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Jaque mate a lalibertad

01/01/2015 06:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image Decía el poeta bengalí, Rabindranath Tagore, que "no hay cosa más difícil de soportar que la fe ciega del estúpido". No sé si Pablo Iglesias, el líder de Podemos, cree ciegamente en su proyecto político, o se está dejando llevar por una maldad extrema para imponer un sistema siniestro para colmar su desmedida ambición de poder. Y esto, por supuesto, sería mucho más intolerable que la simple fe ciega. De todos modos, como suele ocurrir frecuentemente, cuanto más perversos son los deseos de los políticos, más ágil es su lenguaje y más grandilocuente y pomposa su labia.

Para empezar, hoy día en política hay poco que inventar. Prácticamente está ya todo inventado. En consecuencia, los ciudadanos de a pie no tenemos nada más que abrir los ojos y recapacitar un poco para descubrir a tiempo el tipo de mercancía que se nos quiere vender. Cuando aparezca un personaje iluminado, como el mediático líder de Podemos, si te dejas llevar, terminarán imponiéndote sus objetivos. No olvidemos que estas personas son muy falsarias y aparentan saberlo todo y, por supuesto, no admiten más maneras de pensar que la suya. Son tan frívolas que, si no pueden camelarte por las buenas, te acosarán con toda crudeza para imponerte su exclusiva forma de pensar.

La historia europea es muy elocuente a este respecto. Los iluminados, que idolatran el pensamiento único, si se les da cancha, además de acabar con la libertad de los pueblos, terminan inevitablemente provocando una auténtica tragedia a toda la humanidad. Es el caso, por ejemplo, de personajes tan totalitarios y tan autócratas como Adolf Hitler y Iósif Stalin, con millones de muertos sobre la conciencia de ambos.

Es muy llamativo para nosotros el caso de Hitler, líder del Partido Obrero Alemán desde 1921. Si exceptuamos su fallido golpe de estado de 1923 y su consiguiente encarcelamiento en Landsberg, la escalada política del futuro Führer alemán tuvo un desarrollo muy similar a la que está teniendo ahora Pablo Iglesias, el mandamás actual de Podemos. Una vez liberado, Hitler aprovechó a fondo sus dotes oratorias y, con su discurso plenamente populista y demagógico, encandiló a las muchedumbres de entonces, que terminaron apoyándole masivamente.

Hitler cautivó y movilizó a todo el pueblo alemán, al enfocar sus problemas más acuciantes, recalcando mucho más los aspectos emocionales que los meramente racionales. Supo aprovecharse de la humillante derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial para granjearse el apoyo del ejército. Pasó lo mismo con los industriales, con las clases medias y con los trabajadores que estaban siendo golpeados cruelmente por una terrible crisis económica sin precedentes, agravada aún más por la actuación desconsiderada y egoísta de unos sindicatos desvergonzados.

Y Hitler supo seducir y embelesar a unos y a otros, cantando las excelencias de la raza aria o indoeuropea, que era la única raza superior. Y se arrobaban cuando en sus prédicas llamaba a luchar implacablemente contra el sionismo y satanizaba al comunismo, para depurar la sangre aria de cualquier contaminación racial. Y completaba el cuadro, faltaría más, comprometiéndose a mejorar su situación económica y a crear una Alemania nueva y mucho más gloriosa. No es de extrañar que una inmensa mayoría de alemanes que deseaban un cambio substancial para su pueblo, creyeran que Hitler era el salvador que estaban buscando y le auparon al poder, siendo nombrado canciller imperial en enero de 1933.

El líder de Podemos está siguiendo, casi al pie de la letra, los mismos pasos que Adolf Hitler para hacerse con el Poder lo más rápidamente posible. Como Hitler, domina a la perfección la técnica del enredo y la confusión, tiene un discurso ágil y es un comunicador muy bueno. Después de hacer tablas con otros compañeros al lado de Hugo Chávez, tutelando la guerra sucia contra la oposición venezolana, Pablo Iglesias quiere convertirse ahora en el salvador de los españoles, para solucionarles a su modo los graves problemas que les aquejan. Y busca los apoyos necesarios para satisfacer su ego, utilizando la escandalosa y agobiante cifra de parados, la persistente crisis económica y, sobre todo, el enorme descontento de los españoles, provocado por los desconcertantes incumplimientos de Mariano Rajoy.

Con sus soflamas sobre la redistribución de la riqueza, este exótico mesías busca desesperadamente tocar la fibra de los desempleados, de los trabajadores y de la empobrecida clase media, para quemar etapas y acelerar su llegada al Poder. Piensa que, si se demora su ansiado desembarco en la Presidencia del Gobierno, puede dar lugar a que la crisis económica pase a ser simplemente historia, y también, por qué no, a que se recupere el PSOE. Y entonces, experimentaría en sí mismo el cuento de la lechera.

