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¿Cómo medir el desempeño del Congreso?

09/01/2013 14:37 1 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Autor: Oscar Sumar Fuente: Diario Gestión

Producto del reciente incremento de los "gastos de representación" de los congresistas, nuevamente, han sido objeto de críticas. Por ejemplo, este reportaje concluye que "(...) legislan como otorongos (...)" y que "(...) parece que no aprenden (...)". Más duro fue Mirko Lauer, aun desde el título "Curules, anticuchos y burdeles". Ante la avalancha de críticas -a la que muchas veces contribuyo- se me ocurrió pensar, ¿cómo es que realmente mediríamos el rendimiento del Congreso? Mi conclusión es que es muy difícil medir su rendimiento y que pocas personas se darían realmente el trabajo de hacerlo; por lo que deberíamos buscar soluciones "institucionales". Aquí algunas ideas:

1. El Congreso como producto

Si el Congreso fuese un producto, en teoría económica, sería uno de consumo lento (lo "compramos" una vez cada cinco años), parcialmente de experiencia y parcialmente de información. Es decir, algunos de los atributos del Congreso -o los congresistas- los podemos saber leyendo sobre ellos, pero otros solo los vamos a comprobar una vez que asuman funciones.

Un producto de consumo rápido y de información, es mucho más fácil de evaluar que uno de consumo lento y de experiencia. Como consecuencia de esto, es más fácil "mentir" en el caso de productos de consumo lento y de experiencia (véase el clásico trabajo de Nelson). No es una sorpresa que las promesas de campaña rara vez se cumplan. Paradójicamente, sin embargo, el "principio de veracidad" en materia publicitaria no aplica a las campañas, por lo que Indecopi no podría sancionar a un político mentiroso.

2. ¿Comprar al "por mayor"?

Medir los números por si mismos no tiene mucho sentido. Hacer más proyectos para garantizar su sueldo solo nos llevaría a tener proyectos de poca calidad. Medir la calidad también tienen problemas. ¿Cómo determinar que una norma es "buena"? Se me ocurren varias ideas, pero ninguna exenta de críticas.

En el caso de proyectos: "¿cuántos se convierten en leyes?" parece ser la pregunta pertinente. Pero, en el caso de leyes, podría verse cuántas son demandadas por inconstitucionales ante el Tribunal Constitucional (TC) u observadas por el Ejecutivo, por ejemplo. Esta medida tendría el problema de que el TC hace una evaluación prioritariamente "formal", es decir, revisa la compatibilidad de la ley con otras normas, pero no analiza su impacto.

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Si nos basamos en su impacto, ¿cuál sería el criterio? Podría utilizarse alguno objetivo como el impacto de las normas en los precios de los productos. Si una norma reduce los precios, entonces es buena. Sin embargo, las personas habitualmente estamos dispuestas a apoyar normas que incrementan los precios pero protegen otros bienes como la salud o el medio ambiente. Tómese el caso de la prohibición de transgénico o -en general- de la comida chatarra. Aunque estas normas tienen el efecto de incrementar el precio de los alimentos, nos pueden parecer buenas por lograr otros objetivos de política pública. Entonces, otro criterio podría ser más amplio: cualquier norma que efectivamente cumpla su cometido, es buena. Esa medida es, como se puede ver, mucho más gaseosa, pero aun así complicada de aplicar en la práctica. Otro criterio es el subjetivo. Es decir, una norma sería buena cuando fuera apoyada por la población. Es fácil ver los problemas de ese criterio.

Otra medida del trabajo del Congreso podría ser la interacción con otro poderes o sus procedimientos de fiscalización. En ambos casos, el número solo no nos dice mucho tampoco y se encuentran problemas similares a la hora de juzgar qué tan positivas han sido las intervenciones del Congreso.

3. Mediciones más formales

Otra forma de evaluar la labor del Congreso es fijarnos si cumplen criterios más formales, como asistir a sesiones o hacer análisis costos-beneficio de sus proyectos. A diferencia del punto anterior, en este caso, la medición es bastante más simple. El problema aquí es que estos criterios -aunque nos satisfagan- no necesariamente tendría un impacto real en nuestros verdaderos objetivos. Es decir, si los congresistas fueran a más sesiones, ¿nosotros seríamos más ricos, más iguales o más democráticos? No digo que no sea importante la disciplina, pero ¿es realmente el punto primordial en este caso?

4. Consumidores desinteresados

Aunque crean que no, lo somos. ¿Cuándo fue la última vez que leyó un proyecto de ley? ¿Cuándo fue la última vez que revisó la cantidad o calidad de las leyes aprobadas? Puede ser que muchas normas tengan un impacto negativo para la economía peruana, pero este impacto es repartido entre toda la población. Por tanto, sería muy complicado que una persona de a pie -que tienen su propio trabajo, distinto a ser periodista o investigador- se dedicase a evaluar en detalle la labor del Congreso. Lo que nos llegan son escándalos. La congresista que se hace lavar los pies, el otro que roba cable y así. Esta forma de periodismo, sin embargo, no nos lleva a temas centrales, como si las normas han tenido un impacto positivo o negativo en los precios o si han logrado mayor igualdad social o si tenemos instituciones más sólidas. La banalidad de la información periodística muchas veces es un reflejo, tanto de nuestra falta de interés, como la presión de grupos interesados en brindar la información de manera sesgada o "idiotizar" a la población (si les interesa profundizar, este es un trabajo clave).

5. ¿Qué hacer?

Más allá de cuestionar el desempeño de los congresistas de manera individual, quizá deberíamos hacer algunos cambios estructurales (constitucionales) que podrían mejorar su desempeño. Por ejemplo, podría haber una renovación por tercios cada dos años. Por otro lado, podría haber más de una cámara, para que haya un control de calidad dentro del propio congreso (recomiendo leer esto). Además, podría sujetarse el pago de los congresistas a algún criterio inteligente de productividad combinada con calidad, que podría ser medida en base al control de otras instituciones, aun con los problemas que esto tiene. El TC podría servir como un organismo de control poderoso, haciéndole algunos ajustes como -uno primordial- quitarle al Congreso la potestad de elegir a sus miembros. El Congreso tiene incentivos para minar desde dentro al TC. Elegir malos miembros o no elegirlos -como ahora mismo está ocurriendo- es una buena manera de hacerlo.

Si gustan, me pueden contactar en Twitter @osumar


Sobre esta noticia

Autor:
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Fuente:
catarsisyharakiri.blogspot.com
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Tipo:
Reportaje
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Jimplus (12/01/2013)

No se puede medir ni merituar desempeño de personas de bajo nivel,dudosa moral,el pueblo los señala de angurrientos,mal preparados,les gusta subirse los sueldos sin tener productividad en su desempeño.
Consultado el Pueblo Sufrido,vota para disolver el parlamento mediocre,y elegir otro,según el Ing.Heredia