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Cuba Y El Castrismo De 1959 A 2007: Profunda Tristeza

17/11/2013 10:21 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

R Eseña del libro "Coucher de soleil sur La Havane (La Cuba de Castro 1959-2007)" de Pierre Rigoulot - Editorial Flammarion, 2007.

Por Alberto Carnero

Fuente: Liber Press

La larga enfermedad de Fidel Castro y su alejamiento del poder, quién sabe si momentáneo o definitivo, han provocado un renovado interés por la historia de Cuba y por la figura del "líder máximo de la Revolución". Las especulaciones sobre el posible futuro del régimen cubano están a la orden del día. Pero cualquier análisis de los posibles escenarios de mañana debe hacerse sobre la base de la realidad vivida en Cuba durante las últimas décadas, marcadas a sangre y fuego por la presencia de Fidel Castro. En este contexto, hay que dar la bienvenida al libro "Coucher de soleil sur La Havane (La Cuba de Castro 1959-2007)", del historiador francés Pierre Rigoulot, director del Instituto de Historia Social. El autor conoce bien la realidad del socialismo real puesto que colaboró en la redacción del "Libro negro del comunismo" publicado en 1997. En esta ocasión su trabajo se centra en la figura de Fidel Castro y en el proyecto totalitario que ha desarrollado durante casi cincuenta años en Cuba. El resultado es un libro ameno y documentado, a caballo entre la historia y el reportaje social, que recoge de una forma brillante la historia de Cuba y del castrismo desde 1959 a 2007.

La impresión que deja la lectura de sus más de cuatrocientas páginas es de profunda tristeza . Con una capacidad notable para narrar de forma clara acontecimientos históricos complejos y para describir con cercanía humana la situación en el interior de la isla (son emotivas las páginas dedicadas a las mujeres, los ancianos, la vida cotidiana o la disidencia), Rigoulot hace un recorrido de más de medio siglo por la historia de Cuba y de las relaciones internacionales. Es un ejercicio necesario, hoy más que nunca, para dar a conocer a muchos jóvenes la verdadera condición del castrismo y de Fidel Castro, y de lo que su obstinación por la construcción del socialismo ha sido capaz de hacer en décadas de poder absoluto.

Rigoulot enmarca la aparición de Castro en la propia historia cubana. Son muy útiles sus referencias al período inmediatamente anterior a la llegada al poder de Castro para situar en una perspectiva correcta los supuestos logros de la Revolución y el mito, tantas veces utilizado por la izquierda, de la miseria de Cuba antes de 1959.

Pero quizá la característica que al final mejor defina a Castro es su condición de superviviente. Desde sus inicios revolucionarios, siendo jovencísimo, en la Bogotá de 1948 hasta las imágenes postrado en la cama de un hospital de La Habana recibiendo la visita de su amigo Hugo Chávez en 2006, el libro de Rigoulot hace un recorrido por la vida y las circunstancias de este hombre, uno de los peores tiranos del siglo XX, que sin duda ha marcado la historia de Cuba y ha sido una de las referencias de la escena internacional durante décadas. Castro ha sobrevivido a diez presidentes de los Estados Unidos. Implacable en su obstinación ideológica sobrevivió incluso a la desaparición de la propia Unión Soviética, que lo amparó desde los inicios de su Revolución, y de los regímenes comunistas en Europa.

Esta capacidad para sobrevivir debe mucho, sin duda, a sus notables dotes para ejercer el mando sin ningún tipo de escrúpulos. El resultado ha sido la decadencia de una sociedad, económica y moralmente, que a finales de los años cincuenta estaba, de acuerdo con los indicadores más fiables, entre las más desarrolladas de América Latina. Hoy, tras el exilio de decenas de miles de personas, la ejecución de centenares de opositores y la desaparición en las aguas del estrecho de la Florida de un número indeterminado de infelices, la situación de Cuba es tan lamentable desde el punto de vista político, económico y social como muchos de los edificios de La Habana vieja.

