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¿Cómo se hizo Inca Kola?

23/05/2009 01:50 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

El detrás de escena de la historia sobre la gaseosa que derrotó en terreno local a la gigantesca transnacional Coca-Cola

Sólo teníamos una semana y media para reportar y dos para escribir. Eso, cuando tu tema parece «importante», se convierte en un problema. Peor cuando los editores te dicen: «Queremos un texto de unas seis mil palabras». Nosotros éramos reporteros de día a día de un periódico. El texto más grande que habíamos escrito en nuestra vidas tenía, como máximo, mil palabras. Y seguro que nos habíamos demorado un par de semanas en investigar y escribir. Ahora nos pedían seis mil. «Y si da para más, escriban sin miedo», dijeron los editores. Nos habíamos reunido con los editores en un café del distrito de Miraflores, y empezamos a hacer cálculos en las servilletas: tres semanas y media para el deadline. ¿Acaso estaban chiflados?

Pero reportar en una semana y media no fue imposible. Hasta las paredes de Lima tienen información sobre Inca Kola. Cualquier dato que conseguíamos, lo escribíamos en un documento de Word, para que todo se pareciera y no anduviéramos cargando con revistas, folletos y libros. La escritura en dos semanas tuvo grandes momentos y escenas de angustia. La inspiración también puede tener cuatro manos, y la redacción fluir con soltura. Pero a veces sobraban dos manos y daban ganas de tirar la toalla. Eso sí: nunca nos peleamos.

La edición demoró otras dos semanas (lo cual también quiere decir que si los editores no fueran tan demandantes, hubiésemos tenido dos semanas más para escribir). No hubo muchos cambios, pero sí algunas preguntas. Responder fue más difícil que escribir.

Años después, este reportaje ha sido traducido al francés, al italiano e incluso al japonés, en revistas de varios países y hasta en un libro. Pero detrás de esta historia también se encuentra la aventura de dos periodistas jóvenes que emprenden el reto de escribir como no lo habían hecho antes: a cuatro manos y con el riesgo permanente de naufragar en un océano de información, o de no poder descubrir en él nada revelador. El punto de partida era inaudito y, por eso, tentador: Inca Kola, una gaseosa de un país tercermundista, le ganaba en ventas a la multinacional Coca-Cola. ¿Cómo se podía contar esa historia en seis mil palabras?

Ambas gaseosas habían tenido un origen modesto, casi pueblerino; ambas compañías custodiaban celosamente la fórmula

LOS DOCUMENTOS

Era una locura: por donde husmeabas, encontrabas litros de información sobre Inca Kola. Si escribíamos «Inca Kola» en un buscador de internet como Google, aparecían más de cien mil entradas. Si visitábamos el archivo de un periódico, no había cuándo detener la fotocopiadora. Una biblioteca: unos cuantos libros. Una librería: otros más. Nos habíamos puesto un plazo de tres días para conseguir todo sobre la Inca. Por suerte éramos dos, y juntos (en esta etapa aún no nos habíamos dividido el trabajo) llegamos a reunir –sin contar los libros– unas trescientas hojas A4 con letra pequeñísima para empezar a leer.

Era obvio que teníamos que informarnos para saber por dónde buscar, a quiénes entrevistar, qué preguntar, qué lugares visitar. La información escrita la leímos los dos (por separado) en dos días. La idea era juntarnos al tercer día siendo unos expertos en Inca Kola. Todo lo que se había escrito lo teníamos que saber. Todo. Historia antigua y reciente, la evolución de la publicidad, declaraciones de los funcionarios de la empresa, estadísticas de consumo, fanáticos famosos de la gaseosa, todo. No nos paralizó el hecho de saber que mucho de lo que se había escrito sobre «el fenómeno Inca Kola» habitaba en archivos extranjeros. Por ejemplo, una tesis de la Universidad de Harvard, el libro de un viajero inglés, el estudio de un instituto académico catalán. Juntamos esta información, la estudiamos en sus detalles y subrayamos los pasajes más importantes.

Pero la historia era aun más compleja: en ese plazo tan breve también debíamos convertirnos en especialistas en Coca-Cola, esa transnacional casi omnipotente a la que Inca kola había vencido en las estadísticas de venta en el Perú. Por eso debimos buscar libros, revistas y testimonios que nos dieran una idea más clara de ese otro «personaje en la sombra», la negra antagonista.

Una vez reunidas, las biografías de las dos empresas se podían leer de manera paralela: ambas gaseosas habían tenido un origen modesto, casi pueblerino; ambas compañías custodiaban celosamente la fórmula de preparación de sus bebidas; ambas eran producto del fenómeno cultural más poderoso del siglo XX: la publicidad. Parecían historias intercambiables, salvo por un detalle. Mientras la Coke era una transnacional que había rebasado todos los límites geográficos y políticos imaginables, la otra, la Inca, era una compañía exitosa dentro de las fronteras que le permitía un país pequeño como el Perú. Era la fábula de David y Goliat en los tiempos de Bill Gates. Y así empezamos a comprender la historia.


Sobre esta noticia

Autor:
Luis Plasencia (350 noticias)
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Tipo:
Suceso
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MAMC2014 (31/08/2009)

Muy Bueno, me interesó mucho la manera como investigaste. Felicitaciones