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Después de todo, podríamos no estar tan solos

26/10/2014 21:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Everyday I sit and ask myself/How did love slip away/Something whispers in my ear and says/That you are not alone/For I am here with you/Though you're far away/ I am here to stay----- Michael Jackson

Por: Jean Bernstein

 

Como ya vimos la astrobiología es el estudio de la posible presencia de vida en otros planetas. En él participan científicos de diversas disciplinas: geólogos, químicos, oceanógrafos, astrofísicos, biólogos moleculares, zoólogos y paleontólogos, entre otros. Cómo la vida apareció y sobrevivió en la Tierra, si existe la posibilidad de que haya vida en otros lugares y de qué modo esta se podría encontrar y reconocer son las tres preguntas claves en astrobiología. En 1998, la NASA creó el Astrobiology Institute, que ha sido determinante en la consolidación de esta nueva ciencia. Pero, por desgracia, la búsqueda de vida extraterrestre ha sido banalizada con tanta frecuencia que la gente suele oscilar entre un completo escepticismo y la credulidad más absoluta. Probablemente, de conocer que las condiciones que requiere la vida no son, en absoluto, frecuentes en el espacio y que la vida que mejor puede adaptarse a un medio inhóspito no es, precisamente, el ser humano u otros seres análogos a él, sino los organismos más sencillos, la visión que se tendría de los posibles seres extraterrestres divergiría, y mucho, de la actual.

 

La mejora del conocimiento de la Tierra y de los seres vivos que la habitan ha deparado muchas sorpresas: la vida no aparece siempre en la forma en que la conocemos. Existen organismos cuya capacidad de adaptación al medio les convierte casi en extraterrestres en el sentido de que, en condiciones extremas, de carencia de oxígeno, por ejemplo, o de mucha acidez, que son, en principio, letales, consiguen sobrevivir y reproducirse. Son los extremófilos, organismos simples que se adaptan a condiciones límites para la vida. El río Tinto, en Huelva, es un caso paradigmático: en él sobreviven bacterias que obtienen su energía de las reacciones de oxidación del hierro contenido en el río, abundante en metales pesados nocivos para los seres vivos normales.

 

Algunos científicos creen que la existencia de vida tiene una serie de condicionantes que se consideran universales. Se parte de la premisa de que la vida fuera de la Tierra seguirá las mismas pautas que ha seguido en ella y necesitará de los mismos elementos. Es decir, un líquido en el que puedan tener lugar las reacciones químicas; un elemento con facilidad para formar compuestos y una fuente de energía. En el origen de nuestro planeta, estos elementos fueron, respectivamente, el agua, el carbono y, como procesos energéticos, descargas eléctricas y radiación ultravioleta principalmente. Si no se equipararan los requisitos para la vida fuera de la Tierra con los de la vida en ella, la búsqueda sería imposible. No habría ningún principio al que se pudiera aferrar el ser humano en su búsqueda de vida en otros planetas. Es más, de encontrarla, probablemente no la reconocería, puesto que no cabría en su mente la posibilidad de que "aquello" fuera vida. Por tanto, el hombre se ve impelido a buscar seres semejantes a él, lo que no implica que tengan que tener dos brazos y dos piernas, sino que estén basados en los mismos principios o en otros muy parecidos. Por ejemplo, en vez de agua se han considerado otros líquidos que se mantienen en estado líquido en un amplio abanico de temperaturas y en los que podrían tener lugar reacciones químicas. Entre ellos, está el amoníaco y el alcohol metílico, a pesar de que el primero se mantiene líquido a temperaturas bajo cero, probablemente demasiado frías para la existencia de vida. Como elemento constituyente de vida, en vez de carbono, se ha pensado en el silicio, que también forma compuestos con facilidad, aunque en la Tierra esté restringido al mundo inorgánico.

 

 

La vida podía existir en otros planetas, en otras galaxias con otras estrellas que les suministraran luz y calor. Pero para buscar vida tan lejos todavía no se tienen las herramientas necesarias. Incluso dentro de nuestro Sistema Solar, determinar qué planetas son susceptibles de estar habitados no es fácil. Se debe considerar su posición respecto del Sol y sus particularidades. ¿Qué convierte un planeta en habitable? En principio, debe cumplir los requisitos mencionados anteriormente. Se excluyen todos aquellos que sean tan pequeños que carezcan de atmósfera y de medio líquido y cuya masa sea insuficiente para poder tener una temperatura superior a la del espacio que les rodea. De todos los cuerpos restantes, parece ser que Marte, Mercurio, Titán, Europa, Encelado; planetas los dos primeros y satélites los últimos- podrían albergar algún tipo de vida por sus condiciones atmosféricas y la presencia de un medio líquido.

