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Los mármoles de Lord Elgin y una guerra silenciosa entre Inglaterra y Grecia

09/02/2015 05:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El Museo Británico tiene una sala especial para el expolio que hizo Lord Elgin hace más de dos siglos. Es la más visitada y el museo ha sobrevivido sobre todo por eso. Pero los griegos ahora siguen reclamándolos como suyos. Se ha llegado a una solución salomónica

La visita de  muchos de los grandes museos del mundo extraña  ver la cantidad de piezas procedentes de civilizaciones muy alejadas del lugar donde se exponen, y siempre  ha sorprendido a la gente. ¿Por ejemplo los mármoles del Museo Británico no estarían mejor en Grecia?. Es una pregunta que  asalta al ver alguna de esas piezas u objetos, y apasiona indagar sobre su procedencia y el periplo que debió atravesar hasta estar expuesta en alguno de estos grandes museos pero, en muchas ocasiones  resulta prácticamente imposible poder averiguar de dónde vienen. Es muy difícil que los museos den esa información al público en general, aunque sería de agradecer ya que facilitaría la comprensión de muchas de sus piezas, pero la obtención no siempre del todo legal impide a los museos ofrecer esa información. Pero no solo el público en general está privado de estos datos. El investigador profesional o el periodista tampoco tiene medios y manera de poder acceder a ellos.…, aunque se ha reclamado en numerosas ocasiones la utopía de que los museos vuelquen en una base de datos cosas internas.

A los visitantes de la la Sala 18 del Museo Británico de Londres se les ofrecen todo tipo de folletos, toda clase de información sobre su procedencia u origen, todo visitante que se enfrenta a esa sala, conoce perfectamente de donde provienen los mármoles que tiene ante si . Esta sala tiene el privilegio de albergar y conservar los mármoles más famosos del mundo, envueltos siempre de esa polémica reclamación por parte de su país de origen, de Grecia. Pero la Grecia que esculpió aquellos mármoles en el Partenón de Atenas difiere totalmente de la Grecia actual y, así también lo debió pensar Lord Elgin cuando “desmontó” los frisos y los trasladó con destino a Londres. La Sala 18 es la que alberga los mármoles de Elgin

En este punto, hay que recordar al aristócrata escocés Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin y décimo primer conde de Kincardine (1766- 1841). Elgin ejerció como embajador de Su Graciosa Majestad en el Imperio Otomano desde 1799 hasta 1803. Gracias a las recomendaciones de Sir William Hamilton, arqueólogo y diplomático, Elgin se interesó enormemente por las ruinas de Atenas. Antes de él, ya lo habían hecho otros dos viajeros y arqueólogos, James Stuart y Nicholas Revett, cuyos estudios habían sido patrocinados por la Sociedad de Diletantes, una fraternidad de nobles y eruditos apasionados por la antigüedad grecolatina.El caso es que Elgin consiguió que el Sultán firmase un edicto que legitimaba su intervención arqueológica en la Acrópolis ateniense. A partir de dicho edicto, se le autorizaba incluso a demoler edificios modernos que afectasen a las antiguas ruinas. También quedaba autorizado para extraer estatuas y otros restos con fines académicos.El conde costeó el trabajo de un pintor napolitano, Lusieri, y de otros artistas, encargados de realizar todo tipo de apuntes, bocetos y modelos durante el verano de 1800. El mencionado edicto, firmado un año después, permitió a Elgin sacar de su emplazamiento original numerosas piezas del Partenón

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No fue una decisión gratuita. Los turcos habían dañado no pocas estatuas, y estaba claro que, de acuerdo con los ambiguos valores de la Inglaterra imperial, la de Elgin venía a ser una operación de salvamento arqueológico. Podemos creer que ese es un eufemismo para definir un simple saqueo –así lo creía Lord Byron– o confiar en la buena fe de los británicos. En cualquier caso, casi nadie puede negar el peligro que corrían por aquellas fechas los restos de la civilización griega: un riesgo que luego se acrecentó durante la lucha por la independencia y, ya en el siglo XX, durante la ocupación nazi.

