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De la genialidad del Doctor Fleming al desastre del abuso de los antibioticos

28/12/2016 05:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Alexander Fleming (1881-1955) científico escocés, inició al descubrir la enzima antimicrobiana llamada lisozima y el primer antibiótico, la penicilina, ha sido modernamente traicionada, y no por dinero, sino más bien por ignorancia tanto de las familias como de médicos muy atareados

Se sabe que Alexander Fleming el descubridor del primer antimicrobiano llamado lisozima y del primer antibiótico, la penicilina, fue a la larga genial. Si bien, su educación fué bastante rudimentaria, el científico comenzó a sentir amor pleno por la observación detallada y el talante sencillo. Una vez cumplidos los 13 años, se trasladó con uno de sus hermanastros a Londres, en donde finalizó su educación gracias a dos cursos intensivos realizados en el “Polytechnic Institute” de Regent Street.

En el año 1900 se alistó en el ejército escocés con en fin de luchar en la Guerra de los Boers, aunque la batalla finalizó días antes de que zarpase su nave. A pesar de su mala experiencia, su afición por la vida militar lo mantuvo alistado en su regimiento, interviniendo en la Primera Guerra Mundial como oficial del Royal Army Medical Corps.

En 1901 obtuvo una beca para trabajar en el St. Mary’s Hospital Medical Schoolde Paddington, en donde estuvo toda su vida. Cinco años después de su ingreso, Fleming comenzó a trabajar para el equipo del bacteriólogo Sir Almroth Wright, con quien fue socio por más de 40 años.  En el año 1908 terminó su carrera, obteniendo la Medalla de Oro de la Universidad de Londres. Fleming dedicó su vida profesional enteramente a la investigación de las defensas del  cuerpo humano, en lucha con las distintas infecciones bacterianas.

Trabajó como médico microbiólogo en el Hospital St. Mary de Londres hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial.  En este hospital trabajó en el Departamento de Inoculaciones dedicado a la mejora y fabricación de vacunas y sueros. Almorth Edward Wright, secretario del Departamento, despertó el interés de Fleming por nuevos tratamientos para las infecciones.

Durante la guerra fue médico militar en los frentes de Francia y quedó impresionado por la gran mortalidad causada por las heridas de metralla infectadas (ej.: gangrena gaseosa) en los hospitales de campaña. Finalizada la guerra, regresó al Hospital St. Mary donde buscó intensamente un nuevo antiséptico que evitase la dura agonía provocada por las heridas infectadas.

La lisozima descubierta por Fleming, también llamada muramidasa, es una enzima,  que daña las células de las bacterias.  La lisozima es abundante en numerosas secreciones como la saliva, las lágrimas y el moco y está presente en el bazo, los pulmones, los leucocitos, el plasma, la leche y el cartílago, donde actúa como una barrera frente a las infecciones. También es muy abundante en la clara del huevo, de donde se extrae para su uso industrial, en particular para el control de las bacterias lácticas en los vinos.

El laboratorio de Fleming estaba habitualmente desordenado, lo que resultó una ventaja para su siguiente descubrimiento. En Septiembre del 1928, estaba realizando varios experimentos en su laboratorio y al inspeccionar sus cultivos antes de destruirlos notó que la colonia de un hongo había crecido espontáneamente, como un contaminante, en una de las placas con estafilococos, observó que las colonias bacterianas que se encontraban alrededor del hongo (más tarde identificado como Penicillium notatum) eran transparentes debido a una lisis bacteriana. La Penicillium es un moho que produce una sustancia natural con efectos antibacterianos: la penicilina. La lisis significaba la muerte de las bacterias, y en su caso, la de las bacterias patógenas (Staphylococcus aureus) crecidas en la placa. Aunque él reconoció inmediatamente la trascendencia de este hallazgo sus colegas lo subestimaron. Fleming comunicó su descubrimiento sobre la penicilina en el British Journal of Experimental Pathology en 1929. En septiembre de 1928, Alexander Fleming descubrió la penicilina, siendo considerado actualmente como uno de los más importantes descubrimientos de la terapéutica moderna.

Fleming trabajó con el hongo durante un tiempo pero la obtención y purificación de la penicilina a partir de los cultivos de Penicillium notatum resultaron difíciles y más apropiados para los químicos. La comunidad científica creyó que la penicilina sólo sería útil para tratar infecciones banales y por ello no le prestó atención. Sin embargo, el antibiótico despertó el interés de los investigadores estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial, quienes intentaban emular a la medicina militar alemana la cual disponía de las sulfamidas. Los químicos norteamericanos Boris Chain y Howard Walter Florey,  desarrollaron un método de purificación de la penicilina que permitió su síntesis y distribución comercial para el resto de la población.

