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Estrategia política con resultados

18/05/2015 04:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Desde la última década, los gobiernos llamados a sí mismos como progresistas han conseguido mantenerse en el poder sin partidos políticos. ¿Cómo se puede descifrar esta circunstancia en términos de estrategia política?

 

Introducción*

Latinoamérica experimenta un retorno a la estabilidad institucional. Desde la última década, los gobiernos llamados a sí mismos como progresistas han conseguido mantenerse en el poder sin partidos políticos, pero con una agenda dinámica de reformas y un enorme gasto e inversión pública. ¿Cómo se puede descifrar esta circunstancia en términos de estrategia política?

Este documento de trabajo se divide en siete acápites. El primero y segundo describen las razones del predominio de los liderazgos carismáticos actuales. El tercer acápite se dedica exponer las razones que explican la circunstancial estabilidad de los gobiernos populistas. Los acápites cuarto y quinto abordan la emergencia de los nuevos liderazgos y sus principales carencias. El sexto propone algunas estrategias de identificación de las acciones y el séptimo se propone aprovechar los argumentos de todo el texto en la obtención de resultados.    

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1. Los liderazgos carismáticos actuales

Latinoamérica experimenta un retorno a la estabilidad institucional. Desde la última década, los gobiernos llamados a sí mismos como progresistas han conseguido mantenerse en el poder sin partidos políticos, pero con una agenda dinámica de reformas y un enorme gasto e inversión pública.[1]

Perú, es el caso más extremo de crisis partidaria. El país andino por más de veinte años, desde 1980 hasta 2001, se encontró en la paradoja de administrarse con gobiernos constitucionales en el preciso momento en que los partidos políticos se encontraban en crisis.[2]

En los años posteriores a la transición democrática de las décadas de los 70 y 80 varios sistemas partidarios sufrieron crisis. En Perú y Venezuela, los partidos tradicionales que dominaron la política en los 80 fueron barridos del escenario nacional en los 90. En Perú, el partido Cambio 90, primer partido fujimorista, se convirtió en la mayor fuerza política en el país después de las elecciones de 1990. De estructura personalista, sin disciplina partidaria, sin programa político, este partido personalista se convirtió en el vehículo para consolidar el gobierno autoritario de Alberto Fujimori, en el poder durante una década consecutiva hasta el año 2000.

En Venezuela, el triunfo de Chávez de 1999, un candidato sin base partidista fuerte y con escasa trayectoria política, con un discurso demagógico, populista y antisistema, arrasó con los dos partidos políticos venezolanos más fuertes, Acción Democrática y COPEI, y abrió el espacio para la emergencia del caudillista Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, que luego se convirtió en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), creado en el 2006 durante la campaña electoral del mismo año, para consolidar la capitalización del poder del comandante Hugo Chávez en Venezuela.[3]

En Argentina durante 2001, el derrumbe financiero, político y económico de ese año arrasó con los partidos más grandes: la Unión Cívica, el Frente País Solidario y Acción por la República.[4] En ese contexto emergió el Frente para la Victoria, de orientación kirchnerista, fundado en el 2003 a propósito de sostener la carrera de Néstor Kirchner hacia la presidencia de la República Argentina, de corte nacionalista, con un modelo de centralización socio-económica, de discurso confrontativo con los Estados Unidos y de estilo autoritario.[5]

Esta misma plataforma sirvió para mantener el poder al mismo grupo político, ahora en manos de Cristina Fernández, esposa de fallecido presidente Kirchner, ocupantes de la Casa Rosada, sede del poder presidencial argentino, desde 2003 y por más de una década hasta hoy. 

 

2. Ecuador en la dinámica personalista

La misma receta de ascenso y afianzamiento personalista sucedió en Ecuador. Desde 2006 el presidente Rafael Correa se encuentra a cargo de la función ejecutiva en el país andino. Llegó al poder con el apoyo de Alianza PAÍS, un movimiento político personalista creando después de la crisis del sistema representativo que desencadenó el golpe de Estado al presidente Lucio Gutiérrez en el año 2005. Alianza PAÍS, una organización política sin desarrollo programático, ni estructura militante, de propuesta antiimperialista, populista y autoritaria, es la organización política que se encuentra en el poder del gobierno de Ecuador desde su fundación en el entorno de las elecciones que llevaron a Correa a la presidencia.[6]

Al colapso del sistema representativo de muchos países latinoamericanos se suma el regreso de liderazgos carismáticos, personalistas y autoritarios que aprovecharon la crisis de los partidos para incorporar en sus discursos, ofertas y políticas a los sectores populares e históricamente marginados. Aunque no lo parezca, esta mezcla entre populismo, reformas y obra pública son la ecuación latinoamericana de la actual estabilidad institucional.[7]

