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Javier Diez Canseco y la izquierda peruana

22/04/2013 13:04 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Por Dante Bobadilla Ramírez

Fuente: Liberalismo Peruano


Está bien visto respetar que cada secta levante su propio altar y coloque en él a los dioses, santos y profetas que les venga en gana adorar. Llaman a eso tolerancia, y este es uno de los iconos de una sociedad que cada vez se complace más con iconos, gestos, apariencias y símbolos de valores, antes que con la práctica real de valores. Ya no se diferencian unos de otros. Los símbolos y los gestos hoy importan más que los propios valores. No se desperdicia ocasión para posar junto a un icono, lanzar frases cursis, apelar a actos simbólicos que van desde lo banal a lo estúpido, pasando por lo ridículo e hipócrita. Es como echar incienso en el altar de los valores para luego seguir pecando. No importa si con esos actos simbólicos se termina glorificando al demonio. Todo lo que importa es exhibir el candor de un gesto revestido de nobleza.

Algo de esto ocurre en estos días con los homenajes a Javier Diez Canseco, quien ha sido diagnosticado con cáncer. Los homenajes se han repetido en todos los círculos de izquierda, sus amigos le dedican elogios desde sus columnas periodísticas. Al parecer hay una larga fila de dolientes esperando su turno para expresar su apoyo a este "luchador", como ha sido definido. Que la izquierda elogie a uno de sus congéneres me parece normal y me tiene sin cuidado. No tengo nada que decir al respecto. Pero cuando otros sectores se suman a los homenajes ya resulta curioso y preocupante. Y allí sí que tenemos que algo que decir.

Algunos líderes de derecha se han sumado a las muestras de amor y admiración a JDC. Por ejemplo, la siempre desubicada Lourdes Flores Nano se desató en elogios en un discurso que resultó más meloso que Los Platters cantando "only you". Comentaristas radiales que dicen no ser de izquierda se llenan la boca con salamerías a JDC ofreciendo razones tan menudas como "la constancia en sus ideas". Con ese mismo argumento se puede agasajar a Abimael Guzmán y todos los senderistas que aun persisten en sus malas ideas. Pero la estupidez humana es infinita y alcanza no solo para tener malas ideas sino para admirar a los dementes porque "perseguían la justicia social". Ya es hora de detener esta epidemia de bondad y ceguera histérica que está llevando a rendir homenaje a uno de los personajes más nefastos de la política peruana.

Nunca debemos olvidar que las peores atrocidades políticas se disfrazaron siempre de buenas intenciones. La búsqueda de la famosa "justicia social" ha registrado más cadáveres que los provocados por las mayores plagas y cataclismos. Nada hay pues más ridículo que rendir homenaje al representante de las ideas más nocivas del siglo XX, aunque ellas estén barnizadas de bondad. Javier Diez Canseco ha defendido siempre ideas que fueron el cáncer de la humanidad. Ni siquiera las peores guerras tribales o religiosas produjeron más muertes que el marxismo en todas sus variedades. Cuando los apóstoles preguntaron a Cristo cómo reconocerían a los verdaderos profetas de los farsantes, Cristo les dijo: "por sus hechos los reconocereís". Esa fue una de las más sabias enseñanzas de Cristo que hoy podemos aplicar perfectamente. Son los hechos los que cuentan y no la apariencia ni las palabras ni las promesas de redención. Los profetas del marxismo han sido solo mensajeros del odio y la muerte. Por eso es indispensable recordar quién es este famoso personaje de la "justicia social" al que hoy tantos idolatran derramando candidez y cucufatería. Veamos quién es realmente Javier Diez Canseco y qué es exactamente lo que representa en la política peruana.

