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La izquierda y el uso político del caso Uchuraccay contra las FF.AA.

10/05/2014 08:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Autor: Uri Ben Schmuel

Fuente: El Blog de Uri

Uchuraccay (I)

Esta es la primera de tres columnas respecto a la masacre de Uchuraccay. Sobre el tema (que me golpeó personalmente, porque uno de los asesinados, el reportero gráfico Amador García, trabajó conmigo en la revista Oiga) hay mucho qué decir y lo haré de a pocos. Así, además, escapo de la insoportable levedad de la coyuntura y, de paso, refresco un poco la memoria de los lectores jóvenes.

La campaña de desinformación en torno a lo que sucedió realmente ese 26 de enero de 1983 fue el primer ensayo, lamentablemente exitoso, de esa izquierda dedicada a satanizar a los militares y lucrar con el tema de los derechos humanos. Por supuesto, la obra cumbre sería años después el Informe CVR, que instaló como verdad oficial una versión sesgada de lo que ocurrió en los años aciagos de la lucha antiterrorista.

De Uchuraccay en adelante, las FF AA y la PNP, duele decirlo, perdieron la batalla política y mediática, manejada con habilidad por los caviares y sus ONG. Estos usaron con habilidad las mismas fórmulas diseñadas por Gramsci que los progres aplican en todos los lugares donde se libraron conflictos similares.

De modo que no está demás poner las cosas en su justa perspectiva, hacernos algunas preguntas y tratar de responderlas honestamente. La pregunta fundamental, a nuestro juicio, es: ¿A qué se debe la asimetría absurda entre las consideraciones que se guardan con el agresor violento, liberado a priori de cualquier norma humanitaria, frente a la manipulación aberrante de la justicia para lograr a cualquier precio la prisión de los que nos defendieron? Y la otra pregunta, no menos importante: Si nuestras fuerzas armadas y policiales ganaron la guerra contra SL y el MRTA ¿por qué tenemos que tolerar los odios, fanatismos y resentimientos sociales que se pretende mantener sine-die en la sociedad, con fines políticos y de lucro? Si de veras queremos homenajear a los periodistas caídos en Uchuraccay, no debemos hacerle el juego a los caviares sino entender globalmente el conflicto. Buscar toda la verdad, íntegra, y no aceptar la "verdad" de la CVR y sus 70, 000 víctimas proyectadas con un método usado para calcular la cantidad de peces en un estanque.

Y terminar, de una vez y para siempre, con la infame persecución a los uniformados que nos salvaron de ser hoy un remedo sangriento de la Camboya polpotiana.

Uchuraccay (II)

En la campaña de desinformación sobre lo que ocurrió realmente en Uchuraccay, la izquierda aplicó a pie juntillas la máxima de Lenin que dice: "Contra los cuerpos, la violencia; contra las almas, la mentira".

Uchuraccay fue el punto de partida de un incesante bombardeo mediático para tratar de instaurar en la psique nacional que durante el "conflicto armado interno" los villanos de la historia habían sido los uniformados. Así pasaron la factura a los que derrotaron a sus "camaradas alzados en armas".

La usina montada para Uchuraccay se perfeccionó en el curso de los años y décadas siguientes y alcanzó su punto máximo a partir de 2001. El retorno a la CIDH y los consecuentes allanamientos fueron apenas una pequeña pieza de un preciso mecanismo que incluyó anulación de procesos judiciales a senderistas y emerretistas en el fuero militar, mayor flexibilidad en el régimen carcelario de los subversivos, conmutación de sus penas e indultos secretos. Y, por supuesto, como cereza en la torta, la CVR. En toda esta trama, Paniagua y Toledo fueron mera comparsa. Otros fueron los que diseñaron y aceitaron esta perversa maquinaria que buscó triturar la mayor victoria militar peruana en el último siglo.

Y de esa forma, un antimilitarismo rabioso hizo triza los logros de la pacificación. Lo hemos puesto aquí, negro sobre blanco, en numerosas ocasiones, pero no nos cansaremos de repetirlo: La pretensión característica de los derechos humanos es la universalidad. Los derechos humanos no están concebidos para un grupo determinado, más bien reclaman validez para todo ser humano. Pero entre nosotros, a partir de Uchuraccay, un puñado de ONG y su aparato propagandístico se escudaron cobardemente en la defensa de los derechos humanos para servir, quieran o no, a los terroristas.

Para los caviares, los militares y policías asesinados y aquellos que han quedado lisiados, sus viudas y familiares, no tienen derechos humanos. En nombre de la "democracia boba" que pregonan, los derechos humanos solo sirven para los que se alzaron en armas contra el país y cometieron innumerables y atroces crímenes. Empezó con Uchuraccay y no ha parado desde entonces...

Uchuraccay (III)

En la campaña de desinformación sobre lo que ocurrió realmente en Uchuraccay, la izquierda aplicó a pie juntillas la máxima de Lenin que dice: "Contra los cuerpos, la violencia; contra las almas, la mentira".

Uchuraccay fue el punto de partida de un incesante bombardeo mediático para tratar de instaurar en la psique nacional que durante el "conflicto armado interno" los villanos de la historia habían sido los uniformados. Así pasaron la factura a los que derrotaron a sus "camaradas alzados en armas".

La usina montada para Uchuraccay se perfeccionó en el curso de los años y décadas siguientes y alcanzó su punto máximo a partir de 2001. El retorno a la CIDH y los consecuentes allanamientos fueron apenas una pequeña pieza de un preciso mecanismo que incluyó anulación de procesos judiciales a senderistas y emerretistas en el fuero militar, mayor flexibilidad en el régimen carcelario de los subversivos, conmutación de sus penas e indultos secretos. Y, por supuesto, como cereza en la torta, la CVR. En toda esta trama, Paniagua y Toledo fueron mera comparsa. Otros fueron los que diseñaron y aceitaron esta perversa maquinaria que buscó triturar la mayor victoria militar peruana en el último siglo.

Y de esa forma, un antimilitarismo rabioso hizo triza los logros de la pacificación. Lo hemos puesto aquí, negro sobre blanco, en numerosas ocasiones, pero no nos cansaremos de repetirlo: La pretensión característica de los derechos humanos es la universalidad. Los derechos humanos no están concebidos para un grupo determinado, más bien reclaman validez para todo ser humano. Pero entre nosotros, a partir de Uchuraccay, un puñado de ONG y su aparato propagandístico se escudaron cobardemente en la defensa de los derechos humanos para servir, quieran o no, a los terroristas.

Para los caviares, los militares y policías asesinados y aquellos que han quedado lisiados, sus viudas y familiares, no tienen derechos humanos. En nombre de la "democracia boba" que pregonan, los derechos humanos solo sirven para los que se alzaron en armas contra el país y cometieron innumerables y atroces crímenes. Empezó con Uchuraccay y no ha parado desde entonces...


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