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Informe.21: Los 60 del joven Alan

23/05/2009 19:41 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Esta noche no habrá fiesta ni nada parecido en Palacio. A Alan García no le gusta celebrar sus cumpleaños. Sin embargo, ha llegado a una edad especial, simbólica. ¿Cuánto ha cambiado desde que era el impetuoso gobernante que con su voluntarismo casi arruinó al país? ¿Cómo son sus días? Y, sobre todo

Esta mañana, cuando Alan García despierte –suele hacerlo alrededor de las 6:30–, lo natural sería que se coloque frente al espejo y examine cómo anda el 'chasis’ al cabo de seis décadas de vida. Él, a quien el mito popular identifica como uno de nuestros políticos más vanidosos, tendría, necesariamente, que desviar la vista hacia el abdomen inflacionario que sostiene y decidirse a iniciar, de una vez, una urgente dieta. Pero no.

Al jovenzuelo que hoy cumple 60 años, a ese que hasta los cuarenta y pico dejaba que un coqueto mechón le cayese sobre la frente, lo que menos le interesa es que no le cierre el saco o que algunos periodistas malévolos le enrostren su gordura. A los 60 –bien comidos, bien bailados–, la apariencia ya no parece importarle como antes.

El Alan García que hoy habita Palacio es un hombre que ha cambiado en muchas cosas desde los ochenta. No solo es que ha moderado la vanidad física. “Se ha serenado”, dice un aprista que lo conoce bien y que recuerda las locuras y el carácter impetuoso de aquel “mozallón de 36 años” que llegó al poder, según la frase de Luis Alberto Sánchez. “Los nueve años de exilio (1992-2001) lo cambiaron en todo sentido. Francia le hizo bien”.

Dicen que, ahora, el sesentón García es un político que aprendió a escuchar. En el primer gobierno, la juventud, el poder y la adulación lo hacían actuar como si su palabra fuera ley. “No preguntaba, daba órdenes”, sostiene una fuente. “Ahora, jamás lo vas a ver llamando al presidente del BCR o al ministro de Economía para saber qué medidas económicas aplicar, por ejemplo”.

“Yo creo, ministro, que está cometiendo un error, pero allá usted. Si lo censuran en el Congreso, usted sabrá qué responder”. Esta frase, impensable en García hace 20 años, pero pronunciada más de una vez en esta administración, dice mucho del grado de libertad que le permite hoy a su gabinete.

Pero en el Apra todos coinciden en que es fuerte como un toro y dueño de una energía inacabable

Lo que no parece haber cambiado en él es cierta predilección por humillar a sus ministros, como lo hizo a inicios de este gobierno con Carlos Vallejos y 'Chiquitín’ Salazar. Todavía se le escapan algunos raptos de soberbia cuando la prensa le formula preguntas incómodas o cuando les dice a los empresarios que él puede decidir quién lo sucederá en el poder. En esos momentos, recordar al jovenzuelo aquel del primer gobierno es inevitable.

EJECUTIVO. Justo es decir que hay cosas positivas en las que tampoco ha cambiado. Su verbo. Su memoria. Su capacidad de trabajo. Cualidades que hasta sus mayores críticos le reconocen. García arranca a las 7 de la mañana llamando a su equipo de trabajo, y no para hasta las 9 o 10 de la noche. Sus momentos de entretenimiento se los da Federico Danton, cuando cae de visita los fines de semana.

Si hay un tema que le preocupa sobremanera es que no se detenga la inversión. Eso se nota en sus discursos, en los que trata de contagiar a los empresarios un optimismo a veces irreal (como cuando dijo que el Perú estaba blindado frente a la crisis pero, a las pocas semanas, tuvo que sacar un urgente plan de estímulo fiscal). Todos los días, García dedica al menos dos horas a recibir a empresarios. “A ver, qué necesitan”, pregunta. “Tenemos un problema con la municipalidad de tal lugar que se demora con las licencias”, le responden. García llama al alcalde y le pide que acelere las cosas. “Te lo pido como un favor personal”, le dice. A eso le llama “destrabar”.

¿Come mucho? Las fuentes consultadas señalan que no y que su supuesta glotonería es un mito. Según una versión, pica mucho entre comidas, mientras despacha y hace llamadas a sus ministros desde su escritorio, anotándolo todo en hojitas post it con una letra diminuta. Sin embargo, su peso no deja de preocupar en su entorno. “Con esa estatura y ese peso, el 80% del tiempo sentado y un fuerte nivel de estrés, es candidato serio a un infarto”, dice una fuente. Él minimiza estas advertencias.

Pero en el Apra todos coinciden en que es fuerte como un toro y dueño de una energía inacabable. “¿Tú crees que alguien en el Apra le va a disputar la candidatura el 2016?”, dice un viejo dirigente. García practicaba remo, corría maratones y tenía una salud de hierro cuando joven. Nadie lo ve retirado de la política sino hasta sus últimos días. Como Haya de la Torre. A los 60, sigue siendo un “mozallón”. Un gordo feliz.


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