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¡Este Es El Enfoque Que Debes Asumir Para Que Tus Últimas Palabras No Sean De Arrepentimiento!

18/11/2020 05:12 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En el libro: “Los Cinco Arrepentimientos de los Moribundos” se expone que, por regla general, las últimas palabras de las personas antes de morir son de arrepentimiento. ¿Desearías esto para ti? En este artículo te muestro un enfoque que ayuda a revertir esta tendencia

Todo comenzó en la antigua Grecia y después se fue enraizando hasta convertirse en una costumbre.

¿Cuál?

La de dejar una enseñanza o un mensaje final antes de morir. Es como si esas últimas palabras fueran el broche para poder cerrar bien la vida y arreglarse con la muerte.

En relación a esto existe un dato bien interesante:

Bronnie Ware, experta en cuidados paliativos y enfermos terminales en su libro “Los Cinco Arrepentimientos de los Moribundos” expone que, por regla general, las últimas palabras de las personas antes de morir son de arrepentimiento.

 ¿Por qué?

Y lo más significativo: ¿Desearías que tus últimas palabras sean de molestia y de aflicción por lo que has hecho o has vivido?

En este artículo te muestro un enfoque que ayuda a revertir esta tendencia.

Al hacer el recuento de tu vida puedes sentir una gran satisfacción o un gran remordimiento ante la muerte en dependencia de hacia dónde estás mirando ahora.

¡Sí, como lo estás leyendo!

En tu vida social puedes mirar hacia fuera, hacia el mundo que te rodea, el mundo de las formas, de los objetos, de lo cuantioso; o puedes mirar al mundo, a la dimensión de la Vida, del Ser.

Por regla general la gente se entretiene más mirando hacia afuera que hacia adentro.

¿Por qué?

Porque desde que naces te entrenan para que tu mente vaya hacia el exterior y cuando te das cuenta que lo más importante está adentro, ya estás tan diestro, tan experto en estos menesteres que se hace necesario que ella (tu mente) experimente no un cambio sino una profunda transformación.

Te lo explico:

La mente continuamente te dice: “Para sentirte vivo tienes que lograr esto o aquello, tienes que esforzarte, tienes que trabajar duro”.

Si escuchas a esa lógica continuarás corriendo de una meta a otra, te involucrarás en un galopar desenfrenado por la obtención de objetos: equipos, carros, casas, teorías, títulos, obras de arte, poder, renombre.

Pero, nada de esto te puede ayudar a sentir a la Vida porque esa sensación no es algo que tengas que buscar, no es algo que esté carente de cosas y que precise de llenarse para vivenciarla.

Siempre estás colmado de Vida, ella palpita en todos los estratos de tu forma y lo significativo es que mientras más escarbas hacia el interior mayor será tu identificación y tu fusión con ella.

Es como magistralmente lo describió Honoré de Balzac en su obra: “La piel de onagro”: Mientras más acumulas, más desperdiciada se torna tu vida porque el acumular tiene un precio y ese precio es bien alto y tiene que ver con el limitado tiempo que posees para saborear a la Vida en esta forma.

No hacen faltan grandes reflexiones o indagar en profundas filosofías para comprender el hecho de que la muerte se va acercando, sigues acumulando más y más, te sigues ensanchando por fuera, pero a la par, por dentro continua el inexorable proceso de ir encogiéndote.

Entonces llega el día en que quieras o no, a las buenas o las malas, te haces consciente de ello y sobreviene el temor. Y con el temor llegan las preguntas que casi nunca se hacen audiblemente:

¿A dónde voy con esta prisa?,

¿Qué realmente valioso he tenido que desperdiciar para llegar hasta aquí?

¿Qué le he hecho a toda mi vida?".

No quiero que reflexiones en esto con pesimismo porque debes entender que no hay nada erróneo en tener prestigio, comodidades, o poder.

El énfasis está en que puedes desperdiciar tu vida acumulando y ensanchándote sin siquiera haber excavado para encontrar el manantial de tu existencia, sin haber probado siquiera a qué sabe el sentirse pleno sin que nada ni nadie tenga que servir de mediador o de muleta.

