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Leo Strauss, Hannah Arendt o la filosofía política en América

11/05/2014 07:43 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Autor: Gerardo Muñoz Fuente: radiografiamundial

Dos de las figuras paradigmáticas en la historia de la filosofía política del siglo XX, cobran significación en la vida académica de la Universidad de Chicago: Leo Strauss y Hannah Arendt. El primero, nació en un pequeño pueblo de Alemania en 1899, y creció bajo la tutela de una familia ortodoxa judía; mientras que siete años después Hannah Arendt nace en Liden, aunque crece en la ciudad de Konisberg, pueblo que nunca abandonó el gran filósofo Enmanuel Kant. image

Como los otros innumerables judíos de la Inteligencia europea, entre ellos Theodor Adorno, Horkheimer, Scholem, Marcuse, o Walter Benjamin (este último estuvo cerca de pisar tierras cubanas, si no hubiera sido por su trágica muerte), Strauss emigró a los Estados Unidos en los años de la toma del poder por el Nacional Socialismo de Adolfo Hitler. Arendt, también judía, más tarde fue forzada al exilio estadounidense. Para los judíos, el exilio geográfico es un persistente destino y no un desafío de las razones históricas del siglo XX, a las cuales ya se han resignado. Desde los tiempos apocalípticos del Segundo Templo, el exilio para el judío se convierte más que en un refugio exterior, en una recreación de la memoria colectiva de su misma tradición. Los exiliados judíos alemanes encuentran en América del Norte una nueva casa mientras esperan que pase la tormenta. Arendt y Strauss, más allá de tener en común la estirpe de Spinoza y de Philo, también coincidían en sus penetrantes enfoques en la teoría filosófica de la política. Ambos fueron brillantes herederos de Martín Heidegger; aunque uno debe descartar las vastas diferencias conceptuales entre sus respectivos proyectos.

Tanto Strauss como Arendt entendían la Modernidad, como un lapidario embalaje, que había engendrado consigo mismo una especie de 'rupture epistemologique' (altisonante apotegma de Bachelard), cuyo marco filosófico, en sus tres venas más influyentes, rompían con la tradición clásica de la Polis: Marx, Nietzsche y Freud. Surge entonces uno de los avatares más interesantes, análogo al arriesgado enfrentamiento de Wittgenstein y Popper, en la historia de la filosofía política. Un debate filosófico en torno a múltiples síntesis dialécticas sobre la naturaleza de filosofía y política, el filósofo y el ciudadano, la esfera pública y el púlpito intelectual. O mejor aún, condensado en una pregunta: "¿Cómo reconciliar la Modernidad a través de nuestra tradición filosófica, la cual ha sido historizada desde principios del siglo XIX con Hegel?".

Isaíah Berlin se queda corto cuando declara en su biografía del autor de Das Kapital: "Marx fue nuestro último romántico". No sería precario alargar esta afirmación hacia las tendencias románticas en Hannah Arendt y en Leo Strauss, si analizamos sus sistemas filosóficos. El debate nace de una de las preguntas básicas del Occidente: ¿Cómo se cultiva al "buen" ciudadano en la sociedad moderna? Para responder la pregunta, tanto Strauss como Arendt se remontan a la historia de la filosofía griega, y al estudio de la sociedad democrática en la polis. La figura de Sócrates, en la lectura de Strauss es el cenit de la tradición occidental, que une la función política y social con la filosófica. Para Arendt, Sócrates no es más que la ruptura que comienza en la tradición Occidental entre la posición del filósofo y el ciudadano. En The City and Man, Strauss arguye que Aristóteles y Platón/Sócrates, fueron los primeros filósofos en plantear la figura del filosofo como guía de las estructuras de la ciudad. Esta revisión de la tradición griega, conforma una herramienta sólida, que tiene como fin un contraataque del relativismo de la Modernidad histórica. Mientras que Hannah Arendt, lee a los griegos como los iniciantes de la alineación del hombre, ya que la construcción de una jerarquía de la vita contemplativa y la vita activa, terminaría desembocando en nuestros tiempos, una debacle de irracionalismos o de los totalitarismos más desenfrenados. Otra diferencia existente entre Arendt y Strauss la encontramos en el debate sobre la figura de Martín Heidegger. El autor de Sein und Zeit, fue el pontífice intelectual de ambos en los años escolares de Alemania, pero en 1933 había pactado con los Nazis al integrarse al Partido Nacional Socialista, y crear un bagaje político e intelectual a la ideología fascista. Para Strauss, la figura de Heidegger fue el símbolo del filósofo nihilista, cuyo relativismo lo condujo a las garras de la Modernidad política; mientras que para Arendt, su profesor y exnovio, fue una figura ejemplar de la dicotomía persistente en la historia del Occidente entre filosofo de la elite y ciudadano de empobrecido juicio moral. Como Richard Rorty, el Heidegger de Arendt es el hombre que no pudo contener su "sabiduría teórica" a la par de los cambios en los extremos políticos. Surge entonces en la Universidad de Chicago, uno de los diálogos más interesantes que se hayan dados en la filosofía moderna.

