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Pedro Beltrán: El hombre que troleó a Cesar Hildebrandt

05/08/2013 02:35 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Cuando Pedro Beltrán le respondió a Hildebrandt

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Fuente: Proyecto República

La pre­sente entre­vista, rea­li­zada por César Hil­de­brandt, fue publi­cada ori­gi­nal­mente el 6 de abril de 1978 en Care­tas Nº 538, y reco­gida pos­te­rior­mente en el libro «Pedro G. Bel­trán: Pen­sa­miento y Acción (Selec­ción de tex­tos)», pp. 147–155, publicado en 1994 por el Ins­ti­tuto de Eco­no­mía de Libre Mercado.

Bel­trán se trenza

En una cálida habi­ta­ción del hotel, Pedro Bel­trán Espan­toso, sor­pren­den­te­mente brioso a los 80 años, soportó a pie firme una entre­vista que le intentó hacer recor­dar su papel en la caída de Bus­ta­mante y Rivero o el legado polí­tico del pra­dismo gober­nante. En su saco rojo, echando mano a opor­tu­nos ajos y cebo­llasmás bien cor­dia­les, Bel­trán habla aquí de Velasco y Mil­ton Fried­man, de la reforma agra­ria de hoy y de La Prensa de ayer, y sobre todo, de sus ideas de siempre.

Usted se expresa como uno de los más nos­tál­gi­cos defen­so­res de la demo­cra­cia en el Perú. Esto resulta extraño en alguien que, como usted, hizo todo lo posi­ble por frus­trar el expe­ri­mento demo­crá­tico de Bus­ta­mante. ¿No hay una con­tra­dic­ción entre el Bel­trán de hoy y el de antes?

¡Nunca tuve nada que ver con una inten­tona de revo­lu­ción! ¡Nada! Me han acha­cado eso toda la vida...

¿Y por qué se lo achacaron?

Usted es muy inocente si cree que los polí­ti­cos son inca­pa­ces de acha­car algo que no es exacto. Yo lo creía más expe­ri­men­tado... Usted es toda­vía joven...

Y usted se opuso a Bustamante...

Eso es otra cosa...

Y usted alentó el golpe de Odría...

¡Yo no he alen­tado nada! Yo en eso no tran­sijo con nadie, oiga usted. Pero tam­bién tiene que ver lo que pasó con Odría. Nadie hizo tanto para que Odría no se que­dara como los de La Prensa. Y digo «los de La Prensa» por­que yo era di­rector, pero todo el per­so­nal pen­saba lo mismo.

Eso se le reco­noce, pero eso fue des­pués de que La Prensa alen­tara una sub­ver­sión con­tra Bustamante.

¿Con­tra Bus­ta­mante? No. No.

¿No es cierto que el des­abas­te­ci­miento que pade­ció Lima durante el régi­men de Bus­ta­mante se debió tam­bién a que due­ños de fun­dos, como usted, pro­vo­ca­ron una esca­sez artificial?

¿Esca­sez de qué?

De pro­duc­tos de pan lle­var, por ejem­plo.

No era nada pare­cido a lo que está suce­diendo ahora. Es lo que más me ha impre­sio­nado al lle­gar aquí. Las que­jas de todo el mundo sobre los pre­cios. Pre­cios que están por las nubes, cal­cu­lando con lo que han sido siem­pre. Yo recuerdo cuando, en tiem­pos de Odría creo que fue, las papas subie­ron a 4 soles. Y hoy alguien me dijo que las papas cues­tan —espero que sea cierto, pues no he ido al mer­cado a cer­cio­rarme— 16 y 18 soles. Cua­tro veces y media más...

Lo que creo fran­ca­mente es que usted repre­senta una corriente polí­tica para la cual la demo­cra­cia es buena hasta donde sirve a sus intere­ses. Pero cuando deja de ser­vir para esos intere­ses esa demo­cra­cia puede ser sus­ti­tuida inclu­sive por una auto­cra­cia como la de Chile. ¿Estoy equi­vo­cado o no?

