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Los tres juegos del presidente millonario en riesgo:su universidad, la alta costura de Ivanka y la guerra familiar

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04/08/2017 03:14 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La publicación de cientos de documentos sobre las técnicas agresivas y sin escrúpulos usadas en la Universidad Trump pone en apuros al presidente Trump, al mismo tiempo sus otros negocios como la moda de su hija Ivanka podrían ponerle al borde de la dimisión

La publicación de cientos de documentos sobre las técnicas agresivas y sin escrúpulos usadas en la Universidad Trump pone en apuros al presidente Donald Trump, que podría tener que testificar por fraude antes de hacer el año en la Casa Blanca.

El juez Gonzalo Curiel ordenó la publicación, antes del 2 de junio, de más de mil páginas de escritos judiciales sobre la Universidad Trump debido al interés público que puede tener el caso, abierto en 2010 en la corte del distrito Sur de California, con sede en San Diego.

El polémico proyecto educativo pudo cruzarse en el camino hacia la Casa Blanca del magnate, que ha construido su campaña presidencial sobre su reputación como exitoso hombre de negocios. Y fue esa la coartada que siempre ayudó la carrera del millonario que se arregla para salir adelante siempre en cualquier circunstancia. 

“Donald Trump es un fraude en sí mismo”, consideró en un acto en Nueva Jersey la demócrata Hillary Clinton, perdedora frente a Trump para la Presidencia y al que acusó durante la campaña electoral de tratar de “estafar” a Estados Unidos desde la Casa Blanca de la misma forma que engañó supuestamente a los alumnos de su proyecto educativo.

Los centenares de documentos publicados  ahora, en respuesta a una petición del diario The Washington Post, retratan a la Universidad Trump como un negocio sin escrúpulos que presionaba a sus estudiantes para que adquirieran cursos sobre negocios inmobiliarios y finanzas con matrículas de casi 35.000 dólares, basándose en su éxito personal.

“En la Universidad Trump enseñamos el éxito, por el éxito y eso puedes lograrlo tú”, aseguraba el magnate en uno de los anuncios del centro, que abrió en 2005 y en 2008 tuvo que cambiar su nombre a “Trump Entrepreneur Initiative” dado que no logró licencia para funcionar como universidad.

Hasta 80.000 personas acudieron a los cursos gratis de iniciación de la Universidad Trump en los que los profesores presionaban a los estudiantes a inscribirse por 9.995 dólares en el curso “bronce”, por 19.495 dólares en el curso “plata” y por 34.995 dólares en el curso “oro”, según los escritos judiciales.

“La Universidad Trump prometía a sus alumnos que sus cursos les ayudarían a hacer dinero, pero en realidad solo estaba interesada en vender a cada alumno el curso más caro que podía”, afirma Ronald Schnackenberg, que trabajó para el centro entre octubre de 2006 y mayo de 2007. 

En una declaración jurada, Schnackenberg asegura que la Universidad de Trump era “fraudulenta” y “se aprovechó de jóvenes y de personas mayores y sin educación prometiéndoles cultura y a fin de cuentas sacarles un dineral del bolsillo”.

Las acusaciones contra la Universidad Trump salieron a relucir el pasado mes de febrero cuando el senador Marco Rubio acusó a Trump durante un debate del proceso de primarias republicanas en Houston (Texas), de haber inventado una “universidad falsa”.

Entre los escritos publicados recientemente destacan testimonios como el de Schnackenberg y una serie de “manuales de estrategias” que servían de guía a los profesores para hacer publicidad.

Uno de esos “manuales de estrategias” recomienda a los profesores a clasificar a los estudiantes por su liquidez financiera, pero insta al personal a no dejar de vender cursos a los alumnos con pocos ingresos.

“El dinero nunca debe ser una razón para no inscribirse en la Universidad Trump”, dice uno de los manuales, en el que se da instrucciones al personal para vender las clases, incluso a individuos escépticos y reacios, apelando directamente a sus necesidades psicológicas y oportunidades futuras.

De esta forma, el centro da instrucciones sobre cómo guiar al comprador a través de una “montaña rusa de emociones” para que adquiera los cursos.