Fujimuri, Chávez, Kirchnner o Correa son de esos atípicos y pintorescos líderes carismáticos que ocupan el espacio vacío que dejan los partidos en crisis. Crean una estructura partidaria personalista, laxa, sin disciplina partidaria, sin programa político y se consolidan en el poder eliminando a la oposición política y la alternabilidad democrática para perennizarse en los gobiernos, lo que se produce condiciones favorables para sus modelos de un modelo de gobernabilidad perentorio y a costa de postergar la existencia de democracia republicana, responsable, pluralista y alternativa.[8]

 

3. Gobernabilidad versus democracia

En Ecuador, a ocho años del ascenso al poder del correísmo, se respira un clima de gobernabilidad poco pluralista. Sin embargo, las instituciones son estables y por tanto predecibles. El caos del pasado dificultaba el trabajo estratégico debido a que las decisiones políticas eran dictadas por percepciones. Las variables hoy están claras, nos guste o no. El autoritarismo, la polarización, y la tendencia al bipartidismo, entre otras, son las circunstancias que permiten el retorno de la estrategia.

Con el retorno latinoamericano a la democracia, el regreso de los valores cívicos incrementó también las posibilidades para el ejercicio de los derechos asociados a la igualdad en diferentes ámbitos de la vida social, lo que acabaría deteriorando las formas y principios de autoridad representativa por el incremento de las demandas de todos los sectores que presionaban por atención simultáneamente.[9] Las demandas se dilataron ilimitadamente frente a los recursos de satisfacción a disposición de los gobiernos que son siempre finitos, lo que representó un problema para el funcionamiento de la democracia representativa por la ausencia de canales apropiados para la expresión de los sectores emergentes de la sociedad civil.

El populismo catalizó estas formas de expresión en un sistema político que privilegió la gobernabilidad en lugar del pluralismo y centralizó en el líder el procesamiento de las demandas sociales en un sistema centralizado, descendiente e indiviso, que por su vocación de permanencia en el poder lo ha tornado en estable, pero muy lejos de ser transparente.[10]

 

4. Nuevos liderazgos en un nuevo entorno

Los nuevos actores de la política se enfrentan a circunstancias diferentes de disputa y negociación. Las condiciones de las que deben partir no son las mismas que en el clima del retorno democrático de las décadas de los 60 y 70, ni de la crisis de los partidos políticos de los 80 y 90. El desafío se resuelve primero en términos de afirmación de liderazgos personalistas y luego de fortalecimiento partidario o colectivo, en la lógica de un partido de Estado.[11]

En este contexto, la estrategia política se enfrenta al desafío de producir figuras, climas de liderazgo y de necesidad política a partir de las herramientas actuales de la comunicación de masas, en un entorno de competencia populista de contención y procesamiento de demandas.[12]

Para llegar al punto de crear una figura como se crea la imagen de un producto comercial es imprescindible convertirlo en una necesidad, pero antes tiene que existir como un bien apetecible para un público consumidor.

La ausencia de partidos políticos disciplinados, organizados y programáticos posibilitó la presencia de liderazgos personalistas y la aparición de actores sin carrera pública y sin legitimidad electoral, que llegaron a ocupar cargos de representación como consecuencia del “efecto bandwagon”[13] producido por el “voto de arrastre”[14] a favor de la figura principal en la competición y no del actor oportunista que se beneficia de este fenómeno.  

El desafío estratégico en estas condiciones consiste en empezar a generar un clima de aceptación social y de trabajo colectivo, de convertir al actor político que aparece en la escena política en un representante-candidato en permanente campaña.

 

5. Nace un nuevo líder

El primer paso ha sido siempre inaugurar este modelo con un evento de impacto, acompañado de una marca, un discurso coherente y personalidades influyentes en el contexto público. Todo debe ser definido con precisión: la estética, los contenidos, el protocolo, la asistencia, los argumentos. Un nuevo líder emerge a partir de esta circunstancia para ocupar el espacio provocado, ofrecer entrevistas en medios e intercambiar bienes simbólicos y nuevas propuestas de acción política y electoral.

