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El Ku Klux Klan viste uniforme azul de la policía lo cual puede costar la presidencia a Obama

10/04/2015 05:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Un informe propone que los casos de violencia policial sean investigados no por la policía sino por autoridades independientes. Aconseja el diálogo con las escuelas y los vecindarios, evitar la identificación racial, entrenar a los policías en el uso de técnicas pacíficas

Un hombre negro huye corriendo de un policía blanco tras ser parado por tener un faro del coche roto en North Charleston (Carolina del Sur). Al huir, el agente de policía  dispara hasta ocho veces en la espalda al hombre negro que está desarmado. El informe médico dice que Walter Scott, de 50 años, fue alcanzado tres veces en la espalda, y una de las balas le atravesó el corazón; otra en un glúteo y una por fin en una oreja. Todo el mundo ha visto la escena por televisión, pues alguien lo captó por un móvil providencialmente porque  lo demás solo sabríamos las mentiras que de inmediato contó el policía asesino. Pero quienes se han fijado en los detalles han apreciado que el policía fue al lado del cuerpo inerte de la víctima y lo primero que hizo fue ponerle las esposas. Y luego le tocó en la cara pero no tuvo tiempo de hacer nada más. O sea que el pobre negro murió con las esposas puestas.

Esto ocurrió hace pocos días y el informe policial escrito por el policía Michael Slager, de 33 años, aseguraba que el supuesto sospechoso, que falleció tras caer abatido, había intentado quitarle su taser (pistola eléctrica), por lo que se vio forzado a disparar para defender su vida. Cosa que resultó también mentira. Además se supo que el policía dejó caer algo en lo que se sospecha un intento de alterar la escena es de una brutalidad sobrecogedora. En el informe, el policía y su compañero aseguran que intentaron reanimar a Scott, algo que el vídeo prueba totalmente falso. De hecho, cuando un tercer agente llega a la escena con un kit de primeros auxilios tampoco se le practica ninguna maniobra médica.

Afortunadamente fueron los abogados  de Scott quienes entregaron al diario The New York Times el vídeo grabado con un teléfono móvil por una persona cuya identidad permanece en el anonimato y que tuvo la sangre fría de grabar lo que ocurrió esa mañana.

Lo sucedido dista mucho del informe policial y ha llevado al alcalde de North Charleston a declarar que “cuando te equivocas, te equivocas”. “Cuando tomas una mala decisión, no importa si eres un oficial o un ciudadano de la calle, tienes que afrontar esa decisión", ha dicho Keith Summey. A continuación, el alcalde ha anunciado en rueda de prensa que el agente se enfrentará a cargos por asesinato, que le pueden acarrear una condena a cadena perpetua e incluso la pena de muerte. No lo creemos.

La familia de Scott ha dado una rueda de prensa en la que ha planteado qué hubiera pasado si no hubiera existido el vídeo, si no hubiera existido el héroe anónimo que grabó lo sucedido. Las escenas que muestran las cadenas de televisión norteamericanas y de todo  el mundo advierten de que pueden herir la sensibilidad del espectador.

Este suceso se suma a la preocupante lista de casos de policías blancos que matan a tiros a ciudadanos negros desarmados o en circunstancias controvertidas. Ya sea en Nueva York, Cleveland o Fergurson, donde el pasado verano la muerte de Michael Brown a manos de un policía blanco se situó en la primera línea de la política nacional. El propio presidente Barack Obama admitió que existe un problema de desconfianza entre la policía y las minorías a las que sirve.

North Charleston, tercera ciudad más poblada de Carolina del Sur, tiene 100.000 habitantes, un 47% de los cuales son negros y un 37% blancos. Sin embargo, el departamento de policía está compuesto por blancos en un 80%, según los últimos datos de que dispone el Departamento de Justicia, de 2007.

La muerte de Trayvon Martin, un joven negro de 17 años y desarmado, a manos de un vigilante de barrio en Florida en 2012 provocó, por ejemplo, la intervención del presidente.

"Mi mensaje es principalmente para los padres de Trayvon Martin. Ya saben, si tuviera un hijo se parecería a Trayvon", dijo Obama."Todos los norteamericanos debemos tomarnos esto con la seriedad que se merece", añadió. En realidad era  como no decir nada, porque todo siguió igual.