El magnate Donald Trump, llegó a ser propietario del 93 % de la compañía “Trump Entrepreneur Initiative”, y se ha defendido de las acusaciones, asegurando varias veces que la mayoría de sus alumnos están satisfechos y ha acusado al juez Gonzalo Curiel de estar en su contra por “que es de origen mexicano y le odia”.

En realidad, Curiel nació en el estado de Indiana (medio oeste de EEUU), según el registro de jueces federales del Gobierno.

Además del caso de Curiel en California, el magnate se enfrenta a otra investigación iniciada en 2013 por el fiscal general del estado de Nueva York, Eric Schneiderman, que afirma que la Universidad Trump defraudó 40 millones de dólares a más de 5.000 personas.

El juicio en California no está fijado hasta enero 2018 y el juez Curiel ha reclamado la presencia del magnate como acusado, mientras que en Nueva York una corte de apelaciones a finales de abril determinó que el proceso contra Trump debe seguir adelante, aunque no se haya fijado fecha para el juicio porque demandar a un presidente es difícil en EE.UU. . 

Los registros de las cortes federales muestran que, desde principios de la década de 1980, Trump ha sido demandado al menos 150 veces y la mayoría acabaron con final feliz para el millonario.

Esta vez las demandas de fraude, publicidad engañosa y falsas promesas podrían agriarle la fiesta al presidente, no solo por las consecuencias judiciales sino por las repercusiones políticas que podría tener un juicio después de ganar la presidencia hace menos de un año.

LOs Trump se han hundido en su propio fango con la universidad y los negocios de los hijos del millonario-presidente. Por ejemplo la firma de modas de Ivanka, la hija mayor del presidente, ha empezado su declive en el ramo de ropa confeccionada.

El anuncio de que la cadena de tiendas de retail Nordstrom  dejará de vender una línea de ropa que lleva el nombre de Ivanka, la hija mayor de Donald Trump, ha generado repercusiones políticas.

La primera fue la del propio presidente  quien lanzó una crítica a la decisión de la compañía a través de su cuenta oficial de Twitter. "Mi hija Ivanka ha recibido un trato tan injusto de Nordstrom. ¡Ella es una gran persona, siempre empujándome para hacer lo correcto! ¡Terrible!", afirmó Trump en su tuit.

Según sus enemigos Donald Trump ha sido siempre un tramposo pero muy hábil en sus juegos que no son vídeo

Es la primera vez que una de sus declaraciones está directamente ligada a una empresa del clan familiar. Inmediatamente después de este mensaje la inestable bolsa de Wall Street experimentó una caída en un 0.7% en las acciones de la compañía Nordstrom. Sin embargo, dos días después cerró con un crecimiento de un 4, 09% y alcanzó los 44, 53 dólares, según publicó la cuenta de Twitter The Daytrade.

Nordstrom, que tiene sede central en Seattle (estado de Washington), que emplea a más de 76.000 personas y tiene cientos de establecimientos en el país y en Canadá, anunció que la retirada de la marca de ropa de Ivanka Trump se debía a sus ventas.

"Tenemos miles de marcas. Cada año, recortamos el 10% y renovamos nuestra selección con la misma cantidad. En este caso, en función del desempeño de la marca, hemos decidido no comprarla para esta temporada", explicó un portavoz de la empresa al diario local "The Seattle Times".

Además un representante de la compañía dijo a CNN que "durante el pasado año y particularmente en la última mitad de 2016, las ventas de la marca han caído continuamente hasta el punto que no tenía sentido continuar con la línea por ahora".

Sin embargo, la directora de marketing de la marca de la hija de Trump, Rosemary K. Young, dijo a CNN  "que sus ventas en promedio crecieron 21% con respecto a años anteriores en 2016. Es un tema político, no comercial".

La administración Trump sale en defensa de Ivanka desde la Casa Blanca. En su rueda de prensa diaria, el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, aseguró que las críticas públicas del presidente a una empresa se enmarcan dentro del "derecho de un padre a defender a su hija". No es un abuso.

Spicer aseguró que la decisión de la cadena de ropa Nordstrom de retirar las prendas de Ivanka Trump demuestra que "hay un ataque contra su marca porque es hija del presidente".

