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El Tren de La Vida

26/10/2012 05:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Historia encontrada entre archivos polvorientos en un ordenador olvidado, la escribí a los 16 años, y tal cual os la muestro, sin correcciones. Disfrutadla

No recuerdo con demasiada certeza como era su voz, y apenas conservo un esbozo de su rostro en mi memoria, por el contrario si que acierto a recordar su nombre, y jamás olvidare su historia de la cual me hizo espectador en la travesía en tren en su viaje de negocios.

Tenía apenas diez años nuestro amigo Marquitos, que así lo llamaron en nuestro país cuando su madre consiguió trabajando de sol a sol y vendiendo sus favores, dos plazas para la embarcación que los llevaría a esa tierra de infinitas oportunidades, ese paraíso que ellos consideraban de España. Entre Tetuán y Gibraltar, Marquitos quedó huérfano, pues el frío viento y la escasez de comida su madre no los soportó.

Así pisó la tierra firme española por primera vez, como un niño hambriento y desamparado, su madre antes de morir le suplicó que nos e dejara coger por las fuerzas del orden pues en su país no eran demasiado humanitarios. Pasaban los días y el joven Marquitos subsistía colándose en los supermercados y robando algo de comida que compartía en el callejón donde convivía con otros dos hombres que habían viajado con él y que se preocupaban de llevar mantas y cartones con los que resguardarse todos del frío y las inclemencias del tiempo. Así pues el joven Marquitos, dotado de una habilidad innata para el hurto y la evasión, así como para trazar estrategias para coger el máximo con el mínimo esfuerzo, convivió con un anciano y otro marroquí de mediana edad el cual un buen día desapareció, contratado por un dueño de tierras que buscaba mano de obra barata. Y allí estaba Marquitos en compañía de un anciano moribundo, que así continuó malviviendo hasta que pese a su tremenda habilidad para la fuga, fue sorprendido por un agente de policía mientras robaba y de allí trasladado a un centro de acogida.

En ese instante, mi narrador hizo una pausa, le lloraban los ojos y dijo “fueron los dos años más felices de toda mi vida”. Allí conoció a Linda, una niña con padres problemáticos de la cual se enamoró, pero poco duró su romance pues la niña fue trasladada a otra ciudad donde fue acogida por una familia, destino que le esperaba a él, pues la casa de acogida no podría prestarle sus servicios de alimentación y educación eternamente. Y así fue, un día una pareja apareció y querían llevarse a nuestro amigo de doce años. La vida con esta familia no fue mucho mejor que en la casa de acogida, pues apenas tenían para fin de mes, y al cabo de unos meses, Roberto, su padre de acogida, perdió su empleo y lo peor comenzó, las disputas diarias entre sus custodiadotes acababan en las manos y muchas veces contra Marquitos, y el alcohol que Roberto consumía no ayudaba en la relación, cualquier cosa le irritaba, incluso saber que su hijo acogido era el primero de su clase, y entre llantos y lágrimas dormía cada noche su madre Isabela con el único consuelo de su pequeño adoptado. El olor de miseria y desasosiego flotaban en el ambiente y la necesidad de obtener dinero era la prioridad mayor de Marquitos, así que comenzó a frecuentar malas compañías y a traficar con drogas a escondidas de sus padres, decía que hacía trabajos extra en un bar de las cercanías y así pensaba que aportaba su grano de arena.

Tanta influencia en ese tumultuoso mundo tomó nuestro Marquitos que fue inevitable que llegara a oídos del director del instituto que lo sometió a una dura entrevista, Marquitos estaba desesperado, era consciente de que había utilizado su ingenio para montar una estructura comercial basándose en la cocaína que deslumbraba a cualquier economista y veía su fin, casi había cumplido los dieciséis y sabía que le esperaba el reformatorio y la cárcel, y sus padres no podían hacer nada, bastante tenían con lo suyo, pero la noticia llegó a oídos del director de un famoso banco de la región, que pidió una entrevista con el chico, y así, deslumbrado por su capacidad y su habilidad para los negocios decidió tomarlo en su custodia, ya que a sus padres estaban retirándosela, y le pagó los estudios y la cuantiosa fianza. Así comenzó su nueva vida, y en pocos años se convirtió en el dirigente de una sucursal, pero ni todo el dinero ni el poder del mundo podrían devolverle a aquella persona que dio la vida por darle una oportunidad ni tampoco podrá olvidar a aquella niña, Linda, la cual nunca cesará de buscar,

“A sido un placer hablar con usted, pero esta es mi parada” me dijo, “debo cerrar una operación bancaria, espero no haberle aburrido con mi relato, hacía tiempo que no conversaba largo y tendido, gracias por escucharme” y así cogió su maleta, se dio la vuelta y se fue.


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Royaltynho (3 noticias)
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