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Karl Marx: Comunista, Burgués y Bohemio

06/05/2013 09:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El presente artículo fue publicado por primera vez en la revista Oiga, semanario de actualidad, V Etapa, No. 467, Lima, 29 de enero de 1990, pp. 53-57, con una nota introductoria de Pedro Planas. image Autor: Hugo Vallenas Málaga

Si Karl Marx hubiera pasado su juventud en los barrios bajos de Liverpool durante la década de 1950, seguramente lo habrían visto reñir a navaja limpia con John Lennon, ambos ebrios, desaliñados y vestidos con jeans y casacas de cuero. Durante sus días de estudiante universitario en Bonn y Berlín, Marx era el prototipo del desadaptado: ropas descuidadas y extravagantes, cabellos demasiado largos, afición a la vida libertina.

En Bonn fue arrestado por la policía y sancionado por las autoridades universitarias por "desorden callejero nocturno y ebriedad". En Colonia tuvo otro arresto por involucrarse en un duelo y portar "armas prohibidas" .2

Su padre –un esforzado abogado judío de Tréveris– le escribía en 1837 preguntándole cómo era posible que gastase en Berlín 700 táleros al año "mientras los jóvenes ricos no gastan más de 500".3

El joven Marx dilapidaba el dinero de su padre en asuntos totalmente ajenos a la "Diferencia de la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro", tema de su tesis doctoral. Y el adulto Marx no perdió la costumbre, y dio rienda suelta a su tendencia dipsómana. Según Gustav Techow, Marx era exquisito en los primeros tragos –prefería el vino dulce, "clarete" o Burdeos– pero luego podía beber cualquier cosa; y, afectado por el trago, silenciaba a la gente y pronunciaba sus mejores charlas. 4

Con los años, Marx se convirtió en un obeso y canoso padre de familia, pero el aspecto extravagante, el desaliño y la irresponsabilidad de sus años de estudiante no variaron un ápice. Un informe encontrado en los archivos de la policía prusiana describe de este modo la vida de Marx en Londres, en 1853: "Vive como un gitano o como un intelectual bohemio: lavarse, peinarse y cambiarse de ropa son cosas raras en él. Le gusta emborracharse. Puede estar ocioso días enteros pero cuando tiene trabajo lo hace en forma incansable, de día y de noche" .5

Más allá del desarreglo personal y del apego al alcohol, toda la personalidad de Marx era medularmente hostil a la "moral comunista" de orden, austeridad y solidaridad humana que él pregonó. Marx y el capital

Respecto al capital –no al libro El Capital sino al dinero contante y sonante– nuestro personaje adoptó como norma invariable un criterio poco "socialista": gastarlo a manos llenas y luego importunar a parientes y amigos con sus premuras económicas. En 1848, casado y padre de tres pequeños, fue expulsado de Bélgica por haber participado en una conspiración armada. El adelanto de la herencia paterna (5 mil francos de oro) que debía servir para instalar a su familia en el exilio, fue gastado por Marx, de la noche a la mañana, en fusiles para los trabajadores belgas. De ahí, hasta el año siguiente, en París, Colonia y luego en Londres, Marx se dedicó alegremente a sus actividades panfletarias, agotando la dote matrimonial de su esposa, sin procurarse trabajo para obtener ingresos propios. Cuando la platería, la loza fina y el pequeño capital de la señora Jenny von Westphalen de Marx habían sido convertidos en inútiles ediciones del Manifiesto Comunista y Trabajo asalariado y capital, Marx optó por vivir de su suegra. "La pequeña ayuda que yo recibía de mi madre nos salvó a menudo de las peores privaciones", escribe la ex baronesa Jenny refiriéndose a 1850.6 Aún así, para los Marx era imposible tener un régimen de gastos y adecuar a él sus costumbres. Vivían a salto de mata, reclamando ayuda económica a parientes y amigos. Cuenta la señora Jenny en sus recuerdos que "en la primavera de 1850" la familia de Marx tuvo que huir de su domicilio y esconderse en un hotelucho "perseguidos por los acreedores". Entre 1861 y 1862 nuevamente tendrán que vivir en un hotel para escapar de sus generosos prestamistas. En 1869, cuando su mujer recolectó el dinero para pagar nuevas deudas contraídas, él lo derrochó irresponsablemente en la edición de El 18 de Brumario de Luis Bonaparte. Antes, en 1864, recibió una herencia de 800 libras de su amigo Wilhelm Wolff, obrero de verdad, y la usó en apuestas y en especular en la bolsa. En la apuesta, primero ganó 400 libras, pero luego perdió todo el dinero...7