Las muertes recientes de Michael Brown en Ferguson y Eric Garner en Nueva York, ambos a manos de la policía blanca, han sido los más recientes motivos de  protesta. Y en el marco de las conmemoraciones de este fin de semana, ambos casos dejan patente que en EE.UU. la cuestión racial sigue sin resolverse.

Es por eso que el cantautor John Legend proclamó "Selma es ahora"(Selma fue aquel Domingo sangriento de 1965), cuando aún el apartheid del sur estaba en proceso de ser desmantelado al recibir un premio Oscar por la canción Glory de la película Selma.

Y es por esa misma razón por la que su intervención tuvo tanto eco. Es evidente que las relaciones raciales en EE.UU. han recorrido un largo camino desde aquel Domingo sangriento, cuando aún el apartheid del sur estaba vigente, aunque más débil.

Sin embargo, no todos los muros erigidos por los prejuicios han sido demolidos.

Ferguson ha vuelto a las pantallas de Estados Unidos. Los canales nacionales ya tienen a sus corresponsales apostados en este pequeño suburbio de San Luis, de 21.000 habitantes, para cubrir otro capítulo del drama social que comenzó el pasado verano con la muerte de este adolescente negro desarmado, a manos de un policía blanco.

Pero las muertes de Fergusson y Michael Brown se volvieron a repetir en la persona de un pobre mendigo a manos de dos agentes de policía que negaron ser los autores de esa muerte pero el ataque tuvo lugar después de que dimitiese el jefe de policía local, en medio de una purga desatada por las críticas del departamento de Justicia. El Gobierno presentó un informe que denunciaba patrones de racismo en la policía y el sector judicial. También dimitieron el administrador general y el juez municipal. Ferguson parece condenado a encarnar dos problemas históricos en Estados Unidos: la discriminación racial y la escasa capacidad para limitar la violencia policial.

¿Un modelo en Nueva York? El debate se da con especial relieve en Nueva York, hogar del mayor cuerpo de policía de Estados Unidos: tres veces más grande que el siguiente en tamaño, la policía de Chicago. Son 35.000 agentes representados por cinco sindicatos díscolos y politizados, con más de un siglo de experiencia en hacerse imponer en la calle y en la alcaldía.

“Los sindicatos de la policía de Nueva York han desarrollado una tradición de acosar a los alcaldes”, dice a El Confidencial Samuel Walker, profesor de la Universidad de Nebraska, experto en responsabilidad policial. “Por ejemplo, la 'ralentización del trabajo' que hicieron en diciembre y enero. En cualquier otra profesión, los empleados hubiesen sido castigados”, añade por teléfono. En esta no pasó nada.

Walker se refiere a la última acción organizada, presuntamente, por los sindicatos de policía: una campaña de brazos caídos que nunca llegaron a reconocer. Una huelga secreta para protestar por lo que consideraron una falta de respeto del alcalde, Bill de Blasio, que denunció públicamente el exceso de fuerza policial a raíz de la muerte de Eric Garner. La “ralentización del trabajo” hizo que las multas bajaran un 90% y las detenciones un 56% en la primera semana del año. ¿Una ciudad con los policías boicoteando el orden público?

Aunque no hay cifras oficiales sobre el número de personas que fallecen en enfrentamientos con la Policía en todo el país, se estima que la cifra se situaría por encima de las mil cada año. En la era digital, cada vez es más frecuente que la ciudadanía vea con sus propios ojos como se producen algunos de estos "accidentes".

La Policía de Los Ángeles no tiene la mala fama de otros departamentos. Desde el año 2000, “sólo” han muerto 12 civiles en enfrentamientos con agentes en el centro de la ciudad. Y ninguno desde 2013. Pero pronto surgió la muerte racista de un mendigo.

En vídeos aparecidos en Internet, y grabados desde diferentes ángulos, puede verse con claridad cómo los agentes intentan reducir a un sujeto, un hombre negro de unos 35 años. Todo en plena calle y frente a varios testigos. Según la versión policial, el sospechoso habría intentado hacerse con el arma de uno de los agentes, un extremo que no queda claro en las imágenes.

Las reconstrucciones ofrecidas ante la prensa local por el jefe de la Policía de Los Ángeles, Charlie Beck, subrayan además que no fue uno, sino tres, los agentes que abrieron fuego. “Hubo un forcejeo por hacerse con el arma y el sujeto recibió cinco tiros”, dijo Beck, recordando que uno de los agentes gritó que le habían arrebatado su pistola.Durante el curso de la investigación abierta  se podrá revisar también lo registrado en dos cámaras de seguridad y en una tercera, instalada en el uniforme de uno de los policías implicados. Pero si nos atenemos a los precedentes es muy difícil, casi imposible, que ningún agente sea imputado o pierda su trabajo.