Javier Diez Canseco Cisneros es el máximo representante de la izquierda farisea, de la izquierda pituca miraflorina que apareció en los albores de los 70 como una afloración bacterial emanada desde la revolución cubana. Forma parte de una casta muy especial de niños bien que acabaron en la militancia marxista después de recorrer los salones del cine El Pacífico, saborear su copa tutti frutti en el Haiti, juerguear en el Waikiki y escaparse a La Herradura en el Chévrolet Bel Air de papá. Esta izquierda no surgió de las fábricas sino de los clubes sociales en los sectores más acomodados de la ciudad. Dueños del poder y la alcurnia que destilan sus apellidos: Diez Canseco Cisneros, García-Sayán Larrabure, Villarán de la Puente, Silva Santisteban, Dammert, Letts, Dancourt, etc. Nunca faltaron los apellidos notables y los ojos azules en la dirigencia de los partidos de esta izquierda snob, pituca y farisea. Javier Diez Canseco pertenece a una estirpe limeña que se puede rastrear perfectamente hasta los inicios de la Colonia.

Los rebeldes jóvenes izquierdistas surgidos en las bucólicas calles de Miraflores eran los hijos extraviados y rebeldes de la crema y nata de la sociedad, educados en los colegios más caros, enviados a las mejores universidades para luego pasar por algún college norteamericano. Algunos prefirieron experimentar la libertad y se mudaron a barrios populares para "proletarizarse" o se hicieron marihuaneros y hippies. Al final todos se encontraron en la militancia marxista dentro de alguno de los tantos partiduchos que flotaban en el pozo séptico de la izquierda delirante de los 70. De allí unos pasarían al terrorismo de manera directa y otros de forma asolapada, pero nadie deslindaría tajantemente con el terrorismo, y menos JDC. Nunca olvidemos que quienes protegían a Abimael Guzmán a la hora de su captura final no eran campesinos ni obreros sino un grupito de gentita bien, chicos cool de la izquierda snob miraflorina con apellidos nobles. Maritza Garrido Lecca, la custodia de Abimael Guzmán era una dulce y bella muchachita educada en el Sophianum y en la PUCP, y dedicada a danzar valet. Así que no nos confundamos por los apellidos, clase social y currículum. Ellos fueron los que auspiciaron el terrorismo de izquierda en el perú desde sus orígenes en los 70.

La izquierda pituca miraflorina fue un frente de hijitos de papá con algún trauma familiar. Quizá, como sugirió Erich Fromm, convirtieron su rechazo a la autoridad paterna en militancia rebelde y acabaron abrazando el marxismo, una doctrina que les permitía desahogarse combatiendo al símbolo máximo del poder mundial: el imperialismo yanqui, pero aliviando sus culpas con una noble causa: la justicia social. Si Marx hubiera sabido que en el Perú la clase dominante asumiría la dirección de la clase obrera, habría tirado su Manifiesto Comunista al tacho y se hubiera pegado un tiro. La izquierda peruana se potenció con oveja negras de rebaños finos. Crearon una "izquierda farisea" (llamada después "izquierda caviar") que predicaba igualdad desde las alturas, hablaba de los obreros y de los campesinos a quienes solo conocían por fotos en sus libros de sociología y antropología, donde obtuvieron sus argumentaciones. Su prédica revolucionaria no pasaba de ser más que un enlatado ideológico procedente de la URSS y que se repartía gratuitamente en las universidades como si fueran catálogos de Yanbal. Así se alimentaron varias generaciones de alienados que cacareaban los versículos de Lennin creyendo ciegamente en la propaganda soviética. Conocían mejor la revolución bolchevique que la historia del Perú.

Javier Diez Canseco era lo más parecido a Julius que uno se pueda imaginar al leer la novela de Bryce. Cuenta que un día fue a la sierra y vio por primera vez la pobreza. Entonces, como describe Bryce, se quedó cojudo. Fue como una señal divina y abrazó la fe en el comunismo, se hizo predicador marxista y agitador de masas en busca de una revolución que instaure el paraíso socialista, donde no hay ni ricos ni pobres. Anunciaba el fin del mundo capitalista y la llegada del nuevo orden mundial. Ese fue más o menos el mismo origen de toda la izquierda pituca, delirante y farisea de los 70. No nace de la conciencia de la clase obrera o campesina sino del incordio de los nobles, de su sentimiento de culpa transformado en "sensibilidad social" y recubierto de cucufatería progresista. La ideología política de la izquierda es casi una patología mental, con un mundo bipolar donde mezclan amor y odio, justicia y abuso, redención y muerte. La pobretología se instaló como el pilar del pensamiento político. Se fundaba en el amor a los pobres y el desprecio a los ricos, lo que los llevaba inevitablemente a la incoherencia, la hipocresía y la doble moral, que es donde han militado siempre los miembros de la izquierda caviar. La pobretología progresista nada tenía que ver con Marx pero igual se disfrazaron de marxismo.

