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Panorama desolador

15/05/2014 14:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Habló de la corrupción desenfrenada en todo el país, del divorcio premeditado de los gobernantes con el ciudadano de a pie, de la usura legalizada del sistema bancario, del desempleo que como una mala hierba crece a sus anchas en el campo yermo de la desidia gubernamental

Panorama desolador

Sentado a la mesa de un bar del centro de la ciudad donde vivo y sobrevivo, observo los goles de la jornada anterior en un enorme televisor de “ciento y pico” pulgadas, y mientras espero un humeante café con leche mañanero, veo que desde la barra, un hombre que conozco solo de vista, me saluda con un ademán de su mano derecha y me pregunta lo inevitable: “¿Cómo ves tú el panorama?”. No supe si se refería a la liga de fútbol, a los muertos en las carreteras, al desempleo, a la prima de riesgo o a todo ello mezclado como una ensalada agridulce. Y sin saber muy bien qué contestarle, solo le dije que la situación, en contra de lo que informa el gobierno, está bastante difícil y complicada. Acto seguido, cerró el periódico que había estado leyendo, y se mandó un discurso que muchos políticos en campaña ya quisieran tenerlo escrito en alguna chuleta oportuna al aldo del micrófono. Habló de la corrupción desenfrenada en todo el país, del divorcio premeditado de los gobernantes con el ciudadano de a pie, de la usura legalizada del sistema bancario, del desempleo que como una mala hierba crece a sus anchas en el campo yermo de la desidia gubernamental. Se refirió también a esta justicia que rima con acomodaticia, así como de la droga que significa dedicarle horas y pasión a muchos deportes que no producen sino gastos innecesarios y problemas domésticos. Dijo aquel hombre, de unos sesenta años mal vividos, que todo el país, España entera se convirtió en una emboscada para los más jóvenes, pero especialmente para los que ya no somos jóvenes ni viejos; los que estamos en la línea exacta de la incertidumbre laboral, quienes ya se supone que nuestra edad no nos permite subir al andamio, estar al volante durante treinta horas diarias, de cavar zanjas bajo el sol, de arrastrarnos debajo de un coche averiado, de cargar paquetes voluminosos y de muchos empleos para los que las empresas disponen de una “torre” de currículos con candidatos más aptos y menores de treinta y cinco años. “Somos la escoria de una sociedad en la que una fecha en el carné de identidad tiene más peso que sabiduría, conocimiento, experiencia y responsabilidad juntas”. Casi seis millones de estómagos ven como los días se les van en soportar esa araña negra de la indiferencia, que camina amenazante con su veneno en la punta siniestra de la hostilidad. Los desempleados en este país se han convertido en una carga que el gobierno no quiere llevar sobre sus hombros; son como una sustancia maloliente de la que los gobernantes huyen y cambian de acera para no encontrársela de frente. Los ven como sombras errantes que quieren opacarle su pedacito de sol o tal vez como un irreverente muelle suelto que les obliga a saltar de sus mullidos asientos. Son esa noche oscura en la geografía de un gobierno que solo quiere vivir en mediodía. El país ya tomó forma de pasaporte, de billete de tren y de avión. Pero el gobierno es optimista y nos dice que para 2015 o 2016 se empezará a crear empleo “neto”. Ni más ni menos. Ese es uno de los problemas más graves del “marianismo”, que ha derrochado y malgastado el lenguaje de manera grosera y descarada. La degradación del discurso oficial es incluso peor que el naufragio del que ha sido víctima la clase trabajadora en el último trienio. Si alguien pasa hambre, tiene los zapatos rotos, no puede pagar la hipoteca o vive hacinado con su mujer y tres hijos en casa de los abuelos, que espere unos cuatro o cinco años de nada, que en la próxima legislatura todo va a ir viento en popa porque los "indicadores" así lo vaticinan. Nos aseguran con mucha vehemencia que la situación se va a arreglar, pero no mañana ni el mes que viene, tampoco el año próximo, solo hay que saber esperar…esperar…esperar. Como un humilde equipo de tercera División que espera estoicamente llegar algún día a Primera.

España entera se convirtió en una emboscada para los más jóvenes, pero especialmente para los que ya no somos jóvenes ni viejos; los que estamos en la línea exacta de la incertidumbre laboral

Decía la señora aquella, de cuyo nombre no quiero acordarme, que no consideraba acertado que la normativa española obligue a pagar a ciertos trabajadores "aunque no valgan para nada". Ahora entiendo que se refería a los políticos.

 


Sobre esta noticia

Autor:
Julio M. Prado (16 noticias)
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1486
Tipo:
Opinión
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