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Entrevista a Carlos Boloña Behr

08/06/2014 14:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Fuente: Caretas 1587 Autor: Oscar Diaz

Carlos Alberto Boloña Behr, el ex ministro de Economía del régimen fujimorista, siempre será, para algunos, un neoliberal recalcitrante. Lo que pocos saben es que su precoz talento lo llevó, primero, a ingresar con un permiso especial a la Universidad del Pacífico (a los 16 años) y, luego, aunque parezca una ironía de su posterior destino ideológico, a estudiar una maestría en la Universidad Estatal de Iowa, Estados Unidos. Tras ese breve romance con el más grande Estado Benefactor del planeta, Boloña recaló en la prestigiosa Universidad de Oxford, con esposa y dos hijos a cuestas, para convertirse más tarde en el primer peruano en obtener un Doctorado en Economía de esta Casa de Estudios. Asumió el Ministerio de Economía en febrero de 1991 e inició la "ola privatizadora", acaso la expresión más clara de un programa neoliberal con el que ni Estados Unidos ni Japón coquetearon. Pasados los tiempos de la ortodoxia, el autor de "Lecciones de Economía" todavía quiere hablar y hasta abriga la idea, no tan privatizada, de candidatear a la Presidencia. imageCarlos Boloña

Imagen: ElComercio

NOS recibió en su casa algo resfriado y cansado, después de viajar 32 horas en avión, pero no le faltaron reflejos a la hora de defender sus puntos de vista. Ubicados junto a su piscina, lo invitamos a zambullirse en los recuerdos de su paso por el Ministerio de Economía. Por momentos tragó un poco de agua, pero supo mantenerse a flote. -¿Cómo fue su primer encuentro con Alberto Fujimori? -Fue en el Hotel Radison de Miami, cuando Fujimori estaba de regreso al Perú de su viaje a Japón, antes de asumir la presidencia. Estaban ahí Hernando De Soto y Carlos Rodríguez Pastor, quienes me lo presentaron. Ellos sabían que Fujimori había descartado como ministros a Javier Silva Ruete y Pedro Pablo Kuczynski. En un momento, él nos preguntó a Adolfo Figueroa y a mí ¿cómo se baja la hiperinflación? Figueroa dio su respuesta y luego yo di la mía. Después, dijo: "Yo no sé de economía, pero sí sé que tengo mucha intuición, y lo que dice el doctor Boloña tiene más sentido". A su regreso a Lima me llamó a través de Hernando De Soto. Estuve dos días negociando con él en el Círculo Militar, pero no nos pusimos de acuerdo. Yo quería poner a gente de mi confianza en puestos claves como el Banco Central, pero Fujimori tenía el "síndrome Webb", y quería en el BCR a alguien muy cercano a él. Quedamos como amigos y luego llamó a Hurtado Miller. La segunda vez que me llamó, me dijo: "No sea terco y acepte a Jorge Chávez en el BCR". "El presidente Fujimori tenía el "síndrome Webb", y quería en el BCR a alguien muy cercano"

-Usted eliminó la banca de fomento y aplicó una serie de políticas que lo han convertido en una suerte de "fundamentalista económico", un "Ayatola ortodoxo". -Yo eliminé la banca de fomento porque había un forado de 400 millones de dólares y el Estado no tenía cómo cubrirlo. -Pero no negará que había también una carga ideológica. Usted no cree en la banca de fomento. -No creo en la banca de fomento porque nunca ha dado buenos resultados y siempre ha representado pérdidas para el Estado. Sin embargo, uno puede ser ortodoxo, pero tiene que ser práctico. Cuando en el segundo semestre de 1992 la cartera pesada de la banca alcanzaba el 16%, tuve que armar una recompra de cartera, que para mí era una herejía. -Sus críticos dicen que usted fue muy duro con los empresarios peruanos, pero con el Fondo Monetario era una seda. -Eso no es verdad. En mi gestión más bien hemos usado al Fondo Monetario, al Banco Mundial y al BID a nuestro favor. No niego que hemos seguido recetas del Fondo, pero también hemos hecho cosas con las que no estaban de acuerdo, como la creación de los fondos de pensiones. Ellos no pensaban que en el futuro los jubilados tendrían mejores pensiones, sino que eso significaría un mayor déficit por pagarle a los jubilados. -¿Cree que el próximo gobierno debe negociar una reducción del servicio de la deuda? -Yo creo que hay que asumir la responsabilidad como país por la deuda adquirida. La solución es hacer crecer la economía, exportar más, pero hay que pagar la deuda. Está en nosotros la posibilidad de reducir ese pago, como lo han hecho Costa Rica o Chile, canjeando deuda por privatización, por concesiones, o por inversión. Y no me digan que el Papa dice que no hay que pagar la deuda.