En 1939 los mármoles fueron llevados al Museo Británico. La Luftwaffe nazi trató de acertar con sus bombas al edificio-tal como hizo con la catedral de San Pablo-y los marmoles fuero puestos en lo sótanos durante un tiempo. donde permanecieron hasta el finasl de la II Guerrra Mundial.y después quedaron expuestos en la Sala 18 del edificio. Era uno de los mayores reclamos turísticos del propio Museo. Metopa que representa la lucha entre centauros y lapitas, tenía siempre decens de fotógrafos alrededor..Grecia no ha cesado en su intento de recuperar estos mármoles, esencia de su pasado pero la cuestión está en el aire desde hace décadas y, desgraciadamente hoy, la balanza se inclina haciia el lado británico…, ¿Está Grecia preparada para poder mantener y conservar este tesoro de la historia del arte mundial?.Es un debate que parece condenado a no cerrarse nunca desde 1939, los mármoles han llegado a dañar las relaciones de ambos países. En total, la colección representa más de la mitad de las esculturas decorativas del Partenón: 75 metros de los casi 160 que tenía el friso original; 15 de las 92 metopas; 17 figuras parciales de los pedimentos así como otras piezas de arquitectura. Las adquisiciones de Elgin incluían también piezas de otros edificios de la Acrópolis ateniense: el Erecteión, reducido a ruinas durante la guerra de independencia de Grecia (1821–1823), los Propileos y el Templo de Atenea Niké.

Los mármoles de Elgin incluyen, pues, algunas estatuas procedentes de los pedimentos, las metopas que describen enfrentamientos entre lapitas y centauros, así como el friso del Partenón que decoraba la parte interior del templo. En la actualidad, aproximadamente dos terceras partes del friso están en Londres y el resto permanece en Atenas o disperso en otros museos. El friso se cree que representa la procesión de las panateneas, una procesión en la que participaban todo el pueblo de Atenas para llevar a la diosa Atenea un peplo de lana recién tejido. Es en recuerdo a épocas antiguas en las que las esculturas de los dioses llevaban ropajes reales en lugar de estar tallados. La procesión del friso termina al este del Partenón y representa a los dioses griegos sentados a cada lado del templo con sus sirvientes en el centro. Esta sección del friso está hoy en restauración, trabajo que comparten Londres y Atenas.Lord Elgin no fue el primero, ni el último, en dispersar elementos históricos de sus localizaciones originales. El Museo Británico posee también otros fragmentos de esculturas del Partenón adquiridas de otras colecciones y que no están relacionados con Elgin

La historia del traslado de los mármoles hasta el museo británico no era conocida y los periodstas griegios la actualizaron. Fue un robo mal hecho. Lord Elgin  obtuvo en principio permiso de las autoridades turcas sólo para realizar copias de las esculturas que encontrara en la Acrópolis de Atenas. Durante los vaciados, Elgin y su equipo de arqueólogos se percataron de la relevancia e importancia de las piezas que estaban copiando, principalmente de las esculturas del Partenón griego; sin dilación solicitaron permiso a las autoridades otomanas para desmontar y trasladar las piezas a Londres pero obtuvieron una respuesta negativa aunque, tras sobornar a las autoridades turcas sí pudieron sacar las piezas en barcos de la armada británica con destino Londres. No se conocen exactamenente los detalles sobre la forma de “desmontar” los frisos del Partenón, simplemente se conocen los métodos no muy apropiados, empleados: sierras para cortarlos, de forma brutal y con sistemas rudimentarios. Hay que tener en cuenta aquí que las metodologías arqueológicas estaban a sglos de distancia de las actuales y tambien que, tal vez si no se hubiera procedido a este traslado es posible que los mármoles no hubieran llegado hasta nosotros. Nunca lo sabremos. Pero fue de todas formas un expolio.Y la extracción un desastre, pues algunas partes se hicieron añicos hasta el punto que el escritor  inglés Christopher Hitchens levantó su voz de protesta en un libro en que se quejaba de la bestialidad del traslado.El caso es que Lord Elgin embajajador de Su M;ajestad en Constantinopla al final compró los "mármoles", todo el bloque de piezas, a los turcos que ocupaban Grecia.Muchos años depués el arístócrtan escocés, empobrecido, vendió todo el lote al gobierno de Su Majestad, por 35.000 libras. Y así hasta ahora.