A usted se le pue­den ocu­rrir muchas ideas que no tie­nen nin­guna base, como esta. Toda mi vida he sido lo con­tra­rio. Pero si a usted se le ocu­rre eso, qué voy a hacer...

Usted plan­tea que los dia­rios están mal...

¿Que el dia­rio está mal?

Que los dia­rios están mal, que la prensa dia­ria está mal. Que no hay plu­ra­lismo, que no hay liber­tad de expre­sión, lo que me parece correcto. Pero le pre­gunto a usted: En La Prensa, que usted diri­gió, ¿hubo liber­tad de expre­sión para la gente de izquierda?

¡Cómo no la iba a haber! Había liber­tad de expre­sión para quien que­ría darse el tra­bajo de escri­bir algo para publi­car. El que que­ría sacar una publi­ca­ción la sacaba y no tenía nin­guna difi­cul­tad. La Prensa no era yo. Yo era la cabeza de turco de La Prensa. Pero había muchos perio­dis­tas que tenían sus ideas y las sos­te­nían muy bien...

Como Sebas­tián Sala­zar Bondy...

Y la pri­mera, oiga usted, la pri­mera cosa que hubo para la salida de Odría fue un famoso docu­mento —qui­zás usted lo recuerde, con 111 fir­mas— que salió de La Prensa, pidiendo elec­cio­nes. Y al final se salió de Odría, sin dis­pa­rarse un solo tiro.

Usted es extra­or­di­na­ria­mente hábil e inte­li­gente, y esa habi­li­dad e inte­li­gen­cia le per­mi­ten eva­dir olím­pi­ca­mente mis pre­gun­tas. Cosa à la que estoy acostum­brado, rela­ti­va­mente. Pero me parece real­mente un abuso de parte suya que usted no me res­ponda lo que le acabo de pre­gun­tar. Yo le estoy pre­gun­tando si en La Prensa que usted diri­gió hubo o no liber­tad de prensa para la gente que pen­saba dis­tinto, la gente de izquierda...

La Prensa no era sino uno de los tan­tos perió­di­cos. La liber­tad sig­ni­fica que un perió­dico pueda sos­te­ner lo que quiera. Eso es lo que es liber­tad de prensa. Y eso lo había enton­ces. Pero donde veo que usted no me conoce en lo menor es donde me dice que soy hábil, inte­li­gente. Es todo lo con­tra­rio. Carezco de todas esas cua­li­da­des. El día que usted me conozca un poco más, con fran­queza me va a decir: «Qué razón tenía usted cuando me dijo ese día que no era ni inte­li­gente ni hábil».

¿Es que la polí­tica peruana está tan deva­luada que las per­so­nas que no tie­nen nada de habi­li­dad ni de inte­li­gen­cia se pue­den con­ver­tir en personajes?

Si yo fui per­so­naje, debe ser así.

Usted fue un hom­bre pode­roso, impor­tante, sím­bolo de un sec­tor de poder. Usted fue uno de los más noto­ria­mente per­ju­di­ca­dos con el pro­ceso de refor­mas del gene­ral Velasco. ¿Eso no ha pro­du­cido en usted una suerte de resentimiento?

Qui­zás usted será así. Yo no lo soy. Lo que me da mucha pena es ver que el pobre Perú, mi Perú, mi patria, no tenga siquiera liber­tad de prensa. Eso sí es algo que da pena. Por­que hay que remon­tarse a tiem­pos de Luis XIV, que decía «El Estado soy yo»... enton­ces resulta que aquí tam­bién la prensa per­te­nece a los que están en el gobierno. Y eso hace per­der toda cre­di­bi­li­dad, por­que, como muy bien dijo el señor Mora­les Ber­mú­dez cuando, recién asu­mida la jefa­tura de la junta, habló de la trans­fe­ren­cia de los dia­rios a esas lla­ma­das comu­ni­da­des, o aso­cia­cio­nes: «Con el esta­tismo los perió­di­cos ter­mi­nan en la adu­la­ción». Es ver­dad. El lo dijo y creo que esta vez tuvo razón.