"Yo eliminé la banca de fomento porque había un forado de 400 millones de dólares"

-A propósito, hay quienes dicen que usted es más papista que el Papa, porque es enemigo de los subsidios, mientras Francia protege su vino, Japón su arroz y Estados Unidos su trigo. -El primer punto es hasta dónde protejo y qué protejo. No se puede proteger, por ejemplo, a un vino que me sale cuatro veces más caro que en otra parte. El segundo punto es que mientras más pobre es uno, menos tonterías puede darse el lujo de hacer. Además le digo que los ricos ya se están dando cuenta de que no pueden seguir haciendo muchas tonterías por tanto tiempo, y han empezado a cortar sus subsidios. -Sin embargo, el presidente Fujimori acaba de afirmar que el liberalismo creó una ilusión efímera de bienestar en países como el nuestro ¿No es esa la confirmación de que el modelo que usted defiende ha fracasado? -No. Lo que pasa es que el Presidente ha querido quedar bien con el Primer Ministro de Malasia que viene criticando al modelo liberal. Por otra parte, yo no sé por qué tanta gente se sorprende con lo que ha dicho Fujimori, si él nunca fue un liberal convencido. Más bien, siempre tuvo un corazón populistoide. Si no, miren cómo ha hecho crecer al Estado desde 1993. Y en el agro y la educación no ha podido ser más populista. -Según usted, ¿cuánto tiempo más debemos esperar entonces los peruanos para llegar a la tierra prometida del neoliberalismo? -En primer lugar, el neoliberalismo no ofrece ninguna tierra prometida. Lo que ofrece es que trabajando, ahorrando, produciendo y manejando responsablemente las finanzas se puede alcanzar la prosperidad.

"Lo de la Isla San Lorenzo nos hace pensar que estamos en el país de las maravillas"

-Pero ya han pasado casi diez años, y seguimos en las mismas. -Nadie ha dicho que con el liberalismo no habrá baches económicos. El tipo de cambio y las reservas han ayudado al gobierno a soportar la crisis internacional, pero ésta también nos afectó. Debo recordarle que a los tigres del Asia les tomó 30 años llegar a dónde están. -¿Está de acuerdo con la manera como el gobierno ha gastado el dinero de las privatizaciones? -Creo que más que haberse malgastado, su manejo ha debido ser más transparente, porque lo contrario ha traído como consecuencia muchas suspicacias, desprestigiando, de paso, el concepto de la privatización en sí, que yo defiendo. -Retrocedamos ahora a 1992: ¿Por qué se quedó Carlos Boloña en el gabinete después del autogolpe de Fujimori? -Lo más fácil para mí hubiese sido decir: "ha habido una ruptura del orden constitucional, me voy a mi casa, mucho gusto y muchas gracias". Al quedarme, yo podía haberlo perdido todo. Respeto a quienes renunciaron, pero creo que había que quedarse a ayudar para que el gobierno retomara el cauce democrático. Además había que preguntarse qué democracia teníamos en ese momento. Una democracia donde Alan García seguía torpedeando todas las reformas del gobierno. -Transcurridos más de siete años, ¿sigue pensando que fue realmente necesario el autogolpe? -Aunque es bastante duro decirlo, yo creo que sí. Por el lado de los decretos, definitivamente no había razón. Pero por el otro lado, la influencia de Alan García era tan grande que, a pesar del Congreso, él boicoteaba al gobierno. Era una democracia manejada por García. Otro aspecto era el tema del terrorismo, que impedía cualquier posibilidad de desarrollo.

"Yo me reunía en privado con Luis Alberto Sánchez. De él fue la idea de convocar a un Congreso Constituyente. Fujimori le agregó la palabra democrático". Después del autogolpe, Boloña confiesa que pidió la cabeza de Joy Way y Blacker Miller porque estaban petardeando el programa.

