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La Guerra JurÍdica Del Marxismo Contra Los Militares Necesita Respuesta Continental

05/11/2014 21:27 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por Ricardo Angoso

Noviembre 05 de 2014

Fuente: Periodismo sin Fronteras

Ricardo Angoso : ¿Cómo esta Perú, hacia donde marcha? Luis Giampietri: Ollanta Humala se ha encaminado por mal camino y se ha rodeado de un grupo de colaboradores que tampoco le ayudan mucho. Peor no puede estar rodeado para ejercer el gobierno. Luego su familia está compuesta por gente resentida, hablando en términos sociales, y se educó en un ambiente muy negativo. Pero, el problema radica en que como no obtuvieron los resultados que esperaban en las urnas, tuvieron que cambiar lo que inicialmente habían plasmado en su programa electoral. Al principio, Humala no entendía lo que está pasando y no definió desde el principio qué hacer con la minería del Perú, que es un asunto capital y nuestra primera industria nacional. Tampoco se definieron los objetivos para nuestra agricultura, pero la minería es muy importante para nuestro nación y me atrevería a decir que somos el primer país en reservas minerales del mundo. Y apenas las hemos explotado, o hemos sido capaces de explotar apenas el 5 o 6% de nuestros recursos mineros. Humala en su campaña electoral llegó a decir "agua, sí; oro, no" y lo dijo en las regiones mineras, ese mensaje está grabado. Y ese discurso significaba una indefinición sobre un asunto prioritario. Dejó que las cosas se pudrieran y este política tenido un efecto dominó, sobre todo en lo que se refiere en las inversiones en el país. El Perú cuando lo dejó el anterior presidente, Alan García, tenía más de 50.000 millones de dólares en cartera. Humala, por el contrario, a pesar de ser un militar, no utiliza los instrumentos que la Constitución le da para revertir las cosas y poner orden en la casa. Hay bloqueos de carreteras, situaciones de desorden, y nadie hace nada. Hay también minas tomadas por demandas salariales y eso ante el público inversor, sea nacional o foráneo, es una mala señal, ahuyenta las inversiones. El país se ha estancado, no llegan las inversiones extranjeras a Perú. Pero, lo que es peor, Humala no tiene ideas para salir adelante, para sacar al país del difícil momento en que se encuentra y se están creando problemas serios, que ya se notan en el crecimiento: seguramente este año cerraremos con un 3% anual, cuando veníamos en el periodo anterior de García creciendo entre el 6 y el 7%. Habíamos, en ese periodo que le digo, reducido la pobreza máxima al 25% y sacamos a muchos peruanos de la pobreza, ya que teníamos la mitad de la población en ese estado de postración. Habíamos logrado hacer una sería reformas importantes. Y, además, conseguimos crear una clase media que no existía en el Perú y ahora ya alcanza al 60% de la población. Esta dinámica se ha parado en seco y mucha gente vuelve a vivir situaciones sociales críticas, otra vez vuelven muchos peruanos a vivir en la pobreza. El país está, hablando claramente, en un franco retroceso. R.A.: Es decir, ¿el balance que hace de Ollanta Humala es negativo, mientras que el de Alan García es positivo? L.G.: Fue una buena presidencia la de Alan García y lo dice alguien que no es del Apra. Yo nunca he sido a pri sta, a mí me invitó García a entrar en su equipo como vicepresidente y así lo hice porque consideraba que tenía que hacerlo, pensaba que yo tenía un caudal de simpatía y apoyo que aportaba votos y ayuda a su proyecto. Así fue, me integre en ese proyecto y conseguí ayudarle para que saliera elegido. Tuvimos una buena relación y supimos hacer las cosas. Le ayudaba en lo que podía y encontré respeto por su parte. En lo que he fracasado, es en que no conseguí revertir el rencor y el odio de algunos sectores, incluso entre los apristas, hacia las Fuerzas Armadas. Están hablando en la Comisión de la Verdad y Reconciliación de problemas de hace veinte años, pero ese rencor y odio hacia las Fuerzas Armadas tiene más de ochenta años de historia. Entonces, creo que hay que solucionar ese asunto, superar esos odios para dar soluciones a otros problemas. Un sector de la sociedad peruana todavía tiene que reconciliarse con sus Fuerzas Armadas. R.A.: ¿Cómo ve a este respecto lo que está sucediendo