Lo peor de todo es que nada impedía trabajar a Marx y ganarse la vida como cualquier mortal. Las condiciones de su vida de exiliado sólo le impedían participar en política. Era además doctor en filosofía, conocedor de varios idiomas y experto en jurisprudencia europea. Algo sabía hacer. Otro emigrado contemporáneo suyo y correligionario, Wilhelm Wolff, un modesto obrero, no sólo trabajó y sostuvo decorosamente a los suyos, sin dejar de participar en la agitación comunista, sino que logró ahorrar ese pequeño capital que legó a Marx y que éste, por supuesto, derrochó enseguida.8 En el lapso en que Wolff hizo sus ahorros, Engels se compró una casa –y después le comprará otra a Marx– y muchos otros "camaradas" se abrieron paso ejerciendo su profesión. En cambio Marx, entre 1850 y 1857 vivió en un pequeño piso del barrio de Soho en condiciones malsanas, indolente al sufrimiento de su familia –cuatro hijos suyos murieron de tuberculosis en ese período y los otros tres se suicidaron– y absorbido por sus abstractas teorizaciones. 9

La "vida burguesa" de Marx

Pese a todo, en 1869 Marx había "progresado" y superó la miseria económica del período de Soho. ¿La razón? Recibía un subsidio anual de Engels de 350 libras, recibía otro subsidio de sus "camaradas" y ganaba algunas libras adicionales con sus artículos, pero siempre le faltaba dinero, comprometiendo a Engels con deudas y empeños. En 1857, con la herencia materna de Jenny y un legado menor de un tío de Marx, la familia se mudó a un chalet en Hampstead Road, comprado especialmente por su "mecenas" Engels; y, sin embargo, "pese a todos los intentos de reducir gastos, no logramos un equilibro económico y nuestras deudas aumentan día a día". ¿La razón? Según Marx, "por amor a los niños" había que adoptar "una vida de clase media, regular y respetable" , que en realidad no era sino un intento por incorporarse al "prototipo burgués" que él decía despreciar. Sus hijas recibían clases de buenos modales y de idiomas. Las dos mayores estudiaron francés e italiano "con De Cole y Maggioni" –relata orgulloso Karl Marx– y la menor "dibujo con Oldfield", profesores nada proletarios, entre 1860 y 1862.10

El bohemio Marx era todo un "snob". Y se endeudaba por cumplir puntualmente el régimen de vida "burgués", adaptarse totalmente a las reglas convencionales de la sociedad. En una carta a Engels de agosto de 1866, Marx desconfía de los amoríos de su hija Laura con el socialista francés Paul Lafargue: "Antes de proseguir este asunto... debo recibir de su familia ciertos informes acerca de su situación económica". Un hirsuto candidato a suegro preocupado por el status y la respetabilidad "burguesas". Pero no coincidía en todo con el "espíritu burgués", especialmente cuando se trataba de buscar trabajo para –aunque sea– sostenerse económicamente.

Marx siempre anduvo enfermo cada vez que tenía que buscar trabajo. Son famosas sus crisis depresivas de 1853, 1863, 1865, 1866, 1867, 1868 y 1872. Su cura consistía en irse de vacaciones (pagadas por Engels) a elegantes balnearios como la Isla de Jersey, la Isla de Wight o, en Alemania, a Karlsbad donde los "viejos verdes" Marx y Engels revivían su vida de solteros en casinos, burdeles y fiestas de la nobleza , como lo atestigua el duque sir Mountstuart Elphinstone, a quien divertían mucho sus conversaciones sobre historia antigua con el "extravagante" Karl Marx. Y en 1876 asistió al exclusivo festival de Bayreuth, para presenciar la puesta de la ópera de Wagner "El anillo del Nibelungo", que duraba varios días... Todo eso mientras su familia pasaba penurias económicas. 11

El culto a las apariencias

La minuciosa cronografía biográfica de Maximilien Rubel permite establecer un proceso neurótico agudo en Marx a partir de 1850. El alcohol, la falta de aseo y el desorden en las costumbres minaban su salud y lo avejentaban prematuramente. Sufría de vómitos biliares, reumatismo y forunculosis. Sin embargo, la enfermedad recrudecía y lo paralizaba cada vez que el dinero se agotaba en casa y debía buscar la forma de obtenerlo. Tres cosas enfermaban a Marx –sin mencionar el agua y el jabón– en forma cíclica: trabajar en forma disciplinada para alguien, medir sus gastos y ahorrar. Sólo una vez se animó a buscar trabajo, en 1862. Se ofreció para un empleo en la oficina de ferrocarriles pero no lo obtuvo por su mala letra.12

