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Papá, ¡quiero ser libre!

27/08/2015 04:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Todos hemos sido adolescentes. Todos hemos reclamado libertad en algún momento. Todos. Pero, ¿realmente existe la libertad? ¿Es la Libertad sinónimo de Felicidad? Por favor, ejerzan su libre albedrío y siéntanse libres de acompañarme en ésta reflexión

Mis pensamientos vagaban, paso a paso, mientras la mirada se perdía en las desgastadas piedras del sendero que, durante siglos, recorre una parte del Camino de Santiago tras su paso por Castrojeriz. Múltiples reflexiones inundaban mi mente, y entre ellas, una revoloteaba con mayor inquietud en mi interior: la incipiente libertad que iba reclamando mi hija adolescente. Libertad.

Piedra a piedra, mientras recorría el camino, empecé a pensar en la libertad. ¿Existe realmente o es una sensación? ¿Somos libres en algún momento o son pequeños momentos los que nos hacen tener la impresión de serlo? ¿Es libertad sinónimo de felicidad? Lo sé ¡Ya les he vuelto a liar!

Antes o después, todos pasamos por la adolescencia. Algunos sienten su creciente edad con un sentido de la responsabilidad que les honra. Otros se desorientan y sienten confusión ante los diferentes caminos que han de seguir. Todos sienten un poco el miedo a crecer y, a la vez, el ímpetu del desafío de creerse libres de vivir, sentir y actuar según sus propias decisiones. Libertad.

Thomas Henry Huxley, biólogo británico del siglo XIX, dijo: “Las mayores dificultades del hombre empiezan cuando puede hacer lo que quiere.” Creo que sí; ¡o al menos eso ocurre cuando lo hacen los demás!

Seamos idealistas. La libertad es el deseo de nacimiento del hombre que ninguna fuerza puede suprimir. Es una llama siempre viva.

Es fácil creerse libre cuando hay apenas responsabilidades (ya no recuerdo que es eso, quizás porque ya no soy un adolescente, ¡o eso creo!). Quizás, la realidad es que siempre hemos tenido responsabilidades, aunque sean las de respirar y alimentarnos; luego ¿nunca hemos sido libres?

Recordé la obra “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, cuando en un diálogo entre los personajes dice “… quiero poesía, quiero peligro real, quiero libertad, quiero bondad, quiero pecado … el derecho a ser desgraciado ...". Quizás libertad sea el derecho a decidir aún estando equivocado. ¿Quién nos protege de los errores? Los padres lo intentan, pero aún así, necesitamos de los errores (y sobrevivirlos) para poder crecer. Luego ¿qué es la libertad?

El conocido escritor y artista libanés Gibrán Jalil Gibrán en su obra “El profeta” dijo: “sólo seréis libres cuando el deseo de la libertad no sea un arnés para vosotros, y cuando dejéis de hablar de libertad como de una meta y de un logro … En verdad que eso que llamáis libertad es la más fuerte de vuestras cadenas, aunque sus eslabones relumbren al sol y deslumbren vuestros ojos …” Quizás Gibran alcanzó su libertad a través de sus escritos o tras su muerte, acaecida en 1931, a la edad de 48 años. No lo sabremos.

¿Qué es alcanzar la libertad? ¿Hacer uso de la religión, la política, lo social, vías artísticas, procesos vitales, relaciones sexuales, medios farmaceúticos o electrónicos? ¿Queremos la libertad o buscamos la felicidad? Cada vez que hacemos un cambio en aras de la libertad, caemos en otra trampa diferente. La historia nos enseña que pasamos de una religión a otra, de un banco a otro, de un jefe a otro, de un grupo político a otro, de una relación a otra; y así seguimos, atados al sueño de libertad, a las pasiones, a las necesidades propias o adquiridas, y a la globalización económica.

Sí, una de las características más sobresalientes del Ser humano es su ansia de libertad. Libertad es una palabra sagrada en nuestro mundo. En Francia, la libertad forma parte de la trinidad política del país, junto a la Igualdad y a la Fraternidad. También figura en el ideario de anarquistas, republicanos y demócratas.

Todos queremos ser independientes. Nadie desea servir a nadie. Se busca el poder y el control sobre los demás. El empleado ahorra dinero sin descanso para establecer su propio negocio. Su libertad radica en ganar más dinero y no ser mandado. Para ello se ata a más responsabilidades, hipotecas, créditos, horarios. ¿Realmente encuentra la libertad? ¿Es más feliz? El catedrático aspira a ser rector. Todos deseamos ser legisladores. A nadie le gusta verse sometido a los deseos de los otros. En el fondo de nuestro corazón, nadie desearía tener rival.

Para unos, la libertad consiste en escapar a la esclavitud del consumo y a la tiranía del capitalismo. Para otros, la libertad es el derecho a hacer o decir lo que les venga en gana sin más límites que los que impone la libertad del prójimo o la ley común establecida y mayoritariamente aceptada. Para muchos, libertad es sinónimo de ostentar poder; sin darse cuenta que el Poder, sin corazón ni sabiduría, anula a la libertad. A veces observamos que, para algunos, la libertad constituye un derecho sin límites, absoluto; mientras que para otros, se reduce a pequeñas cuestiones como elegir el color de una camisa. Libertad.

Se busca la libertad de hacer, de decir y de pensar; sacudiéndose el yugo condicionante de las presiones externas, de las circunstancias, de las alienaciones o incluso de otras personas. Y Muchos de los que claman libertad están presos de sus teléfonos, la televisión, las redes sociales, la globalización, el dinero, el sexo, el tabaco, el alcohol u otras drogas más duras.