Según se sabe, durante un estudio del doctor acerca de las mutaciones de determinadas colonias de estafilococos, encontró interesante el hecho de que uno de los cultivos había sido accidentalmente contaminado por un hongo identificado como el Penicillium notatum. Tras observar con detenimiento el comportamiento del cultivo, comprobó que los estafilococos que se ubicaban en la zona inicial de contaminación se habían vuelto transparentes por efecto de una sustancia antibacteriana segregada por el hongo. En ese momento, comprobó que una muestra de cultivo puro del hongo adquiría un alto nivel de actividad antibacteriana y, a la vez, era inofensivo para el cuerpo animal.

La aportación científica de Fleming es doble pues además de descubrir una molécula química (penicilina) también encontró una molécula enzimática (lisozima) con actividad antibiótica. Las enzimas (ej. lisozima) y los péptidos antibióticos son componentes naturales de la inmunidad  innata de los animales que podrían ser utilizados con fines terapéuticos similares a la penicilina. Por esta razón Fleming puede ser considerado como el primero en descubrir una enzima antimicrobiana. Los dos descubrimientos de Fleming ocurrieron en los años veinte y aunque fueron accidentales demuestran la gran capacidad de observación e intuición de este médico escocés.

El descubrimiento de la lisozima ocurrió después de que un moco de su nariz procedente de un estornudo, cayese sobre una placa con bacterias para el control y estudio microscópico. Días más tarde advirtió que notó que las bacterias habían sido destruidas en el lugar donde se había depositado el fluido nasal.

Fleming no patentó su descubrimiento por lo que así sería más fácil la difusión de un antibiótico necesario para el tratamiento de las numerosas infecciones que azotaban a la población. Por sus descubrimientos, Fleming compartió el Premio Nobel de Medicina en 1945 junto a Ernst Boris Chain y Howard Walter Florey.

Fleming fue miembro del Chelsea Arts Club, un club privado para artistas fundado en 1891 por sugerencia del pintor James McNeil Whistler. Se cuenta como anécdota que Fleming fue admitido en el club después de realizar “pinturas con gérmenes”, estas pinturas consistían en pincelar el lienzo con bacterias pigmentadas, las cuales eran invisibles mientras pintaba pero surgían con intensos colores una vez crecidas después de incubar el lienzo. Lograba así  color rojo, púrpura, amarillo, blanco, rosa y naranja.

Si bien sus descubrimientos salvaron durante dos décadas millones de vidas, últimamente los abusos las han perdido

Estando de gira por España en 1948,  su esposa cayó enferma y moriría meses después, del mal que truncaría su vida. Con todo, continúa su trabajo en Instituto  del St. Mary,   que dirige desde 1946. Allí colabora una joven griega, la Dra. Voureka, por la que Fleming siente gran estima; cuando ésta regresa a su país, el Dr. Fleming, ya solo, se ve arrastrado por su recuerdo e irá por ella para hacerla su esposa.

Alexander Fleming murió en 1955 de un ataque cardíaco. Fue enterrado como héroe nacional en la cripta de la Catedral de San Pablo de Londres.

El descubrimiento de la penicilina abrió el camino de la investigación, que inauguró una era de descubrimientos que hizo lograr que la medicina tuviera herramientas, para luchar contra las infecciones, que inició la era de los antibióticos.  La estreptomicina fue un antibiótico utilizado para el tratamiento de la tuberculosis, salvando millones de vidas. Es un antibiótico bactericida de espectro pequeño, derivado del Streptomyces griseus. Por Albert Schatz,  uno de los jóvenes investigadores que colaboraban en los ensayos de Selman Abraham Waksman,  para de la Universidad de Rutgers de Estados Unidos. Nadie se imaginaba que un antibiótico de espectro pequeño iba a producir consecuencias negativas muy grandes por el abuso del descubrimiento.

Los autores de un estudio internacional denuncian una "prescripción inadecuada" por parte de los médicos. Los bebés españoles reciben un 50% más de antibióticos que los alemanes. El abuso de antibióticos en niños aumenta el riesgo de obesidad y otras enfermedades.

Los bebés españoles reciben 1, 55 tratamientos con antibióticos al año, lo que supone un 46% más que en EE UU, un 49% más que en Alemania y un 244% más que en Noruega, según acaba de destapar un estudio internacional. “Lo más probable es que estas diferencias se deban mayoritariamente a una prescripción inadecuada”, advierte uno de sus autores, Gabriel Sanfélix, de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat Valenciana. Estudios previos en estos países han hallado tasas similares de infecciones bacterianas que requieren antibióticos, así que deberían existir pocas diferencias en las prescripciones, subraya Sanfélix.

