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¿Dónde están los militantes?

19/10/2014 16:39 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por: Iván Budinich Castro

Pasa algo muy curioso en nuestras elecciones, resulta que tenemos candidatos por montones 13 en el caso de Lima Metropolitana y se supone que al menos igual número deberíamos tener por cada uno de los 49 distritos que la conforman sin contar a los candidatos de los movimientos vecinales. image

En teoría deberíamos tener la notaria presencia de los acólitos de cada candidato recorriendo con evangélico fervor las calles de las tres veces coronada villa en pos de convencernos de las bondades de sus respectivos candidatos. Sin embargo no están, es licito preguntarse entonces ¿Habrá escasez de militantes en medio de la superabundancia de partidos y movimientos políticos? Y en el caso de que esta exista ¿Cuáles serán los motivos?

Para explicarnos la situación, nunca va a estar demás recordar la crisis que afecta nuestro sistema de partidos desde fines de los 80´s con el agotamiento del modelo de desarrollo populista y el fracaso de los partidos políticos más importantes del país para afrontar los retos de la sociedad peruana de aquel entonces. Ello llevo a la emergencia de la figura del outsider, aquel personaje por fuera de la partidocracia que representaba el hartazgo de la población contra el fracaso de la partidocracia.

Tras de Ricardo Belmont como alcalde de Lima y Alberto Fujimori de presidente de la república, quedo la sensación de que los partidos políticos son apenas una mera formalidad para llegar al poder del Estado y cualquiera o casi cualquiera puede acceder a este.

Añádase a este desprestigio de la clase política peruana que ocurre justo en el medio de las crisis de las ideologías de los 90´s, nos lleva directo a un gran consenso sobre la cuestión pública. Ajena ya a los grandes conflictos de visiones (salvo algunos recalcitrantes con grandes flujos de petrodólares) la política es solo cuestión de gestión pública, marketing y acceso al poder.

Convertido el acceso al poder en una suerte de lotería a la que cualquiera puede acceder, se observan dos fenómenos bien claros. Por un lado prolifera el incentivo para que unos pocos puedan asumir los riesgos de un proyecto político propio, pero al mismo tiempo disminuyen los incentivos para la militancia en la gran mayoría de los posibles interesados.

En este punto hay que saber que la vocación política como la llamaba el sociólogo Alemán Max Weber, puede tener múltiples móviles que se entrelazan con el deseo del acceso al poder. La vocación política no es para nada excluyente como el discurso oficial pretende algunas veces con la política vista como oficio, de hecho en las sociedades contemporáneas, la figura del político profesional que vive de y para la política es una figura que contribuye a la institucionalización del sistema de partidos.

Un sistema de partidos con opciones reducidas ofrece oportunidades de alternancia con ello acceso a recursos públicos y la consiguiente movilidad social para la militancia comprometida a lo cual hay que agregar un grado de certeza en los escalafones partidarios; todos ellos incentivos necesarios para la formación de una militancia expectante y los cuadros partidarios que conforman el grueso de la clase política donde se recluta y da el soporte necesario a la elite política.

Por el contrario en un sistema de partidos disperso con decenas de opciones todas al menos en teoría con iguales oportunidades de alcanzar el poder, se reduce al mínimo los incentivos para generar una militancia comprometida. Al convertirse el acceso a los recursos propios del poder político en una suerte de lotería, solo los que dispongan de mayores recursos propios (humanos, ideológicos, sociales y económicos) podrán seguir sus inclinaciones y dispondrán de una motivación lo suficientemente poderosa como para movilizar su compromiso hacia la acción política. Para los demás, en vista de la imposibilidad de profesionalizar su acción, simplemente los costos asociados a la militancia serán considerados como demasiado altos frente a la incertidumbre de las recompensas asociadas al desarrollo de una carrera política.

El resultado de esta situación nos lleva a un estado de crisis de militancia, entendida esto como la proliferación de organizaciones que cumplen los requisitos legales mínimos para ser aceptados como partidos u organizaciones políticas locales y regionales que carentes sin embargo de la masa critica necesaria para la vida institucional no son capaces ni en la teoría ni en la práctica de ejercer las funciones básicas de intermediación política, por lo cual forzosamente acaban rindiéndole tributo a la farandulización de la política o pasando sin pena ni gloria al historial de las muchas siglas que ya nadie recuerda en la historia electoral peruana.


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