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Sobre la inutilidad de un Ministerio de Ciencia y Tecnología

19/10/2013 06:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La diferencia entre ir a la Luna y estar en la Luna: Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación

Autor: Oscar Sumar

Fuente: Diario Gestión

¿Cuál es la "utilidad" de la cola de los pavos reales? Es la misma que tiene comprarse un Ferrari o escribir un poema o aprender a tocar la flauta o escribir un libro. Es un "desperdicio" desde el punto de vista evolutivo. Precisamente por ser un desperdicio, es una señal de superioridad genética, que genera atractivo para convertirse en la pareja sexual de alguien. Solo el que tiene cubierto lo básico, puede darse el lujo de desperdiciar. Entonces, desperdiciar, es una señal muy directa que indica: "tengo cubierto lo básico, aparéate conmigo" (más sobre esto en "Compradicción" de Martin Lindstrom).

El equivalente a la cola del pavo o el Ferrari, para un Gobierno, es llegar a la Luna. Es una muestra de poderío, en este caso, para desalentar ataques de potencias extranjeras. Siendo esto así, ¿se justifica la creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación?

image

[Imagen tomada de la galería de Carlos SM].

La pregunta relevante para nosotros no es si queremos tener un Ferrari o si Perú debería llegar a la Luna (o sus equivalentes), sino si tenemos las condiciones para darnos ese tipo de lujo. La respuesta, claramente, es que no. Tal como ha sido destacado por Juan José Garrido

"Nuestro país carece de casi todas las precondiciones necesarias: carecemos de instituciones que protejan el conocimiento generado; no contamos con una mínima masa crítica de técnicos y profesionales; necesitamos de instrumentos, equipos y laboratorios capaces de producir prototipos; asimismo, no existen mecanismos de coordinación entre la I&D pública y el sector privado; entre otras falencias.

Vistas así las cosas, no tiene mucho sentido crear un aparato burocrático sin tener en consideración las tareas pendientes".

Este punto también ha sido destacado por Gustavo Rodríguez, haciendo referencia a la teoría del profesor Robert Cooter (quien estará en la Universidad del Pacífico desde el 12 de Noviembre, para dictar una conferencia magistral y ser nombrado profesor honorario):

"(...)La decisión de innovar depende de una serie de consideraciones que el innovador pondera y que lo obligan a pactar con quienes podrían convertirse en compradores de la innovación. Esta idea general no es otra que la del "dilema de la doble confianza" que describen Robert Cooter y Hans-Bernd Schaeffer en su libro "Salomon´s Knot": un sujeto tiene una idea innovadora pero necesita capital para ponerla en práctica, quien tiene capital no tiene la idea innovadora que le puede generar grandes beneficios. Ninguna de las partes colaborará con la otra sin tener seguridad de que la contraparte se encontrará obligada a respetar su parte del acuerdo. El sistema legal fomenta conductas cooperativas de formas diversas, fundamentalmente, haciendo prevalecer los acuerdos voluntarios de los individuos.

Esta dinámica se verifica de forma sistemática en incontables momentos y lugares. Naturalmente, estos acuerdos se forjan sobre la base de una pretensión individual de los sujetos involucrados: su interés por maximizar sus beneficios. De esta manera, la innovación es un proceso espontáneo. Las personas innovan en función a una serie de consideraciones. Si se equivocan, el mercado los castigará. En cualquier caso, los individuos involucrados en el proceso de innovación tienen buena información respecto de aquello que harán y de cómo pretenden hacerlo".

Eso no quiere decir que la innovación no sea importante. Los temas en discusión, desde mi punto de vista, son: (i) qué tipo de innovación queremos; y (ii) qué debemos hacer para llevarla a cabo.

Sobre el primer punto, diré que no necesitamos el tipo de innovación que hace androides o nos lleva a Marte, que sería lo único por lo cual yo crearía un Ministerio como el propuesto. Necesitamos las innovaciones del día a día: cómo sembrar mejor; cómo mejorar nuestros transporte; cómo hacer a nuestro Estado o empresas más eficientes. La innovación no significa (sola o principalmente) cohetes en el espacio, sino pequeños cambios que permiten adaptarse al entorno cambiante, mejorar y competir en una Economía abierta. Desde mi humilde posición, creo que Cooter comete el error de enfocarse en las innovaciones "patentables" o que son grandes secretos (susceptibles de contratación), cuando en realidad la innovación ocurre espontánea y constantemente, como producto de la competencia; y es automáticamente copiada, en la gran mayoría de los casos. Esas innovaciones, en el agregado, son las que llevan a un país al estadio en el que se puede dar el lujo de ir a la Luna o tener 8 universidades en el top 10 de las mejores universidades del Mundo. No sucede al revés.

Luego, ¿cómo proteger esas innovaciones? Aquí las instituciones, es decir, el respeto de las reglas legales como la propiedad o los contratos, tienen un rol central. En esto nos falta mucho y no hay mucho que inventar: el problema está planteado hace decenas de años, si no desde el nacimiento de nuestra República. Querer saltar etapas y querer convertirnos en un tigre de la tecnología de la noche a la mañana es una idea tentadora y seductora, pero irreal.

Por otro lado, como menciona el mismo Garrido, la tecnología que necesitamos, ya existe. Sería lo mismo, desde el punto de vista pragmático, importar esa tecnología o desarrollar nuestro capital humano llevando a peruanos a las universidades donde esa tecnología (en el sentido amplio del termino, puede ser tecnología de Derecho, Economía, Biología o Física) se crea, para que la repliquen en Perú. No es una casualidad que mi clase de Derecho en Berkeley, de 50 personas, tuviera veinticinco chinos. Para los chinos era eso o crear su propio Berkeley, una universidad top 10 del Mundo, donde China no tiene ninguna en el top 200 y solo una en el top 500. Perú no tiene ninguna en el top 500, y quizá ninguna en el top 1000. ¿Creamos nuestros Harvard, Berkeley, MIT, etc. o mejor le pagamos becas a los peruanos que pueden ir a esas universidades y sobrevivir? En estas cosas, aunque suene duro, ser realista y pragmático, paga más que ser idealista.

La copia es una servidora de la competencia, al igual que la innovación: cualquier empresario con los pies en la tierra lo sabe. También saben que, para alardear, primero hay que tener cubierto lo básico.

@osumar


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