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"La impulsividad del adolescente se ve como una rebeldía cuando en realidad puede ser desesperación"

16/02/2021 02:37 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los suspensos, sus primeras veces en materia sexual, los trastornos de la conducta alimentaria, la convivencia en una familia monoparental o reconstituida, las voraces redes sociales, el consumo de drogas y alcohol... Son muchos los problemas o cuestiones que pueden enfrentar a padres e hijos adolescentes cuando llegan a esta etapa tan trascendental de sus vidas. La psicoterapeuta Lola Álvarez - que en la actualidad divide su tiempo entre una clínica de salud mental para niños y adolescentes, una escuela para niños discapacitados y la docencia como profesora de Psicología Clínica de la Universidad de East Hertfordshire (Reino Unido)- arroja luz sobre todos ellos en Pero ¿qué te pasa? (Editorial Planeta, 2021), un libro en el que ofrece un sinfín de herramientas a los padres pero siempre desde una perspectiva positiva de lo que es este ciclo vital.

¿Por qué la psicoterapia puede aportar un punto de vista diferente a los padres para enfocar y entender los problemas de sus hijos adolescentes?

La psicoterapia ofrece la posibilidad de ver el problema desde dentro, se ocupa de entender lo que está ocurriendo por debajo de la superficie, de lo visible. Trabajamos con el inconsciente, por lo tanto, siempre estamos intentando ver cuáles pueden ser las posibles causas de que algo haya ocurrido de esa manera. Es decir, que un joven tenga una reacción impulsiva en un determinado momento puede tener muchísimas razones: depende de la situación familiar en la que esté, del momento de crecimiento en el que esté, de lo que le ha ocurrido... La idea del libro es abrir el abanico de posibilidades a los padres para que entiendan las conductas de sus hijos en un contexto. Para que le puedan dar sentido a las cosas que ocurren porque muchas veces la impulsividad del adolescente puede verse como un desafío o una rebeldía cuando en realidad es sencillamente desesperación o sentirse incomprendido por parte de sus padres.

¿Hasta qué punto las experiencias vitales de los padres durante su propia adolescencia son tan importantes para encontrar respuestas a lo que les pasa a sus hijos?

Cada niño ha nacido en un contexto determinado y muchas veces las experiencias de la familia o de la infancia pueden haber marcado mucho las cosas de una manera que tal vez no se ha cuestionado pero que puede ayudar a contextualizar lo que está ocurriendo con el adolescente cuando llega a esa edad en la que todo brota a la superficie. También muchos padres olvidan su propia adolescencia. Quizá recuerdan cosas que hicieron, locuras o momentos algo atrevidos pero realmente no se acuerdan de cómo se sentían en esa época: esa sensación de no estar ni aquí ni allí, que no eres un niño pero tampoco un adulto, de estar intentando dar unos pasos hacia la independencia o separarte un poco de tus padres pero tampoco estar seguro de lo que quieres porque estás en un cuerpo que continuamente está cambiando, en una explosión hormonal, física y psicológica. Con todas estas cosas confluyendo en fácil que surjan desencuentros, conflictos o malentendidos entre ambas partes.

¿Por qué los adolescentes tienen tan mala fama y hay tantos prejuicios sobre esta etapa?

Quizá un poco por la vitalidad que les caracteriza. Ellos - y lo hemos visto recientemente con la pandemia-, tiran para delante, su desarrollo les impulsa a querer comerse el mundo aunque en este momento tengamos que tener todos más cuidado porque somos más vulnerables. Es una época vital en la que para adaptarnos a este cambio: los padres tienen que dar un paso para atrás para poderlo ver con un poquito de distancia y no tomárselo todo de forma personal porque lo que le está ocurriendo al joven es una transformación y en esa transformación que es por así decirlo tan violenta, tan aguda y rápida el joven arrastra a los padres, les puede contestar mal o hacer cosas inesperadas cuando en realidad ellos necesitan vivir su propio proceso. Yo siempre recomiendo a los padres que den un paso atrás y lo miren con un poco de perspectiva y sentido del humor. Entender que lo que está ocurriendo no es porque el adolescente quiera molestar a sus padres sino porque está en un proceso de transformación, de búsqueda de su identidad, de tener que dejar su huella como persona que ya no es un niño y tiene sus propias ideas. Todo eso, a veces, le lleva a tener colisiones emocionales, por llamarlo de alguna manera, con otros miembros de la familia.

En esta etapa, ¿el adulto teme dejar de ser idealizado como referente?

En parte sí pero creo que los padres en cualquier caso siguen siendo un referente importantísimos para los jóvenes y los jóvenes se ve que quieren ser cuestionados porque empiezan a desarrollar sus propias ideas, pero eso no quiere decir que el referente de los padres deje de tener validez. Lo que pasa es que quieren marcar una diferencia de cómo eran en la infancia, en la que todo lo que decían los padres era lo que había, quieren demostrar que ellos también tienen sus propias ideas. Muchos padres creen que se oponen a ellos en todo pero en realidad no suele ser así.