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Está visto que a Pablo Iglesias no le interesa en absoluto que se solucione la situación económica que ha empobrecido a tantos españoles. Critica muy duramente, es verdad, la situación de los parados que se van quedado sin prestación económica alguna, está aparentemente a favor de una pensión decorosa para todos los jubilados y justifica el derecho que tienen todos los ciudadanos a una renta básica, pero ni es sincero, ni tiene credibilidad alguna. No interesa a nadie de Podemos, y menos aún a su atípico líder, que se solucione el problema laboral y comiencen a crearse suficientes puestos de trabajo. No quieren que se arregle nada, ya que el descontento de los ciudadanos es su mejor salvoconducto para poder llegar a gobernar algún día.

Y quien no esté viviendo habitualmente en el limbo ideológico de la despreocupación más irresponsable, sabe perfectamente que, si triunfa el régimen de Gobierno programado en el Campus universitario de Somosaguas, además de certificar la defunción de nuestro deficiente Estado de bienestar, se lleva por delante todo lo que huela a libertad y a democracia. No olvidemos que los personajes de Podemos, que parece que han salido del Lazarillo de Tormes, tienen un concepto del Poder completamente leninista y totalitarios. Y por lo tanto, no tienen por qué dar explicaciones a nadie de ninguno de sus actos.

Ni Pablo Iglesias, ni sus acólitos admiten la crítica y, menos aún que se les haga preguntas comprometidas que, por supuesto, quedan siempre sin respuesta. En vez de contestar, se limitan exclusivamente a soltar el mismo rosario de insensateces contra lo que ellos denominan casta política y contra los periodistas que tratan de hacer averiguaciones. Unos y otros, los políticos tradicionales y los inquisidores de la prensa, son en realidad los auténticos culpables de la "degradación y descomposición al que se asiste en las instituciones y en los medios de comunicación". En cambio, los de Podemos defienden, según dicen, "otras formas de debate público", en busca de "un espacio de discusión de la sociedad civil" que "no crispado por la difamación y la mentira".

Cuando algún informador se excede, y les pide que revelen sus intenciones políticas, o que aclaren su sospechosa forma de financiarse, montan en cólera, lo ponen a caldo y hasta tienen el atrevimiento de exigir al medio de comunicación la rescisión inmediata de su contrato. Y es que la tribu de Pablo Iglesias, emanada de la endogámica Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, trata inútilmente de dulcificar su ideología. Toda esa tropa de aparentes socialdemócratas presume de actuar siempre con limpieza, de ser honestos, y transparentes y dedican la mayor parte de su tiempo a dar lecciones de ética.

Los dirigentes de Podemos, y Pablo Iglesias entre ellos, dan efectivamente lecciones de ética, sin que nadie se las pida, y se niegan a dar explicaciones. Comienzan por no cumplir ninguno de sus consejos y, cuando pueden, se lucran ilegalmente, como otros muchos, camuflando negocios para evadir impuestos, con becas irregulares si llega el caso y, faltaría más, financiándose interesadamente con dinero de regímenes tan democráticos como el de Irán y de Venezuela. El líder de Podemos, claro está, justifica esto con estas o parecidas palabras: "No vamos a ser los únicos imbéciles que desaprovechemos esas circunstancias"

A pesar de las cuidadosas precauciones que toman continuamente, a las gentes de Podemos les delatan sus temibles fobias y sus conocidas filias. Todos sabemos cómo montaron su reino totalitario en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Y lo hicieron a cuenta, cómo no, del erario público y de otras gangas, que no han podido justificar debidamente porque se les olvidó algún papelito. Y como ese reino ya les queda muy pequeño, tratan ahora de hacerse con el Gobierno de España y convertirse así en la punta de lanza del chavismo en Europa.

Si Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón logran su propósito, que Dios nos coja confesados. Sin darles tiempo a que se apercharan de la boina y la camisa roja utilizadas por el movimiento chavista, desaparecerían los inversores extranjeros, perderíamos la confianza de nuestros socios europeos y, en el mejor de los casos, terminaríamos en la más absoluta indigencia, como Venezuela. Tendríamos que olvidarnos hasta de la sombra del Estado de bienestar, de la libertad más elemental y de toda sombra de democracia. Y comenzaría a hacerse realidad el famoso poema atribuido a Bertol Brecht: se llevarían por delante a unos y a otros, porque como yo no era de ellos, ni protestaba ni decía nada. Y después, como ya no quedaba nadie que dijera nada, vendrían también por mí. Es la ley del totalitarismo. La sociedad española tiene la última palabra.

Gijón, 17 de diciembre de 2014

José Luis Valladares Fernández


Sobre esta noticia

Autor:
Valla (105 noticias)
Fuente:
joseluisvalladares.blogspot.com
Visitas:
1687
Tipo:
Reportaje
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