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Conferencia de guayaquil: el poema

08/09/2010 15:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un poema de pablo neruda de su canto general sobre el encuentro de los dos latinoamenricanos mas poderosos de su tiempo

GUAYAQUIL (1822)

CUANDO entró San Martín, algo nocturno

de camino impalpable, sombra, cuero,

entró en la sala.

Bolívar esperaba.

Bolívar olfateó lo que llegaba.

Él era aéreo, rápido, metálico,

todo anticipación, ciencia de vuelo,

su contenido ser temblaba

allí, en el cuarto detenido

en la oscuridad de la historia.

Venía de la altura indecible,

de la atmósfera constelada,

iba su ejército adelante

quebrantando noche y distancia,

capitán de un cuerpo invisible,

de la nieve que lo seguía.

La lámpara tembló, la puerta

detrás de San Martín mantuvo

la noche, sus ladridos, un rumor

tibio de desembocadura.

Las palabras abrieron un sendero

que iba y volvía en ellos mismos.

Aquellos dos cuerpos se hablaban,

se rechazaban, se escondían,

se incomunicaban, se huían.

San Martín traía del Sur

un saco de números grises,

la soledad de las monturas

infatigables, los caballos

batiendo tierras, agregándose

a su fortaleza arenaria.

Entraron con él los ásperos

arrieros de Chile, un lento

ejército ferruginoso,

el espacio preparatorio,

las banderas con apellidos

envejecidos en la pampa.

Cuanto hablaron cayó de cuerpo a cuerpo

en el silencio, en el hondo intersticio.

No eran palabras, era la profunda

emanación de las tierras adversas,

de la piedra humana que toca

otro metal inaccesible.

Las palabras volvieron a su sitio.

Cada uno, delante de sus ojos

veía sus banderas.

Uno, el tiempo con flores deslumbrantes,

otro, el roído pasado,

los desgarrones de la tropa.

Junto a Bolívar una mano blanca

lo esperaba, lo despedía,

acumulaba su acicate ardiente,

extendía el lino en el tálamo.

San Martín era fiel a su pradera.

Su sueño era un galope,

una red de correas y peligros.

Su libertad era una pampa unánime.

Un orden cereal fue su victoria.

Bolívar construía un sueño,

una ignorada dimensión, un fuego

de velocidad duradera,

tan incomunicable, que lo hacía

prisionero, entregado a su substancia.

Cayeron las palabras y el silencio.

Se abrió otra vez la puerta, otra vez toda

la noche americana, el ancho río

de muchos labios palpitó un segundo.

San Martín regresó de aquella noche

hacia las soledades, hacia el trigo.

Bolívar siguió solo.


Sobre esta noticia

Autor:
Guardian (67 noticias)
Visitas:
4121
Tipo:
Suceso
Licencia:
Creative Commons License
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