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Muros mentales

24/10/2013 03:47 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Autor: Fabrizio Tejada A.

Cuando ví la película "El Cisne Negro" saqué una conclusión o moraleja: nuestro peor enemigo es uno mismo. Somos nuestra principal limitante. El obstáculo por excelencia. Pero cuando me refiero a "muros mentales" no hablo en sí de capacidades, sino de prejuicios. ¿Por qué hablo de prejuicios? Porque estos son uno de los principales obstáculos de los movimientos, coloquios o partidos políticos de corte liberal. Desconozco si estos prejuicios se dan en otros países fuera de América Latina, o si se dan en mayor o menor magnitud; pero en las últimas semanas he estado dialogando con gente que no está familiarizada con las ideas de la libertad y llegué a esa conclusión.

Se tejen diversas teorías conspirativas sobre nosotros sin fundamento alguno y con el único fin de desprestigiarnos. Piensan que defender "la dictadura del mercado" es defender las corporaciones y los poderosos. Dictadura rara aquella donde el soberano es el consumidor y tiene la capacidad de elegir qué hacer con su dinero, ¿no es así? Defender el mercado libre no significa la defensa de las riquezas "obscenas" de los ricos y las empresas de hoy, sino de los emprendedores del mañana. Si fuéramos el partido de los ricos, los partidos liberales de todo el mundo contarían con fondos abundantes, algo que no es cierto. Nadie saca tanto provecho a mayor libertad económica que los pobres, al poder autoemplearse y producir según las necesidades insatisfechas de la población. Antes de venir con prejuicios de facultades de Ciencias Sociales y Políticas, salgan un poco a las calles a ver las PYMES de Perú, Estonia, Malasia, Singapur o Tailandia para que se den cuenta de cómo funciona el mercado. Pasaron a ser países explotados a países propietarios. Esa es la verdadera revolución.

Se dice además que solo gente acomodada puede entender el liberalismo. Eso es absolutamente falso. Cualquiera que sepa lo que es el trabajo duro y que para tu crecimiento personal no tengas que depender del Estado apoya las ideas de la libertad. Si no te gusta que alguien se entrometa en tu vida eres liberal. Si amas la libertad, eres liberal. Todos son liberales, nada más que algunos se dan cuenta y otros no. Y no digo que todos piensen igual que yo, o que el liberalismo es una fase superior del pensamiento filosófico-político: todo aquel que respete el plan de vida de otro es liberal, así de simple.

El liberalismo no es una doctrina por la sencilla razón que no tenemos una posición unívoca sobre distintos aspectos de la vida. Existen los liberales clásicos, minarquistas, anarcocapitalistas y agoristas; los naturalistas y consecuencialistas; escuela austríaca y escuela de Chicago; a favor y en contra del aborto; a favor y en contra de la educación estatal; banca libre y banca de reserva fraccionaria; hard y soft libertarismo y un largo etcétera. Esto da una cantidad de combinaciones igual a la cantidad de liberales que existen.

No damos soluciones a los problemas de la gente; queremos que encuentren por ellos mismos y la cooperación social soluciones a sus problemas cotidianos. Y eso sólo se puede dar en un marco donde la gente puede actuar, y sólo se puede actuar si hay libertad. La libertad, como expresé en otro artículo anteriormente, es la condición necesaria para el progreso. No niego que existan otras (salud, educación, seguridad, instituciones), pero la primordial es aquella. Sin libertad, sin iniciativa privada no hay avances en la salud porque los científicos no tendrían incentivo para crear; y no habría avances en la educación porque los educadores no tendrían el incentivo para enseñar mejor. Sólo seguirían normas, reglamentos rígidos estancados en el tiempo.

Pero todos estos (y muchos más) muros mentales son sólo las consecuencias del pensamiento políticamente correcto que domina en las discusiones y medios en general. El pensamiento "de centro". El intervencionismo. Su planteamiento sobre la propiedad y el mercado ha sido refutado por ambos lados del espectro político, tanto por el socialismo como por el liberalismo (uno de los pocos puntos en los que estamos de acuerdo). Para sobrevivir, han creado toda una maraña de mitos y medias verdades que alejan el acercamiento del ciudadano de a pie a ser un defensor de las ideas de la libertad. Este pensamiento domina universidades, medios de comunicación, discursos de políticos, charlas con amigos, think tanks, ONG y Organismos Internacionales.

Otra cosa que hay que dejar bien en claro es que el mercado "no se autorregula". Es una artimaña más que sirve como ladrillos a estos muros mentales. Los mercados no son perfectos por la sencilla razón de que la gente no es perfecta. Y lo mismo para el Estado, no es perfecto porque es dirigido por gente. Por lo tanto, pretender que gente dirija a otra gente para que no cometa errores es un postulado absurdo. El mercado no es una entidad mística. Es un proceso dinámico que refleja la interacción entre los individuos y la cooperación social y voluntaria entre ellos. La diferencia entre un individualista y un colectivista es que el individualista cuando dice "estado" o "mercado" tiene en la cabeza la clara idea de individuos interactuando en el primer caso o forzando a otros a actuar contra su voluntad, en el segundo. Y el colectivista directamente cree que mercado, el Estado, la sociedad, la humanidad, son cosas. Objetos. Así como las Relaciones Internacionales son anárquicas debido a que no existe un gobierno mundial que las dirija, el mercado para existir no necesita de un organismo burocrático que lo dirija. Que el Estado quiera intervenirlo no significa que aquél no pueda vivir sin éste: más bien, vive mejor. El mercado es anárquico por definición. Aquel que haya estudiado los principios del funcionamiento de éste lo sabe perfectamente. Pero la economía como estudio formal ha pasado de ser una ciencia social a ser una ciencia estatal. En las facultades estudian la intervención del Estado en la economía y cuánto se debe intervenir en ciertos casos. Pero no estudian al mercado en sí. Y esto se lo debemos al predominante pensamiento keynesiano, apologista del intervencionismo.

Son los muros mentales los verdaderos obstáculos para que se escuche la voz de la libertad en el debate político. Los prejuicios, los mitos, llamar las cosas como no son. No puede ser que a estas alturas decir que el peronismo sea un movimiento fascista sea mala palabra. No puede ser que sigan diciendo que Menem o Fujimori fueron presidentes liberales. Como Albert Camus escribió en su magnífica obra "El Hombre Rebelde": "Un hombre rebelde es aquel que dice no". Es aquel que cuestiona todo lo preestablecido, aquél que no acepta a otro hombre como su amo, aquél que lucha solo contra el mundo por causas que parecen perdidas. Defender ideas que la gente apoya implícitamente pero se ha olvidado cómo defenderlas es una tarea ardua, un trabajo de hormiga. Pero si no empezamos hoy, no se hará nunca. Caeremos una y otra vez, sí, pero hay que levantarse y luchar contra el "marxismo cultural". La voz de los ojos de la población tiene que ser escuchada y, más que nunca, este es el momento.


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