalismo o cualquier tipo de violencia, por parte de los organizadores, participantes y autoridades.

Porque es justo reconocer la capacidad de trabajo del presidente Duque, su esfuerzo grande por hacer bien las cosas, de cumplir a la gente, como lo demuestran cifras en distintos sectores de la economía. También, las reuniones con los sindicatos para ofrecer con serenidad, confianza y ecuanimidad respuestas justas y satisfactorias a las demandas. Es un examen grande para un país civilizado, pero tenemos la fe que Latinoamérica tendrá sus días pacíficos, que  invite y conduzca a alcanzar un gran acuerdo nacional, sin importar en qué lado estemos. Se trata de hallar coincidencias y empujar todos hacia el futuro de progreso, desarrollo,

Los hechos son tozudos, pero ha primado el cinismo. Muchos estudiantes aducen que ellos no son los violentos, que los encapuchados son infiltrados del Esmad que causan desórdenes para estigmatizar la protesta social. El mismo argumento se usa ahora contra las críticas que ha suscitado el paro. En las redes sociales se han anunciado ataques a la infraestructura de transporte de Bogotá y Medellín, pero los organizadores aseguran que tales mensajes son montajes del Centro Democrático con el fin de desprestigiar el paro.

Sin embargo, Petro ha cumplido sus amenazas: ha mantenido sus huestes en la calle por más de un año. También ha cumplido el Foro de Sao Paulo, con Cuba y Venezuela en cabeza. Diosdado y Maduro han reivindicado su protagonismo en la «brisita» que recorre al continente, y sobran indicios sobre la participación de la izquierda continental en esta escalada de protestas. Ya fueron expulsados 15 extranjeros que habían llegado para participar en las revueltas. Los motivos de este paro son artificiosos. Aquí,  la extrema izquierda ha tratado de encontrar un buen motivo para encender la mecha sin poder encontrarlo. En Ecuador aprovecharon el incremento del costo del combustible y, en Chile, el del pasaje del metro. Aquí se han pegado de falacias, como el llamado «paquetazo de Duque», con reformas en materia económica que no se están tramitando, y de argumentos gaseosos, como el hecho de que no hay empleo, que la salud es mala o que hay mucha inseguridad.

La verdad es que las razones del paro son políticas. Lo que buscan sus promotores es desestabilizar el gobierno legítimo de Iván Duque e imponer a la brava política que perdieron en las urnas. Lo que quieren es incendiar a Colombia y América Latina, después echarnos la culpa a los que hemos advertido las retorcidas intenciones de la izquierda continental. Alegan que la derecha también ha promovido marchas, pero olvidan que en estas no se ha roto ni un cristal, y hasta se ha recogido la basura de los sitios de concentración. Es que son dos concepciones opuestas de país: una que construye sobre lo construido para ir avanzando y otra que quiere destruirlo todo para fundar una «nueva sociedad» cuyos modelos son Cuba y Venezuela. Pero, exigimos una nueva izquierda, la que soñó el Che y Fidel, sí vamos al caso, no este desorden económico que ya un cartón de huevos cuesta 90000 soberanos y un dólar palia los 40000 soberanos auspiciados por el socialismo, y lo peor, Maduro no controla el poder

Colombianos: no crean en las promesas de la izquierda falsa y oportunista. La equidad que ellos proponen es hambre para todos. Serán años de arrepentimiento y aflicción

 

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño

Petro, desvió el sentimiento universal del socialismo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Emiro Vera Suárez (1228 noticias)
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