La izquierda farisea-pituca-miraflorina-caviar no pudo resistirse al encanto del marxismo que llegó precedido de misterio y culto. Estaba de moda. Y era una moda intelectual. Se difundía como el mambo y el dengue, los bailes de moda prohibidos por la iglesia. Confiados en su poder económico y distinción de clase los niños bien podían darse el lujo de vagar o proletarizarse, podían fundar igual una banda de rock nuevaolera o un movimiento político de corte marxista, dedicarse a la agitación política y la militancia activa sin mayores preocupaciones en la vida, siempre confiados en el soporte de su infinita red social que les abría muchas puertas, incluyendo las de la cárcel. Algunos, luego de su aventura guerrillera y su experiencia terrorista retornarían cómodamente a la administración de la hacienda o la empresa familiar o pasarían a la vida académica. Otros se quedarían en la política, como fue el caso de Javier Diez Canseco quien ingresó muy tempranamente al movimiento "Clase Obrera" sin haber pasado jamás por una fábrica, ni saber lo que era un salario ni un horario de trabajo.

JDC desarrolló su militancia en diversos partiduchos de izquierda donde se mezcló con sanmarquinos hijos de hacendados y gamonales de la sierra que venían a estudiar una carrera a la capital, típicamente derecho o ciencias sociales. A ellos se sumaron luego los guerrilleros derrotados de los 60, los disidentes del APRA, los más díscolos y delirantes. Todos ellos formaron el manicomio de la izquierda peruana de los 70 bajo el amparo del gobierno de Velasco, quien favoreció el sindicalismo y reclutó agitadores de izquierda para el SINAMOS, madre nodriza desde donde más tarde emanarían más partiduchos de izquierda. JDC supo unir su vehemencia y su elocuencia para sobresalir como un dirigente astuto y un polemista temible que arremetía a gritos y amedrentaba a su oponente con una habilidad inusitada para cambiar el sentido real de las cosas. Era un tipo leído, como lo eran casi todos entonces. El problema era que creían ciegamente todo lo que leían y lo imponían como la Santa Verdad. Eran cruzados del siglo XX, inquisidores, celosos vigilantes de los dogmas de fe de la religión marxista. Fundaron la era del oscurantismo político levantando piras para quemar a los pecadores capitalistas pero también a los impíos y desviados del marxismo. Allí ardieron varios militantes de la propia izquierda.

Para nadie debería ser una sorpresa que Javier Diez Canseco fue parte de los sectores más recalcitrantes de la izquierda, cercano al grupo terrorista MRTA del cual fue emisario y para el cual pidió legalización. Aunque él nunca los ha llamado terroristas. En el pensamiento de JDC el concepto "terrorismo" solo se vincula al "terrorismo de Estado". De acuerdo a su lúcido análisis Sendero Luminoso fue una guerrilla que se enfrentó al "terrorismo de Estado". Seguramente algunos intentarán acusarme de levantar sospechas y acusar infundadamente al hoy santo de la izquierda JDC. Por ello usaré como fuente uno de los principales documentos ideológicos publicados por el propio Javier Diez Canseco en un momento clave de nuestra historia. Se puede hallar en la revista "Nueva Sociedad" # 177 de enero/febrero de 1992. El artículo titula " La izquierda en el Perú: el problema nacional y la democracia ".

