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Entrevista con Héctor Martínez sautor de la novela El Plomo Avanza

06/05/2017 13:48 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Charlamos con Héctor Martínez a raíz de su reciente novela 'El Plomo Avanza' (2017), su origen, sus temas, sus personajes otras curiosidades y claves de lectura

El autor de la novela Héctor Martínez en un momento de la entrevista

 [El autor de la novela Héctor Martínez, durante un instante de la entrevista]

 

Acaba de publicar la novela El Plomo Avanza (2017), novela sobre el muy particular Madrid de 1962 y sobre los métodos del control, la manipulación y la ingeniería social. Nos introduce en el mundo de la ufología madrileña de manos del excéntrico personaje de Fernando Sesma en La  Ballena Alegre del Café Lion, donde se leen cartas y se reciben llamadas de un ser apodado Saliano, oriundo del planeta Auco. Una de las consecuencias no deseadas de esas cartas, presume el autor, es el crimen del sastre de Antonio Grilo. Descubrimos un Madrid distinto al que nos han contado, más extraño y heterodoxo, al que imprime los tintes de la tragicomedia y la novela negra.

Dado el sorprendente argumento de El Plomo Avanza, la primera pregunta es obligada, ¿cuál fue el origen de El Plomo Avanza?

Buero Vallejo, él es el culpable. Estaba  terminando Misión 109 y entre medias me dediqué a leer teatro y visionar representaciones y grabaciones, en concreto de Buero. Encontré el texto Mito en Cervantes Virtual, y me resultó tan extraño que indagué hasta toparme con Fernando Sesma, el Café Lion y la Sociedad BURU. Buero Vallejo me introdujo en La Ballena Alegre, y la curiosidad mató al gato. Quería entender por qué Buero acudía a las tertulias de Sesma y por qué, entonces, escribió Mito..., me refiero al contenido, pues fue una obra de encargo.

¿Y encontraste una respuesta?

Más bien supuse una respuesta. Imaginé que Buero Vallejo, un dramaturgo luchando con la censura en cada texto, estaría maravillado con aquella heterodoxa escenificación en el centro de Madrid, a plena luz del día, y tan exitosa como inmune a la intransigente censura. Y él lo hizo coincidir. Hay que pensar en el debate abierto sobre las relaciones entre Buero y la Junta Censora, aquello del posibilismo que le malinterpretaban otros como Sastre u Olmo. Ahora bien, Mito nunca llegó a estrenarse, se publicó como texto escrito en Primer Acto.

En una novela tan extravagante, saber que se basa en hecho reales hace que uno se pregunte: ¿cuánto es hecho real y cuánto es ficción?

Pues es real más de lo que cualquiera pensaría. Lo que te contaba de Buero, las charlas en La Ballena Alegre y lo que allí se decía, los propios miembros, la historia del sastre de Antonio Grilo, la conferencia de Huxley y, por supuesto, el contexto social, ideológico y político. Los personajes de Baumeister, Clark, Luciano y la trama de la calle Ballesta son pura ficción, así como el romance entre Baumeister con la muchacha interna en casa del sastre.

¿No es extremo mezclar algo tan inocuo y divertido como las charlas sobre extraterrestres de La Ballena Alegre con el tremebundo parricidio del sastre?

Es una tragicomedia narrativa, si esto existe, una astracanada seria. Los contrapuntos son extremos: frente a un sangriento parricidio que incluye el asesinato de niños, debía existir un contrapeso absolutamente disparatado. Y ambos debían ser sucesos reales. Sí, el resultado es un esperpento sin necesidad de espejo concavo. No hizo falta deformarlo, ya es grotesco de por sí. Lo mostrenco como tal.

Y así también haces con el nazismo o los programas del MK Ultra...