¿Por qué  sigue Grecia, entonces, reclamando la devolución de esos frisos  si no hay ningún peligro en su conservación y cumplen una importante labor en la difusión del conocimiento de la civilización griega, mucho mejor de lo que lo podrían hacer los propios giregos?- se preguntan muchos británicos y otros en cambio se preguntan ¿qué razones o en qué ideas se basan quienes siguen conservando algo que no es suyo y que se les ha reclamado mil vecesd?

Fue la actriz Melina Mercouri, por entonces ministra de Cultura en Grecia, fue quien emprendió una cruzada por la devolucion en marzo de 1982. Con una convicción que pronto transmitió a toda la opinión pública de su país.Melina  Mercouri, apoyada por el conocido director de cine Jules Dassin, solicitó que la Venus de Milo, custodiada en el Museo del Louvre de París, se expusiera de forma temporal en Atenas, y asimismo exigió el retorno definitivo a Grecia de los frisos del Partenón, esculpidos por Fidias, y convertidos en uno de los mayores tesoros del Museo Británico de Londres.

Durante la rueda de prensa en la que reclamó su devolución, Melina Mercuri se refirió a los frisos del Partenón como un botín robado por Lord Elgin. "Este símbolo de Grecia –fueron sus palabras– debe regresar definitivamente a su país de orígen".En 2009, durante la inauguraciόn del Nuevo Museo de Atenas, el presidente de Grecia, Karolos Papouliuas, repitió las palabras de la Mercouri: "Ha llegado el momento de cerrar las heridas del Partenόn con el retorno de las esculturas que le pertenecen". El museo de Atenas, cuya creación fue impulsada por el primer ministro Costas Karamanlis y por la carismática Melina, es una estructura ultramoderna y tremendamente costosa, indicativa de aquellos años en los que el país se endeudaba sin ninguna prevención. Desde la galería dedicada a la decoración del Partenón, este museo aún reivindica todo aquello que Grecia reclama al museo londinense.

La edificación de este lujosísimo espacio expositivo fue, además, otro mensaje para  los británicos era que hasta esa fecha los ingleses habían justificado la decisión del Museo Británico  basandose en que Grecia no podía custodiar adecuadamente ese patrimonio. Pero ahora sí. Sin embargo, dos años después, la crisis griega comenzó a mostrar sus primeros síntomas, y el caos administrativo y financiero de Grecia incorporó nuevas variables a esta polémica. En un país asolado por el intervencionismo asfixiante, el clientelismo y la corrupción, la situación difundida por la prensa alemana y británica eran un dedo acusador poco soportable tras años de nacionalismo fomentado institucionalmente. Además, a  estas acusaciones se añadía la de la  profunda brecha abierta entre una parte de  la población rica y la otra, un 35%, muy pobre que era pública y patente.Se aireaban otros fraudes muy extendidos a la hacienda pública y también contra sus representantes (las estadísticas oficiales-se decía- habían sido falseadas para entrar en el euro, y luego los griegos siguieron manteniendo esa ficción).

El debate sobre lo que se tenía que haber hecho con los mármoles es complejo. Si bien el motivo o excusa de Elgin era protegerlos de un ambiente contaminado, mucha gente, especialmente el pueblo y el gobierno griego, consideran que deberían devolverse a Atenas para exponerse en el Museo de la Acrópolis. El Museo Británico sigue defendiendo su derecho a conservar y exponer los mármoles y la venta que hizo Lord Elgin al gobierno de Londres. La posición griega hace tambien referencia a la integridad del monumento, ya que los mármoles no son piezas independientes sino que fueron arrancadas, desmembradas de un único monumento. Hoy el argumento pierde peso porque la Acrópolis está muy repartida entre diversos museos y pronto el museo Hermitage de Moscú exhibirá una parte importante.