en el continente con respecto a los militares? L.G.: He comprobado que lo que está sucediendo con los militares en el continente no es un hecho aislado, sino una estrategia que afecta a todos los países, es un mal endémico, una suerte de Ébola jurídico que ha contagiado a todos los Estados que nos vimos envueltos en un momento de nuestra historia en la lucha contra la subversión. Perú ha tenido una historia republicana en que se han sucedido muchos golpes de Estado, presidentes militares e intervenciones de las Fuerzas Armadas, y estos hechos han llevado a una desconfianza casi natural entre lo civil y lo militar, que ha durado hasta épocas muy recientes. Afortunadamente, para nosotros, para los militares peruanos, el ataque no ha venido desde el Estado, sino desde algunas organizaciones no gubernamentales que han visto que el ataque a los militares hay un gran negocio. Cobran por procesarnos y llevamos ante los tribunales, aparte de que dilatan los procesos. Por ejemplo, en mi caso, llevo 29 años con un juicio abierto y nada que se resuelve. Ni siquiera he entrado en la fase oral y no hay ningún abogado que pueda aguantar tanto tiempo cobrando su sueldo si no hay organización detrás interesada de que esos procesos continúen. Ni podría tampoco manejar los tiempos de las acusaciones que se están levantando contra los comandos que liberaron la Embajada del Japón de las garras del terrorismo hace diecisiete años. Hombres de la marina y el ejército que arriesgando sus vidas salvaron a los rehenes que estaban en manos de los terroristas y que creo realizaron una de las incursiones, de las operaciones especiales, mejores en la historia en el rescate de rehenes tomados por grupos terroristas. Los 140 que participaron en esas operaciones están hoy procesados y han pasado por todas las instancias judiciales. Hemos presentado pruebas, informes de peritos, en donde se demuestran que no hubo asesinatos extrajudiciales en la toma de la Embajada. Hemos agotado todas las instancias judiciales y finalmente nos encontramos ante esa corte de Costra Rica que se llama Corte Interamericana de Derechos Humanos para ver si se resuelve de una vez este injusto entuerto. R.A.: Hablemos de Perú, ¿y cuántos militares están procesados y en qué situación están? L.G.: Hay más de 2.000 oficiales de las Fuerzas Armadas de Perú enjuiciados por supuestos delitos, algunos de lesa humanidad incluso...Aunque hemos presentado un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional de nuestro país en el cual hemos logrado que esta instancia judicial declare que no son delitos de lesa humanidad y que es inaplicable esta acusación porque nosotros tomamos conocimiento del Estatuto de Roma en el año 2013, en que comenzó a ser aplicado en nuestro país y no antes. No podría ser retroactiva esa norma a ninguna de las acusaciones que datan de los años 80. Sin embargo, los jueces no asumen muchas veces esos argumentos y siguen con los procesos, que se dilatan durante años, como es mi caso. Pero estamos en una situación que es un limbo porque no sabemos cómo van a responder las más altas instancias judiciales, en el sentido de decidir si somos culpables o inocentes. Esto ha llevado, en algunos casos, a una polarización de una parte de la población y a que determinados medios de comunicación se muestren sumamente agresivos contra los militares. El más agresivo de estos medios es el diario La República. Pero, en general, la batalla contra los medios ha sido muy áspera, ya que se han mostrado muy duros, creo que injustamente, contra los militares. Pero así son las reglas de juego. El Estado peruano ha permitido que, en connivencia con el líder máximo de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, se creara una Comisión de la Verdad en Perú que es el centro desde donde se han organizado y preparado todas las acusaciones contra los militares de mi país. En esta reunión donde se preparó esa estrategia, y lo que estoy diciendo está grabado por los servicios de inteligencia, Abimael Guzmán le propone a un representante del ministerio de Justicia peruano once nombres, de connotados y reconocidos izquierdistas, para que figurarán en esa comisión. Y esa verdad, que supuestamente nacía de ese foro, fue la que el país acabó asumiendo como tal. Se inflaron las cifras de los caídos en la guerra