 

Marte tiene una atmósfera mucho menos densa que la terrestre, compuesta mayoritariamente por anhídrido carbónico, con un 2, 5 % de nitrógeno y un 1, 5 % de argón. También contiene vapor de agua y oxígeno en cantidades residuales. Se cree que en el pasado pudo haber tenido una atmósfera más densa, con agua en su superficie. Hace poco la NASA ha encontrado indicios de la probable presencia de agua subterránea. Respecto a su temperatura, Marte nunca está por encima de los 30 º C bajo cero. Sus condiciones no parecen ser favorables para la vida. A pesar de ello, recibe mucha radiación ultravioleta procedente del Sol y contiene volcanes, antes activos, lo que implica una gran cantidad de energía que hubiera favorecido la aparición de vida de haber habido agua en estado líquido; una vida de microorganismos podría haberse adaptado progresivamente a los cambios meteorológicos y sobrevivir todavía en las condiciones actuales.

 

Mercurio,  Existe nueva evidencia de que en Mercurio, el planeta que orbita más cerca del Sol, hay grandes depósitos de hielo, según una investigación de la NASA que también reveló nuevos detalles sobre cómo podría haber llegado el agua a los planetas interiores del sistema solar. "Los nuevos datos indican que el hielo de agua en las regiones polares de Mercurio, si se extendiera sobre una superficie del tamaño del Distrito de Columbia, tendría más de 3, 2 km de espesor", dijo David Lawrence, uno de los investigadores que forma parte de la misión de la NASA que estudia Mercurio. En los puntos más fríos, el agua estaba sobre la superficie, pero en zonas levemente más calurosas, donde el hielo se podría haber derretido, el agua estaba cubierta de un material oscuro con una menor concentración de hidrógeno. El material oscuro, que sirve como aislante, es probablemente una mezcla de componentes orgánicos complejos, que llegaron a Mercurio por el impacto de cometas y asteroides, explicó David Paige, otro investigador del proyecto.

 

Titán, el mayor satélite de Saturno, probablemente formado sobre todo por hielo, tiene una atmósfera de nitrógeno y metano que es más densa que la terrestre y que también contiene compuestos de carbono. Su temperatura superficial es muy baja, de unos 180 º C bajo cero, lo que podría implicar que el metano existiera en estado líquido. De existir vida, esta estaría basada en un líquido que no es el agua. Como la temperatura del planeta es muy baja y la energía solar que recibe es menor que la de la tierra, a priori las reacciones químicas tendrían lugar mucho más lentamente y la evolución de los organismos también. Por tanto, la vida, de ser, sólo sería a escala microscópica.

 

Europa, uno de los satélites de Júpiter, parece tener un núcleo de silicatos cubierto por hielo. Casi no tiene atmósfera; aunque se han detectado pequeñas cantidades de oxígeno, no se piensa que tenga un origen biológico. En su superficie, se han descubierto grandes cantidades de ácido sulfúrico, que, al ser oxidante, supondría una buena fuente de energía. Aparte del sulfúrico, las fuentes de energía serían las mareas producidas sobre Europa por Júpiter, los electrones procedentes de la magnetosfera de este planeta, así como la radioactividad y la radiación solar.

 

 

Encelado, Han descubierto un océano salado profundo en una de las muchas lunas que orbitan Saturno, lo que lleva a los científicos a la conclusión de es el lugar más probable del sistema solar para encontrar vida extraterrestre. Las mediciones de campo gravitacional realizadas por la sonda Cassini de la Nasa han demostrado que un océano de 10km de profundidad, se encuentra bajo la superficie helada de Encelado en el polo sur de la luna. David Stevenson, un científico planetario del Intituto de tecnología de California en pasadena, explica que la masa de agua es tan grande que 'podría extenderse hasta la mitad o más en cualquier dirección al ecuador. Podría incluso llegar completamente hasta el norte.' La presencia de un océano de agua salada a miles de millones de kilómetros de la Tierra supera las expectactivas de la Nasa que sigue el mantra de 'seguir el agua' para encontrar vida alienígena, pero el agua no es el único factor que convierte a Encelado en un hábitat tan interesante. El agua está en contacto con el núcleo rocoso de la luna, así que los elementos útiles para la vida, como el fósforo, azufre y potasio, se disolverán en el océano. La primera pista de que Encelado podría albergar un océano subterráneo viene de 2005 cuando la nave Cassini fotografió extraordinarios chorros de vapor de agua saliendo de las fisuras del polo sur de la luna. El origen del agua era un misterio. y un océano de agua líquida era sólo una de las posibilidades.