Lord Elgin vendió a la corona británica los mármoles que había robado en Grecia por 35.000 libras esterlinas. Técnicamente pertenecen al gobierno británico. Moralmente no

El primer ministro griego considera una "provocación" por parte de Reino Unido la iniciativa del Museo Británico de prestar a Rusia una de las estatuas del Partenón, en un nuevo capítulo de la polémica por el futuro de las reliquias.

El Museo Británico dio recientemente luz verde para el traslado temporal a San Petersburgo de uno de los mármoles de Elgin, como se conoce a una extensa colección procedente del Partenón de Atenas presente en sus instalaciones, con lo que estas piezas saldrán por primera vez del país.

Concretamente, la pieza cedida es una escultura sin cabeza, una figura reclinada del Dios del río griego Iliso que será expuesta en el museo Hermitage con motivo de la celebración de su 250 aniversario.

El director del museo londinense, Neil MacGregor, ha destacado que la cesión al Hermitage es un "gran momento" para el arte europeo y ha asegurado que confía en que la población griega esté "encantada" con que más personas puedan ver los "logros" de su antigua civilización.

"Personas que nunca podrán ir a Atenas o Londres entenderán ahora en Rusia parte de los grandes logros de la civilización griega", ha indicado MacGregor, en una entrevista con la BBC.Y  ha explicado que su museo tiene en cuenta a la hora de trasladar parte de su colección las circunstancias del viaje y las condiciones del lugar donde será expuesto. Según este responsable, el Gobierno de Grecia no ha pedido prestadas por el momento los mármoles de la polémica.

El presidente griego ha reprochado que en este caso no se aplique el "dogma" que siempre ha defendido Londres de que los mármoles del Partenón son "inamovibles". El primer ministro ha recordado que se trata de piezas "saqueadas" y con un valor "incalculable", según el periódico 'Kathimerini

Grecia tiene la posibilidad de recuperar los mármoles del Partenón por la vía judicial si no llegase a un acuerdo amistoso con el Museo Británico, según dijo en Atenas el equipo de abogados que lleva el caso, entre ellos Amal Clooney. Después de tres días de entrevistas con el Gobierno -la última reunión tuvo lugar con el primer ministro y antiguo ministro de Cultura, Andonis Samarás, el prestigioso equipo de abogados británico dejó entrever que su recomendación sería recurrir a los tribunales. El gobierno griego ha dejado claro que, de momento, no se plantea la vía legal.

No obstante, ninguno de los tres expertos en derecho internacional quiso pronunciarse tan abiertamente a favor de esta opción, teniendo en cuenta de las reticencias que tiene el mismo Gobierno de Atenas, cuyo ministro de Cultura, Kostas Tasulas, dejó claro que por ahora no se plantea optar por la vía  legal. "No hemos decidido acudir a los tribunales, sino que hemos pedido la mediación de la Unesco y asesoría legal, de abogados del Reino Unido...Por ahora no hay ni siquiera respuesta del Reino Unido. Estamos todavía en el punto cero" dijo Tasulas en la rueda de prensa que tuvo lugar al final de esa visita, en la que la abogada Amal Clooney acaparó gran parte de la atención mediática. La abogada, que trabaja desde hace tres años en el tema de las reclamaciones de Grecia, supo aprovechar para la causa griega el protagonismo que ha conocido tras su reciente matrimonio con el actor norteamericano George Clooney.

