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Escogiendo el veneno más dulce. Una defensa a ultranza de las libertades frente a la tentación totalitaria.

28/02/2015 16:42 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por: Erick Yonatan Flores Serrano*

"No estoy de acuerdo con lo que dices pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo". Evelyn Beatrice Hall, sobre la libertad de expresión en François Marie Arouet, más conocido como Voltaire.

Al cambiar un poco la forma de esta monumental sentencia quedaría así: "No me gusta lo que vendes pero defenderé hasta la muerte tu derecho a venderlo". El sentido es el mismo y será el argumento central de este artículo.

Ayer, rondando más o menos las 7 de la noche, cierto número de personas, si, los mismos que lograran que el gobierno retroceda y derogue la Ley N° 30288 hace varias semanas, se organizaron para marchar en contra de la famosísima televisión basura, entiéndase, la farándula o el espectáculo que es televisado, según estas mentes, en perjuicio de todos los peruanos. Su propósito es bastante claro y consiste en hacer que el gobierno, utilizando la ley, censure de alguna forma (eliminar sería más preciso) a estos programas. Dicen preservar el bienestar de la sociedad frente a la voracidad del lobo capitalista que, en este caso, es el empresario que produce y comercia estos programas. image

Lo primero que se me viene a la cabeza es aquel genial pasaje en "La Ley", la obra magistral de FredericBastiat, donde se dice que "...no se puede hacer, a través del gobierno, lo que sin su intervención no se podría hacer", entendamos que esto quiere decir que, si yo no puedo robarle la cartera a otra persona, mucho menos puedo pedirle al gobierno que lo haga por mí. En nuestro país ocurre exactamente lo contrario, ciertos sectores convierten al sistema democrático en un "tira y afloja" con la única intención de hacer que el gobierno cumpla sus sectarios caprichos, claro, siempre en desmedro de valores fundamentales como la libertad de expresión, la libertad de elección y demás libertades que son componentes vitales de las sociedades libres, prósperas y desarrolladas.

Nada justifica el cercenamiento progresivo de las libertades individuales, anteponer el interés común como un argumento para recortar la libertad es profundamente inmoral, y es mucho más tonto, creer que una noción completamente subjetiva sirva de parámetro para medir el nivel cultural de un país. Lamentablemente es así como suceden las cosas en nuestra incipiente sociedad, unos creen saber qué cosas le convienen al país, tratan de adueñarse del monopolio de la verdad y ponderan cierta moral como si fuera la panacea para los "problemas" que nos aquejan.

La marcha en contra de la TV basura tiene un aspecto bien marcado, y es fundamental no perder de vista la oscura intencionalidad totalitaria que se cobija bajo el pretexto de la preservación del bienestar de los jóvenes, adolescentes y niños, ante la "amenaza" que representan estos programas. Todos (y lo digo sin temor a equivocarme) los que consideramos esta marcha como una tontería, sabemos a la perfección que nada bueno tienen estos programas, nada de productivo muestran y no contribuyen mucho al desarrollo del país (al menos en términos reales). Como liberales y libertarios, no formamos parte de los televidentes y de seguro que no permitiríamos que nuestros hijos vean tales cosas. Sin embargo, el hecho de que no simpaticemos con estos programas no nos da el derecho de imponerle nuestras preferencias al resto de la gente, que, con razón o sin razón, prefiere ver los programas que a unos nos parecen desagradables. A mí me gustaría que en esos horarios pasaran algún documental sobre historia universal, un programa de ciencia o algún concierto de música clásica, son mis gustos y forman parte de la minúscula visión de mundo que tenemos todas las personas. Cada una tan singular como la otra y de la misma manera tan respetable es una, como lo es la otra. En la vida democrática no debe existir ningún tipo de censura, respetar el gusto de la gente es respetar su libertad de elección, y cualquier propuesta que ponga sobre la mesa intenciones de censura, no debiera ni siquiera discutirse, al contrario, debiera ser rechazada por todo el conjunto de la sociedad.

Sin embargo no hay que olvidar que vivimos en el Perú, un país donde se tiene la creencia que el nivel cultural de la sociedad y las decadentes variables de la educación van a mejorar censurando los programas de espectáculo. No hay ningún tipo de relación de una cosa con la otra, la educación de los niños y jóvenes no va a mejorar con la prohibición televisiva, mucho menos el manoseado concepto de "nivel cultural". Tamaña tontería solo puede provenir de aquellas mentes que se encuentran en un alto grado de descomposición, no tendría que haber forma de que una aseveración carente de todo tipo de análisis previo pueda gozar de legitimidad dentro de la sociedad, pero bueno, es el Perú y ya nos conocemos.