En cuanto a los principios que guían sus acciones yo creo que la influencia de los padres sigue estando ahí y es necesaria como marco de referencia... aunque sea un marco de referencia contra el que rebelarse. Cuando conozco a un adolescente por primera vez muchas veces le pregunto para tener una idea de cuáles son los referentes en su vida, en quien se apoya o cómo ve el mundo a quién acudirían si tuvieran algún problema muy grande. Muchos de ellos acudirían a sus padres. Y esto es una cosa que sorprende a los padres pero, a la hora de la verdad, si has estado accesible a tus hijos durante el crecimiento es muy probable que cuando se metan en un lío acudan a ti. Ellos van a pensar '¿qué haría mi padre o mi madre en esta situación?'. Esa referencia está ahí aunque no estén de acuerdo o cuestionen cosas. Y hacer esto tampoco está mal porque, sinceramente, en todas las familias hay cosas cuestionables, los padres también deben estar abiertos al escrutinio, se pueden revisar las nociones que a veces son muy firmes en las familias a raíz de la contribución de un adolescente. Y no hablo de sugerencias descerebradas o absurdas sino de modos de hacer las cosas que nunca se cuestionan.

En el libro afirma que los hijos ni son clones ni creaciones a medida de los padres y que hay que ayudarles a descubrir quiénes son. ¿Cuáles son los puntos fundamentales en este proceso?

Realmente lo fundamental es darles espacio mental, dejarles durante la infancia explorar cosas diferentes, que busquen, que encuentren, que se fascinen... En algunas familias, por ejemplo, en la que hay una empresa o son todos médicos o abogados hay estructuras que ponen mucha presión en las generaciones que vienen para que se sean de una manera concreta o adopten una ocupación por tradición. Los hijos son creaciones diferentes, son producto de dos personas y nacen con su propio temperamento.

Lo mejor es darle la oportunidad de que hagan lo que quieran dentro de unos límites, porque estos también son esenciales, pero darles espacio para descubrir lo que les gusta y lo que no. Y acompañarles en ese proceso de descubrimiento. Durante la adolescencia este proceso es muy dinámico porque muchas veces se abren al mundo y el mundo les trae muchísimas otras posibilidades: de gustos musicales, de modos de vestir, de aficiones, de deportes, de hobbies... Los padres no tienen por qué asustarse de todo esto ya que se trata de un proceso exploratorio que puede llevar a algo o no pero están básicamente conociendo el mundo y a medida que vayan madurando irán sintetizando todo eso para llegar a donde quieren estar. Cuanto más exploren más oportunidades tendrán de encontrar lo que realmente les va. Lo importante es que como personas se puedan sentir realizadas y ser ellos mismos.

Abarca temas que llevan generaciones preocupando a los padres de adolescentes como la sexualidad, el rendimiento escolar, las salidas nocturnas... pero también algunos más recientes y peliagudos como el acceso a las redes sociales. ¿Cómo están afectando la sobreexposición y el ansia por los likes a su desarrollo en esta etapa?

Es verdad que el salto generacional entre padres e hijos en esta generación es mucho mayor debido a esto. Los padres aunque tengan 40 años no han crecido en Instagram y sus hijos sí. La redes son algo que en la mayoría de los casos dominan mucho más los hijos que los padres pero en cualquier caso hay que educarles y supervisarles porque, en general, su uso de las redes estará regido por los valores que les has inculcado tú en la vida. Si su conducta social cuando vas a comprar o cuando vas a visitar a alguien con tu hijo están regidas por unas normas que ha aprendido de ti, la conducta en redes debe ir por derroteros parecidos.

La mayoría de los jóvenes están en redes bastantes habituales pero también hay muchísimas opciones para meterte en cosas más peliagudas e incluso las redes a las que todos tienen acceso como Instagram pueden crear mucha presión para los jóvenes porque cuanto más exhiben su vida mas oportunidad dan de que se les critique. Hay que ayudarles a diferenciar que esto solo muestra una faceta de tu vida y distinguir la ficción de la realidad, que hay cosas que no son tal y como se cuelgan allí, que esto es casi como un baile de disfraces y no todo lo que se ve y lee es real. Igual que las amistades en redes, que muchas veces distan mucho de las amistades en carne y hueso.

Por otro lado, el tema de la pornografía es preocupante en la generación de hoy porque una vez más la 'educación sexual' se hace a través de la pornografía a la que tienen acceso muy pronto. Y eso crea una actitud masculina muy poco aconsejable y una actitud femenina todavía menos porque tal y como suelen ser los roles en el material pornográfico esto se traduce en una actitud misógina y que convierte en objeto a la mujer. Hay que ayudarles a distinguir que esto no es lo real porque si los hombres se educan sexualmente de esa manera cuando tengan un encuentro con alguien de su edad la cosa será muy complicada. No se pueden regir por esos parámetros, tiene que haber un proceso orgánico de descubrimiento de los cuerpos de uno, del cuerpo del otro y de las emociones.