 

A pesar de sus condiciones, aparentemente nulas para la vida, se piensa que bajo el hielo existe un gran lago, donde los científicos esperan encontrar microbios. Para justificar su hipótesis, buscan en la Tierra hábitats con condiciones parecidas que contengan vida. El proyecto más ambicioso es el de explorar el Lago Vostok, que está enterrado bajo cuatro kilómetros de hielo en la Antártida y cuya exploración costaría millones de dólares. En hielo procedente de Alaska, ya se han encontrado bacterias a temperaturas de hasta –20 º C.

 

La búsqueda de la vida se fundamenta en que las leyes de la naturaleza no cambien según el lugar. Por espectroscopía se delimitan las bandas de absorción de una molécula determinada. Se utiliza esta técnica para intentar determinar qué moléculas se encuentran en el espacio y cuáles no. Esto se puede hacer porque cada molécula tiene un patrón único de frecuencias que la identifican. En el espacio exterior se buscan las mismas moléculas que hay en la Tierra. En los últimos treinta años, se han identificado múltiples compuestos de carbono: la química orgánica, denominada generalmente del carbono, resulta ser común en el cosmos. La finalidad de esta búsqueda es obtener un punto de partida para determinar si hay vida o no allí fuera. La vida en la Tierra apareció a partir de moléculas simples basadas en el carbono que interaccionaron entre ellas dando lugar a moléculas más complejas. De aquí se pasó a organismos unicelulares y, con el tiempo, a seres más complejos. Cuanto más complejas sean las moléculas que se encuentren en el universo, más posible es que se haya dado el salto hacia la vida. De momento, ya se han encontrado moléculas de 100 y 200 átomos de carbono e incluso algún aminoácido, como la glicina. Los aminoácidos son los componentes de las proteínas y, por tanto, los ladrillos del ser vivo. ¿Hasta dónde ha llegado la complejidad fuera de la Tierra?

 

La NASA asegura que es posible que otros planetas alberguen vida extraterrestre y que su habitabilidad depende de la distancia con su estrella y su tamaño.

En tan solo cinco años el telescopio Kepler hubo identificado alrededor de 5.000 planetas, más que en toda la historia de la astronomía. 

Aunque se desconozca mucho todavía sobre estos planetas, el Laboratorio de Habitabilidad Planetaria (PHL, en inglés) ha nombrado a los mejores candidatos descubiertos, hasta la fecha, para soportar la vida extraterrestre.

Más sobre

 

 

Gliese 581g,  Fue el primero en ser descubirto, en el año 2010. Se dice que este planeta es el más probable para albergar vida extraterreste. Está a 20 años luz de la Tierra, en la constelación de Libra.

 

Gliese 667Cc, Es un pleneta localizado tan solo 22 años luz de la Tierra en la constelación del Escorpión. Es el segundo o tercero con respecto a la distancia de su estrella, en un sistema formado por al menos seis planetas. Debido a su localización en la zona habitable de su estrella (Gliese 667C), podría albergar vida extraterrestre.

HD 85512b, Fue descubierto por el espectrógrafo HARPS junto con otros 50 planetas en 2011. Es más grande que la Tierrta y está a 35 años luz del Sol. Científicos esperan encontrar agua en la superficie del planeta

HD 40307g, Localizado en la zona habitable de su estrella, está a 42 años luz de la Tierra. Está considerado una supertierra, pues posee entre una y diez veces la masa de la Tierra y su superficie puede estar al alcance de nuestros telescopios.

Kepler-186f, Es un planeta del tamaño de la Tierra y está a 490 años luz de la Tierra. Se caracteriza por su terreno rocoso.

Kepler-22b, Aunque sea más grande que la Tierra, orbita una estrella de tamaño similar al Sol. Si los gases invernadero de su atmósfera son similares a los de la Tierra, se calcula que la temperatura media se su superficie alcanzaría los 22 grados.

Tau Ceti e, Está a 11 años luz de la Tierra. Este planeta podría tener una superficie tan caliente como la de Venus o bien una superficie que podría sustentar la vida, todo depende de su atmósfera.