Y bien, aquí nadie está defendiendo tal o cual programa, tampoco nadie sirve a intereses ajenos. Si algo he de defender, es aquello que debiera ser el bien más preciado en todo el mundo y bajo ninguna excusa pudiera cuestionarse, la libertad. Si un individuo encuentra una oportunidad de beneficio en un determinado contexto, y en pleno uso de su libertad logra materializar una ganancia SIN afectar los derechos y libertades de otros individuos, ¿cuál es el problema?, pues ninguno. Si es que existe un inconveniente es en el receptor. Cuando la gente llena una pollería, lo hace sabiendo que el consumo de comida con alta cantidad de grasa saturada, es perjudicial para la salud; pese a saber que causa un daño, la gente sigue consumiendo. ¿Cuál es la razón?, simple, hay algo en el mundo de la economía (austriaca, valga la aclaración) que se llama "el valor subjetivo"; esto consiste en que dentro del mercado, el valor de determinadas cosas depende siempre de la preferencia de los agentes económicos demandantes, respecto de las mercancías que presentan los agentes económicos oferentes. En buen cristiano esto quiere decir que la gente valora de forma distinta lo que se ofrece en el mercado. Aplicando esto al ejemplo previo, la gente valora más, el gusto de poder comer pollo a la brasa, que las consecuencias que le pueda traer en su salud. Es una cuestión de elección, así de sencillo. Y cuando hablamos de la programación televisiva, se trata de lo mismo. Es la gente la que sustenta la existencia de los programas en cuestión, se puede decir que hay programas basura porque hay gente que gusta de consumir basura. Siempre la cuestión tiene que ver con el receptor, el consumidor tiene el papel protagónico dentro de este dilema, no los empresarios de las televisoras, ni el gobierno, ni el imperio yankee, ni los illuminati, ni la ultra derecha fascista, ni nadie. El único responsable de esta situación es el televidente que, muy a nuestro pesar, está sentado de lunes a viernes para alentar a sus leones, no hay otro responsable.

Y para terminar, ahora que tenemos al "culpable", no nos queda más que absolverlo. Ya que en cualquier país democrático, aunque las discrepancias sean marcadas, se respeta el (mal) gusto ajeno. Si toda la cuadra en donde vivo gusta de los programas de espectáculo, que pena por ellos y por mí, no tengo de otra que tolerar sus gustos y respetarlos; ellos por su parte, en algún momento tendrán que pagar las consecuencias de perder tiempo en esas cosas. En democracia se respeta la basura ajena, el único límite es la transgresión física de la vida, la libertad y/o la propiedad privada de otras personas, y como mis vecinos no me afectan en nada cuando destinan su valioso tiempo para ver tonterías, pues simplemente no hay razón para ningún tipo de reclamo. Es por esto que el artículo inicia con una idea básica, el respeto por la libertad ajena, por un lado respetar la libertad del empresario de ATV que lucra con Combate, y por otro, la libertad del individuo que se entretiene con tal programa. La marcha, como ya lo he dicho en varias oportunidades, es absurda, no tiene un sustento racional y sólo refleja la profunda crisis que hoy a traviesa el sistema democrático, víctima de la dictadura de las mayorías.

Si la marcha fuera como dicen algunos de sus defensores, personas medianamente racionales, que el objetivo sólo es que los programas respeten el horario de protección al menor, estipulado en la Ley 28278 en su artículo 40, me quedaría tranquilo. Sin embargo, las marchas en américa latina son bien conocidas. Es triste ver que más de un 75% de personas que marchan son sólo borregos que repiten un libreto hecho por unos cuantos gatos, es lamentable que la recua más intransigente se salga con la suya y logre movilizar a una gran cantidad de desinformados, confundidos e ingenuos, para enarbolar siempre sus banderas rojas. La vulnerabilidad del sistema democrático ha sido expuesta, las decisiones del gobierno son susceptibles a los caprichos ideológicos y el estado de derecho no sirve para garantizar lo más elemental para la vida pacífica. Es preocupante el panorama y sólo espero que esta marcha, al igual que la gran mayoría de marchas, sea vista como lo que realmente es, una total y absurda tontería. La tentación totalitaria nunca está demasiado lejos, siempre ronda y espera su momento. Hay que permanecer vigilantes.

* Coordinador General ? Instituto AMAGI Huánuco


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