Y lo más curioso es que cuanto más extremo, aunque se trate de acontecimientos reales, más inverosímil se vuelve todo. Es decir, no es verdad que a mayor realismo mayor verismo, pues en mi novela la práctica totalidad de lo que, al desconocerlo, se consideraría inverosímil e irreal, resulta ser un hecho dado y no inventado. Algo que jamás se creería y que, sin embargo, al ir leyendo uno se pregunta: ¿pero esto es de verdad? Eso es lo que atrapa la atención, que te lo vas creyendo a base de no creerlo.

Ese era el lema de BURU y de Sesma, ¿no? «Creerlo todo hasta que se demuestre lo contrario», repites constantemente en la novela.

Cierto, tal cual. Ese era el mandamiento del La Ballena. De algún modo había que imbuirle la idea al lector. Pero resulta que también ese lema es real, no es invención mía. Sigue siendo cierto que lo más verosímil es irreal y lo más inverosímil es lo real. Se juega en la frontera.

Volviendo a lo anterior, debo reconocer que las escenas violentas son muy gráficas: el asesinato del niño judío, el parricidio del sastre..., ¿estamos tan insensibilizados ante la violencia que es necesario ser tan explícito?

Es la parte trágica y cruda. Esto es algo que ha llamado mucho mi atención. Veo noticias sobre una guerra, lanzamiento de misiles, emboscadas, bombas, ejecuciones, y acto seguido el periodista de turno o una ONG comentando la cifra de niños muertos, como si, de pronto, todo lo que es la barbarie de una guerra fuese más barbarie porque mueren niños, como si una guerra fuese aceptable en caso de que no muriesen niños. Somos capaces de comer viendo esas noticias. Me resulta algo propio de la profilaxis occidental de generaciones que no sabemos qué es una guerra, que sospechamos es algo trágico pero somos incapaces de imaginarlo o de sentirlo, y necesitamos añadir a la atrocidad historias de niños muertos varados en playas. Algo emocional, una tragedia en la tragedia para obtener un atisbo de sensiblera reacción. Al final, mil, dos mil o diez mil muertos y millones de familias rotas, despedazadas, sin recursos y desplazadas no cuentan nada frente a un niño escupido por el mar en las costas europeas para el occidental acomodado. Piensa en el holocausto nazi y la Segunda Guerra Mundial, el común de los mortales usa la palabra genicidio con normalidad rutinaria, y para obtener una reacción hacemos una película con una niña vestida de rojo en medio del blanco y negro. Por eso la mayor parte del horror lo resumí en un niño ejecutado mientras corretea creyendo que juegan con él al pilla pilla. En un párrafo y una acción está todo lo terrible. La ejecución de sus padres, apenas cabe en una línea. Sí parece que sea necesario ser gráficos, aumentar la atrocidad en sus detalles y tocar a propósito la fibra para que se rompa la insensibilidad. Pero no por puro espectáculo, la violencia como mero espectáculo contribuye mucho más a la insensibilización y artificiosidad de la violencia. En mi novela, lo explícito no es espectáculo, se debe a tanto que se ha mitificado el parricidio, por ejemplo, que no se recala en el suceso y cómo ocurrió. La mujer murió a martillazos y los hijos degollados, y exhibió los cadáveres por el balcón. Hoy no vale con decir se levantó esa mañana y mató a toda su familia. Ya nadie deduciría el horror, lo sangriento, sucio y demencial que debió ser aquello. Hoy es una leyenda negra de la ciudad y se cuenta como relato de terror. Pero fue real y tal cual, nada de una historia de terror.

Aunque eso, a la postre, eleve el nivel de insensibilidad y de la tolerancia de contenido violento.

La novela busca sugerir, y, como te decía, hoy escribir una escena como la Afrenta de Corpes del Mio Cid parece no escandalizar a nadie, con todo el tema de la violencia de género actual y que la escena es de lo más brutal. Pero es lectura en la escuela, y conste que no abogo por su retirada. Me sorprende, en cambio, que la escena se da por hecho, se asume en la normalidad. En la descripción del horror de una guerra, nombrar un pelotón de fusilamiento no altera ya a ningún lector. Hay cierta inmunización a un tipo de descripción que parece que hemos asimilado racionalmente, pues, qué va a hacer un pelotón de fusilamiento sino el coherente acto de lógica interna e intrínseca a su ser, es decir, fusilar. Y pasamos por alto el acto atroz mismo. A la novela ya no le vale con eso. Ser explícito es tocar en el lector para subrayarle la salvajada para la que es ciego. El abuso, la gratuidad y el espectáculo de la violencia, la pérdida de contacto con la realidad, generan esa tolerancia a lo intolerable, y no tanto el ser explícito con un objetivo como el de tocar en el lector.

