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El camello comodón

18/10/2009 16:39 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Dejamos entrar poco a poco la pereza, la desidia..

Va el joven beduino por el desierto al caer la tarde, ha pasado todo el día caminando penosamente acosado por el inclemente sol y se siente muy cansado; igualmente nota el cansancio en su camello que va tras él sujeto con la cuerda que le servía de traílla.

Al ocaso el joven decide buscar un lugar donde acampar, sabe por experiencia que por la noche el frío es tan intenso o aún más que el calor del día así que debe prepararse un refugio abrigado tanto como le fuera posible.

Coloca su tienda (en Perú las conocemos como carpas), debidamente sujeta con los anclajes adecuados para que la cercana tormenta no se la lleve y ya al oscurecer preparó sus alimentos en una pequeña fogata que hizo con ese propósito. Alimenta a su fiel camello y entra en la tienda donde ya había acomodado su cama muy bien abrigada.

Estaba ya medio dormido cuando oye que la tormenta comienza, el viento agita fuertemente la carpa amenazando llevársela, se siente confiado a pesar de todo, ha aprendido muy bien de su padre cómo montar la tienda de manera que resistiera todos los embates del viento.

Se sente tranquilo también respecto al frío:

- Qué bien abrigado estoy a pesar del frío de afuera – se dijo a sí mismo terminando de colocar en un lugar segur las brasas que quedaron – no quisiera estar fuera, me sentiría morir congelado.

Y se envuelve con sus mantas tratando de dormirse, al día siguiente le espera un largo camino aún para llegar a su destino.

De pronto siente en su rostro una pequeña corriente de aire frío con algo de arena que ha penetrado en su tienda, se siente extrañado – nunca me ha sucedido eso – se dice.

Mira hacia el lugar por donde entra el aire y descubre un bulto oscuro que se mueve hacia adentro, la oscuridad no le permite distinguir con nitidez de qué se trata, duda para decidir entre levantarse o permanecer al abrigo de sus confortables cobijas.

- Amigo mío – escucha sorprendido una voz que sale del bulto – soy tu fiel camello, tengo frío y te suplico que me permitas abrigar solo mi nariz en tu tienda, está tan abrigada y aquí afuera está helado.

Confuso el joven duda una vez más pero se niega a dejar la comodidad y el abrigo - al fin de cuentas se está tan bien así, abrigadito – se dice.

Solo atina a murmurar:

- Bueno, está bien abriga tu nariz.

Momentos después, cuando apenas se había dormido, el joven escucha nuevamente la voz del camello:

- Joven amigo, ¿me permites abrigar un poco mi pescuezo? de verdad, el frío es tan intenso...

- Está bien, está bien, solo déjame dormir.

Y duerme el joven profundamente, tan profundamente, tan agradablemente hasta que… un viento tan intenso como helado lo despierta

Se siente tan cómodo, tan abrigado y confortable que no quiere dejar para nada su cobijo, “todo está tan agradable aquí…”

- Pero los camellos no hablan – el pensamiento se le viene como un relámpago y se siente otra vez tentado a levantarse y averiguar qué está ocurriendo, pero una vez más su cuerpo persiste en la comodidad y el abrigo – ya veré mañana de qué se trata…

Y duerme el joven profundamente, tan profundamente, tan agradablemente hasta que… un viento tan intenso como helado lo despierta, abre los ojos de pronto y sintiendo en su rostro la aspereza de la arena que, arrastrada por el viento azota su cuerpo sin clemencia.

Termina de despertar violentamente encontrándose acostado sobre la arena, en medio de la oscuridad que poco le permitía distinguir de lo que lo rodeaba, no podía distinguir el rojo fulgor de las brasas que había metido en la tienda para generar calor; las mantas que lo cobijaban no estaban sobre su cuerpo, apenas llevaba sus vestimentas. Mira para arriba y a los costados pero no pudo distinguir el interior de su tienda.

Alarmado descubre a un costado el perfil oscuro, apenas la imagen confusa de su tienda, se percata con asombro que está afuera de la tienda, en medio del frío y la tormenta, no entiende lo sucedido.

Trabajosamente camina los pocos pasos que lo separan de la carpa, trata de entrar y tropieza con un bulto enorme que está dentro, no puede entrar por más que se esfuerza, empuja, se rasca la cabeza, vuelve a palpar el peludo bulto que le impide llegar a su abrigado ambiente.

Escucha la voz que le dice:

- Déjame descansar, se está tan bien aquí.

Es el camello que está dentro de la tienda.

- Oye, tengo frío, levántate, sal de ahí – grita y empuja.

- Mañana me encargaré de eso – murmura el camello apenas – se está tan bien aquí, ahora solo déjame dormir, mañana veremos.

Recuerdos débiles acuden a su mente, el camello después de meter el pescuezo en la tienda pidió un poquito más de espacio para abrigar sus patas delanteras, se ve a sí mismo otorgando el permiso entre sueños… un momento más tarde el camello quiso abrigar una de sus jorobas…

Y así, poco a poco el camello se había ido apoderando del pequeño espacio al interior de la carpa hasta que no cupieron los dos juntos de modo que simplemente empujó a su dueño hacia fuera y eso fue todo.

- Pero qué tonto – se dice a sí mismo el joven – lo dejé entrar así, poco a poco en lugar de levantarme y volverlo a atar a la estaca fuera de la carpa pero… me sentía tan cómodo, tan bien, tan abrigadito…

Es lo mismo que sucede en la vida, a menudo sacrificamos nuestro

éxito y nuestras oportunidades en el altar de la pereza, la pobreza, la desidia, la comodidad, el pecado; es que... se siente tan bien…


Sobre esta noticia

Autor:
Jaferlui (116 noticias)
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Tipo:
Opinión
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Usuario anónimo (19/10/2009)

Excelente articulo, felicitaciones al autor