El nuevo trabajo ha estudiado los antibióticos recetados a casi 11 millones de niños menores de tres años en España, Estados Unidos, Corea del Sur, Italia, Alemania y Noruega, entre 2008 y 2012. Los resultados muestran un uso excesivo en España, que se sitúa al nivel de Italia y solo es superada por Corea del Sur, donde los bebés reciben más del doble de tratamientos con antibióticos que los españoles.

Los niños españoles menores de tres años consumen más del triple de antibióticos que los noruegos.

El estudio, publicado en la revista especializada de Journal pediatric recuerda que “el uso excesivo de antibióticos es uno de los principales problemas de salud pública” en el mundo. Este abuso de antimicrobianos está favoreciendo la aparición de superbacterias, resistentes a los fármacos conocidos. Un reciente informe elaborado para el Gobierno británico alerta de que, si no se toman medidas urgentes, en 2050 morirán en el planeta más personas por superbacterias (10 millones de fallecimientos cada año) que por cáncer (8, 2 millones de muertes anuales).

En la actualidad ya mueren 700.000 personas cada año por microbios resistentes a los antibióticos.

La investigación incluye datos de los casi 718.000 niños de la Comunitat Valenciana cubiertos por el sistema público en los años del estudio. Para Sanfélix, las conclusiones son “probablemente” extrapolables al resto de España, según lo apuntado por otros estudios similares realizados en otras regiones. Además, explica el investigador, España es de los países de la UE con más microbios resistentes a los antibióticos, junto a Rumanía, Croacia, Bulgaria y Eslovenia. “Se sabe que la resistencia a los antibióticos es paralela a su consumo, de forma que, a peor prescripción de antibióticos, más resistencias globales”, señala Sanfélix.

“Es necesaria una concienciación social sobre el uso de antibióticos. Y los pediatras de atención primaria deben ser los primeros en actuar, mediante el uso racional, que implica una disminución de su prescripción y la educación sanitaria”, añade el investigador. Estudios previos, hace más de una década, ya mostraron que el 50% de las prescripciones de antibióticos para niños eran innecesarias. El abuso, además de generar resistencias, también aumenta el riesgo de que los niños sufran obesidad, enfermedades atópicas (como dermatitis y asma) y enfermedades inflamatorias intestinales, según destaca el nuevo trabajo.

“No sólo prescribimos más, sino que prescribimos peor que los nórdicos, recurriendo mucho más a antibióticos de más amplio espectro”, advierte el médico Salvador Peiró,

otro de los autores del estudio. “Llama la atención en la Comunitat Valenciana el uso masivo de la asociación de la amoxicilina con ácido clavulánico. El clavulánico tiene cierta toxicidad hepática que es remota (alrededor de un caso por cada 10.000 tratamientos) pero, claro, cuando das siete u ocho millones de tratamientos al año, que es lo que debemos usar en España, el efecto agregado debe de superar los 500 casos”, alerta Peiró, actualmente subdirector general de Investigación e Innovación de la Conselleria de Sanidad Universal y Salud Pública de la Generalitat Valenciana.

Hace una década, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios lanzó una alerta sobre el abuso en España del cóctel de amoxicilina con ácido clavulánico. Por entonces, el Sistema Nacional de Salud dispensaba más de 5, 6 millones de tratamientos con este cóctel en adultos y otros 1, 6 millones en niños. Suponía el 34% del consumo de antibióticos fuera de los hospitales, pese a estar indicado solo para infecciones causadas por bacterias con una resistencia muy concreta a la amoxicilina. “El patrón epidemiológico de infecciones susceptibles de ser tratadas con esta asociación no justifica en absoluto un uso tan elevado”, afirmaba la agencia.

De los más de 1, 11 millones de tratamientos en niños menores de tres años analizados en España por el nuevo estudio, más de un tercio corresponden a amoxicilina con ácido clavulánico. En Noruega, solo es el 0, 1%, porque esta combinación de antibióticos está muy regulada, según destaca la investigación, encabezada por el pediatra Ilan Youngster del Hospital Infantil de Boston (EE UU).

En España existe un Plan Nacional de Resistencia a los Antibióticos, aprobado en 2014, en el que colaboran seis ministerios (Sanidad, Agricultura, Economía, Interior, Defensa y Educación) y todas las comunidades autónomas. Su objetivo es fomentar el uso adecuado de los antimicrobianos, tanto en sanidad humana como veterinaria. Peiró pide que, entre otros frentes, se incida en las familias: “Hay que acostumbrar a los padres no solo a que no pidan un antibiótico, sino a que pregunten por qué los médicos les quieren dar uno a sus hijos”.


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