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Medidas estructurales para abandonar la crisis

22/11/2012 11:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

En un país donde el gasto de sus administraciones territoriales ronda el 13% del PIB, dato que representa unos 120.000 millones de euros, parece de un sentido común aplastante que la principal medida estructural no puede ser otra que adelgazar esas macroinstituciones

Siguiendo la doctrina lingüística, en términos de economía puede entenderse por estructura “la forma de distribución y organización de productores y consumidores de bienes y servicios en ciudades y poblaciones de dimensiones diversas”, comprendiendo la relación entre los diversos sectores de la economía. El ilustre catedrático Ramón Tamames da a la expresión de estructura económica el significado de “todo análisis de la realidad económica de un país o región cuyo propósito es obtener conclusiones válidas para poder llevarlas a la práctica”.

Abundando en este breve repaso a la semántica, y aunque pueda resultar redundante, diremos que una medida estructural habrá de ser siempre aquélla que opere sobre la estructura, es decir, que introduzca modificaciones en la organización y la distribución de las herramientas de producción, administración y consumo, por supuesto con un propósito de consolidación de tendencias de cara al futuro y nunca con fines coyunturales.

Durante su reciente comparecencia en la Comisión de Presupuestos del Senado, el Sr. Linde, gobernador del Banco de España, ha puntualizado que la mayoría de las medidas adoptadas a lo largo de este último semestre por el Gobierno de la Nación tienen naturaleza estructural, lo que obliga a dar el tiempo suficiente para que afloren sus beneficiosos efectos . Y ha añadido que se manejan solventes indicios de un reequilibrio de la economía, de suerte que previsiblemente hablaremos de superávit en la balanza por cuenta corriente de 2013.

Los ciudadanos, las pequeñas y medianas empresas y, en definitiva, el tejido socioeconómico que personaliza y a su vez sostiene la estructura económica, difícilmente podemos comprender que sea catalogada como medida estructural la reciente subida del IVA, que como ya ha quedado certificado en los datos de consumo relativos al mes de septiembre, penaliza gravemente a éste (un 12% de disminución), con el agravante de que es completamente virtual el argumento de que vaya a suponer un aumento de la recaudación para las arcas públicas.

Difícilmente puede comprenderse que se catalogue como una medida estructural la reciente subida del IVA

Un paquete de reformas estructurales que pretenda erigirse en herramienta eficaz para salir de una crisis como la actual, en puridad jamás puede adoptar como referente máximo una reducción del gasto en términos absolutos, sino que ha de apuntar a optimizar la eficiencia de los recursos, permitir la durabilidad de los sectores productivos y extremar la calidad de la gestión en la Administración pública.

En un país donde el gasto de sus Administraciones territoriales ronda el 13% del PIB, dato que en euros constantes y sonantes representa unos 120.000 millones de euros, parece de un sentido común aplastante que la principal medida estructural no puede ser otra que adelgazar esas macroinstituciones inundadas de personal de libre designación y dudoso cometido, a la par que expurgar un sinnúmero de empresas públicas y sociedades instrumentales de toda índole al servicio del poder político, refugio y acomodo de un pesado lastre de estómagos agradecidos a un sistema que les protege y ampara.

Cualquier profano en economía intuye que para reducir el temido déficit público, que no en vano es uno de los pilares del pacto de estabilidad en la Unión Económica y Monetaria, caben dos alternativas: recorte del gasto público e incremento de los ingresos. Llevar a cabo la primera de ellas conlleva una mutilación de las prestaciones sociales, y es sin duda la más tentadora para el gobernante mediocre y escaso de miras. La alternativa contraria pasa por fomentar el crecimiento para que las empresas generen empleo y, al ampliarse la base de cotizantes, el estado pueda recaudar más y a su vez minorar las partidas presupuestarias destinadas a la prestación por desempleo. Evidentemente la subida de impuestos, lejos de contribuir a estos objetivos, se convierte en una pesada losa, con efectos inmediatos recaudatorios cuyo precio es el incremento del desempleo y el descenso del consumo por pérdida de poder adquisitivo.

Si se pretende darle carácter estructural a las medidas, alguien tendría que explicar también el fundamento del extraordinario recorte presupuestario aplicado a la partida de investigación y desarrollo, sin duda uno de los más firmes soportes del crecimiento de un país que se precie de avanzado. Aunque todo parece indicar que en las conexiones neuronales de nuestros gobernantes todavía es superfluo y, por ende, prescindible que se destine un dinero para tales menesteres. Sin duda resulta más provechoso para sus mezquinos intereses mantener las televisiones públicas, los traductores en las Cortes Generales, las Diputaciones Provinciales o el Instituto de la Mujer.


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Autor:
Alberto López (8 noticias)
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