Esta peculiar costumbre de vivir aparentando lo que no se es, gastar lo que no se tiene y pregonar lo que no se practica, tuvo más víctimas inocentes. En 1851, mientras su esposa buscaba dinero en Europa, Marx tuvo un hijo con la sirvienta de la familia, Helene Demuth, pero no tuvo la honradez de darle su nombre y reconocerlo, no obstante que en la partida de nacimiento figuraba la dirección de Marx. Convenció a Engels de ayudarle a mantener el asunto en secreto "por respeto a su familia", y envió al pequeño Frederick Lewis Demuth a un orfanato. Fuera de esta ingrata ocasión, nunca trató de obtener un empleo, salvo sus solicitudes de eventual colaboración periodística como ideólogo comunista, que no era una ocupación a tiempo completo. 13 Marx imploró a su mujer no divorciarse de él, porque, entre otros motivos, según confesó Engels, le convertiría en "el hazmerreír de los emigrados alemanes en Londres". Cabe entonces preguntarse: ¿Este pobre tipo podría ser el autor de una doctrina "todopoderosa y exacta" como decía Lenin, capaz de "cambiar al hombre" y fundar una "nueva ética"?

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El estilo es el hombre

Hasta el fin de sus días Marx fue fiel a esta observación hecha por un amigo suyo en 1844: "Lee enormemente, trabaja con una intensidad poco común... pero no acaba nada, lo interrumpe todo y se lanza sin cesar a un océano sin fondo de nuevas lecturas". 14 En efecto, al igual que en su vida privada, Marx carecía de la más elemental disciplina intelectual. Era un escritor eufórico, fácil presa del desánimo, que iniciaba complejas investigaciones sin saber a dónde quería llegar. Corregía y cambiaba una y otra vez el esquema, la redacción y finalmente el sentido general de sus obras. Era incapaz de cumplir puntualmente con editores e impresores.

En 1845 recibió un adelanto de 1.500 francos para su Crítica de la economía política y en 1847 fue demandado judicialmente por incumplir el convenio. Por cierto, Engels tuvo que pagar la deuda. 15 En 1859 publicó la primera parte de la Contribución a la crítica de la economía política, escribiendo en el prólogo que ya tenía la obra concluida. Pero luego la rehizo totalmente. Publicó en 1867 el tomo I de El capital, luego de hacer y rehacer la obra completa varias veces durante diez años. Y... ¡nada más! Todo el resto de la obra de Marx son artículos y folletos de importancia episódica. No existe una sola obra científica acabada por Marx en vida. Los marxistas, desde Kautsky y Lenin hasta nuestros días, rinden culto a los despojos intelectuales de Marx: sus inconexos y contradictorios manuscritos, organizados y presentados como una presunta doctrina sistemática por Engels.

¿Engelsismo o marxismo?

Sin la ayuda pecuniaria de Engels y sin los vínculos de este último con la –por Marx menospreciada– socialdemocracia alemana, el "socialismo científico" habría sucumbido a las deudas, el alcoholismo y... la indiferencia del movimiento obrero. En el país capitalista "modelo", Inglaterra, Marx no obtuvo prestigio político ni intelectual y fuera de Inglaterra era sólo una pequeña celebridad, oscura y controvertida, entre las sectas socialistas. Esto no ocurría a pesar de Marx sino por causa de Marx. Los comunistas de Colonia, arrestados en 1850 y procesados en 1852, acusaban a Marx de traidor y delator. Todas las corrientes de izquierda notables en Europa habían tenido a Marx como caprichosa ave de paso. Fue "hegeliano de izquierda" –republicano radical– fanático entre 1841 y 1842, para luego atacar sin piedad a "san Bruno Bauer y consortes" en 1843, con La Sagrada Familia, el primero de una larga lista de libelos ingratos contra amigos y benefactores que no acompañaron a Marx en sus virajes. Después fue proudhoniano para luego criticar acremente a Proudhon con su Miseria de la Filosofía.16

