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El cura de mi barrio

07/08/2014 01:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Todas las actitudes de este sacerdote son contrarias al mensaje evangélico

 

Vaya por delante -y hasta por detrás- que soy absolutamente ateo. Sólo se puede ser ateo de forma absoluta y reconozco que esto me preocupa porque en los demás aspectos de la vida me considero relativista. Esto no quita para que tenga buenos amigos creyentes e, incluso, sacerdotes. Tampoco es incompatible mi ateísmo y mi anarquismo militante con gran parte del mensaje evangélico.

 

Es por este respeto que siento hacia el Maestro de las Bienaventuranzas y hacia los pobres que las recibieron por lo que detesto y hasta me asquea la actitud del cura de mi barrio, totalmente contraria a la Prudencia, la Justicia, la Templanza y la Fortaleza.

 

Teología conservadora y cultura wikipédica

No sé dónde habrá estudiado la Teología de la que tanto presume ni adquirido la cultura de la que hace gala cuando diserta con alguien que, a todas luces, es más ignorante que él, aunque siempre mucho mejor intencionado y, por tanto, mejor cristiano. Por mi parte, debido a que cada vez rehuye más la conversación conmigo, estoy convencido de que su cultura es exclusivamente wikipédica y su Teología responde a la que se estudiaba hace cincuenta años (ahora tiene 66) en los seminarios de provincias muy alejadas de las tendencias más actuales (este hombre es oriundo de El Bierzo, en la provincia de León, una de las más conservadoras del Estado español)

 

Todos los días va a comer a la misma taberna a la que yo suelo ir a leer y escribir por la tarde-noche, hora a la que también acude -una vez terminadas sus labores parroquiales- para tomar un par de cervezas.

 

Le gusta que le llamen “padre” y no pondría reparos a que le besaran la mano porque tiene un desarrollado sentido de ser alguien especial y superior. Es soberbio en su comportamiento, pretendiendo constantemente poseer la razón y emitir la última palabra sobre cualquier tema.

 

Envidioso, maleducado y falto de Caridad

También padece de envidia, pues hasta pregunta por qué a tal cual cliente le han ofrecido una tapa que él no haya probado.

Odia a los fumadores -que ahora están en la calle- a la gente que habla fuerte o que hace ruido al arrastrar una silla o una mesa, olvidando que está en una taberna, no en un monasterio. Hasta tal punto llega su ira que reprocha estas actitudes con muy malos modos que incluyen aspavientos, gritos e insultos.

Tampoco es incompatible mi ateísmo y mi anarquismo militante con gran parte del mensaje evangélico

Aún así, consigue en multitud de ocasiones ser invitado a comer o, al menos, al café y la copa, por algún “parroquiano” o, incluso, por los propietarios del bar. También es docto en cenar por la cara a costa de unas señoras para las que la iglesia supone su único consuelo.

 

El apodo de “el cura gorrón” se lo ha ganado a pulso entre los clientes que no le llamamos “padre”, que somos la minoría porque la dueña del local es una de esas buenas personas que confunden el cristianismo evangélico con el cumplimiento de absurdos preceptos y la adoración a cristos de madera, vírgenes variadas y santos de cualquier ralea.

 

Este cura gorrón, en lugar de devolver a sus feligreses a la senda de la práctica del amor, aplaude estas desviaciones paganas porque es de ellas de donde saca sus inmerecidos respeto y admiración.

 

Lo que el cura ha olvidado

Y yo me pregunto si este señor nunca habrá leído cosas como estas:

Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor; estos tres, pero el mayor de ellos es el amor” (1ª Cor. 13, 13)

 

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom. 5, 5)

 

Y, sobre todo, el Himno a la Caridad, del que reproduzco su parte esencial:

 

… …

Porque el amor es paciente, es servicial, no es envidioso, no se jacta, no se engríe, no busca lo suyo; no se irrita, no toma en cuenta el mal, no se alegra de la injusticia, se alegra con la verdad. Todo lo cree. Todo lo excusa. Todo lo espera. Soporta todo. El amor no acaba nunca.”

Es por este respeto que siento hacia el Maestro de las Bienaventuranzas y hacia los pobres que las recibieron por lo que detesto y hasta me asquea la actitud del cura de mi barrio

 

Señor cura de mi barrio, espero que haga un ejercicio de humildad y aprenda algo de un ateo.


Sobre esta noticia

Autor:
José Javier González De La Paz (30 noticias)
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Tipo:
Opinión
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