Este documento representa el más genuino pensamiento político de Javier Diez Canseco. Se trata de un análisis de la situación del Perú a un año de iniciado el gobierno de Alberto Fujimori y cuando JDC todavía era un Senador de la República. Según sus propias palabras, JDC era un infiltrado en el "viejo Estado" con la misión de socavarlo desde adentro. A decir verdad, esa fue la consigna con que la izquierda entró al proceso electoral a fines de los 70. Abundan textos y documentos que lo confirman. Ellos nunca creyeron en la democracia representativa pero se inscribieron en las elecciones "para seguirle el juego a la burguesía". Más tarde actuarían como la "quinta columna" del terrorismo en el Congreso. Aunque inicialmente los grupos de izquierda que entraron al proceso electoral fueron acusados por los más radicales de ser una "izquierda electorera". Precisamente JDC analiza el papel de la izquierda infiltrada y acusa los cambios que sufrió al aburguesarse. Conozcamos de cerca el pensamiento de este santón de la izquierda peruana.

Pese a tratarse de un análisis de la realidad peruana, el fenómeno del terrorismo es dejado de lado por JDC. Empieza con el típico bla bla bla en contra del neoliberalismo atacando las medidas que adoptó Fujimori para salvar al Perú de la grave crisis económica en que se hundía. Luego le dedica un capítulo a lo que denomina "Guerra Interna", donde se queja de la presencia militar en el país. Llama en todo momento "guerrilla" a Sendero Luminoso y considera que el principal problema y lo que mina el régimen democrático es el proceso de militarización que sufre el país ¡pero no el terrorismo! Leamos.

El otro elemento del cuadro político peruano es el hecho de que este paquete neoliberal se aplica en una situación que es particularmente compleja, en la cual hay gobiernos elegidos, como el del señor Fujimori; una guerra interna contra esos gobiernos elegidos y un proceso de militarización que mina el régimen democrático constitucional surgido en el año 80. El fenómeno peruano es interesante en este sentido, porque la guerra interna se desarrolla paralelamente al tránsito del régimen militar al régimen democrático constitucional: la guerrilla de Sendero Luminoso (SL) inicia también sus operaciones en 1980. Tras once años de cruel accionar senderista era por lo menos cínico no calificar a SL como grupo terrorista. Y más inconcebible llamarlo "guerrilla" cuando era por todos evidente que se trataba de un grupo terrorista, y no de cualquier terrorismo sino el más despiadado jamás visto en el mundo, de acuerdo a los analistas internacionales. Y lo más inaudito es atribuir la responsabilidad de la crisis a la respuesta militar. Tal como ha ocurrido a lo largo de estás últimas décadas, la izquierda latinoamericana confunde el efecto con la causa, y solo tiene ojos para culpar a las FFAA del baño de sangre a la que nos condujo la demencia de las ideas de izquierda. Por eso mismo consideran que la presencia de los militares ha sido el problema central y no la actuación de los diversos grupos armados de izquierda que tenían como meta la captura del poder por cualquier medio y a cualquier precio, y como principio el desprecio por la vida y la propiedad ajenas. De hecho existe una total incongruencia mental cuando se habla de una "guerra interna" y se abomina de la presencia de militares. En el escenario mental de JDC la "guerra interna" es parte esencial de lo que entiende como proceso político. En realidad, eso estaba en la mente de todo militante de izquierda. Es una izquierda delirante que justifica la violencia política y se sustenta en ella.