Sin Engels, repetimos, no habría marxismo. En la práctica, fue por su constante financiamiento que Marx pudo dedicarse a escribir y evitó buscar trabajo. Y en la elaboración teórica también. Engels fue el primero en esbozar, en 1843, una teoría económica socialista basada en la clase obrera, desviando a Marx de su republicanismo neo-hegeliano. Él avizoró en las grandes empresas alemanas la "premisa económica" de su ideal socialista, cuando Marx todavía especulaba en base al cooperativismo de Proudhon. Puede decirse que Engels fue siempre el riel y la plomada. Mientras el temperamental y caótico Karl volcaba su genio en erráticas investigaciones, el ocupado empresario y político Friedrich sabía extraer algo útil de la desordenada labor de Marx y trazaba una pauta para que éste siguiera adelante. Marx escribió mucho pero en ningún momento de su vida formuló una doctrina político-social global. Nunca estuvo seguro de lo que tenía entre manos. Engels lo hizo por él. Fue el autor del marxismo como sistema, como edificio axiomático, dándole después de morir Marx la forma definitiva, "clásica", tan conocida posteriormente. Marx, como hombre "ejemplar" y como un gran teórico es, en definitiva, un mito.

Bibliografía 1 Publicado en: Oiga, semanario de actualidad, V Etapa, No. 467, Lima, 29 de enero de 1990, pp. 53-57, con la siguiente nota introductoria de Pedro Planas: "La perestroika estuvo inicialmente encomendada a proponer un conjunto de reformas económicas para airear el estancado socialismo soviético; pero sus efectos políticos se han desbordado y, a estas alturas, cuestionan profundamente toda la doctrina del marxismo leninismo. Sólo el observador improvisado puede creer que las transformaciones de Europa Oriental –y de la propia URSS– son una requisitoria exclusiva a Stalin, y mantienen intactos los principios fundadores de Marx y Lenin. O el político pertinaz, que abandona la perplejidad para internarse en malabares ideológicos que le permitan insistir en el viejo catecismo, presentándolo esta vez como un "marxismo abierto", alérgico a todo dogmatismo, cuando en realidad se resiste a bajar a Marx y a Lenin del glorioso pedestal. Si de "marxismo abierto" se trata, nada mejor que "abrir" al propio Marx, rastrear su huella como hombre, acercarnos a él en toda su elocuente dimensión humana. Hugo Vallenas ha preparado especialmente esta nota donde desnuda las acentuadas imperfecciones humanas –y también las inhumanidades– del gran profeta del socialismo internacional, cuya palabra es ley para nuestros marxistas, sean de una u otra tendencia. Cualquier parecido con nuestros militantes de izquierda en el Perú es, por supuesto, una irremediable coincidencia".

2 Los incidentes de Bonn datan del primer semestre de 1836, siendo estudiante universitario en esa ciudad. Por su conflicto con las autoridades tuvo que trasladar sus estudios en octubre de ese año a la Universidad de Berlín. En Colonia fue procesado en el verano de ese año por involucrase en un duelo con armas de fuego –prohibidas en la ciudad– y no con espadas. Véase la Introducción del editor a The Portable Karl Marx. Edited by Eugen Kamenka. Penguin Books, Middlesex, England, 1983, p. 17.

3 Carta de Heinrich Marx a su hijo, 9 de diciembre de 1837. Se incluye un extracto en The Portable Karl Marx. Edited by Eugen Kamenka. Penguin Books, Middlesex, England, 1983, pp. 17-18.

4 Gustav Techow fue un oficial prusiano que se sumó a las luchas revolucionarias en Colonia de 1848 y prestó apoyo al grupo de August Willich, opositor a Marx entre los comunistas de esa localidad. Se trata de un texto de 1850 incluido por Karl Vogt –profesor universitario de ciencias adversario de Marx– en Mein Prozess gegen die Allgemeine Zeitung, Ginebra, 1859. Se incluye un extracto en The Portable Karl Marx. Edited by Eugen Kamenka. Penguin Books, Middlesex, England, 1983, pp. 37-38.

5 Informe policial prusiano sobre la vida de Marx en Londres publicado por G. Mayer en "Neue Beiträge zur Biographie von Karl Marx", Grünberg's Archives, Vol. 10 (pp. 56-63). Se incluye un extracto en The Portable Karl Marx. Edited by Eugen Kamenka. Penguin Books, Middlesex, England, 1983 pp. 41-42.