Después de tantos años de discusión sobre el destino de los mármoles, todo podría resolverse por la vía sallomónica, un intercambio de obras

"Es un problema que podría resolverse en beneficio de ambas partes, sin necesidad de más peleas. Grecia puede ofrecer otras esculturas a cambio", dijo Clooney, quien, al igual que el jefe del bufete de abogados, Norman Palmer, y el tercer letrado, Geoffrey Robertson, no quiso desvelar detalles de su estrategia legal. Además, recalcó la importancia de que los mármoles del frisio del Partenón regresen a Atenas, "cuna de la civilización moderna", y de que se reunifiquen con el resto del templo, ubicado en el Museo de la Acrópolis, construido hace diez años  para demostrar expresamente a los británicos que Grecia es capaz de ofrecer un lugar digno a estas joyas históricas. Los tres abogados hicieron hincapié en que la devolución de estas piezas no tiene por qué sentar precedentes legales para otros casos y recalcaron que se trata de un caso "excepcional" por no tratase del retorno de un tesoro completo sino de la "reunificación" de un monumento, cuya parte principal se encuentra en Grecia. Amal Clooney insistió en que "los mármoles figuran en el 'top ten'de las obras artísticas mundiales, y el Museo Británico tiene que reconocer esto y devolverlos", insistió "la señora Clooney", tal como la presentaron oficialmente los anfitriones.

El único que fue claro a la hora de pedir la actuación legal contra el Museo Británico fue el presidente de la Asociación Internacional para el Retorno de los Mármoles, David Hill, quien dijo que todas las negociaciones han fracasado hasta ahora. El Museo Británico "ha ignorado" la voluntad de muchos británicos, que desde 1998 vienen manifestándose mayoritariamente a favor de devolver las piezas a Grecia, la última vez en una encuesta de "The Guardian", con un respaldo del 80 %, señaló Hill, para añadir que por eso él recomienda al Gobierno heleno que emplee "todas las posibilidades legales, que las tiene". Robertson, por su parte, recordó que las piezas se encuentran en el Museo Británico porque Lord Elgin, "que estaba en quiebra", abusó de su puesto como embajador en el imperio otomano, para obtener la licencia que le permitiera llevarse parte de los mármoles. En lugar de eso, los arrancó y los vendió al Museo Británico, explicó Robertson, para añadir que si esto hubiera ocurrido "en nuestros tiempos, Elgin estaría en la cárcel". Los mármoles viajaron al Reino Unido a principios del siglo XIX (1801-1805) cuando el embajador británico del Imperio Otomano, Thomas Bruce, más conocido como Lord Elgin, -que se definía como un amante de las antigüedades-, consiguió el permiso del Sultán para llevarse parte de las metopas y del friso interior del Partenón. Entonces, Elgin mandó arrancar gran parte del friso interior, cortar las metopas para separarlas del alto relieve -lo que provocó la mutilación de muchas esculturas-, y se adueñó de otras, como una de las cariátides del Erecteion y varias piezas de los Propileos y del Templo de Atenea Niké, todos en la Acrópolis. En 1816 Elgin vendió las piezas a su Gobierno por 35.000 libras en medio de una gran polémica, pues se dudaba de que el permiso imperial le hubiese dado vía libre para trasladar tales obras. Grecia lleva reclamando -sin éxito- su devolución desde 1982

¿Por qué  sigue Grecia, entonces, reclamando la devolución de esos frisos?. Si, no hay un peligro en su conservación y cumplen una importante labor en la difusión del conocimiento de la civilización griega, ¿qué razones o en qué ideas se basan quienes siguen conservando algo que no es suyo?

Sigue el eterno debate sobre lo que se tenía que haber hecho con los mármoles. Si bien el motivo o excusa de Elgin era protegerlos de un ambiente contaminado, mucha gente, especialmente el gobierno griego, considera que deberían devolverse a Atenas para exponerse en el Museo de la Acrópolis. El Museo Británico sigue defendiendo su derecho a conservar y exponer los mármoles. La posición griega hace referencia a la integridad del monumento, ya que los mármoles no son piezas independientes sino que fueron arrancadas, desmembradas de un único monumento.

 

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