JDC describe las formas en que SL interactúa con el campesinado pero no tiene una sola palabra de condena. Todo su rechazo se dirige a la presencia militar. Más aún, encuentra un origen muy comprensivo a la violencia de SL. La justifica apelando a explicaciones sociológicas y antropológicas. Algo que una década después veríamos reflejado exactamente igual en el informe final de la CVR, en el sentido que la violencia es parte de la idiosincracia de estos pueblos. O sea que no se le puede achacar a SL. Increíble pero cierto. Sendero es una fuerza que además recoge en su accionar político un principio de autoridad cuyo peso en el país es fuerte: el uso de la violencia, la fuerza, el temor. El campo peruano ha estado marcado por el fenómeno del «gamonalismo» en las relaciones del terrateniente autoritario y brutal con la masa campesina; el ejercicio de la fuerza ha sido un factor central. El temor, el miedo, son factores políticos centrales en la lógica de SL y lo utilizan implacablemente en el país. Es la misma lógica y argumentación que veremos años después en el informe final de la CVR. Otro detalle muy curioso es que en este análisis amplio y riguroso de la realidad peruana JDC no se ocupa en una sola linea del MRTA, como si este no existiera. ¿Por qué elude JDC toda mención del MRTA? ¿Acaso ignoraba la existencia de este grupo terrorista? De hecho no lo ignoraba. Más bien, aunque sin nombrarlo, justificaba plenamente su existencia como una manera necesaria de la izquierda para diferenciarse de SL y el Estado. Sin embargo, la profundidad de la crisis y el hecho de que el Estado responde con mecanismos de terror y violencia generalizada, conduce a que zonas importantes del país se hayan polarizado entre fuerza armada y Sendero, y obliga a que las fuerzas políticas que quieran operar en estas áreas tengan necesariamente que tener algún tipo de desarrollo político-militar para poder actuar y tener presencia en esas áreas. De lo contrario tendrían que replegarse o actuar solamente a través del Estado; es decir amparándose en la representación policial o militar en el país. Este hecho conduciría, obviamente, a aparecer en el conflicto de parte de uno de los bandos en confrontación Nuevamente vemos que para JDC el único que responde con "mecanismos de terror y violencia generalizada" es el Estado. Está implícito en su pensamiento que el accionar de SL es una "guerrilla" que dentro de la ideología de izquierda está plenamente justificada. Por ello mismo para JDC la presencia de la izquierda en el Congreso no era forma de actuar políticamente. Era solo una manera de infiltrar al "viejo Estado". Esta mentalidad conduciría a JDC a ser un opositor intransigente de las operaciones militares y un obsesivo acusador de generales. Y añade luego: Por ello yo creo -en contradicción de todo lo que está pasando en el grueso de América Latina- que la tendencia en el corto y mediano plazo en el Perú no es hacia una negociación de la guerra, sino hacia el desarrollo del conflicto armado . JDC vislumbraba pues un período largo y exacerbado de guerra interna en el Perú. No olvidemos que el MRTA siguió golpeando hasta 1997 con la captura de la residencia del embajador japonés, en donde las ONGs de izquierda jugaron un rol fundamental en la logística, y donde JDC apareció como mediador y vocero del MRTA. Según el testimonio de los rehenes, Cerpa Cartolini dispensaba un trato deferente a JDC, casi como a un jefe. Conocida es la amistad estrecha que ambos mantuvieron desde mucho antes. Tampoco olvidemos que en más de una ocasión JDC demandó la legalización del MRTA. No hay que ser pues tan ingenuos cuando solo tenemos que sumar 2 + 2.