Hay quien sostiene, precisamente, que tu generación, los 80s y 90s, se ha alimentado de la violencia como espectáculo, ¿no sería esta la razón?

En cierto modo sí, el cine y los videojuegos proporcionaban altas dosis de violencia, de disparos, peleas y explosiones donde nadie moría o los muertos eran angelicales. Las películas de terror derivaban en casquería y las de guerra en una sangría, en la ciencia ficción pasaba de todo y todo era posible. Yo tengo entre manos una novela corta cuyo origen está ahí, y es un espectáculo gore de fondo donde lo más duro son los motivos de un asesino, es decir, un uso del monstruo y el horror material como espejo de las perversidades morales del entorno. De todas formas hablamos como si las grandes epopeyas, los cantares de gesta y los romances no hubiesen existido y representado el mismo papel para los grecolatinos y medievales, por ejemplo.

A lo largo de la novela asistimos al enloquecimiento de José María Ruiz, el sastre, ¿cómo hiciste para describir un proceso tan complejo?

Debía estar en consonancia con el contexto, ser un misterio y dejar en penumbra el origen real desconocido. En opinión de López Ibor y otros, era el caso de un ciclotímico, una depresión vital que le llevaba a fluctuaciones emocionales. Ahora bien, ¿se debió al experimento y las drogas? ¿Fue por los extraterrestres? ¿Su vida personal? ¿Tenía alguna predisposición? Me hice estas preguntas, como cualquiera se haría en un caso así, porque el estado maníaco-depresivo del ciclotímico no basta, realmente, para aclarar por qué un hombre degüella a sus hijos y mata a martillazos a su esposa, junto a la que  ha dormido, exhibe los cadáveres por el balcón y luego se suicida pegándose un tiro, pero libra de todo el horror a la chica interna en la casa. Cualquiera te diría que la ciclotimia es el subtipo más leve del transtorno bipolar. En este caso concreto, es evidente que debería tratarse de una ciclotimia severa asociada necesariamente a alguna psicosis. Por otro lado, ¿En algún momento recobró la lucidez? ¿Fue por eso que pidió confesarse y se suicidó?  ¿Fue consciente de sus actos? Había interrogantes a mansalva, y decidí que, tal cual era en realidad, un misterio, lo mantendría y no debía responderlos. Pueden ser la razón todas ellas, o solo alguna, o ninguna. En no dar explicación sino solo los síntomas como la reducción de sueño, cambio de temperamento radical, pérdida del sentido de realidad, hablar solo, oír voces, conducta errática... consiste el misterio, y dejar el misterio es abrir la novela a la ilimitada imaginación del lector. Hay que dejar que el misterio siga siendo misterio.

Pero no es al único al que se tacha de loco en la novela, ¿la locura es un tema en sí mismo en El Plomo Avanza?

Lo es, todos están alterados, aunque no son los mismos estados psicológicos en cada uno. Dieter Baumeister está traumatizado, o más específicamente neurótico o TEPT, Fernando Sesma vive entre delirios de grandeza, del sastre José María Ruiz te acabo de contar... Y todo ello genera estados y emociones extremos en el resto de personajes que los rodean. Aparecen episodios de locura como el del pan maldito en Pont-Saint-Esprit, todo un pueblo perdiendo el juicio, ahí es nada.

Y está, si no me equivoco, el guiño al Quijote, hablando de locura o, incluso, de libros como La conjura de los necios, a la que me recordaba en ocasiones.