La circunstancia es especialmente importante para colocar en la opinión pública una imagen y un discurso. La imagen debe comprender dos elementos de arranque: diferenciación y simplificación. Se busca un factor diferenciador para conseguir una característica propia, única del líder, mientras que la simplificación es un elemento facilitador de la información que se difunde en los medios de comunicación que cada vez dan menos espacio, interés o tiempo a mensajes complejos.[15] Un discurso claro debe tener tres componentes: motivador, unificador y consolidado.[16] 

Así fue como Barak Obama disputó con gran éxito de las presidenciales estadounidenses en el año 2008, cuya estrategia ganó relevancia nacional desde el año 2004, durante la Convención Nacional del Partido Demócrata, celebrada en Boston, en donde no sólo impuso un modelo discursivo de sobresaliente fluidez, sino que también supo plantear un discurso conciliatorio y de esperanza. Fluidez, conciliación y esperanza, fueron las tres líneas argumentativas que abonaron a la imagen ganadora de Obama.[17]

 

6. De actor emergente a actor-protagonista

Con una imagen y un discurso interesantes, la opinión pública enfoca su interés a esta nueva vocería que empieza a colocar líneas de argumentación complementarias a las habilidades, preferencias e intereses del nuevo actor. El vocero emergente se consolida en esta función y, consecutivamente, recibe el reconocimiento de sus pares que luego lo nominan para funciones subalternas de alta influencia. El naciente desafío del actor visibilizado, luego convertido en vocero e interlocutor legítimo, es mantener intacta su imagen, protagonizando poco pero de manera contundente.

El actor emergente, posicionado públicamente como una marca discursiva y estética, y vuelto en actor protagonista, es posible de ser incorporado al protagonismo político de las instituciones de alta influencia, aun en las tres carencias más comunes en la actual coyuntura: de carrera pública, de legitimidad electoral o de estructura partidista. El propósito es convertir al actor outsider en jugador con poder de veto. Esta es una de las posibilidades que ofrece un régimen de vocación populista que, en ausencia de partido y por tanto de una militancia arraigada e influente, puede operar sin presiones internas y nombrar libremente a sus colaboradores.[18]

Todo debe ser definido con precisión: la estética, los contenidos, el protocolo, la asistencia, los argumentos

Esto es lo que sucedió con Aníbal Cavaco Silva, elegido en el año 2006 en primera vuelta como primer presidente de la República Portuguesa como producto de la Revolución de los Claveles. Cavaco Silva, de primer ministro outsider se convirtió en presidente-jugador con veto del sistema político semiparlamentario portugués.[19]  

 

7. Medios en la obtención de resultados

El cierre de esta primera etapa de consolidación del “líder sin nada”, convertido a un “líder con todo”, consiste en conseguir un lugar protagónico de poder y apuntalar su estrategia de convertir el “humo” en resultados. Para esto es necesario lograr la capacidad para generar contenidos informativos de manera directa e indirecta, para filtrar información en redes de influencia cualificadas, así como para aprovechar adecuadamente la alimentación de la imagen en las redes sociales del internet que es la primera fuente a la que acuden los interesados en lograr información de primera mano. Ambas dimensiones de la comunicación, la tradicional y la digital, cumplen con una parte en este ejercicio.

Los corresponsales de los periódicos combinan sus fuentes institucionales con sus informantes exclusivos para reportar las noticias. Entre las fuentes exclusivas se cuenta la información filtrada. Esto representa un gran estímulo para los periodistas en sus coberturas pues cuanto mayor sea su disponibilidad en el acceso a noticias exclusivas, mayor es su capacidad de publicar, reputarse y lucrar.

Es una realidad que los periódicos conceden un tratamiento desigual a sus fuentes. El tratamiento depende de la credibilidad de sus informantes así como del crédito que le ofrezca el reportero que elabora la nota periodística. Cuando las fuentes anónimas o las fuentes veladas filtran información acerca de las decisiones en proceso de adopción del gobierno, entonces se sitúan en los casos de filtración simulada, es decir, cuando el filtrador busca ciertos fines estratégicos. Cuanto mayor sea la presencia de fuentes anónimas y veladas, tantos más recursos acumula el periódico para la actuación de sus maniobras específicas.[20]

Al establecer la dinámica comunicacional, influir en los factores de la comunicación es determinante para obtener los resultados estratégicos. Emitir un mensaje claro es fundamental en el proceso. Lo mismo sucede con el receptor, código, mensaje, canal y contexto. Pero al generar contenidos informativos de manera directa e indirecta se produce un corto circuito inmediatamente después de la recepción del mensaje. Es indispensable escoger correctamente al corresponsal, comunicarle un mensaje categórico en un contexto coherente, en el que las condiciones coincidan con la afirmación especulada. Para esto es necesario obtener los suficientes datos con fuentes cualificadas antes de filtrar la información. 

Estos son los tres niveles para el retorno de la estrategia política: la creación de una imagen, la consolidación de un discurso, la presentación de una estrategia con resultados.