La víctima murió a los pocos minutos de llegar al hospital y su identidad se ha mantenido hasta ahora en secreto. Sus compañeros de acera y manta lo identifican como un mendigo que hablaba con un fuerte acento extranjero, que llevaba meses viviendo en las calles de Skid Row y que respondía al apodo de “África”. Como tantos otros indigentes de la zona, parece que tenía graves problemas mentales y decía haber pasado una década en un centro psiquiátrico.

Se estima que hay unas 3.500 personas viviendo en las cuatro calles que forman Skid Row, en el centro de Los Ángeles, y donde se concentra una de las mayores comunidades de mendigos e indigentes de EEUU. Casi la mitad viven en tiendas de campaña repartidas por las aceras y los solares y se calcula que uno de cada cuatro tiene algún tipo de problemas mentales a veces serios.

Se alimentan y asean gracias a la beneficencia y a trabajos esporádicos. Algunos se prostituyen, otros trapichean con drogas y no son infrecuentes las broncas entre ellos. La Policía está acostumbrada a intervenir y a recoger cadáveres de la zona: sobredosis, peleas, enfermedades viejas sin tratar... Por cada uno que desaparece llega otro nuevo y los sucesivos intentos de "limpiar" el área, codiciada y promocionada para lograrlo por los promotores inmobiliarios, se han encontrado con la resistencia de los mendigos, que se niegan a mudarse.

Varios compañeros de “África” hablaron r con la prensa local, pero resultaba complicado hacerse una idea de la identidad del fallecido. En las páginas del diario Los Ángeles Times, un tal James Attaway lo describía como un hombre que “había venido de un país africano”, que “estaba buscando a Dios, muy entregado a su causa” y que siempre trató a sus vecinos como “un hermano”, y  aunque “a veces perdía los nervios, no era de ninguna manera peligroso, aunque desagradable”.

Obama no ha sabido captar el quid de la cuestión que no es la confianza entre policías y civiles sino la cuestión racial

Otros vecinos de Skid Row han montado después un pequeño altar con dos velas y un trozo de madera roto. Desde allí, guardando un menesteroso luto, lo describían como un “hombre compasivo”, que “sólo quería que lo dejasen en paz”.

Una reforma necesaria

Desde las primeras muertes a tiros del joven afroamericano Michael Brown, a la de “África”, los disturbios que se desataron en la ciudad de Ferguson (Missouri), volvieron a despertar con virulencia el año pasado y el debate sobre los excesos policiales.

El presidente Barack Obama ordenó crear una comisión de expertos en diciembre 2014, un comité cuyas primeras conclusiones fueron presentadas  por la Casa Blanca. Se proponen cambios profundos para mejorar la relación entre la población negra y la policía

La Comisión, integrada por cargos policiales y expertos legales, incluye 59 recomendaciones y se basa en la capacidad de las autoridades federales para influir en los cuerpos policiales de los estados. Se exige más supervisión y rendición de cuentas, menos violencia y un enfoque más centrado en la prevención que genere confianza mutua, y reducir las muertes por disparos de agentes.

Al mismo tiempo, Bill de Blasio y el jefe de Policía, Bill Bratton, presumían de estadísticas. En 2014 el crimen en Nueva York descendió un 4, 4%: el nivel más bajo desde que se tiene registro. Los robos cayeron un 14, 4%; los asesinatos, un 6, 8, y el crimen en la red de transportes casi un 14%. El pasado febrero la ciudad marcó otro récord: 12 días consecutivos sin un sólo homicidio.

Bratton comparó la situación actual con la de su llegada a Nueva York. “En 1990, tenías una probabilidad entre 15 de ser la víctima de un crimen. Hoy, es de una entre 84. Una caída dramática, dramática”.

La razón del descenso, según la alcaldía, se debe en parte a una nueva manera de enfocar la actuación policial. Primero la reducción del stop-and-frisk (parar, preguntar y registrar), una manera rápida de incautar drogas o armas. Y la teoría de las ventanas rotas: combatir la delincuencia menor o pequeños actos de vandalismo para mantener el orden básico, y evitar un efecto dominó criminal.

La policía de Nueva York ha empezado este año a probar las cámaras adosadas al uniforme, una manera de vigilar la actuación policial dejando constancia de su actuaciones.

