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Sobre libertad, hipocresia y tolerancia

13/10/2013 17:31 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La libertad no es algo que podamos dar por hecho, hay que construirla y ganarla cada día. La opresión en cambio puede venir muy lentamente, pero una vez que está ahí es tan cierta y tan brutal como la muerte y es más temible todavía cuando se construye con palabras suaves y aduciendo argumentos tan humanitarios como el bien común, la solidaridad, la igualdad y otros muchos siempre prestos a saltar de las bocas y las plumas de los bienpensantes aspirantes a censores que pululan en toda sociedad. image Magaly Solier: la victimización elevada al arte

En las últimas semanas hemos visto numerosos casos que nos han puesto ha reflexionar que tan libre es nuestra sociedad y que podemos hacer para que lo sea mucho más en lo futuro. Ya en otro post he escrito sobre mi postura en torno a la propuesta de Unión Civil y por ende pasare de largo por ese tema. Me limitare a dos temas puntuales uno de los cuales ha sido aprovechado para colocar sobre la agenda un tercero sobre el que también he escrito en estas páginas y que nos servirá para poner en evidencia por enésima vez la hipocresía y el interés de un sector de la sociedad peruana que se las da de guía moral del resto de la ciudadanía.

Veamos primero el caso del ciberbulling sufrido por Magaly Solier en el portal de un diario perteneciente al grupo "El Comercio" No se puede discutir que la actriz fue víctima de ataques de corte racista que señalaban un pobre nivel intelectual de sus autores así como la enormidad de su miseria humana a tal punto que han sido rechazados incluso entre los que por razones políticas detestan a la dama en cuestión. Alguien por ahí ha preguntado sabiamente el porqué de la no restricción a tan insolentes y malintencionados comentarios. Hay que contestarle a nuestro sabio amigo y a todos los que piensan como él, que de eso se trata la libertad de expresión y que hasta el ser humano más despreciable y desgraciado del planeta tiene derecho a hacer oír su voz y sería altamente sospechoso e intolerante que un diario que se pretende serio filtre los comentarios de alguno de sus lectores por más imbécil que resulte.

El incidente Solier ha servido para que los amigos del grupo "La República" intenten relacionar la actitud racista de algunos lectores con la posición de mercado obtenida por el grupo "El Comercio" tras la compra del grupo "Epensa". Una falacia interesada a todas luces que no resiste el menor análisis lógico, pero que apelando al victimismo puede llegar a prender en algún sector de la población. Mal para ellos, porque en esta ocasión deberíamos bien podemos agradecer a Perú21 el no haber caído en la solución facilista que es la censura. Por supuesto que la concentración de la prensa en pocas manos es peligrosa, pero hay que ver que en este asunto no existe relación alguna.

No me queda más que lamentar la victimización de la que Magaly Solier parece haberse convertido una experta. Creo que no es necesario para nada el lloriqueo y que no se queje de racismo, porque ella misma ha demostrado ser una gran racista como su comentario acerca de los que se creen limeños. Más inteligente en este caso resulto Alejandra Bangorria que también siendo víctima del racismo y la discriminación (porque por ser rubia y trabajar en un prográmete televisivo de tercera, creen que no puede escribir un libro de autoayuda), ha mostrado tino sin recurrir a la victimización de ningún tipo y a estas horas andará regocijándose en el incremento de ventas de su libro obtenido gracias a sus críticos. Un ejemplo que Solier podría tomar en cuenta para el futuro.

Otro caso importante es la reciente prohibición del consumo de gato en Cañete por parte de una bienintencionada jueza. Personalmente amo a los gatos, son mi mascota predilecta, sin embargo no tengo intenciones de decirles a los demás que pueden y que no pueden comer. No soy nadie para ello y tampoco lo eres tú mi estimado lector. Podemos quejarnos de la brutalidad con que los gatos son tratados, de las antihigiénicas formas en que son criados; pero no podemos y no podamos oponernos a que acaben en el guisado, porque simplemente no es asunto nuestro.

Hace unas semanas leía a una ciudadana española escandalizada durante su tour a China al enterarse del consumo habitual de carne de perro en aquellas tierras. La dama en cuestión escribía con orgullo del griterío que armo en aquel momento y ya en su España querida, se enorgullecía de vivir en una sociedad tan civilizada que no consume carne de perro y llamaba desde su columna a las ong´s animalistas a unirse en campaña contra el consumo de carne de perro en la China. En mi modesta opinión una idiota en toda regla. Si algo hemos aprendido durante el siglo XX es a no medir el comportamiento de los demás en conformidad con nuestra propia escala de valores con la excepción clara de si es que vienen a instalarse en nuestra cercanía y con la intención de imponernos valores desacordes con los nuestros. La señora no tiene que preocuparse mientras no sea que exporten carne de perro a tierras ibéricas y le pretendan imponer su consumo. Pasa algo similar con nosotros y el consumo de gato ¿Quiénes nos creemos para decir quién debe comer que cosa?

Si para Orwell, la libertad significa entre todas las cosas el derecho de decirle a los demás lo que no quieren oír, también es la posibilidad de escuchar lo que no queremos escuchar y además como en la conocida cita atribuida a Voltaire, ser capaz de defender hasta con la vida si es necesario el derecho que tienen las ideas y modos de vida distintos a los nuestros a ser expresados. No es fácil ser libre, por ello es que muchos prefieren aligerarse la carga recurriendo a la censura y más todavía si viene en el brioso envoltorio de la corrección política, el amor, la solidaridad y otras buenas intenciones utilizadas como brillante pretexto para ocultar la imposibilidad de resistir la libertad. Ni la propia ni la de las demás.

Iván Budinich Castro ivanbudinich@yahoo.com @ibucas


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