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Imperiosa necesidad. La historia y la tragedia de olvidar

12/09/2015 12:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Erick Yonatan Flores Serrano

Coordinador General del Instituto Amagi - Huánuco

"No traigo el perdón conmigo, ni tampoco el olvido. Los únicos que pueden perdonar están muertos, los vivos no tienen derecho a olvidar". ChaimHerzog - Presidente de Israel. Luego de visitar el campo de concentración de Bergen-Belsen posterior al fin de la guerra. Abril de 1987 .

El mensaje es claro, las consecuencias de olvidar pueden ser una maldición que, más tarde, imposibilitaría que la paz del perdón, llegase. Los hijos del pueblo judío jamás olvidarán aquel episodio de sangre y dolor que vivió en manos de la Alemania de Hitler, mientras el recuerdo no se borre, tienen la alternativa (no tan cómoda) de perdonar. image

Los peruanos, al igual que los judíos, tenemos una huella imborrable en nuestra memoria. Fuimos perseguidos y ajusticiados en nombre de las ideas. La utilización de la violencia para la consecución de los objetivos ideológicos más perversos teñía, día tras día, nuestras calles de sangre; bombas y apagones eran el pan de cada día. Secuestros y asesinatos parecían formar parte de la vida rutinaria en esos tiempos. Y desde que el terrorismo inició su sangriento accionar, en mayo de 1980, el peso de miles y miles de muertos, descansa sobre nuestras espaldas.

Esta es la historia que muchas veces no queremos recordar, la mayoría de peruanos no quiere voltear la cara, se niega a recordar esas páginas oscuras que repartieron dolor y muerte por gran parte de nuestro país. Mientras nuestra mezquina actitud abona la tierra, del otro lado, mentes siniestras preparan las semillas. Movadef, Fudepp, Conare SUTEP, y demás organizaciones de fachada, siguen haciendo un silencioso y efectivo trabajo político. El terrorismo ha encontrado la forma perfecta de volver a la vida política de nuestro país, esta vez, no con el fusil por delante, sino con una campaña sistemática que tiene como objetivo central, destruir la verdad y engendrar otra historia, una historia macabra en donde la violencia es partera de la justicia, en donde la sangre encuentra una justificación política y en donde los miserables perpetradores de muertes son héroes. Esta es la pútrida intención del terror y, aunque me apene decirlo, están teniendo éxito.

Hoy en día, jóvenes de toda clase caminan por la calle pensando en el provecho que pueden sacarle a setiembre, el mes de la juventud, el mes en el que su entusiasmo se agrupa y se moviliza, presentándose en diversas manifestaciones contemporáneas de alegría y júbilo. La gran mayoría de jóvenes poco o nada sabe de setiembre, claro, la mayoría (y me incluyo) no tenemos memoria de la fecha en que el Estado peruano derrotó militarmente a las fuerzas del terror, fue un 12 de setiembre cuando el grupo GEIN capturó al líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, y "terminó" con la organización que más daño le ha hecho a nuestro país en toda nuestra vida republicana.

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Esa fatal ignorancia que presenta la juventud sobre la historia de nuestro país, termina siendo un elemento gravitante para la vuelta campante de aquellas ideas que llenaron de zozobra la vida de los peruanos. Desprovista de toda fuente histórica, la juventud se encuentra vulnerable frente al peligroso contexto en el que estamos. En los últimos días, la aparición de propaganda subversiva junto con material explosivo, ha servido de alimento para los titulares de los medios. Han sonado las alarmas y lamentablemente nos encuentran sorprendidos y sin acciones concretas. El desconcierto en los niveles competentes del gobierno desnuda una consecuencia que era evidente: El terror no ha sido derrotado.

¿Qué hacemos? Pues bien, queda mucho por hacer. Debemos librar la única batalla que aún no se ha ganado, la batalla de las ideas. Y este es un proceso largo, requiere de compromiso y de valor, sobre todo, cuando enfrentamos una situación muy adversa que se expresa en la desinformación generalizada. Es aquí donde se plantea el gran reto y donde la historia adquiere un valor trascendental en esta lucha, lucha que no es mía, ni de ningún particular, es la lucha de todas las personas decentes y de bien, que lo único que queremos es vivir en una sociedad pacífica que no se divorcie de su historia para no repetirla jamás.

La historia pocas veces se presenta como atractiva, es más, los que aún no pintamos canas, cada vez tenemos menos incentivos para acogerla como un bien preciado, como el instrumento ideal para no cometer los errores del pasado. Pero, incluso cuando no haya ninguna razón para recordar nuestra historia, incluso cuando los incentivos de conocer sean ilusorios, nada justifica el olvido y, tal como reza la cita que da inicio a este artículo, no tenemos derecho a olvidar, mucho más cuando el recuerdo está lleno de tanto dolor.

Dos grandes amigos y hermanos de lucha se suman a este proceso. Yesenia Alvarez con sus cuotas de paz y Mijael Garrido con el apagón por la memoria, son algunas de las iniciativas más interesantes para comenzar este largo y estrecho camino hacia la victoria de la paz. La invitación está hecha, es momento de saber quiénes somos y hacia dónde vamos. Aquí sobran las etiquetas, no importa el color político que tengamos, el terror nunca se fijó en eso y mucho menos lo hará ahora. Nos quedan sólo dos opciones, pararnos en frente y decirles que aquí estamos para derrotarlos, o dejar que nuestra inacción sea su victoria más contundente. Es hora de decidir.


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