¿No hay nada que usted haya hecho de lo cual esté arre­pen­tido? ¿O cree que todo lo hizo bien?

Yo todo lo hice mal. Lo único que puedo decir es que lo hago con sana inten­ción. Yo me he equi­vo­cado muchas veces en la vida. No soy tan tonto como para creer que nunca me equivoco.

Usted es un tes­tigo viviente de un largo período en la his­to­ria del Perú. ¿Cuál cree que fue el período más impor­tante para el país en los últi­mos 60 años?

A mí me parece que el período más impor­tante es aquel al que todos debe­ría­mos espe­rar regre­sar. Y fue cuando, al tér­mino de la Coa­li­ción, el año 95, en lugar de poner a un dic­ta­dor, Pié­rola se lanzó y, natu­ral­mente, fue ele­gido, por­que era el hom­bre que había enca­be­zado el levan­ta­miento gene­ral con­tra los cuar­te­les. De ahí se siguió con elec­cio­nes, había liber­tad abso­luta para todos. Esa fue una época dorada para el Perú. Lo prin­ci­pal es que haya liber­tad. Pero liber­tad efec­tiva. Es una lás­tima que desde enton­ces las cosas hayan cami­nado tan dis­tin­ta­mente, con cier­tas excepciones.

¿Qué es lo que más le repro­cha­ría al régi­men de Velasco?

Que fuera un dictador...

¿Y tuvo alguna virtud?

Es difí­cil encon­trar una... Usted sí la habrá encon­trado, por la pre­gunta que me hace.

Insisto: ¿Tuvo alguna virtud?

Y yo le con­testo: ¿Y usted la ha encontrado?

Pero está eva­diendo mi pregunta.

Pero yo tam­bién puedo preguntar.

Bueno, le con­testo: Sí, tuvo la vir­tud de sacu­dir a este país de una casta depoder que había retra­sado su avance social y eco­nó­mico. Ya le con­testé, don Pedro. Ahora, dígame, ¿usted cree que eso cons­ti­tuyó una vir­tud de Velasco?

¿Y usted con­si­dera que es una buena cosa que el costo de vida esté como esté?

No, por supuesto.

¿Y enton­ces? ¿Por qué eso? ¿Quién lo hizo? Quien inició todo fue Velasco. Y eso es lo más serio. Por­que enca­re­cer el costo de vida es hacer caer el peso de la tri­bu­ta­ción sobre el que menos tiene. Eso hay que tenerlo en cuenta. Aquí con­si­de­ran que eso no hay que tomarlo en con­si­de­ra­ción. ¡Cómo que no hay que tomarlo en cuenta! Hay gente que ape­nas tiene para comer. ¿Qué hace cuando suben los pre­cios? Eso sí que es un cri­men. Y, sin embargo, en eso esta­mos desde que entró Velasco.

Pero cuando usted fue minis­tro de Hacienda hubo alzas, dolo­ro­sas alzas, ¿ver­dad?

¡Men­tira!

image Pedro Beltrán y el ex Presidente Prado ¿Me quiere decir que no hubo una sola alza?