Te escribo todo esto para que no te vayas quedando seco existencialmente y tu final no sea sin contentamiento al caer en la cuenta que todo ha sido un correr tras el viento, que en tu vuelo por la vida solo has utilizado una sola ala y no te has equilibrado.

¿Alguna vez has mirado a la Vida directamente, sin la intervención de tu “Yo” ?,

Date cuenta que casi siempre miramos en la dirección equivocada porque hemos conformado una identidad que solo existe en los ojos de los demás, en la opinión de los demás.

Sin embargo, los demás no pueden llegar por ti a las profundidades de poder sentir a la Vida. Los demás son solo espejos donde se refleja tu exterior, tu dimensión biopsicosocial. Ninguna otra mirada mental que no sea la tuya puede ir tan lejos.

Los ojos de los demás pueden reflejar tu posición social, tu prestigio, tu poder, tus tenencias; pero no pueden reflejar a la Vida que habita en ti.

Los ojos de los demás pueden ver lo pobre que eres porque no tienes: o una buena ropa, o una buena casa, o una cuantiosa cuenta bancaria; pero no pueden apreciar la riqueza que anida en ti, lo lleno de Vida que estás.

Los ojos de los demás te van a incitar a que hagas de tu vida lo que leí hace poco en un post de frases motivadoras:

Piénsalo

Motívate

Inténtalo

Lúchalo

Consíguelo

¿De veras crees que ese es el enfoque correcto para que tus últimas palabras no sean de arrepentimiento?

Lamentablemente nuestra visión ha sido entrenada con una distorsión tan grande que siempre estamos mendigando lo de afuera sin llegar a comprender que somos poseedores de una gran fortuna interior.

Steve Jobs, fundador de Apple murió como multimillonario a la edad de 56 años de cáncer de páncreas y estas reflexiones se le atribuyen como sus últimas palabras:

“He llegado a la cima del éxito en los negocios.  A los ojos de los demás, mi vida ha sido el símbolo del éxito. Sin embargo, aparte de mi trabajo, tengo pocas alegrías. Al fin y al cabo, la riqueza no es más que un hecho al que estoy acostumbrado.

En este momento, acostado en la cama del hospital y recordando toda mi vida, me doy cuenta de que todos los elogios y las riquezas de las que estaba tan orgulloso, se han convertido en algo insignificante ante la muerte inminente.

Podrás contratar a alguien para conducir tu coche, pero no puedes contratar a nadie para que lleve tu enfermedad. Las cosas materiales perdidas se pueden recuperar. Pero hay una cosa que nunca se puede hallar cuando se pierde – la vida”.

De ahí que ocuparse en sentir la vida sea tan necesario, pero desafortunadamente es a lo que menos tiempo le dedicamos.

Y sentir a la vida significa cerrar tus ojos y no mirar lo que has hecho o lo que has conseguido porque estas cosas son solo reflejos, es cerrar tus ojos y fusionarte con esa corriente de existencia que hay en cada respiración, en cada latido del corazón, en cada movimiento de tu aparato óseo-muscular.

¿Alguna vez has mirado a la Vida directamente, sin la intervención de tu “Yo” ?,

¿Has tratado de ir bien hondo para sentir dónde se encuentra el mismo centro de su hábitat?

Te invito a que entrenes a tu mente en adquirir esa alta sensibilidad y te aseguro que este enfoque te dará un vuelco tan sustancial que irá transformando tu forma de ver, apreciar y sentir el maravilloso acto de vivir.

Lo que deseo es que, en contraposición a las últimas palabras de Steve Jobs, tus últimas palabras sean las de ese sublime poeta mexicano, Amado Nervo, que, a pesar de morir 7 años más joven que Jobs y enfrentar en ocasiones a la pobreza, escribió lo siguiente:

NOTA: Aquí también te dejo el poema musicalizado e interpretado por el conocido trovador cubano Pablito Milanés.

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,

porque nunca me diste ni esperanza fallida,

ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

Porque veo al final de mi rudo camino

que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje la mieles o la hiel de las cosas,

fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:

cuando planté rosales coseché siempre rosas.

…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:

¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;

mas no me prometiste tan sólo noches buenas;

y en cambio tuve algunas santamente serenas…

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Casi siempre miramos en la dirección equivocada porque hemos conformado una identidad que solo existe en los ojos de los demás

MUCHAS GRACIAS.


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