Por supuesto, se impone desde Buero Vallejo y lo que te contaba. Sesma es calificado de Quijote, y el quijotismo está presente en la novela. El segundo que mencionas, a Ignatius, no lo creo yo. Hay una tendencia a asociar al Quijote y a Ignatius, y quizás por ello el disparate te recuerda a uno y a otro. Sin embargo, como escribí hará un año en un artículo en que precisamente comparé ambos personajes inmortales, soy de la opinión de que nada tienen que ver si se rasca un poco en la superficie de la extravagancia y se ahonda en ellos, sin que esto desmerezca a ninguno, por supuesto. El Madrid de 1962 será inesperado, pero no es Nueva Orleans.

Precisamente, en tu novela vemos que la de 1962 era una España más agitada de lo que sabemos, y más metida en la escena internacional de lo que nos han contado...

Es cierto, a medida que averiguaba me sorprendía más. España no estaba aislada, al contrario, para muchas potencias la dictadura era un mal menor frente a otra guerra en un lugar estratégico. Fundamentalmente, EE.UU con su Hollywood y sus estrellas o con su CIA y sus espías, o las bases militares, campaba a sus anchas por el territorio nacional y sus hoteles desde los acuerdos de 1952, y eso tanto como los nazis refugiados y sus organizaciones, o los servicios de inteligencia más señeros internacionalmente ya el KGB, ya los franceses, ya los ingleses. Éramos el ojo del huracán llamado Guerra Fría. Había mucho movimiento entre bambalinas mientras en el escenario ante la luz pública todo parecía estancado.

Llegas a afirmar en el apéndice «con esta novela restituyo a la generación de mis padres un pasado que muchos hoy, que no lo vivieron, se lo niegan ideológicamente», ¿a qué te refieres exactamente?

El resultado es un esperpento sin necesidad de espejo concavo. No hizo falta deformarlo

Verás, cuando se presta oídos a quienes no vivieron las circunstancias, se tiende a creer que todo españolito era franquista y que todo lo que se hacía era levantar el brazo, gritar ¡Viva España! y rezar rosarios. A generaciones como la de mis padres les dicen que esos cuarenta años no existieron, no sirvieron, son cuarenta años de error que hay que enmendar. Yo, en esto, soy más intrahistórico, mis padres crecieron y vivieron bajo el franquismo. Su generación entera tuvo que vivir en esas circunstancias y tuvieron que ser felices, si querían y podían serlo, en esas circunstancias, y trabajar en esas circunstancias, es decir, su vida no puede ser condenada por las circunstancias que les tocaron. Tienen derecho a recordar su infancia y juventud con la alegría con la que la viviesen. Sin embargo, pareciera que decir alegría, por poca o mucha que fuese, bajo el franquismo, fuese una contradicción. Pareciera que tuviesen que pedir perdón por aceptar las circunstancias, lo que no necesariamente significaba aceptar el régimen. Aquel mundo les llegó dado. Quienes solo saben vivir y alimentarse de la ideología condenan desde su púlpito a quienes trataron de disfrutar como pudieron de su juventud en un guateque, un club, un cine y con las cosillas del día a día en aquella España. El idealismo posterior pretende imperar sobre el hecho desde su toga moral y su mazo ideológico y les da igual la radicalidad de la vida y a cuántos condenen puerilmente. Se habla despectivamente de otros tiempos y de la España en blanco y negro para invalidar todo el periodo, como si cada uno tuviese que mortificarse simplemente por haber vivido su época. Hay mucho gallito a toro pasado, y, quizás silenciosamente y con su trabajo estas generaciones hicieran más por el bien de la tierra y de un futuro cambio en la transición que tanto ideólogo posterior que ejerce de comentarista de un partido ya jugado. A estas generaciones no se les puede borrar su pasado.

Pero, de hecho, no eludes el tema social ni la realidad cruda, por ejemplo, que estuviera mejor vista la prostituta que una mujer soltera, el conflicto de la cuenca minera, los interrogatorios en Sol y el miedo a La Social, ¿es, después de todo, una novela realista?