6 Sobre el incidente en Bélgica y la desventura familiar en París, Colonia y Londres, la esposa de Marx ofrece detalles en sus recuerdos. Ver Jenny Marx: "Breve bosquejo de una vida memorable" en Robert Payne: El desconocido Karl Marx, Bruguera, Madrid, 1975.

7 Ver esta información en: Maximilien Rubel: Crónica de Marx. Datos sobre su vida y su obra. Anagrama, Barcelona, 1963, pp. 94-95.

8 A Wilhelm Wolff (Tarnau 1809-Manchester 1864), apodado "Lupus" (Lobo) en la correspondencia de Marx y Engels, está dedicado el tomo primero de El Capital. 9 Nota del autor, 2010: Cabe hacer una precisión. Marx tuvo siete hijos con su esposa Jenny von Westphalen: Jenny (1844-1883), Laura (1845-1911), Edgar (1847-1855), Guido (1849-1850), Franziska (1851-1852), Eleanor (1855-1898) y un último hijo que murió al nacer (1857). Edgar murió de tisis a los 8 años de edad. Guido y Franziska fallecieron siendo bebés por las precarias condiciones de salud de la familia. La hija mayor, Jenny, murió a los 39 años por un mal hepático todavía en vida de su padre. Laura y Eleanor se suicidaron de 66 y 43 años, respectivamente. 10 Ver Jenny Marx: "Breve bosquejo de una vida memorable" en Robert Payne: El desconocido Karl Marx, Bruguera, Madrid, 1975, p. 141. 11 Ver esta información en: Maximilien Rubel: Crónica de Marx. Datos sobre su vida y su obra. Anagrama, Barcelona, 1963, pp. 87-88.

12 Sobre sir Mountstuart Elphinstone Grant-Duff ver: The Portable Karl Marx. Edited by Eugen Kamenka. Penguin Books, Middlesex, England, 1983 pp. 64-66. Sobre las visitas a Karlsbad y Bayreuth, ver: Maximilien Rubel: Crónica de Marx. Datos sobre su vida y su obra. Anagrama, Barcelona, 1963, pp. 144-145.

13 Ver: The Portable Karl Marx. Edited by Eugen Kamenka. Penguin Books, Middlesex, England, 1983, p. lxxiv. Kamenka anota que Engels reveló este dato a los deudos de Marx en su lecho de muerte en 1895. Ver también: Maximilien Rubel: Crónica de Marx. Datos sobre su vida y su obra. Anagrama, Barcelona, 1963, p. 40. Rubel detalla que Frederick Lewis Demuth nació el 23 de junio de 1851 en Londres (28, Dean Street, el domicilio de la familia Marx); fue obrero mecánico y falleció el 28 de enero de 1929. Rubel cita como fuente: W. Blumenberg: "Karl Marx" en la colección Selbstzeugnissen und Bildokumenten, Rowohlt, 1962, pp. 115 y ss. Ver igualmente: Robert Payne: El desconocido Karl Marx, Bruguera, Madrid, 1975, p. 29. Payne ofrece detalles sobre la revelación hecha por Engels en 1895 en la p. 341 e incluye varias cartas de Eleonor Marx a Frederick Demuth en las pp. 343-348. 14 Carta de Arnold Ruge a Ludwig Feuerbach, 15 de mayo de 1844. Se incluye un extracto en The Portable Karl Marx. Edited by Eugen Kamenka. Penguin Books, Middlesex, England, 1983, pp. 27-28.

15 Ver esta información en: The Portable Karl Marx. Edited by Eugen Kamenka. Penguin Books, Middlesex, England, 1983, pp. lx-lxi-lxiii. 16 Karl Marx pretendió asociar sus ideas a las del francés Pierre-Joseph Proudhon, teórico del socialismo mutualista, entre 1846 y 1847. Marx elogió el pensamiento dialéctico de Proudhon atribuyéndole un "parentesco real" con el de Hegel en el ensayo "El movimiento socialista en Francia y Bélgica" (abril de 1846), publicado en la revista Westphälische Dampfboot (setiembre 1847). Sin embargo, Proudhon rechazó el ideario comunista de Marx, acusándolo de pretender "una nueva intolerancia". En respuesta, Marx dio un brusco giro en sus apreciaciones y condenó el libro de Proudhon El sistema de las contradicciones económicas o la Filosofía de la miseria (1846) mediante el arrogante folleto Miseria de la filosofía (1847). Ver: Maximilien Rubel: Crónica de Marx. Datos sobre su vida y su obra. Anagrama, Barcelona, 1963, pp. 26-27.


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