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La fobia de un alcalde

01/04/2019 21:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Más de 30mil árboles han sido talados indiscriminadamente en Bogotá exponiendo a la ciudadanía a una crisis ambiental sin precedentes, sin embargo, el alcalde Enrique Peñalosa acusa al polvo y a los vehículos particulares de la problemática

Por: Sandra Rodríguez

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Fuente: Facebook

Peñalosa es bien conocido como el “vendedor de buses de la VOLVO” en Colombia. El burgomaestre ha llenado la ciudad con estos buses EURO V que cuentan con una tecnología arcaica, pues operan con diésel, que es perjudicial para la salud humana y que están prohibidos en Europa. Incluso en Alemania se está estudiando el veto de estos vehículos para ponerlo en rigor.

Pero la fobia del alcalde no son exactamente los buses eléctricos o al menos eso parece. Su miedo y su rabia se dirigen directamente a los árboles. Bajo su administración se han talado árboles en todas las zonas de la ciudad sin tener en cuenta el impacto para la salud de sus habitantes. Dichas talas masivas han sido criticadas por la ciudadanía por la falta de lógica en la toma de decisiones y por el evidente negocio redondo que implica talar árboles en Bogotá. Hasta se rumorea con lujo de detalles que la madre del alcalde, dueña de un vivero, es quien provee los nuevos árboles.

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Autobús en Bogotá. (Foto: Facebook)

El plan del alcalde, sin embargo, es acabar con una buena parte de los árboles y no recuperarlos porque estos son como una “plaga” pues obstaculizan el paso de los rayos del sol en los parques, son escondites para delincuentes y no permiten que los ciudadanos salgan a caminar o a jugar tranquilos porque los árboles les quitan espacio.

Para el alcalde es fundamental erradicar árboles que no tienen ninguna función porque son como maleza y en su lugar es mejor instalar canchas de fútbol sintéticas, otro criticado negociazo del alcalde y su equipo. Y es que los tapetes sintéticos, según el alcalde, dan más seguridad, son mejores y dan espacios libres a los ciudadanos. Son tan buenos los tapetes sintéticos que ya ha puesto varios de estos sobre las raíces de varios árboles, matándolos lentamente, fomentando la ira de los vecinos que ven cómo sus verdes amigos mueren secos o por infecciones, puesto que, a muchos, además, les hacen cortes profundos en el tronco cerca a la raíz y esto resulta letal para estos gigantes.

Tal es la fobia de Peñalosa contra los árboles y sus defensores que incluso en el Parque Japón, envió policías antimotines armados hasta los dientes contra un grupo de encopetadas y elegantes señoras del exclusivo sector que se negaban a dejar talar sus árboles. El episodio tuvo lugar en la noche y dejó en claro que a él no le interesa incluso ir en contra de su propia gente, la gente rica, porque a los árboles hay que quitarlos como sea, para ser la envidia del mundo junto con sus buses viejos de Transmilenio que expelen diésel como diablos hirvientes.

Otro nefasto episodio de la oda a la fobia del alcalde en contra de los árboles tuvo lugar el 18 de febrero. En plena alerta naranja por contaminación del aire, con restricción para los autos particulares durante todo el día, se escenificó lo absurdo de su despotismo: en el barrio Techo de la localidad de Kennedy, el edil Francisco Castañeda denunciaba en un video por redes sociales, cómo la policía arremetía sin piedad contra los habitantes que se resistían a dejar morir a los árboles de su sector.

Los efectivos del ESMAD golpeaban sin problema a mujeres, niños que recién salían de clase, ancianos y demás ciudadanos que miraban con rabia e impotencia cómo desaparecía su parque. En medio de insultos y lamentos exigían al alcalde una explicación del porqué en plena alerta ambiental mataban árboles.

La administración de este personaje ha sido nefasta para los bogotanos y aunque se promovió su remoción del cargo, no solo por sus acciones sino también por falsedad en documentos y otros presuntos delitos, el joven creador de la iniciativa para la revocatoria al mandato fue detenido por la policía, multado, perseguido y amenazado, e incluso tuvo que salir del país.

La ciudad ha vivido dos alarmas ambientales generales por cuenta de la contaminación del aire bajo la administración Peñalosa. Cuando recién tomó el poder se dio la primera: hubo dos incendios incontrolables en los cerros orientales que dispararon las alarmas. En Bogotá no se podía respirar. Este fin de semana, como ya se dijo, el 16 y 17 de febrero, debido a otros incendios en los cerros, se dio la alerta amarilla y naranja y se impuso el pico y placa (restricción a la circulación de vehículos particulares por placa), el sábado para placas pares y el domingo para impares. Además, las motos no podían circular durante estos días.

Muchos ciudadanos respondieron a la absurda medida, pues numerosos estudios de distintas instituciones y universidades han demostrado que el día sin carro y los pico y placa no ayudan a reducir la contaminación. Si bien, en este caso, los incendios son peligrosos y han generado mucho humo, el problema radica en la flota vieja, arcaica y sin mantenimiento de Transmilenio que expele material particulado extremadamente peligroso.

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Foto: Facebook

La universidad de Los Andes estudió las emisiones de un día normal en Bogotá y las comparó con las del último día sin carro. Los resultados: no hubo reducción de emisiones, el principal contaminador en Bogotá es Transmilenio. El alcalde hace oídos sordos y obliga a la ciudadanía a dejar su auto en casa y a utilizar los destartalados buses, “envidia de todas las naciones del mundo”. Para la tarde del domingo nuevos resultados corroboran los hechos: Transmilenio está envenenando a los bogotanos.

Buses que no solo contaminan, sino que también se parten a la mitad y se incendian, son el complemento de la casi orgiástica tala de árboles del alcalde que condena a Bogotá a una emergencia nunca antes vista. Esta es una fórmula siniestra que está matando a los bogotanos. Cada vez son más las personas que sufren de dolencias respiratorias severas y muchos de los empleados de esta empresa están enfermos de sus vías respiratorias de por vida.

Una ciudad sin árboles, ni metro. Peñalosa odia a los árboles y aborrece el metro. Desde el inicio de su segundo mandato, ha prometido hacer el metro y ya confirmó que no lo va a hacer porque según él “los metros no se compran en supermercados”. Miles de millones de pesos perdidos en estudios y corrupción, un robo directo a la ciudadanía. Es más, ¿Sabía usted que el inexistente metro de Bogotá tiene gerente? Un agravio más de esta administración inepta y corrupta que ha impuesto una dictadura de diésel a sus habitantes.

Pero para no quedarnos cortos con la última joya del alcalde y su empresa Transmilenio, debemos citar el comunicado por twitter que la empresa hizo ayer debido a la emergencia ambiental: “A la hora de barrer, no levantes el polvo. Esto puede afectar tu salud y la de las demás personas.” Todo muy bonito con emoticones. Saque usted sus conclusiones.

 


Sobre esta noticia

Autor:
Lucia Aragón (1227 noticias)
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Tipo:
Reportaje
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