 

 

 

Gabriel Hidalgo Andrade

Abogado, máster y PhD en Ciencia Política (c)

Estratega político y asesor parlamentario

 

Contacto personal:

Email:             gahidalgoa@gmail.com

Twitter:           @ghidalgoandrade

 

Contacto profesional:

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Notas al pie:

* “Estrategia política con resultados” es un trabajo realizado por Gabriel Hidalgo Andrade (2015). El autor es abogado, máster y PhD en Ciencia Política (c). Se desempeña como estratega político y como asesor parlamentario. Es articulista en el Diario La Hora de Ecuador, ininterrumpidamente desde hace diez años.

[1] López Rodríguez, Antonio Jorge. 2011. “La política fiscal de los gobiernos populistas latinoamericanos. Entre la intencionalidad política y la viabilidad económica”, Working Papers, CEPC, RS 6.

[2] Gonzales, Osmar. 1999. “La crisis de los partidos peruanos. Apuntes para una lectura socio-histórica”, Espacio Abierto, vol. 8, núm. 3, septiembre-diciembre, p. 305.

[3] González, Sonia Fuentes. 2003. “Desconfianza política: el colapso del sistema de partidos en Venezuela”, Unidad de Políticas Comparadas, Documento de Trabajo 03-14, CSIC, Madrid, p. 24.

[4] Gervasoni, Carlos. 2004. ¿Hay una crisis de los partidos políticos latinoamericanos? CADAL, documentos, año II, número 18, 22 de julio, Buenos Aires.

[5] Gratius, Susanne. 2007. “La tercera ola populista de América Latina”, Documento de Trabajo Nro. 45, FRIDE, Madrid, p. 18.

[6] Barragán, Mélany y Jacobo García. 2013. “La élite de Alianza PAIS: ¿marcando la diferencia?”, Elites Parlamentarias Latinoamericanas, Nro. 55, noviembre, Universidad de Salamanca.

[7] Navia, Patricio e Ignacio Walker. 2006. Gobernabilidad Democrática en América Latina (instituciones y liderazgos), Serie Estudios Socio-Económicos, Nro. 29, diciembre.

[8] Peña, Lorenzo. 2009. “Dictadura, democracia, república: Un análisis conceptual”, CSIC-CCHS, Madrid.

[9] Tapia, Luis. 2009. La coyuntura de la autonomía relativa del Estado, CLACSO, La Paz, p. 154.

[10] Laclau, Ernesto. 2009. “Laclau en debate: postmarxismo, populismo, multitud y acontecimiento (entrevistado por Ricardo Camargo)”, Revista de Ciencia Política, vol. 29, Nro. 3, Santiago de Chile, p. 823.

[11] Arroyo Ortiz, Juan Pablo. 2010. “El papel del presidencialismo autoritario y el partido de estado en la transición a la economía de libre mercado”, Documentos de Trabajo, IELAT-Instituto de Estudios Latinoamericanos, Universidad de Alcalá, Nro. 18.

[12] Frei, Raimundo y Cristóbal Rovira Kaltwasser. 2008. “El populismo como experimento político: historia y teoría política de una ambivalencia”, Revista de Sociología, Nro. 22, Santiago de Chile.

[13] Valdez Zepeda, Andrés y Delia Amparo Huerta Franco. 2011. “¿Qué mueve a los votantes? Un análisis de las razones y sinrazones del comportamiento político del elector”, Razón y Palabra, Nro. 75, febrero-abril.

[14] Nohlen, Dieter. 1992. Sistemas electorales y gobernabilidad, Working Paper Nro. 63, Barcelona.

[15] Villalobos Jiménez, Victoria Lorena. 2010. “La construcción de la imagen pública del líder político y su influencia electoral”, Universidad Mundial/ Universitá degli studi di Teramo, p. 10. 

[16] Grupo ICPS. 2012. “Discurso de arranque de campaña y de fin de debate preparado para Thomas Mulcair NDP-NPD”, Documento de Trabajo, Certamen Iberoamericano en Campañas Electorales, Barcelona.

[17] Valdez Zepeda, Andrés y Delia Amparo Huerta Franco. 2008. “La Estrategia Obama: La construcción de una marca triunfadora en la política electoral”, Revista Latina.

[18] Carreras, Miguel. 2013. “Presidentes outsiders y ministros neófitos: un análisis a través del ejemplo de Fujimori”, América Latina Hoy, Universidad de Salamanca, vol. 64, pp. 95-118.

[19] Rubio Plo, Antonio R. 2006. “Elecciones presidenciales en Portugal: cavaquismo, sebastianismo e ilusiones colectivas”, Área: Europa-ARI, Nº 10.

[20] Héctor Borrat. 1989. “El periódico, actor del sistema político”, Anàlisi: quaderns de comunicació i cultura, Nro. 12, Barcelona, p. 75.

Los nuevos actores de la política se enfrentan a circunstancias diferentes de disputa y negociación


Sobre esta noticia

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Gabriel Hidalgo Andrade (341 noticias)
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