El tema fundamental en el sistema filosófico de Arendt es el de la defensa de la sociedad civil republicana. Donde la comunicación, el diálogo (la doxa), y la esfera pública conforman el órgano más importante para la convivencia y estabilidad de los hombres. Arendt dejó claro una y otra vez, que ella nunca quisiera ser leída como un "filosofo", sino más bien como una "teórica de la política, porque así se estudian a los hombres y no al Hombre". En este análisis, Arendt se adelanta a las teorías de la acción comunicativa de Jurgen Habermas, donde la comunicación como categoría de la acción pudiese neutralizar los argumentos normativos en la sociedad civil. En The Human Condition, Arendt se plantea su pregunta teórica: "¿Como fue que llegamos a ser lo que somos?". Aunque Arendt se excluye de ser conocedora de tal respuesta, la tesis de Arendt formula, que desde los tiempos de la polis griega, la vida activa o acción política ha sido resquebrajada por una vida de contemplación, o vida privada, donde los hombres se convierten en extraños, paralelamente que la inter-sugestividad comienza a ser destruida por la apatía política.

Como invidencia del argumento, podríamos recordar la Ética Nicomaquea de Aristóteles, donde se eleva la vida y la función (ergon) del filósofo de contemplación como la finalidad hacia la felicidad. Cuando las masas, o lo que Nietzsche llamaba "los sórdidos rebaños", se atomizan y pierden parte en el discurso político, entonces síntomas del Totalitarismo destilan sus primeros indicios. Arendt nos recuerda que, paradójicamente, la tradición del Occidente no ha sido democrática en la narrativa de la filosofía política. La Republica de Platón, es un maratón de argumentos dirigidos en contra de la Democracia en Atenas. La solución Platónica: un Rey-Filósofo o un Filósofo-Rey. Este proto-autoritarismo de Platón, más las ideas liberales de una "voluntad general" roussuniana, son los factores que explican para Arendt, el estado decrépito y "kafquesco" de la vida moderna. El pensamiento filosófico de Arendt, sin embargo, extrae la noción Aristotélica del hombre político (zoon politikon), para que con su uso de razón se habilite para poder dialogar en un marco de crítica juiciosa, como postula el propio Kant en su Segunda Crítica. La posición teórica de Arendt, comprobamos es todo lo opuesto a una teoría oculta y elitista, dominada por seres dotados de un segundo plano de inteligencia. La acción política en la sociedad es una disposición agónica, como los antiguos Sofistas, para llegar a la convergencia de ideas y mutuos acuerdos democráticos con el uso de una retórica racionada.

La respuesta dada por Leo Strauss en este diálogo con Arendt, tiende a apelar a la filosofía de los griegos de igual modo. Strauss parte de su dictamen, que define a la filosofía como: "la filosofía consiste en la ascensión del conocimiento hacia la Verdad". A diferencia de Arendt, Strauss valora a la democracia como el penúltimo paso a la anarquía y las masacrases irracionalistas. La Modernidad Liberal para Strauss solo puede ser salvada si se rescatan precisamente los valores que Platón había notado en su Republica. A través de una híbrida formulación entre el padre del pensamiento conservador, Edmund Burke, y el idealismo platónico; Strauss plantea que el filósofo es por excelencia el que debe delimitar y accesar la "verdad" para el bien común de la comunidad. Un elitismo, que como se puede ver, está en el polo opuesto de Arendt, y que bien pudiese ser interpretado como una idea precursora del fenómeno totalitario del siglo XX. La "muerte de Dios" declarada por Nietzsche o la violencia del poder de Maquiavelo, son las modernas teorías terroristas para Leo Strauss: una pertinente transvaloración de los códigos morales en nuestra sociedad historizada. La filosofía política, Strauss nos dice: "es saber la naturaleza de lo político, y el mejor y más justo orden político". Pero pregunto: ¿No se han creado campos de concentraciones, gulags, torturas, bombas atómicas en la Modernidad con el fin de establecer una "sociedad justa"? Para Strauss, la justicia es la fundación del "bien político", que se origina en Platón: hacer lo que cada hombre ha sido destinado. Y no nos sorprende que sea por esto que los filósofos (como expertos en fin) deben dominar y estructurar la sociedad.

Para Strauss, el historicismo de la Modernidad (marcada por Hegel) puede no solamente ser el final de la historia, sino también el final de la filosofía política. Final, que en la práctica significa el modelo actual de las democracias occidentales, donde todos participan y la justicia es equitativamente compartida. En cuanto a Hannah Arendt, la alineación del hombre predominará en la sociedad civil mientras no se esterilicen las esferas y canales comunicativos de esa sociedad civil, por los cuales un diálogo racional y ético pueda proliferar entre la pluralidad heterogénea del nacionalismo.

Uno se pregunta, si después de las novedades meta-narrativas en la historia de la filosofía política, como el análisis de la microfísica del poder de Michel Foucault, o la definición de Carl Schmitt sobre la problemática definición de la "Política"; pudiesen el diálogo inter-subjetivo o el poder autoritario ser tentativas teóricas para explicar nuestros problemas sociales. Mas allá de la variable del "bien" en la sociedad, el intenso debate iniciado por Arendt y Leo Strauss ha fomentado la importancia diplomática de la relación entre la filosofía y lo que Max Weber concibió como la crisis más importante de la intelectualización de nuestros tiempos: la ética de la política moderna.

(Nota RM: Gerardo Muñoz. Universidad de la Florida. Gainesville. Filosofía y Ciencias Políticas)


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