Gliese 163c, Puede completar su órbita en tan solo 26 días. Este planeta puede ser un masivo planeta rocoso o un gigante de gas. Actualmente se duda sobre si podría o no sustentar la vida.

Tau Ceti f, Es un supertierra que orbita alrededor de la órbita de la zona habitable de su estrella. Si la atmósfera es capaz de atrapar el calor suficiente, podría sostener la vida.

Gliese 581d, El planeta, a 22 años luz de la Tierra, tiene una atmósfera rica en dióxido de carbono. Es siete veces el tamaño de la Tierra y, al igual que su planeta hermano Gliese 581g, se piensa que podría albergar vida extraterrestre.

 

Panespermia es la palabra que identifica a una teoría que defiende que la vida no se originó en la Tierra, sino que procede de otros sitios y que llegó a la Tierra a través de cometas y meteoritos que chocaron contra nuestro planeta. Esta teoría comporta, necesariamente, la existencia de vida, como mínimo en un pasado lejano, en otros planetas. Independientemente de esta creencia, se acepta generalmente que los cometas y asteroides aportaron agua a la Tierra, sobre todo en sus inicios, cuando los choques eran mucho más frecuentes, e incluso compuestos orgánicos. Especialmente interesantes son las condritas carbonáceas con abundante concentración de material orgánico. En una de ellas, el meteorito Murchison, caído en Australia en 1969, se encontraron más de 90 aminoácidos diferentes de los cuales tan solo 19 se encuentran en la Tierra. (En una nota siguiente expondré las diferentes teorías sobre el origen de la vida)

 

Se cree que los cometas, la mayoría de los cuales chocan contra la Tierra a grandes velocidades, transportan un material incluso más rico en carbono que los meteoritos. Hasta hace poco, se creía que las elevadas temperaturas y la presión imposibilitaría que moléculas complejas, como los aminoácidos, llegaran a la Tierra sin ser desnaturalizados, esto es, desorganizados y no funcionales. A pesar de ello, en un experimento que intentaba reproducir las condiciones del impacto de un cometa en la Tierra, se observó que de un 40 a un 70% de los aminoácidos sobrevivían al impacto, incluso algunos se asociaban de dos en dos para producir dipéptidos, el siguiente eslabón para la vida. La llegada de material extraterrestre a la Tierra no es anormal. Cada año, "aterrizan" en ella 40.000 toneladas de material extraterrestre en forma de pequeños meteoritos y partículas de polvo. No resulta descabellado considerar que la vida en su estado más primitivo pudo venir de fuera. Pese a ello, los seres superiores difícilmente hubieran sobrevivido a un viaje de estas características, por lo que las posturas más radicales de la Panespermia son habitualmente rechazadas por los científicos.

 

Es vital para determinar si el mismo proceso podría haber tenido lugar en otros sitios el entender la evolución en la Tierra. La evolución es el mecanismo que produce la diversidad de la vida que conocemos actualmente. En su origen, los sistemas de moléculas empezaron a reproducirse obteniendo la energía de reacciones químicas y del Sol. Durante la primera etapa de su vida, la Tierra estuvo sometida a tantos impactos que parece imposible que la vida pudiera sobrevivir a ellos. La Tierra se formó hace 4.500 millones de años y se piensa que el sol producía entonces un 30% menos de calor que actualmente. El hecho de que nuestra estrella no irradiara el mismo calor que ahora provocaba que la Tierra estuviera siempre al límite de convertirse en un planeta envuelto de hielo. A pesar de la dureza del medio, los organismos pioneros no tardaron en surgir. Los primeros fósiles que se pueden reconocer aparecieron hace 3.500 millones de años. La organización de la materia en seres vivos es un proceso complejo que requiere tiempo y unas condiciones determinadas.

 

Se cree que el paso de una célula simple a un organismo pluricelular ocurrió varias veces, pero no se sabe qué lo originó. El oxígeno, producido por los fotosintetizadores, cambió la atmósfera primitiva de CO2 por una oxidante, facilitando la aparición de organismos más complejos, que necesitan mucha energía. Las reacciones con oxígeno (aeróbicas) son mucho más energéticas que las que no ocurren en presencia de oxígeno (anaerobias). Una vez aparecieron los seres vivos, su evolución y la biodiversidad que ha comportado son el resultado de la interacción entre las diferentes especies.


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Jean Bernstein (167 noticias)
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