-¿Pero el presidente Fujimori no era consciente de que podíamos recibir un cierrapuertas internacional? -Yo sí lo tenía muy claro desde el principio, pero cuando hablaba con Augusto Blacker, él me decía que todo estaba arreglado, y eso mismo le hizo creer al Presidente, pero no era cierto. Por eso, después de que conversamos varias veces, el Presidente recién tomó conciencia del asunto y me pidió encontrar una salida democrática. -¿De ahí salió lo del Congreso Constituyente Democrático? -Así es. Sin que nadie lo supiera, yo me reunía en privado con el doctor Luis Alberto Sánchez, quien me sugirió llamar a una Asamblea Constituyente. Como al Presidente no le gustó la idea, Sánchez me dijo: "Póngale entonces Congreso Constituyente". Cuando se lo propuse a Fujimori, él dijo: "Congreso Constituyente Democrático suena mejor". Y con ese nombre se quedó. -¿Es cierto que al decidir quedarse en el gabinete puso como condición la salida de los ministros Augusto Blacker y Víctor Joy Way? -Sí, es cierto. Es que ellos eran los que más petardeaban el programa económico. Además Blacker quería ser Primer Ministro a toda costa, y eso era un problema en el gabinete. -¿Por qué cree que Alfredo Jalilie ha durado tanto en el cargo de viceministro de Hacienda? -Jalilie es el hombre de confianza de Fujimori desde que llegó al poder. De hecho le alcanza información directa, que a veces los ministros no conocen. Sin embargo, yo le reconozco sus habilidades. Cuando no tienes plata, Jalilie es el mejor mecedor que he conocido en toda mi vida. Y eso te saca de algunos apuros.

Según Boloña, Alan García seguía manejando los hilos del poder y, a pesar del Congreso, boicoteaba al gobierno.

-¿Dónde estaba cuando capturaron a Abimael Guzmán? -Estaba en un cóctel en la Embajada Británica, con los ministros de Defensa y del Interior, y ninguno sabía nada de la captura. La noticia me dio un tremendo gusto, no sólo por lo que significaba para el país, sino también porque en abril de ese año conocí al general Ketín Vidal, cuando fue a hacernos una exposición de su trabajo, y lo hizo con tanto convencimiento que ordené que se le destinara un millón de dólares para su labor de inteligencia. Recuerdo que cuando lo visité para conocer en qué condiciones trabajaba, lo encontré en una oficina sin lunas, con una Pc sin disco duro, dos disketes, una cámara fotográfica sin rollos, y me dije ¿así vamos a ganarle al terrorismo? Cuando empezó a recibir la partida, Vidal me llamó para agradecerme y me dijo: "Estamos detrás de algo grande", y así fue. -¿Después de la captura de Abimael llegó a conversar con el general Ketín Vidal? -Sí, claro. Cuando lo vi le pregunté "qué quieres", y me respondió "ascenso para mi gente". Cuando llegó la hora de entregar la recompensa ofrecida por el gobierno y los empresarios, convencí al Presidente para entregar un millón de dólares por parte del Estado, en vez del medio millón prometido. Le dije para hacerlo en efectivo y en una bolsa de plástico transparente, para que nadie dudara. -¿Qué pasó con el medio millón prometido por los empresarios? -Yo los había llamado para pedirles que nos dejaran entregar primero la recompensa, y me dijeron que no había ningún problema, pero a la media hora llamaron para decirme que había un problema técnico legal y que no podrían entregar el dinero. Indignado, los amenacé con comunicar a la opinión pública lo que estaban haciendo, y el problema fue solucionado. -¿Cuál es su opinión sobre el trabajo que viene realizando Carlos Paredes como jefe del Equipo Económico del gobierno? -Paredes está cometiendo los errores de un académico. Por ejemplo, el hipo cambiario lo generó él, en una muestra de ingenuidad. Además, anuncios como el de la Isla San Lorenzo ya lo hacen pensar a uno que estamos en el país de las maravillas. No hay seriedad en lo que se está haciendo en el Ministerio de Economía.

"Después de la captura de Abimael le pregunté a Ketín ¿qué quieres? Me respondió: ascenso para mi gente".

-¿Lo tomó por sorpresa cuando prescindieron de sus servicios como ministro de Economía o ya se lo esperaba? -Yo sabía que mis tres renuncias anteriores me las cobraría Fujimori tarde o temprano, o sea que no fue una total sorpresa. Lo que sí me molestó mucho fue que el Presidente no me lo comunicara directamente. -¿De qué se arrepiente como ministro? -Me arrepiento de las cosas que no pude avanzar. De no haber flexibilizado más el mercado laboral y de no haber acelerado las privatizaciones. Me arrepiento de los 70 decretos firmados por todos los ministros y que nunca salieron. Y me arrepiento de haber creado ese Frankenstein que es Indecopi, lo cual hice a pedido de Jorge Camet que había trabajado seis meses en ese proyecto, cuando era ministro de Industria. -En junio de 1994 usted habló por primera vez de candidatear a la Presidencia de la República ¿Qué fue de esa pretensión? -Pues está ahí, esperando el momento propicio.


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