El uso de redes les abre un mundo amplísimo que no siempre saben cómo sortear y además les produce unos vaivenes emocionales, por ejemplo, el tema de los likes , que muchas veces les cuesta procesar: un subidón cuando tienes muchos, un bajón cuando no tienes o tienes una crítica. Este vaivén les pasa factura y puede ser muy nocivo. Hay que ayudarles por tanto a ver esto con perspectiva y que eso no es lo que define su vida. Y para eso la comunicación entre padres e hijos tiene que ser esencial. Hay que ser abiertos y perder la vergüenza a hablar de estos temas.

Dedica un capítulo a la adolescencia tardía. ¿Tienen más miedo los adolescentes de hoy a convertirse en adultos??

Tienen más miedo o quizás no se les da la oportunidad. Hay un problema socioeconómico de fondo que es el paro juvenil pero también hay unos valores culturales en el sur de Europa, en los países mediterráneos y en España que es el pensar '¿dónde vas a estar mejor que en casa?', ¿qué vas a comer? ¿Quién te va a lavar la ropa? ¿Cómo te vas a apañar si no sabes hacer nada?'. Esa cantinela sigue flotando en muchos hogares porque hay poca tendencia a impulsar a los hijos a que se pongan a prueba de este modo. No se valora el aprendizaje que pueden adquirir a través de la emancipación aunque sea sea yéndose a un piso con varios amigos y cerca de su casa. Sin embargo, responsabilizarse de la vida de cada uno es un aprendizaje muy crucial. La razón por la que hice este capítulo fue porque pensé que me gustaría poner esa idea en la mente de los padres españoles: ¿se frena tu hijo o le estás frenando tú? Porque realmente en España los jóvenes se quedan en casa mucho tiempo y muchos piensan '¿para qué me voy a independizar?' Pues sobre todo para hacerse un adulto responsable. El tener que valerse por si mismos es un aprendizaje buenísimo: les hace más responsables, les conciencia más, les hace más considerados, les vuelve más autónomos... Hay muchísimo aprendizaje de valor que se desestima si no se van de casa.

??Se habla mucho en los últimos tiempos del trastorno negativista desafiante que algunos adolescentes están manifestando debido a la crisis del coronavirus: organizar fiestas ilegales, saltarse las reglas impuestas, creerse inmunes... ¿Me gustaría saber su opinión?

Es cierto que se habla mucho por lo que decíamos antes, este periodo de la vida tiene tan mala fama que les cuelgan otras muchos cosas. Sí es cierto que les cuesta mucho más aceptar la vulnerabilidad porque eso va en contra del momento del desarrollo en el que están. Los jóvenes tienen que poder pensar que se pueden comer el mundo, que nada les puede detener y son capaces de cualquier cosa. En ese modo de pensar cabe muy poco imaginarse a ellos en una UCI, se sienten invencibles y, en cierto modo, es un desarrollo sano para un adolescente el creer que pueden vencer cualquier cosa. Naturalmente, esto en situación de pandemia es diferente porque todos somos más vulnerables, ellos también y las familias que viven con ellos. Entonces, una vez más, hay que educarles en entender que se trata de una concienciación colectiva.

Los jóvenes han sufrido mucho en la pandemia. Quizás algunos jóvenes se han saltado las normas pero tampoco hay que echarles la culpa de todo. Para ellos también ha sido y sigue siendo un momento de muchísima problemática: hay muchos más casos de depresión y ansiedad entre los más jóvenes, hay mucha incertidumbre sobre su futuro, sobre todo en puntos de transición educativa, cosas que a lo mejor les hacían ilusión hacer ahora tienen un aspecto muy diferente... y su futuro está un poco en el aire respecto a lo que habían idealizado.

Por otro lado las situaciones familiares han sido de mucho estrés. Si estás en un piso pequeño con padres intentando teletrabajar, educar a sus hijos, no viendo a los abuelos por miedo a contagiarles, miedo a perder el trabajo, miedo a cómo pagar la hipoteca... Hay tantísimas posibilidades de estrés en una familia en estos momentos que las necesidades del adolescente a veces pueden no ser la prioridad número uno en la cabeza de los padres porque tienen problemas muy acuciantes, Y cuando todos están muy estresados quizá se tolera peor la conducta adolescente por eso ha aumentado la violencia doméstica entre padres e hijos. Es una situación de crisis familiar que incluye, además, toda la problemática del adolescente en el momento vital en el que está: a punto de despegar al mundo pero ¿a qué mundo tal y cómo está?


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