El expolicía de Nueva York Eugene O'Donnell, actual profesor del John Jay College of Criminal Justice, dice no creer las razones de la alcaldía. “La razón de que descienda el crimen en Nueva York es simplemente que la ciudad se ha vuelto diferente. “Nunca he creído que la conducta de la policía sea la principal razón de que haya descendido el crimen. Todo lo que tienes que hacer es darte una vuelta por la ciudad”.

“Hay un fuerte debate nacional”, continúa Samuel Walker. El pasado enero, Walker aportó sus recomendaciones a la comisión especial formada por el presidente Barack Obama para reformar los métodos policiales. Es la agenda de Washington.

El informe propone que los casos de violencia policial sean investigados no por la policía sino por autoridades independientes. Aconseja potenciar el diálogo con las escuelas y los vecindarios, evitar la identificación racial, entrenar a los policías en el uso de técnicas no violentas, y explorar el uso de la tecnología. También pide a los cuerpos policiales que informen al Gobierno federal.

O'Donnell valora las propuestas, pero se muestra poco optimista. Aclara que sólo son recomendaciones que la Casa Blanca emite no tiene ninguna capacidad de mentaliza a la gente. “En Estados Unidos hay 18.000 cuerpos policiales diferentes, independientes. Son entidades locales gobernadas por ejecutivos locales elegidos en elecciones locales. Es un rasgo distintivo de América”.

 

Pero si el presidente Obama no hace caso a las proposiciones de la valoración e investigación de cada caso de violencia policial racista y le aplica las sanciones del cuerpo policial interesado está perdido porque la Casa Blanca es incapaz de comprender que no se trata de falta de entendimiento entre las víctimas y los policías asesinos sino que además está sobre todo el elemento racial y eso se ve claramente o se lee en los letreros de los manifestantes después de cada muerte.

Así por ejemplo los manifestantes, han exhibido carteles con leyendas como "El mundo entero está mirando" y "No disparen por la espalda", “El negro es desechable” se congregaron frente a la sede del Ayuntamiento de North Charleston, la tercera mayor ciudad de Carolina del Sur, en la costa del estado. A ellos se sumaron líderes comunitarios y algunos representantes de la policía. "Hay una atmósfera espesa de racismo en todo North Charleston, y necesitamos salir de esto", afirmó Ramon Roane, de 52 años, uno de los portavoces de los manifestantes, mientras ejemplificaba lo que califican de trato injusto por parte de la policía y los líderes de la ciudad, y la multitud cantaba "¡Nunca más! ¡Nunca más!". Tratando de alertar de que la muerte de Walter Scott por ocho tiros por la espalda ya reseñada no debería  considerarse como un incidente aislado. Black Lives Matter “la vida de los negros importa” vuelve a sonar ahora entre las consignas que corean los manifestantes de North Charleston.

Es preocupante lista de casos de policías blancos que han matado a tiros a ciudadanos negros desarmados o en circunstancias controvertidas. El propio presidente de EE.UU., Barack Obama, ha admitido que existe un problema de desconfianza entre la Policía y las minorías a las que sirve. Pero no solo desconfianza sino algo mucho más profundo que tiene sus raíces en los días de la guerra civil americana que está entrelazado en el tejido social del país. Si no estudia la Casa Blanca la historia puede que un día se le presenten unos señores con vestimentas blancas como de una procesión de Semana Santa en Sevilla y pidan audiencia diciendo que son del Ku Klux Klan. Faltaría una cruz ardiendo en los jardines de la Casa Blanca.

Por cierto que el temible grupo racista Ku Klux Klan (KKK), no ha desaparecido y sigue vigente en Estados Unidos, especialmente en el sur y en el medio oeste del país, consideró Paul Ortiz, profesor de Historia de la Universidad de Florida. En declaraciones a Notimex el experto señaló que el Klan aún existe, pero “se ha marginalizado” y “ya no es un movimiento masivo”. “Se estima que en Estados Unidos existen mil diferentes grupo blancos supremacistas que promueven el odio contra los afroamericanos, hispanos, judíos, y asiáticos y ahora inmigrantes en general”, dijo Ortiz a Notimex. En la actualidad Florida tiene uno de los más altos promedios de membresías de este tipo de organizaciones con grupos en Miami y Pensacola, agregó. El KKK fue una vez una fuerza importante en Estados Unidos, con cerca de cuatro millones de inscritos que incluyen regularmente alcaldes, jefes de policía y otros ciudadanos importantes. "Antes tenían capuchas, ahora tienen corbatas" Han pasado décadas desde que el Klan mantuvo ese tipo de influencia dominante, pero una reciente masacre en la comunidad judía en Overland Park, Kansas City, ha servido como recordatorio de que la más conocida organización supremacista de este país no ha desaparecido . Frazier Glenn Cruz, quien fue acusado del asesinato de tres personas a mediados de abril 2014 en ese atentado, es un destacado supremacista blanco cuya larga hoja de vida en el movimiento incluye la fundación de los “Caballeros de Carolina” del KKK, según el Southern Poverty Law Center (SPLC).

