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El estado peruano es genocida

26/12/2009 07:26 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

Durante el año 1993, en Perú, el Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE), por orden de Fujimori, realizaba ejecuciones extra-judiciales en los sótanos del Servicio de Inteligencia Nacional

Justiniano Najarro, ex-profesor de psicología y filosofía, y ex-decano de la Facultad de Educación de Universidad San Cristóbal de Huamanga, tenía 50 años. El 6 de julio de 1993, en la Cooperativa Uranmarca, distrito de San Juan de Miraflores, Lima, fue secuestrado y desaparecido mientras caminaba con su sobrino.

Durante los años sesenta y setenta, Justiniano Najarro Rua, trabajó como docente en la Universidad San Cristóbal de Huamanga en Ayacucho. En 1985, Justiniano fue detenido, sin prueba alguna, durante tres meses, bajo la presunción de actividades terroristas. Desde aquel año hasta el 14 de Junio de 1993, Justiniano no tuvo ningún problema con la ley. En 1990 se había jubilado de la docencia universitaria y se había trasladado a Lima, en donde instaló un pequeño negocio de panadería.

El 30 de marzo de 1993, falleció el Sub Oficial EP y agente del SIN Manuel Meléndez Rojas, quien vivía en la Cooperativa Uranmarca, San Juan de Miraflores, en la misma manzana donde vivía Justiniano Najarro. Al hallar su cadáver los policías observaron sobre su cuerpo un cartel que decía "Muerte a los genocidas, PCP-SL" y junto a éste, una bolsa de pan. Por este detalle la policía visitó a Justiniano Najarro.

Después de interrogarlo y tomar fotos de su casa, la policía comprobó que el pan hallado junto a Meléndez no era elaborado en la panadería de Justiniano. De otro lado, existen pruebas que evidenciaban la amistad del joven Sub Oficial del SIN con la familia Najarro.

El 14 de Junio de 1993, miembros del Ejército realizaron un operativo de rastrillaje que comprendió la Cooperativa de Uranmarca. La casa de Justiniano fue registrada al igual que otras sin que se hallara en ella ninguna evidencia que lo vinculara con la subversión. Sin embargo, ese mismo día, agentes de la DINCOTE se presentaron en su domicilio para efectuar un registro domiciliario, porque sospechaban que allí se encontraba escondido el "cojo Feliciano". No hallaron nada que probara esta presunción, sin embargo entregaron una notificación a Najarro para que se presente el 16 de junio (dos días después) ante la unidad Delta 3 de la DINCOTE, a fin de que rindiera su manifestación sobre un caso de "carácter reservado".

El 16 de junio de 1993 Justiniano se presentó en dicha unidad policial donde fue atendido por el teniente PNP Terrones, quien le tomó su declaración. Según su hija, Marilin Vanesa, en la Unidad Delta 3 también le preguntaron si conocía al Sub Oficial Meléndez Rojas. Justiniano afirmó conocerlo. Después de esto el teniente Terrones le manifestó que todas las dudas habían sido despejadas y que no había nada contra él.

El 6 de julio de 1993, Justiniano Najarro se encontró en el mercado con su sobrino, Melitón Ochoa, de 14 años. Justiniano le propuso regresar juntos a la Cooperativa Uranmarca. Eran aproximadamente las 6:30 p.m. Mientras esperaban el carro, Justiniano le dijo a Melitón que le ayudara a repartir pan, a lo cual accedió. Luego abordaron el vehículo que los transportaría a su domicilio.

Al transcurrir unos quince minutos el carro frenó de golpe tras ser interceptado por un vehículo (volkswagen) celeste, que portaba un letrero de taxi. De éste descendió un sujeto alto que vestía un blue jean y chompa azul. Este sujeto encañonó a Justiniano con un arma de fuego a la altura del corazón y ordenó que lo subieran al vehículo.