Es obvio. No se trata de lo uno o otro. La huelga del silencio, la persecución ideológica, la tortura, existían. Ni se puede ni se debe negar o ignorae. Lo curioso de la huelga de la minería de 1962, que ya venía anunciándose de antes, es que fue un conflicto laboral, como muchas de las huelgas, no uno ideológico, resultado de los pobres salarios frente a la inflación que encarecía todo, y ahí aunaron fuerzas solidariamente los sindicatos católicos y conservadores y los ilegales que actuaban clandestinamente, además de los comerciantes, los vecinos, los parrocos en las iglesias..., mientras, el régimen creía poder resolverlo a palos, amenazas y represión, como con todo, como si fuese la huelga un movimiento contra el régimen y no una protesta por la dignidad del jornal y elementos justos de la realización de un trabajo como la minería de hulla. Hubo otras, como la de tranvías de Barcelona en el 51, la reyerta del 56 en la Universidad de Madrid y los movimientos estudiantiles del 69, la de Bandas en Vizcaya en el 66, o toda la cascada de movilizaciones a partir del 76, no tan simbólicas con el paso del tiempo como la minería asturiana.

Pero, junto al realismo, también pisas el terreno de la fantasía, la segunda de las tendencias predominantes hoy, ¿estamos ante una síntesis de las corrientes generales?

No una fantasía creada por mí, desde luego. Lo que recojo en el capítulo El arte de cabalgar las nubes es, ni más ni menos, que la ficción que Fernando Sesma quiso creer, que quiso hacer creer o que quisieron hacerle creer, al mismo tiempo que se alimentaban sus propios delirios de grandeza. Las cartas eran más de lo mismo, o las llamadas telefónicas. No es un realismo mágico, aquí la fantasía es narrada tal cual se presentaba. Fue real y de tal magnitud, que sorprende. Aquí no se usa lo mágico, lo irreal, lo fantasioso como cotidiano para expresar la realidad y las emociones; es que ocurría por sí misma la fantasía vertida sobre la realidad y era lo cotidiano, sin más. Lo dicho, un esperpento en sí, sin  deformación. No me he inventado a Fernando Sesma, ni los contenidos de las reuniones, no hacía falta. En el apéndice lo señalo como un hecho marcadamente borgiano, un fenómeno verdaderamente literario crear un mundo y unos habitantes y lograr que el mundo acepte su realidad y su existencia. Eso es lo que ocurría. Yo, parecerá mentira, y aunque nadie cree, como ya he comentado, que esto fuese así, solo lo he documentado.

Has tardado en acabar la novela, ¿ha sido complicada de escribir?

No ha sido fácil desde el punto de vista documental, lo que ocurre cuando escribes sobre otras época que no has conocido es que tienes que documentarte sobre el día a día. Pasaba mucho tiempo buscando en la hemeroteca, leyendo sobre cada una de las circunstancias de cada personaje o los libros de Fernando Sesma, en especial Yo, confidente de los hombres del espacio, recopilando audios, video, entrevistas sobre el tema, y menos mal que parte de la documentación estaba hecha de forma natural, por ejemplo conocía Berlín y cuanto sucedió en los 30s por varias estancias mías allí, o también ya estaba hecha de antes la traducción de la conferencia de Aldous Huxley The Ultimate Revolution... Entremedias fui escribiendo otros libros, que no tenían esta carga como Kepler 62 (2016), o el poemario Lunalogía (2017) y publicando algunas obras inéditas como el ensayo Haz lo que quieras. Michael Ende y Friedrich Nietzsche (2017). No diría complicada, pero sí elaborada. E incluso así me han encontrado un pequeñito error de la rutina diaria, que para muchos será imperceptible.

¿Escribes varias obras al mismo tiempo?