En las páginas de Rigoulot podemos asistir al desarrollo implacable del proyecto totalitario diseñado por Castro. La supresión de las libertades avanza a paso firme delante de nuestros ojos. Desde las esperanzas que la entrada en La Habana de los revolucionarios despertó en muchos bienpensantes hasta el desastre actual cada paso ha sido dado buscando el poder y la implantación de un proyecto descarnado de ingeniería social. Queda por resolver y documentar la cuestión de si la caída en el comunismo y en el campo soviético es una consecuencia de la reacción americana o más bien un diseño calculado por una persona fría y taimada como Castro. A la espera de la apertura y consulta de los archivos cubanos parece que lo más plausible es concluir que el diseño estaba más que bosquejado. Pero lo que no está sujeto a especulación es la realidad de las consecuencias de un régimen despótico cuya ideologización ha causado unas consecuencias sociales y morales terribles.

La intervención de Castro en el extranjero, para exportar sin tapujos el proyecto comunista, tanto en las tierras americanas como en África, ilustra con crudeza el papel de peón que Cuba desempeñó en la Guerra Fría. La injerencia de la que tanto se queja las autoridades cubanas cuando de los derechos humanos de los cubanos se habla, no tiene, por lo visto, la misma validez cuando se trata de exportar la revolución comunista utilizando cualquier método, incluyendo la lucha armada.

Recorriendo y refrescando la memoria con este relato de las miserias del castrismo, uno no deja de preguntarse sobre el porqué de la fascinación que cierta izquierda americana y europea ha sentido y siente por Castro. Una indulgencia que se ha mantenido pese a su apoyo a la represión de la Primavera de Praga en 1968, a la invasión de Afganistán en 1979 o a la declaración de la ley marcial en Polonia en 1980. No ha habido ocasión en la que Castro no apoyara cualquier intento para animar la supresión de las libertades e imponer la tiranía comunista. Y sin embargo, ha gozado de una imagen de héroe y de resistente frente al imperialismo, de reformador social que Rigoulot intenta explicar en su libro.

Después de casi cincuenta años de poder omnímodo, lo que está claro es que pese a los reveses que ha sufrido el régimen, no siendo el menor la desaparición de la Unión Soviética y de los cuantiosos subsidios que hacían posible el mantenimiento de ese enorme y sórdido experimento social que es la isla, Castro ha sido capaz de sobrevivir. Que la larga noche que se puso en Cuba el 1 de enero de 1959 sigue ahí y que no parece que la postración física de Castro haya servido para que el régimen evolucione hacia una mínima apertura.

Castro ha sido un magnífico propagandista de sí mismo en el mundo occidental, manipulando la sensibilidad y el antiamericanismo de muchos sectores. Porque también queda claro que el proyecto de Castro es sobre todo un proyecto basado en el odio, el odio a los valores de la sociedad libre y abierta que para él encarnan los Estados Unidos de América. Lo terrible es que ese odio ha conformado todo un sistema político de negación de las libertades, representado mejor que nada por los tétricos Comités para la Defensa de la Revolución. Sólo la represión más brutal e implacable ha hecho posible el mantenimiento de este régimen que ha instaurado un sistema perverso de represión que sólo los disidentes, poniendo en riesgo a sus familias, su libertad o su vida, se atreven a cuestionar abiertamente dentro de la isla. La miseria material que ha logrado el castrismo en cinco décadas sólo es comparable a la miseria moral que lo sustenta.

La cuestión está en ver qué puede pasar cuando Castro desaparezca físicamente. Es un terreno en el que no se aventura Rigoulot. Pero este libro es una referencia necesaria, en estos tiempos de confusión, para conocer con claridad la historia de Cuba en los últimos cincuenta años y su realidad de hoy. Y, sobre todo, para reflexionar con rigor sobre cuál puede ser el futuro previsible para Cuba.


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