No. Usted está en las nubes. ¿O usted pone pre­gun­tas por­que cree que me va a impre­sio­nar? Yo res­pondo la ver­dad. Cuando Prado me llamó era pre­ci­sa­mente por­que estaba subiendo el costo de vida. Había males­tar, incluso ya comen­za­ban a hablar de un golpe. Prado me llamó y me dijo: «Mira, tú estás con­tra la revo­lu­ción. Yo te llamo por­que lo que está ocu­rriendo es muy serio. Lo que está pasando es que el costo de vida está subiendo. Si esto sigue así, alguien va a dar un golpe. Tú entien­des de la cues­tión eco­nó­mica... ». Yo lo pensé y la ver­dad que... Enton­ces él me decía: «Dime de otra per­sona que entienda de esto». Muy bien. Enton­ces regresé y acepté y me dedi­qué a una cosa: Que el costo de vida no siguiera subiendo. Yo creí que eso iba a demo­rar más de un año. En mi pri­mera inter­ven­ción en la Cámara dije que no lle­ga­ría­mos a dos años antes de que el costo de vida ya se hubiese esta­bi­li­zado. Me equi­vo­qué. Fue a los nueve meses que cesó de seguir subiendo. Pero, eso sí: Se hizo con estric­tez, sin con­si­de­ra­cio­nes, sin favo­res, sin per­mi­tir que todo el mundo metiera la mano.

Es decir, que durante los pri­me­ros nueve meses de su ges­tión hubo alzas.

Sí, por­que eso no se puede parar de golpe. Parece que usted no entiende de...

Usted sí entiende, ¿verdad?

Toda mi vida no he hecho sino estu­diar estos asuntos.

Bueno, le pre­gunto enton­ces a un enten­dido: ¿Cómo ve la solu­ción para la cri­sis eco­nó­mica actual?

A mi me parece que usted pone mal la pre­gunta. Lo que usted quiere decir es a qué se debe la infla­ción. Así entiendo yo su pre­gunta. Si usted sabe a qué se debe, enton­ces sabrá cómo se para­liza. La infla­ción es el resul­tado de impri­mir bille­tes. Eso en una época se lla­maba «la maqui­nita». No sé si usted se acuerda. Usted es muy joven. Ahora se llama «pro­grama de los medios de pago». Ya no pro­nun­cian la pala­bra billete. Bueno, es ver­dad que este es un fenó­meno gene­ral. Aun­que hay, por lo menos, una excep­ción. En Suiza —nadie habla de Suiza por­que es un buen ejem­plo—, el último índice de costo de vida, que creo que es de diciem­bre, había bajado de un décimo de uno por ciento. Y en cuanto a los desocu­pa­dos, en lugar de ser 27, 323 eran 22, 432. ¡En todo el país! Enton­ces, usted ve que hay cómo impe­dir el alza del costo de vida. Eso que dicen que se debe a lo que pasa en el mundo, es un dis­pa­rate. Lo que se debe al alza del costo de vida es la infla­ción que se da en tan­tos paí­ses, en unos más que en otros. No­sotros, des­gra­cia­da­mente, esta­mos haciendo una infla­ción en gran escala. Y aquí no se sabe cuál es el monto real de las emi­sio­nes de bille­tes. Anti­gua­mente, cuando había liber­tad de prensa en el Perú, en La Prensa publi­cá­ba­mos todos los me­ses un dia­grama con la can­ti­dad de bille­tes en cir­cu­la­ción. De manera que ahí se veía inme­dia­ta­mente cuándo aumen­ta­ban las emi­sio­nes. Ahora ni se informa, ni se opina, ni se cri­tica. Ima­gí­nese que el último bole­tín del Banco de Reserva es de julio del año pasado. ¿Cómo quiere que el país sepa lo que está pasando? Que in­formen. Esta es nues­tra tie­rra. Y el Banco Cen­tral de Reserva es de los peruanos.

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¿Usted cree que sólo la emi­sión inor­gá­nica de bille­tes sea la causa de todo?

Claro.

¿Sólo eso?

Claro. Lo hici­mos cuando Prado.

O sea que la solu­ción es parar la emi­sión de billetes.

