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¿cÓmo Pudo Haber Intelectuales Pro-comunistas?

19/05/2014 14:43 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por Valentín Puig Fuente: Fundación Burke "Los caminos de la melancolía" traza la biografía intelectual de François Furet, el gran apóstata de un comunismo del que "no ha sobrevivido nada de positivo". François Furet se adhirió al Partido Comunista Francés en 1949. Eso era abrazar una falsa divinidad que ya llevaba tiempo devorando a los hijos de la revolución, el mismo año en que seis antiguos comunistas ?como Arthur Koestler o Ignacio Silone- dejaban atrás la pesadilla, según contaron en las páginas de "El dios que fracasó". Juventud comunista de Furet, como mínimo de 1949 a 1956. Es decir, Furet no era un comunista a ciegas, ajeno a la realidad soviética. De hecho, en aquella fecha, Edgar Morin ya iba a dejar el partido. Se evidencia una cierta tardanza, algo que consumió moralmente al historiador Furet, y le hundió en el sentimiento de culpa: en su reciente biografía intelectual por Christophe Prochasson, "Los caminos de la melancolía", la culpa se cifra en una pregunta trágica: ¿Cómo pude ser comunista y, en consecuencia, sostén objetivo de tales abominaciones que no veía o en las que no quería creer? Esa es una de las preguntas más terribles del siglo XX. Mientras tanto, el comunismo seguía con arraigos intelectuales a prueba de toda disidencia. En sus momentos explícitamente más totalitarios, el comunismo tuvo su mejor capacidad de seducción. Después de una larga y fructífera reinterpretación de los mitos de la Revolución Francesa, Furet escribe "El pasado de una ilusión", con lo que epiloga el gradual y moroso apartamiento de la izquierda en relación a la ilusión comunista. Llevaba tiempo con los remordimientos por haber sido comunista "en la época en que Soljenitsin estaba en los campos de concentración". ¿Agua pasada? Todo lo contrario: ese fue un lóbulo enfermo de la conciencia occidental que no tenemos derecho a olvidar. Cierto, Furet no publica "El pasado de una ilusión" hasta 1995, pero eso no le quita consistencia ni fuerza moral. La lista de apóstatas predecesores era ilustre, del mismo modo que el comunismo seguía a pesar de todo seduciendo intelectuales y sojuzgando pueblos. La ilusión era de dimensiones tan atroces que la reflexión tenía que ser un "mea culpa" a fondo. Furet lo escribió, sin dejar de ser un intelectual de izquierdas, una firma de "Le Nouvel Observateur" pero en no poca medida a la sombra de Raymond Aron. Le abrumaba pensar que existía un reformismo cuyas posibilidades se había negado a reconocer. Había comprendido que "los acontecimientos monstruosos a veces tienen causas muy menores". Después de su expansionismo imparable, en los años setenta la ilusión comunista ya era un despojo. En 1973, aparece "El archipiélago Gulag". Crece la disidencia en el imperio soviético. París, como por eco Madrid o Barcelona, seguía irradiando cultura comunista pero ya más como un atavismo. Nada de positivo ?diría Furet- parece subsistir de la experiencia histórica comunista, ni una idea, una institución, una ley, un código. Sí, cayó el comunismo y reapareció el afán de libertad, la noción indestructible de propiedad y se reabrieron los templos. Un largo paréntesis brutal y sangriento, una ilusión desgarradora. Un dios que fracasó.


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Autor:
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Reportaje
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