Debemos hacer un esfuerzo por entender la lógica de Javier Diez Canseco en su papel de Senador de la República de un Estado que detestaba, como parte de un sistema político que condenaba por caduco, y de una democracia que aborrecía por falsa. ¿Qué hacía la izquierda dentro de ese sistema? El desarrollo de esta crisis del esquema político, de carácter general, incluye la izquierda; la izquierda de la que hemos participado nosotros, la Izquierda Unida, la Socialista, y las fuerzas que han participado en lo que se ha denominado la lucha por ocupar espacios políticos , y en la lucha cívica. ...y el hecho de que la izquierda haya limitado su acción política, centrando su atención en ocupar los espacios del viejo Estado, penetrarlo ocupando diputaciones, senadurías, alcaldías, gobiernos regionales, ha hecho que esa izquierda adquiera varias características. Para JDC el papel del líder de izquierda no está dentro del Estado sino afuera. Tener que participar de la estructura del "viejo Estado" produce desgaste en su condición de líder. La política, en la mentalidad de izquierda, es movilización social, agitación callejera, marchas, paros, violencia descontrolada. El dirigente de izquierda pierde tiempo y prestigio al formar parte de una estructura burocrática en el Estado que no los deja actuar en las calles ni implantar su modelo dentro del Estado. En pocas palabras, un izquierdista en el Congreso está atado de manos, no sirve para nada. Lo único que cuenta es destruir el "viejo Estado" para imponer el modelo ideal socialista de nuevo orden económico y social. Un izquierdista dentro del Estado solo puede plantear reclamos puntuales pero nada más. Eso no sirve para el objetivo socialista. Leamos: La participación en los mecanismos del Estado tiende a aislar a una parte importante de los dirigentes del movimiento social de su vida cotidiana de su quehacer permanente, y por lo tanto tiende a producirse una distancia en la comunicación y capacidad de dirección entre la conducción de la izquierda y el movimiento social en el Perú. Lo cual deriva en un tercer factor; la izquierda, en parte importante de su representación, en el país, va abandonando algunos instrumentos y concepciones fundamentales y va asumiendo cambios ideológicos .. va abandonando sus programas y sustituyéndolos por plataformas inmediatas. Este es uno de los problemas centrales que hoy confronta la izquierda en el Perú y en varios países de América Latina. El proyecto nacional, y el programa que va dejando son sustituidos por plataformas reivindicativas inmediatas: el aumento de salario, la defensa del derecho tal, la defensa de este espacio que estaba conquistado, en síntesis por un conjunto de planteamientos parciales que van paulatinamente desdibujando la propuesta de sociedad y de país que esa izquierda levanta . Obviamente, jugando el juego democrático, la izquierda nunca iba a poder implantar el nuevo orden con que soñaba. Eso es lo que nos dice. Y es correcto. Sin embargo y pese a sus críticas a esa izquierda electoral que integra el Congreso y otros espacios políticos del sistema democrático representativo, JDC nunca dejó de ser un eterno candidato al Congreso, incluso en las épocas del fujimorismo, al cual calificó siempre de dictadura. JDC es uno de los políticos peruanos que más tiempo ha pasado como congresista en los últimos 30 años, llegando incluso a lanzarse como candidato a la presidencia en el 2006, cuando apenas logró el 0.5% de la votación. Por si fuera poco, tuvo el cuajo de demandar al Estado por la interrupción de su período en 1992 y exigir una compensación por lucro cesante.

En resumen, no se puede decir que JDC tenga una trayectoria diáfana en la política peruana, ni que haya tenido mucho éxito en la misma. Al menos en su papel de legislador solo ha destacado como un crítico ácido, un inquisidor implacable de las políticas económicas y un sabueso de los vínculos empresariales y políticos, a lo que se ha dedicado con pasión. Pero quizá su faceta más interesante es su lado oscuro, el lado oculto en su rol como dirigente de izquierda. ¿Qué vínculos tuvo JDC con las organizaciones de izquierda radical del Perú y de otros países? No olvidemos que en su larga militancia izquierdista y radical JDC ha cultivado lazos con casi todas las agrupaciones de izquierda de Latinoamérica, al punto de haber sido el representante peruano en la fundación del Foro de Sao Paulo, esa organización continental de toda la izquierda demente latinoamericana, incluyendo a los grupos guerrileros y narcoterroristas, convocada con urgencia por el castrismo cubano luego de la desaparición de la URSS, en busca de un nuevo sustento para la acción guerrillera y terrorista de la izquierda continental.

