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La crucifixión rosa y muerte

14/04/2014 10:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El sexo como objeto comercial en el ámbito político

 

Por Octavio Aristeo López

La crucifixión rosa no es una historia de amor ni amor divino, es la muerte en un mundo promiscuo materialista y pragmático. En donde la mercancía son los cuerpos físicos, que en intercambio se disuelven o se desuellan generando valor político o dinero; es acumulación de capital, en donde las historias se tejen en carne viva, sudor, lágrimas y espermas. 

Es el “realismo sucio”, el sexo es omnipresente, los personajes viven en ambientes sórdidos, están perdidos y malviven quemando su vida, escandalizan por la violencia y sexo, por narraciones con detalles explícitos en torno al sexo, hasta crear la figura pornográfica.

Las sociedades puritanas chillan, gimen, y ladran los perros a la lejanía con amor y odio. Es una vivencia humana, no es una vivencia bonita, llena de flores, de pensamientos humanos: solo son objetos sexuales en un mundo libre que impulsa el libre mercado.

¿Cómo es posible que un hombre invadido por un profundo desdén hacia la humanidad y además herético en todo cuanto dice y proclama en política sea el baluarte del sexo, a todo lo que hay de ruin y mezquino en él, llegue a niveles altos y después ser crucificado?

En ciertos feudos políticos y empresariales todavía exista el derecho de pernada medieval del empresario, del asambleísta o diputado local, del diputado federal, del senador de la República, del gobernador, del jefe de gobierno, del presidente municipal, del delegado administrativo o político, de regidor, del jefe administrativo privado y público, del secretario, del ministro, del magistrado, del juez, del ministerio público, del jefe policiaco, del subsecretario, del director general, del líder del partido político, del líder sindical, del jefe de la organización política, del concejero ciudadanos o electoral, del comandante, del jefe militar, del cura, sacerdote, del obispo, del arzobispo, del pederasta, del violador, etcétera, etcétera.

Este crucificador sexual que después será crucificado algún día, en la tierra o después de su muerte, no es exclusivo solo de los hombres sino también de las mujeres; las mujeres tienen la función de amarrar con cadenas a los de su género para ser sacrificadas, y cuando pueden sacrifican a los hombres, acosándolos sexualmente; de la misma manera, al igual que las hienas chillan con amor y odio, y arman sus brigadas.

Es una lucha constante de problemáticas relaciones histórica entre la mujer y el hombre; de pasiones desbordantes para abrirse camino al éxito, en un marco de las relaciones de sobrevivencia; dificultades de insatisfacciones sexuales, en la obsesión por alcanzar el éxito en mundo competitivo que se convierte en el eje y motor de su vida desechando cualquier atadura u obligación: renunciar a la familia tradicional y a los viejos esquemas de seguridad.

Para que otra cosa sirve la mujer en política murmura, susurra el crucificado o crucificadora sexual del cuerpo o de su propio cuerpo, de su propio género, mientras la observa con pantalón o minifalda ajustada; brigadas de mujeres o hombres convencidos para sacrificar por sexo su cuerpo por unas monedas de dinero o por una promesa; sin queja ni rebeldía, incluido fingir placer, amor y odio entrelazados, solo arrebatos e impulsos sexuales tienen valor económico y político.

Hacer el amor es un vocablo en la boca del lobo, de la loba, del león, de la leona o del cerdo o de la cerda, perdón a los animales por ponerlos como ejemplos. Es, La crucifixión rosa, como señala el tríptico de tres libros, Sexus, Plexus y Nexus, escritos por el novelista estadounidense Henry Miller. 

Señala Henry Valentine Miller (1891-1980), incomprendido, polémico y provocador novelista estadounidense, por lo cual, sus libros fueron prohibidos en Estados Unidos. En su libro Sexus publicado en 1949, de 100 páginas, sentencia “Me acercaba a mi trigésimo-tercer año, la edad de Cristo crucificado. Una nueva vida se presentaba ante mí, si tuviese el coraje de arriesgarlo todo. En realidad no había nada que arriesgar: estaba en el peldaño más bajo de la escalera, un fracaso en todo el sentido de la palabra”.

Esta es la reflexión de los crucificados sexuales, es la crucifixión rosa, sueños de adultos para alcanzar el éxito y la importancia que tiene el sexo en sus ambiciones; el éxito y la felicidad en la política, que es la naturaleza del hombre y de la mujer. En el que no todos entienden esta naturaleza humana ni la función del cuerpo humano como mercancía en el capitalismo.