subversiva. Hablaban hasta de 70.000 caídos y se manipularon las cifras reales a través de fórmulas estadísticas fantásticas que tienen márgenes de error que van del 20 al 30%. Yo ya he encarado estas acusaciones en el Congreso de la República en su momento y demostré de una forma científica su falsedad. Esta es una muestra de la poca seriedad de los trabajos que llevó a cabo esta comisión tan tendenciosa y contraria a nuestros intereses. Pero ahí no terminó el problema, sino que esa idea de la comisión se exportó a otros países, incluyendo a Colombia, con los mismos resultados funestos que en Perú. Y es que los problemas que tenemos en nuestro país son muy parecidos a los de otros militares del continente, como Colombia. R.A.: ¿Está hablando de una suerte de conspiración continental contra los militares? L.G.: Claro, creo que estos sucesos que están sucediendo no son una casualidad, sino que esta es una agresión que va más allá de lo que nosotros pensamos y que podría ser la guerra subversiva por otros caminos. La subversión se entiende como aquella guerra que pretende trastocar o cambiar el orden establecido. Nosotros, creo yo, y hablo de los militares, comprometidos con la obediencia y la disciplina, entendimos que el problema era de ámbito militar, que fue el análisis que se hizo en todos los estados mayores militares del continente. ¡Y no era así! La guerra subversiva no era necesariamente una guerra militar, sino que tenía una naturaleza política. Esa guerra tenía una naturaleza más política y social que militar y ese aspecto no lo entendimos en su momento, no supimos verlo ni tratarlo como se debía. Como no éramos del todo beligerantes en esa guerra, se nos silenció y no se nos permitió deliberar en igualdad de condiciones. Creo que no supimos analizar en su momento la naturaleza de estas amenazas y dar una respuesta desde los estados mayores de nuestros países a estos desafíos. Y hemos permitido que un grupo de enemigos de nuestros ejércitos, que militan en la izquierda, se hayan encontrado y hecho un gran negocio con estos procesos a nuestros hombres. En Perú, hasta el año 2013, por los datos que yo tengo, el Estado solo tiene el control y fiscaliza al 8% de las ONG del país, y eso significa que una buena parte del lavado de dinero de Perú se está haciendo a través de estas estructuras. No hay una tutela del Estado sobre esas organizaciones, actúan con absoluta libertad y sin control. R.A.: ¿Se arrepiente, entonces, de haber luchado contra la subversión? L.G.: Con respecto a nuestros soldados, muchos se arrepienten de haber dado la batalla en la guerra subversiva y se muestran abatidos. Muchos militares me dicen: si a ti, siendo almirante y vicepresidente de la República, te han hecho lo que te han hecho, ¿qué no nos irán a hacer a nosotros? El objetivo final de este tipo de acciones de ataque es que bajemos la moral y eso se va consiguiendo, van quebrando la moral de nuestros soldados y oficiales. Y también permitir que la población, en su conjunto, se olvide del tema. Hoy en el Perú, con la globalización y la distracción que han traído las nuevas tecnologías, la gente se olvida de los valores y principios que inspiraron a nuestras sociedades. Se pierden los valores familiares, la comunicación en las familias. Y eso es lo que está pasando ahora, los espacios vacíos dejados por los valores son ocupados por otros de distinto signo y la gente no sabe lo que está pasando, ni lo que pasó, que también es grave. Se olvida la historia, cuando no se tergiversa; se está dando una batalla ideológica que estamos perdiendo. Luego está la indefensión, ya que es muy difícil encontrar abogados que defiendan a los militares y lo que es peor: encontrar quien los pueda pagar. Hay 150 oficiales en las cárceles peruanas y no es un fenómeno del pasado, sino que está ocurriendo ahora. La pasada semana fue condenado el general Carlos Bergamino, ex Ministro de Defensa de Fujimori, y le han metido veinte años de condena. No hay ningún terrorista en el Perú, algunos con crímenes execrables, con cadena perpetua, ¡pero si hay oficiales condenados a esa pena! Por eso, ya digo, este es un mal endémico que tenemos que afrontar en toda su amplitud y creo que debemos de darle una respuesta continental. @ricardoangoso


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