Cincuenta años después de que el Congreso de Estados Unidos redactara sus grandes y admiradas leyes contra la segregación racial, una nueva ola de indignación alcanzó la orilla del Capitolio de Washington

El motivo fue la indignación ante la violencia policial, que en los últimos meses se ha cobrado la vida de jóvenes como Eric Garner, Michael Brown, Tamir Rice, Akai Gurley y Trayvon Martin. Desde un estrado abarrotado, en medio de una intensa emoción y rabia contenida, no lejos de la Casa Blanca, todos ellos reclamaron justicia. “Esta no es una marcha de la gente negra contra la gente blanca. Esta es una marcha de los americanos, por los derechos de los americanos. No pedimos nada extravagante: solo que se aplique la ley, la Constitución, de igual manera para todos”, proclamó Sharpton, acompañado por la vieja guardia de organizaciones de derechos civiles (Black Women’s Round Table, National Association for Advancement of Colored People o la National Urban League, entre otras). “Puede que nuestros hijos no estén aquí de cuerpo presente, pero están en todos vosotros”, afirmó Gwen Carr, madre de Eric Garner, ante una audiencia entregada pese al frío reinante.

La protesta de Washington, que congregó a miles de personas llegadas en autobús desde Nueva York, Nueva Jersey, Delaware, Maryland, Carolina del Norte, Florida y otros Estados, no fue la única. En ciudades como la propia Nueva York, Boston, San Francisco y otras también hubo concentraciones como culminación de la denominada Semana de la Indignación. La celebrada en Manhattan fue una de las más concurridas.

El objetivo profundo de la manifestación de Washington fue pedir una reacción del Congreso y del Departamento de Justicia ante lo que se considera una policía demasiado violenta, paramilitarizada y un sistema judicial condescendiente con ella. Si la Ley de Derechos Civiles, la Ley de Derechos de Voto y la Ley de Vivienda Justa se aprobaron todas en los años 60 en respuesta a una demanda racial, con la comunidad afroamericana como gran protagonista, en este caso la protesta es transversal. Manifestantes de toda raza y condición, sin filiaciones políticas, volvieron a verse por todo el país.

Contra un sistema judicial que castiga a la minoría negra. Miles de personas llegadas de todo el país marcharon por las avenidas de la capital hasta el Congreso, donde reclamaron a los legisladores, allí reunidos para aprobar la ley presupuestaria, reformas efectivas para que “la Constitución sea igual para todos”, como proclamó el reverendo afroamericano Al Sharpton, líder de la National Action Network, una de las organizadoras de la protesta.

“La persistencia de un racismo profundo y la consciencia creciente de que las demandas de los negros necesitan cambios estructurales han generado una nueva fase de resistencia blanca en el norte y en el sur”, dijo el reverendo Martin Luther King hace 47 años. Hoy, muchos de los manifestantes en muchas ciudades creen que se está viviendo un momento similar. Es lo que califican como Estado 51 de la Unión, el Estado de la Negación. De ahí que la protesta, denominada Justicia para todos, haya tenido a los legisladores de Washington como objetivo.

EE UU se revuelve contra un sistema violento y criminalizado

Un gran jurado decidirá sobre la muerte de  los últimos asesinados. “El sistema está roto. Esta justicia es una parodia”. Obama: “Este es un problema americano que hay que resolver, pero está más ocupado con el pacto con Irán, los avances de los yihadistas, etc..

Si Obama no llega a comprender el verdadero problema racial como causa principal de la crisis, puede ir haciendo las maletas para salir de la Casa Blanca al día siguiente de las elecciones. El aumento de afiliaciones al KKK se notará de inmediato y las derechas se apoderarán del Congreso. Todo es posible

 

 

 

 

 


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