Sí, me resulta cansado focalizarme solo en un libro todo el tiempo, y otra obra, normalmente de distinto género, me sirve como reposo. Salto de una a otra, y cada una es un recreo frente a la otra. Normalmente dos, tres ya me parece demasiado. Tengamos en cuenta que escribir no es mi oficio, que tengo mi jornada de trabajo también. Envidio a quien en esa situación puede estar sobre una sola todo el tiempo, porque exprime mucho más sus posibilidades y no tarda mucho. Mi mínimo es de seis meses a un año. Y con El Plomo Avanza he establecido un máximo, unos cuatro años.

Seguro que alguien te envidiaría a ti...

Eso es la envidia, codiciar de los demás lo que no tenemos, y en consecuencia no valorar lo nuestro.

Ya que lo has mencionado, acudes, una vez más, y lo subrayo, a la intertextualidad, con la conferencia de Aldous Huxley o de ese libro de Fernando Sesma que mencionas, para establecer un diálogo narratológico entre tu texto y los otros. En ti ya es costumbre, ¿son la intertextualidad y la metaliteratura una llave a otro nivel de tus obras?

Como suele decirse, otros escribieron antes que nosotros. Y uno es hijo literario de lo que lee. Es justo que se reconozca por dónde se anda uno. Además, opino que si otros expresaron mejor de lo que yo pueda hacerlo un tema, prefiero partir de ellos antes que reelaborar lo que creo inmejorable y ponerlo en relación directa. Eso sí, hay que reconocer la autoría y debe estar justificado su uso. Personalmente detesto los textos que son cúmulos de citas injustificadas ligadas entre sí, puro relleno intelectual sinsentido, mero adorno grosero que oculta deficiencias académicas o literarias. En el caso de El Plomo Avanza la charla de Huxley en Berkeley era el marco exacto de la historia que me propuse escribir y sitúa al lector ante la novela. Además, no hay un fácil acceso a esta charla en español. Tenerla traducida y novelarla era lo propio y, efectivamente, abre las puertas a otros hilos relacionados conmigo, con mis lecturas o puede ampliar el horizonte del lector. En el caso de Sesma es que, de hecho, no hay ningún acceso a su obra más que en el mercado de segunda mano y alguna cosa por la Red. Está descatalogado y perdido en el tiempo. El lector general ignora por completo lo que Sesma predicaba de su puño y letra. Lo reescribo con el fin de recuperarlo. O, por decir más, es metaliteraria la presencia de Buero Vallejo hablando de su producción, y a sabiendas de lo que te contaba sobre Mito, la cual es, a su vez, metaliteraria y metateatral.

¿Conoces la obra de García May Ummo, otro misterio? Esta, publicada en 2015 en ADE, y El Plomo Avanza me resultan muy próximas entre sí en tema y tiempo..., ¿quizás te inspiraste en ella? ¿Forma parte de lo intertextual?

Pues la conozco, sí, pero de fines del año pasado. Para entonces el núcleo de El Plomo Avanza ya estaba escrito. Me resultó un ingenio divertido colocar a Orson Wells de maestro de ceremonias parloteando con el fantoche de Franco y con Fernando Sesma. La verdad es que me creía solo en este disparate de convertir a Fernando Sesma y La Ballena bajo el franquismo en trasunto literario del Madrid extravagante, y me alegra descubrir que otros también lo hacen. No estoy tan mal, o no solo yo. Sin embargo, con lo que sí pueden verse claras relaciones, por ejemplo, es con la película de Óscar Aibar Platillos volantes (2003), con los actores Ángel de Andrés, ya fallecido, y Jordi Vilches, que trata sobre los suicidas de Tarrasa del 72.

Otro de los elementos constructivos es la música, más que en ninguna otra de tus novelas: Bob Dylan, The animals, Dúo Dinámico, The shirelles o el swing y James Kok, Benie Goodman o Artie Shaw, también las boites y salas de fiesta con la orquesta Pocovi, Óscar Manjarín, una actuación de Carlos Acuña ¿tenías en mente crear una banda sonora al estilo cinematográfico?