Apasionantes historias de amor llenos de dolor e ilusiones, recuerdo el poema Las abandonadas del poeta español-mexicano, Julio Sesto (1871-1960), romántico costumbrista del siglo XIX: 

La crucifixión rosa no es una historia de amor ni amor divino, es la muerte en un mundo promiscuo materialista y pragmático

“¡Cómo me dan pena las abandonadas, /que amaron creyendo ser también amadas, /y van por la vida llorando un cariño, /recordando un hombre y arrastrando un niño!.../¡Cómo hay quien derribe del árbol la hoja /y al verla en el suelo ya no la recoja, /y hay quien a pedradas tire el fruto verde /y lo eche rodando después que lo muerde!/¡Las abandonadas son fruta caída /del árbol frondoso y alto de la vida;/son, más que caída, fruta derribada /por un beso artero como una pedrada!/Por las calles ruedan esas tristes frutas /como maceradas manzanas enjutas, /y en sus pobres cuerpos antaño turgentes, /llevan la indeleble marca de unos dientes.../

Tienen dos caminos que escoger: el quicio /de una puerta honrada o el harem del vicio;/¡y en medio de tantos, de tantos rigores, /aún hay quien a hablarles se atreve de amores!/Aquellos magnates que ampararlas pueden, /más las precipitan para que más rueden, /¡y hasta hay quien se vuelva su postrer verdugo /queriendo exprimirlas si aún les queda jugo!/Las abandonadas son como el bagazo /que alambica el beso y exprime el abrazo; /si aún les queda zumo, lo chupa el dolor;/¡son triste bagazo, bagazo de amor!/Cuando las encuentro me llenan de angustias /sus senos marchitos y sus caras mustias, /y pienso que arrastra su arrepentimiento /un niño que es hijo del remordimiento.../

¡El remordimiento lo arrastra algún hombre /oculto, que al niño niega techo y nombre!/Al ver esos niños de blondos cabellos /yo quisiera amarlos y ser padre de ellos./Las abandonadas me dan estas penas, /porque casi todas son mujeres buenas;/son manzanas secas, son fruta caída /del árbol frondoso y alto de la vida. /No hay quien las ampare, no hay quien las recoja /mas que el mismo viento que arrastra la hoja.../¡Marchan con los ojos fijos en el suelo, /cansadas en vano, de mirar al cielo! /De sus hondas cuitas, ni el Señor se apiada, /porque de estas cosas... ¡Dios no sabe nada! /Y así van las pobres, llorando un cariño, /recordando un hombre y arrastrando un niño.”

Hermoso, bello poema para entender el contexto actual con mayor claridad a estas sacrificadas por el sexo que las fieras, hombre y mujer, le llaman amor al odio; sacrifican el amor por una promesa o por un puñado de monedas; las niñas y niños productos de estas relaciones sexuales son igualmente sacrificados. 

Son tragedias familiares ante la buena moral y las buenas costumbres; ante el honor y la honra de una sociedad puritana; la mujer es arrojada a las fieras y condenadas al comercio sexual de su cuerpo; es crucificada hasta alcanzar la muerte por los crucificadores sexuales del comercio de cuerpos humanos, explotan la condición humana femenina y masculina.

Esto explica, porque todavía, la película las Abandonadas de 1944 dirigida por Emilio Fernández y protagonizada por Dolores del Río y Pedro Armendáriz, sigue teniendo éxito. Es una de las 100 películas mexicanas importantes del cine de la Época de Oro. 

Hasta las películas relacionadas con la crucifixión de Jesucristo están llenas de emociones lúdicas de órganos sexuales, por supuesto, no están narrados en forma salvaje, erótica, mordaz, caótica, sádica, esto no debe ser una sorpresa.

Pero si son una nueva narrativas llena de furia y desesperación, carente de perjuicios; con intensos detalles que profundizan en lo más hondo del ser humano, que trata de romper con la falsa moral y los tabúes sexuales de la sociedad puritana. Como es el libro de la escritora española Almudena Grandes, Las edades de Lulú publicada en 1989, (1989), novela erótica llevada al cine por Bigas Luna en 1990, es una de los mejores libros españolas del siglo XX, sigue teniendo demanda en su lectura: trata de una joven de quince años carente de afecto, después mujer de treinta años, decide buscar nuevas experiencias fuera de ese entorno seguro, de ese mundo privado, lo que la involucrará en relaciones diversas de sexo de pareja, tríos, travestis y orgías, deseos prohibidos.

O Naranja mecánica, La naranja mecánica, del novelista Anthony Burgess, publicada en 1962 y adaptada por Stanley Kubrick en la película del mismo nombre de 1971. Se le considera sucesora de escritos como 1984, de George Orwell, y Un mundo feliz, de Aldous Huxley.

Así, podemos hablar de textos importantes del siglo XVIII, llegan más o menos mensajes antiguos, en el que señalan que el pueblo que no exige respeto a la constitución es sacrificable, así lo entienden los autodefensas; por ahora “Siento en mí una fuerza tan luminosa que podría iluminar un mundo, y sin embargo estoy encerrado en una especie de mineral” (Henry Miller, cuarto capítulo de Plexus).

Desde este espacio reciba mis más sinceras condolencias Chantal Mouffe, por el fallecimiento de su amado esposo el politólogo Ernesto Laclau, historiador y filósofo postmarxista, deja sus obras escritas como: La razón populista, Hegemonía y estrategia socialista. Descanse en paz.

Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,

Universidad Nacional Autónoma de México.

Oaristeolopez@gmail.com 


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Autor:
Octavio Aristeo López (23 noticias)
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Opinión
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