De acuerdo al testimonio de Melitón, Justiniano preguntó por qué lo detenían. Por respuesta sólo obtuvo un ¡Suban Carajo!. Cuando se encontraban en el automóvil sus captores le ordenaron a Melitón agacharse y le preguntaron a Justiniano quién era. Justiniano respondió: "es mi sobrino". Seguidamente uno de los captores se comunicó a través de un celular diciendo "síganme atrás... nos encontramos cerca del puente Atocongo". Para evitar que oyeran la conversación, los captores les cubrieron las cabezas a ambos. Ninguno sabía a dónde los habían conducido. Justiniano descendió del vehículo seguido de su Melitón, subieron por una escalera hasta llegar a una habitación pequeña y fría. El miedo que sentía Melitón aumentó cuando se dio cuenta que lo habían separado de su tío. Después le ordenaron ponerse boca abajo, lo esposaron, le pusieron un pie sobre la espalda, y luego le preguntaron si a su casa iban terroristas, que les diera nombres.

Desde el lugar donde encontraba, Melitón podía escuchar los gritos desgarradores de su tío Justiniano, incluso podía escuchar los golpes que recibía. Escuchó su quejidos durante 10 minutos aproximadamente.

Tras permanecer boca abajo durante casi 40 minutos, le ordenaron levantarse y le pusieron sus zapatillas, sin pasadores. Luego lo sacaron de la habitación cubierto con la misma mochila y realizando el mismo recorrido que efectuaron al ingresar. Seguidamente lo subieron a un vehículo. Una vez dentro le dijeron que se echara a dormir. Adentro, un desconocido también dormitaba en el asiento delantero.

Minutos más tarde, Melitón sostiene que uno de sus captores le dijo: "Si avisas que la DINCOTE te ha llevado, te agarro por ahí y quemo tu casa. A tu familia le tienes que decir que has estado jugando con unos amigos". Antes que el automóvil partiera le quitaron las esposas. El trayecto de regreso duró cerca de 45 minutos ya que el automóvil dio varias vueltas y se detuvo en varias ocasiones, hasta que finalmente le ordenaron bajarse del vehículo tirarse al suelo y contar hasta cien. Después de esto Melitón se dio cuenta que ya era tarde y como no tenía dinero, se fue caminando a su casa en San Juan de Miraflores. Llegó al día siguiente. Su mamá lo esperaba llorando.

Marilin Vanesa Najarro Sáez, hija de Justiniano, denunció ante la policía del distrito la desaparición de su padre el mismo 6 de julio. Dos vecinas que fueron testigos de la detención avisaron a sus familiares. Hecha la denuncia miembros de la policía procedieron a verificar lo ocurrido con las versiones de los testigos. Sus testimonios están registrados en el libro de ocurrencias de la dependencia policial de San Juan de Miraflores.

Años más tarde, Jesús Sosa Saavedra, miembro del Grupo Colina, reveló en el libro 'Muerte en el Pentagonito', que lo ocurrido a Najarro fue un operativo de inteligencia realizado por un destacamento del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) llamado PIL (Puesto de Inteligencia Lima) dentro del cual trabajaba Sosa, junto a otros agentes de inteligencia.

Han transcurrido 16 años desde entonces. Los autores de este horrendo asesinato, están libres. No se ha investigado, no se ha castigado a nadie; el estado peruano no manifiesta la menor voluntad política por investigar ni menos sancionar a los responsables.

La conclusión lógica a que nos conduce esto es, que es el propio estado el autor de estos crímenes: más claro: los asesinos, actuaron con conocimiento de la alta dirección política.


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Desmoulins (6 noticias)
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Jimplus (27/12/2009)

El estado peruano no es genocida. El artículo habla del caso Fujimori dictador y su asesor, por los crímenes de tanta gente humilde, incluso no se respetó a la Sra Susana, que se le dañó en los zotanos del SIN. Ella era la mejor matemàtica del Perú, y una verdadera Dama. No se la merecían. La justicia está procesando esos delitos.