Aunque es verdad que así ha quedado, no era tanto esa mi intención. Tiene más que ver con la identificación inconsciente que hacemos con determinados géneros musicales, digamos populares, y determinados éxitos, y su época a lo largo del s.XX. Es inmediato escuchar el rock n' roll y a los Beattles, a Hendrix, los Rolling, Chuck Berry, Chubby Checker, Bob Dylan, Joan Baez y la canción protesta y ubicarnos de inmediato en los 60s y 70s, junto al glam, soul, punk y la new wave, funkie, la disco y el hard rock, David Bowie, Steve Wonder, Jethro Tull, Springsteen, Alice Cooper, Led Zeppelin,  Kiss, AC/DC, y en los 80s y 90s, el pop, grunge, heavy metal y la electrónica. Igual hacia atrás, y asociar el charleston a los 20s y el swing a los 30s. No hago yo la banda sonora, esta ya existe en el devenir del tiempo cuando la música pasó a popularizarse en masa en salas de fiesta, clubs, e incluso en la esfera privada con inventos como gramófonos y tocadiscos, cuando pasó a sonar por doquier en una cafetería o en el coche, cuando empezaron los grandes conciertos y festivales masivos... La música se convirtió entonces en el 'sonido de la época', el sonido de fondo de la historia, permitiendo que con ello se pueda describir el tiempo histórico de la novela. Das un título de una canción conocida o de un cantante o grupo relevante y de inmediato el lector se ubica en el tiempo sin necesidad de más.

Eso con el tiempo, y con el espacio, ahí está Madrid, tu ciudad natal, con la que tienes fuerte arraigo y un sentimiento muy especial. Le has dedicado poemas, cuentos y ahora una novela, ¿qué es Madrid para ti?

Pues es algo parecido a lo que canta Sabina, un cruce de caminos donde el mar no se puede concebir, aunque con el ritmo de Porretas, o a Loquillo cuando le dedica a Pepe Risi aquello de que el silencio ha muerto en las calles de Madrid, triunfa la desfachatez de los dandis o que la locura vence a la vejez, aunque no sean ya los 80s. No solo es donde he nacido y crecido, sino también donde he aprendido todo, donde he vivido con el pleno sentido del verbo vivir. Llevo toda la vida explorando Madrid y siempre encuentro un nuevo lugar, algo que acaba de inaugurarse, como si fuese un puzle imposible de resolver porque me cambian las piezas una y otra vez. El Madrid del 62 es muy distinto del que conozco, aunque se le parece. Está en continua mutación de sí mismo y es una ciudad diferente a la que te descuidas. Es normal oír decir ¡eso no estaba ahí! o ¡eso ya no está! o peor, preguntar ¿eso estaba ahí antes?, porque ni siquiera estás seguro. Mira a Colón, al Oso y Madroño... Quizás otros te digan lo mismo de sus ciudades y sus pueblos, y quizás sea que cumple esa función de hábitat humano, el medio al que te adaptaste al criarte en mi caso, pero uno lo siente distinto. Y conste que hablo de la ciudad, pero soy montepardino y serrano, la pena es que no subo tanto como quisiera.

Se acompaña la edición en papel de un 'archivo fotográfico', como hiciste en Misión 109, ¿cuál es su finalidad?

El archivo fotográfico es una pequeña sección donde el lector puede encontrarse frente a frente con los personajes y lugares reales mencionados en la novela, contrastar lo que imaginaron con la imagen, sumergirse del todo en la historia. También es un tributo a quienes han formado la novela o los lugares que han servido de escenario, tal como eran entonces. Incluso hay más imágenes en el Book Blog de la novela.

Solo me queda darte la enhorabuena y  desearte mucho éxito con esta y otras obras en el futuro.

Gracias a ti y a tus lectores, y a ver si también se vuelven también lectores míos.

Dejar el misterio es abrir la novela a la ilimitada imaginación del lector. Hay que dejar que el misterio siga siendo misterio

 


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Autor:
Miguel Izquerdo (14 noticias)
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