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¿Se opone la Iglesia a la pena de muerte para violadores?

02/05/2016 11:03 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Compartimos con ustedes este interesante artículo de César Félix Sánchez Martínes, en el cual refuta a la Conferencia Episcopal Peruana en su comunicado, en el cual afirman que es un deber cristiano luchar contra la pena de muerte, porque esta supuestamente es "inadmisible".

Los invitamos a leerlo: La gran pena

Por César Félix Sánchez Martínez

Hemos asistido a un pequeño pero interesante debate en estos últimos días en el contexto de la campaña para la segunda vuelta. Pequeño, si lo comparamos con el inmenso alboroto, análisis y especulación que produjo, entre tirios y troyanos, los haikus serruchadores del señor Kenji en el twitter. Interesante, porque se refirió a uno de los temas que tocan los puntos más profundos ?y quizá metafísicos, incluso ? de la política, pues si existe un tema programático por excelencia, se trata de este. Y como no podía ser de otra forma al tratar temas profundos, al final «con la Iglesia topamos», como diría Cervantes.

Como sabemos, Keiko se manifestó a favor de la pena de muerte para delitos atroces. Inmediatamente llovió la crítica de sus variopintos detractores. Entre ellos, destaca el comunicado de la Conferencia Episcopal Peruana del 26 de abril. Allí, con el usual estilo bicéfalo que se ha convertido en la marca de muchas Conferencias Episcopales del mundo, luego de señalar, citando al Catecismo, que la pena de muerte no está prohibida en principio y que su aplicación depende de las circunstancias, llega a implicar, a punta de citas del papa Francisco, que la pena de muerte es hoy inadmisible y que es un deber del cristiano luchar contra ella.

Alegra, en primer lugar, descubrir que, en el mundo católico actual, tan lleno de ambigüedades y grandes temores a desagradar a la gente, se hagan afirmaciones tan categóricas. Pero ese entusiasmo es digno de mejores causas. Todos los doctores católicos, desde san Pablo, san Agustín y santo Tomás de Aquino hasta Pío XII, sostenían - haciendo matices claros y sutiles entre la dignidad ontológica, que nunca se pierde, y la moral, que puede perderse - la licitud de condenar a la pena capital a los delincuentes mayores (el Aquinate habla, incluso, de los «malhechores» y de los «enemigos de la república»). La doctrina de la Iglesia no ha variado esencialmente, en este punto. Lo que pueden variar son las circunstancias históricas y sociales; y esas circunstancias, como variadas que son, no pueden ser extrapoladas hasta convertirse en conclusiones universales. Dependen del contexto del país donde se vayan a aplicar. Eso está clarísimo. Cualquier teólogo moral serio ?y que esté lejos del miedo que, de un tiempo a esta parte, padecen muchos eclesiásticos ante los medios ? antes de condenar a los defensores de la pena de muerte, podrá decir que está en desacuerdo con ellos o, incluso, que su opinión es improbable, pero jamás los podrá considerar pecadores o alejados de la doctrina católica sobre el punto. Porque el asunto es debatible.

Pero la gran pena en este asunto no es la pena de muerte, sino la que un católico siente al leer comunicados así. Tantos clérigos que, cuando se trata de materias de doctrina ya definida y referida a temas gravísimos como la indisolubilidad del matrimonio (establecida por el mismo Jesucristo en el Evangelio), buscan que se oiga la «voz de los fieles», hacen oídos sordos a las voces de los fieles que, en el Perú, exigen y defienden la licitud de la pena de muerte. No les interesa ofenderlos al insinuar que son «totalitarios» y que no están cumpliendo con sus deberes de cristianos. Por otro lado, he leído el Mensaje (10/02/2016) y el Comunicado (30/03/2016) de la CEP sobre las elecciones y en ningún lugar se menciona de forma explícita ?y creo que ni implícita- la grave amenaza de imposición y difusión de la ideología de género que permeaba (y permea) muchos planes de gobierno, ni tampoco el deber de la lucha contra el abortismo y la ideología homosexualista.

Parece ser que, para los que redactaron estos documentos, un mal claramente definido es menos malo que una opinión debatible. Y eso da mucho qué pensar respecto a la ideologización de algunos prelados.


Sobre esta noticia

Autor:
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Tipo:
Reportaje
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