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Emprendedor: fracasa y serás feliz

22/11/2014 14:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Mucho se escribe sobre el fracaso y sus bondades últimamente. Hay una especie de ola de pensamiento positivo que, contra todo pronóstico, anima al emprendedor a que fracase, porque así le irá mejor después. Aprendiendo de los errores

Si bien, en parte y con grandes matices, coincido con lo anterior, también es cierto que hay que andarse con mucho cuidado al alentar con demasiada ligereza, ya no solo al emprendedor, sino a cualquier persona que se plantee empezar cualquier tipo de actividad, a que se lance de cabeza hacia sus proyectos, aspiraciones, sueños o como cada cual quiera llamarlo.

Soy firme defensora de que el fracaso no existe, si no existe como prejuicio en quien lo experimenta. Si lo transforma en una lección, en un aprendizaje. Un aprendizaje que será tal, solamente cuando lo aplique en su siguiente proyecto. Y así lo manifiesto siempre, tanto en cursos online, como en talleres, como en mi propio blog de Coaching para Emprendedores. Sin embargo esa afirmación nunca va sola, ni ponerla en práctica es tan sencillo como pueda parecer.

Tras ese mensaje, en apariencia simple, hay más que una frase de moda o una cita como la de Samuel Beckett, escritor irlandés del siglo pasado: "Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor". Una gran cita, sin duda. Pero cuál es el trasfondo, qué hay tras ella: que alberga un proceso más hondo, que es lo que pasa desapercibido para quienes quieren soluciones fáciles y rápidas y, sobre todo, para quienes las ofrecen.

Y es que, seamos sinceros, contrario a lo que algunos pretenden hacernos creer, cuando alguien se enfrenta a grandes dilemas, las soluciones fáciles no existen. Igual que, si hablamos de forma objetiva, un fracaso es un fracaso, por muchos eufemismos que utilicemos (yo incluida: fallo, oportunidad de aprendizaje, de mejora, etc.).

Lo que no es objetivo es la interpretación que cada uno asignamos a la propia palabra fracaso. Está claro que cuando una persona se marca una meta y no la consigue, es un fracaso. La diferencia entre un fracaso y otro “mejor”, radica en tres elementos principalmente: 1) que se reflexione sobre aquello en lo que se falló; 2) que se adapten los aprendizajes que resultan de esa reflexión en 3) que se vuelva a intentar lo mismo o algo parecido. Lo complicado es aplicar los tres pasos para que el fracaso se convierta en algo provechoso en lugar de quedarse en eso, en fracaso.

Me parece despiadado inducir a la gente a pensar que es fácil superar un fracaso, sea en un emprendimiento o no, dando cuatro consejos manidos y salidos de un manual de autoayuda del siglo pasado. Es un insulto a la inteligencia de las personas.

"...seamos sinceros, contrario a lo que algunos pretenden hacernos creer, cuando alguien se enfrenta a grandes dilemas, las soluciones fáciles no existen"

Esa imagen de Beckett la diseñé yo misma, lo reconozco, y la publiqué en G+. Pero hay que tener en cuenta en trasfondo de lo que implica.

Es muy fácil publicar posts, artículos de prensa incluso, donde se dan “noticias” que aseguran a los emprendedores que lo importante no es cuántas veces caes sino cuántas te levantas, que es bueno fracasar, que hay eventos donde se comparten fracasos y lecciones aprendidas y cosas por el estilo. Lo que no explican es cómo levantarse y que fracasar puede ser devastador si tu situación emocional en el momento no es de una fortaleza bestial.

Qué daño ha hecho Rhonda Byrne y su Secreto. Más que el propio movimiento del Nuevo Pensamiento (del que es conocida estandarte junto con Wayne Dyer o Louise L. Hay). Movimiento que, escudado arbitrariamente tras un puñado de postulados de psicología, cogidos con alfileres y adaptados a su filosofía (y antojo), básicamente, defiende el Pensamiento Positivo sin base empírica alguna, pero como si de ciencia se tratase. O sea, que todo lo que quieras, si lo quieres mucho, mucho y de verdad, se te concederá.

Esta gente que se dedica a escribir posts en esa línea de Pensamiento Positivo y el Nuevo Pensamiento puede llegar a asegurar que cuantas más veces se fracase, mejor, porque así aprenderás mucho más y que hay que ser positivos a la fuerza, para subsistir.

Así que cuidado, porque una cosa es ser optimista, estar abierto a un mundo de posibilidades, extraer conclusiones positivas ante los fracasos para aplicarlas posteriormente, enfrentarse a las cosas desde lo que sí podemos hacer, no desde lo que no podemos porque está fuera de nuestro alcance, dejar de buscar culpables (aunque seamos nosotros mismos) y de quejarnos siempre, para empezar a buscar soluciones. Otra cosa es caer en la trampa del pensamiento positivo y dejar que el mundo teñido de rosa nos impida ver con claridad.

De modo que no, el fracaso no es bueno para nadie. Ni es bueno para nuestra auto-estima. No seremos más felices por haber probado mil veces y fracasar otras tantas. Seremos más felices por el hecho de probar y no tirar la toalla, no por haber fracasado.


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