¿Hablamos de libertad en un mundo controlado electrónicamente? ¿Pedimos libertad cuando estamos atados a los móviles y las redes sociales? ¿Reclamamos libertad cuando buscamos “encajar” en clubs, grupos y determinados estereotipos sociales? Quizás la libertad solo sea la capacidad de decidir cometer nuestros propios errores ¿O eso es libre albedrío? Ya les he liado otra vez. Enciendan un poco el televisor. Vean las noticias, los anuncios o sus series favoritas. Sean libres de no hacer nada durante un rato, o no.

Una sociedad nunca será libre mientras los individuos que la componen sean esclavos de sí mismos

Cuando vemos la televisión o pasamos horas ante los videojuegos, el hemisferio derecho del cerebro está el doble de activo que el izquierdo, lo cual en si ya es una anomalía neurológica. El cruce del izquierdo al derecho libera un torrente de los opiáceos naturales del organismo, las endorfinas. Las endorfinas tienen una estructura idéntica a la del opio y sus derivados. En otras palabras, la televisión funciona como una droga de alta tecnología.

Otro efecto que tiene ver la televisión es que las regiones superiores del cerebro, como la zona media y el neo-córtex, quedan inactivas y la mayor parte de la actividad se desplaza al sistema límbico. Esta parte se limita a reaccionar al entorno utilizando programas de respuesta básica e instintiva, del tipo «lucha o huye». Además, estas regiones inferiores del cerebro no saben distinguir la realidad de las imágenes visualizadas (una tarea que realiza el neo-córtex), de manera que reaccionan al contenido de la televisión como si este fuera real. Diversos estudios han demostrado que, a la larga, un exceso de actividad en las regiones inferiores del cerebro causa la atrofia de las regiones superiores; es decir, ver la televisión destruye la capacidad que tiene la persona de realizar una actividad cognitiva crítica. Dicho de otra forma, nos vuelve tontos y susceptibles a la manipulación.

¿Seguimos pensando que podemos ser libres?

Tendemos a socializar cada vez más, aunque sea a través de medios electrónicos. El sociólogo francés Gustav Le Bon afirmaba, en la primera mitad del siglo XX, que el hombre, cuando forma parte de un grupo social numeroso, se desinhibe y olvida las normas establecidas volviéndose, emocionalmente, sumamente susceptible. ¿Les suena a juventud y redes sociales? Pobrecitos, piden ser libres y no son capaces de apagar su teléfono móvil.

Hemos querido un mayor desarrollo tecnológico para ser más libres. Electrodomésticos que nos liberen de las tareas del hogar, vehículos que conduzcan solos, juguetes que hablen con nuestros hijos, robots que parezcan casi humanos. Estamos en la era del transhumanismo; es decir, la capacidad de hacer que las maquinas actúen como seres humanos y la capacidad de tratar a los seres humanos como a máquinas. Cada vez nos atamos más, pero seguimos clamando por la libertad.

La libertad de palabra y de pensamiento no es verdadera libertad. Hacer en cada momento lo que a uno le viene en gana no es verdadera libertad. Tampoco lo es ser monarca, detentar poder o poseer inmensas riquezas. Ni siquiera renunciar al mundo puede ser considerado como una total liberación.

La auténtica libertad no es meramente política y económica; aún cuando ésta sea necesaria para el bienestar de la sociedad. Son derechos, no libertad.

Seamos utópicos. La verdadera libertad es el dominio sobre sí mismo; librarse del egoísmo que nos subyuga; de los gustos y de los disgustos. Librarse de las pasiones y deseos que nos esclavizan. Fluir como budas. ¿Sencillo no? Cuestión de paciencia, lo conseguiremos, siglo más o siglo menos.

Las libertades por las cuales muchos luchan hoy, otros las disfrutan desde hace tiempo y no por ello han desaparecido sus miserias y desdichas personales. ¿ Acaso la libertad política y sexual, o la independencia económica liberan de enfermedades, dolores, dudas, angustias y temores ? Las personas nos liberamos de unas esclavitudes y caemos en otras.

Frecuentemente oigo que necesitamos una sociedad libre y justa donde reine la paz. Tal vez, pero una sociedad jamás será justa mientras no lo sean las personas que la formen. De igual modo, una sociedad nunca será libre mientras los individuos que la componen sean esclavos de sí mismos.

Si queremos una sociedad en paz, hagamos que ésta empiece por nosotros mismos. Si queremos un mundo libre, liberémonos de nuestra negatividades y rencores. Si queremos reformar la sociedad, comencemos en nosotros mismos. No exijamos a la sociedad algo que no tenemos en nosotros. En el fondo, somos simples pero orgullosos seres humanos. Hablamos de los adolescentes, pero quizás son los únicos que puedan atisbar levemente un reflejo de la libertad, antes que la sociedad acabe con ellos.

No se engañen, a ningún sistema social le interesa que seamos libres. Nos haría incontrolables.

Hay un poema llamado “Si yo cambiara” de Ana Mª Rabatté en el que dice : “ Si yo criticara menos y amara más... Si yo cambiara... Cambiaría al mundo”

Miren el mundo con los ojos de un niño, sientan con el corazón de un adolescente, vivan con la sabiduría que aporta la madurez y disfruten de los pequeños momentos con la serenidad de un anciano. No sé si serán más libres, pero de seguro, sí un poco más felices. Esa es la clave. No podemos ser realmente libres, pero sí podemos rozar la felicidad.

Sean libres de decidir, sean libres de vivir y por encima de todo, sean libres de pensar y sentir; pues es el secreto de la libertad y uno de los secretos de la felicidad.

 

Gracias por este momento de libertad. Nos vemos, próximamente en un nuevo artículo, aquí en Globedia.

 


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Jalepa (15 noticias)
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