Como ya es sabido, aunque Brasil (el PT) trató de ocupar el vacío dejado por la URSS, al cabo sería Venezuela el país que daría cobijo y sustento a la demencia guerrillera y terrorista del continente. No es pues casual que JDC sea uno de los más firmes defensores de Cuba y Venezuela. De hecho Javier Diez Canseco es uno de los personajes más recurrentes en los papeles de la inteligencia mundial contraterrorista. Su nombre ha estado asociado siempre al MRTA y otras organizaciones, tal como puede leerse en esta información de la siempre bien informada revista de inteligencia EIR analizando lo que es APRODEH: Pro-Human Rights Association (Aprodeh).- Closely tied to Cong. Javier Diez Canseco, the Aprodeh was the lawyers' stable for the UDP and PUM. One of its officials is Eduardo Caceres, who, as PUM general secretary, said, in 1990. "The PUM has strategic agreements with the MRTA." The Apro­deh is the Peruvian representative of the pro-terrorist maga­zine Our New Land, of APIA (see International Groups). In Peru, it publishes the newsletter of the Washington Office on Latin America (WOLA), which specializes in lobbying the U.S. Congress and which was, and continues to be, a leading promoter of the campaign to isolate Peru, following the April 5, 1992 anti-terrorist measures ordered by President Fujimori. National Human Rights Coordinator (Cnddhh), whose most prominent member is Aprodeh. Miguel Risco Franco, member of the Cnddhh's board of directors, was accused by Peruvian courts of being the MRTA's financial chief. Risco fled the country. MRTA: A model international terrorist force Executive Intelligence Review Volume 24, Number 6, January 31, 1997, pp. 51 Sea como sea, algo que no se puede negar es que JDC ha sido un personaje oscuro que siempre ha merodeado los pantanos malolientes del radicalismo de izquierda, desde sus orígenes en los años 70. Fue una izquierda que nació bajo la inspiración del castrismo, de la revolución cubana y de las desaforadas ideas del Che Guevara, quien instó a la izquierda latinoamericana a desarrollar la guerra popular en todos los países. JDC nunca ha negado sus cercanías al castrismo y, antes bien, es un defensor tenaz de la dictadura cubana a la cual llama "democracia" sin ruborizarse. Es además un admirador y propagandista del chavismo venezolano, ese régimen putrefacto y corrupto que se ha anquilosado en el poder con ansias de imperialismo subdesarrollado. Lo que algunos políticos peruanos deben determinar es si ser un defensor ferviente de dos regímenes totalitarios resulta algo que merece reconocimiento público.

Para terminar, debemos concluir en que Javier Diez Canseco es unos de los más insignes representante de una ideología perversa, equivocada y criminal. Su pensamiento parte de un odio enfermizo a los símbolos del poder y propone una redención en la muerte. No vale la pena siquiera una venia para esta clase de ideología y de políticos que solo desataron y justificaron la violencia, el terror y la muerte en Latinoamérica durante cuatro décadas, sin haber hecho hasta ahora un mea culpa ni reconocer el error de sus métodos. Todo lo que han hecho es culpar al Estado y las FFAA por la respuesta que ofrecieron a estos grupos de dementes. El mayor logro de esta izquierda es haber convertido la cacería legal de militares en un esfuerzo disfrazado de cruzada por la justicia. JDC es -y ojalá sea el último- seguidor de esa ideología desarrollada por Ernesto "Che" Guevara, el criminal que convirtió el homicidio en mecanismo político. Leamos un breve extracto de las ideas demenciales del Che, ideas que inspiraron a la delirante juventud miraflorina de los años 70 a la que Javier Diez Canseco pertenece: Sinteticemos así nuestras aspiraciones de victoria: destrucción del imperialismo mediante la eliminación de su baluarte más fuerte: el dominio imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica. Tomar como función táctica la liberación gradual de los pueblos, uno a uno o por grupos, llevando al enemigo a una lucha difícil fuera de su terreno; liquidando sus bases de sustentación que son sus territorios dependientes. Que nadie se engañe cuando la vaya a iniciar y que nadie vacile en iniciarla por temor a los resultados que pueda traer para su pueblo. Es casi la única esperanza de victoria. ¡Cómo podríamos mirar el futuro de luminoso y cercano, si dos, tres, muchos vietnams florecieran en la superficie del globo con su cuota de muerte y sus tragedias inmensas, con su heroísmo cotidiano, con sus golpes repetidos al imperialismo, con la obligación que entraña para este de dispersar sus fuerzas, bajo el embate del odio creciente de los pueblos del mundo! Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria. Ernesto "Che" Guevara Justicia Global Estas fueron las semillas del mal que dieron frutos en la juventud desorientada de los años 60 y 70 en toda Latinoamérica. El odio enfermizo convertido en alimento ideológico llevó al desarrollo de guerrillas y terror como programa político sin más propuesta que la aniquilación de un enemigo ideal. Nada hay en este tipo de ideas que pueda resultar digno de admirar. Solo merece ser arrojado al basurero de la historia.


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