La polémica asesora y exjefa de campaña de Donald Trump, Kellyanne Conway, también salió a respaldar a la mayor de los hijos de Trump. "Abusan de la mujer más prominente al lado de Donald Trump. Ella, que ha sido una campeona de la libertad de las mujeres trabajadoras, la están usando para llegar a él (en referencia a Donald Trump) y la gente puede ver que eso es así”, dijo en entrevista con el programa Fox News y continuó: "¡Vayan a comprar los productos Ivanka, yo voy a ir de compras hoy y voy a comprarme algunos vestidos para mí también!".

Pese a la razón oficial detrás de la medida contra Ivanka, Nordstrom ha tenido una gran presión de grupos que promueven el boicot de productos de la familia Trump, propietaria de un imperio inmobiliario, moda, y negocios de todo tipo.

Tras la decisión de Nordstrom, otras dos grandes tiendas multimarca de ropa de Estados Unidos siguieron la misma táctica. La compañía propietaria de TJ Maxx y Marshalls dijo a CNN-Money que había enviado un memorándum a los trabajadores dándoles instrucciones de no destacar la marca Ivanka Trump en las tiendas.

El portavoz de TJX Companies dijo que se les pidió a los empleados que "eliminaran todo el marketing de Ivanka Trump entre los mejores y que la marca no se destaque entre el resto".

Ivanka Trump no tiene un cargo oficial en el despacho oval de la Casa Blanca, aunque su esposo, Jared Kushner, ejerce como asesor del presidente. No obstante, la hija forma parte del círculo íntimo del polémico mandatario, quien expresó públicamente su admiración por ella en repetidas ocasiones. Y sigue muchos de sus consejos políticos.

 Otro caso polémico, por citar alguno, es el de Jared Kushner, marido de Ivanka Trump, que es ingeniero militar al margen del Pentágono y manda más que los generales del ejército norteamericano. Es por eso que el Gobierno del presidente de EE.UU., Donald Trump, busca involucrar a la empresa militar privada Blackwater en la guerra de Afganistán.

Jared Kushner, asesor y yerno del mandatario, y Steve Bannon, uno de los principales estrategas en la Casa Blanca, están a cargo de supervisar la iniciativa y han presentado a sus candidatos para poner en marcha el plan en cuestión, según informaron los medios locales.

El primero es Erik Prince, fundador de la empresa militar Blackwater, expulsada anteriormente del territorio afgano por el expresidente de ese país asiático, Hamid Karzai. Blackwater, con una pésima reputación, se ha ido hundiendo en escándalos: ha cometido crímenes de guerra y asesinado a civiles en la guerra que George Bush, Tony Blair, Aznar y otros orquestaron en Irak.

El segundo en guerras privadas es Stephen Feinberg, propietario de DynCorp International, que ha desplegado un grupo de mercenarios en Yemen en virtud de un contrato de 3.000  millones de dólares con los Emiratos Árabes Unidos (EAU).

Erik Prince (fundador de la empresa militar Blackwater) y Stephen Feinberg (propietario de DynCorp International) han creado un plan más barato y mejor para EE.UU. que busca mejorar la situación de tensión militar en Afganistán, según informan fuentes próximas a los dos empresarios citadas por el diario local The New York Times.

El ejército norteamericano ha lanzado sobre el este de Afganistán la bomba no nuclear más potente de su arsenal, según ha informado el Pentágono. La madre de todas las bombas.

El propio Feinberg presentó hace días el mencionado plan al secretario de Departamento de Defensa de EE.UU. (en el Pentágono), Jim Mattis, quien sólo “lo escuchó por educación y respeto”, declarando que no permitirá la involucración del sector privado en el conflicto de Afganistán.

El pasado mes de junio, el jefe del Pentágono pidió a Trump que diera su visto bueno al envío de 3.000 marines a Afganistán y conceda más poder a la citada organización para cambiar la cantidad de los militares dependiendo de las necesidades, “para sacar al conflicto del punto muerto en el que se encuentra y derrotar a los terroristas”.

En 2001, Washington y sus aliados invadieron Afganistán en el marco de la llamada “guerra contra el terrorismo”. La ofensiva apartó del poder al grupo armado Talibán, pero la inseguridad, pese a la presencia de miles de soldados extranjeros, -8.400 de ellos-, sigue dominando gran parte del territorio afgano.

Más de 15 años de presencia militar extranjera tampoco han podido evitar el nuevo brote de terrorismo en Afganistán, adonde han llegado miles de integrantes de la banda ultraviolenta EIIL (Daesh, en árabe).

 


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