Pero no así, pues. Para cor­tar la emi­sión de bille­tes es pre­ciso tam­bién cor­tar el dis­pen­dio, el gasto inne­ce­sa­rio, el gasto que es posi­ble no hacer. En su casa, su señora se que­jará cuando los pre­cios suben. Y usted tiene que pro­du­cir más dinero. Ella no puede emi­tir bille­tes y usted tam­poco. Pero con el gobierno no pasa eso. El gobierno comienza por gas­tar más que las entra­das. Y des­pués viene el pro­blema: ¿De dónde sacar la plata? ¿Poner impues­tos?... (y creo que éstos han puesto ya bas­tan­tes). Pero eso trae el pro­blema de que la gente se queja. Por el con­tra­rio, la maqui­nita es algo que se ha inven­tado y que la mayo­ría de la gente no lo sabe. Y ter­mina por des­truir al país.

image Haya de la Torre, Manuel Odría, Julio de la Piedra, Eudocio Ravines, Fernando León de Vivero, Pedro Beltrán (ex director Expreso), Carlos Manuel Cox y Ramiro Prialé. Se negociaba la coalición parlamentaria APRA-UNO Si usted fuera mañana minis­tro de Eco­no­mía, ¿cuál sería la pri­mera medida que toma­ría?

Bueno, feliz­mente puedo estar seguro de que nadie me va a pedir que ocupe ese cargo. Y lo digo por­que debe ser un ver­da­dero dolor de cabeza. Un país en cri­sis es como un enfermo grave. Al enfermo grave hay que empe­zar a tra­tarlo por lo más urgente, por lo más vital. Eso es cor­tar el dis­pen­dio, cor­tar el gasto innecesario.

¿Y si yo le pido que me dé dos ejem­plos de dispendio?

Si le digo dos, no le digo nada. Ten­dría que darle dos­cien­tos y ponerme a escri­bir todo. Un gobierno no puede... Por eso yo siem­pre digo que las amas de casa son los ver­da­de­ros minis­tros de la eco­no­mía fami­liar. Y si usted les pre­gunta qué cor­ta­rían, ellas sabrían qué con­tes­tar. Esto es lo mismo. No puede seguir gas­tán­dose más que las entra­das. En Ale­ma­nia, des­pués de la Pri­mera Gue­rra Mun­dial, se pusie­ron a gas­tar como aquí y llegó el momento en que se iba à la plaza del mer­cado con carre­ti­llas lle­nas de bille­tes para com­prar lo del día, por­que no había bille­tes de muy alta denominación.

Hay quie­nes sos­tie­nen que la infla­ción no se debe exclu­si­va­mente a lo que usted llama maqui­nita, sino que hay una raíz estruc­tu­ral en el asunto. Es decir, un pro­ceso de redis­tri­bu­ción del ingreso, que suma para el con­sumo a deter­mi­na­das capas, y se enfrenta a una rigi­dez his­tó­rica en la oferta de la pro­duc­ción ali­men­ti­cia, ya cons­ti­tuye un fac­tor infla­cio­na­rio. No sólo eso: Hay quie­nes sos­tie­nen que un país como el nues­tro ten­drá que asu­mir la infla­ción como dolo­roso ingre­diente de su desa­rro­llo. El equi­li­brio óptimo del que usted habla sig­ni­fica sen­ci­lla­mente la pará­li­sis del país. Bra­sil vive con infla­ción y no ha enfren­tado nin­gún pro­ceso de reformas...

Pará­li­sis es la que tene­mos ahora aquí. Pará­li­sis es que la pro­duc­ción de la agri­cul­tura ha bajado y sigue bajando.

¿No hay enton­ces sino una expli­ca­ción —la suya— para la infla­ción? ¿No esposi­ble hablar de un pro­blema estruc­tu­ral, vin­cu­lado al desarrollo?

¡Eso de estruc­tu­ral! Yo quiero que me expli­que qué es un pro­blema estruc­tu­ral. Lo que está pasando ahora, no sé si es estruc­tu­ral pero es un pro­blema muy serio para las amas de casa.

En eso esta­mos de acuerdo. Pero lo que yo quiero es lle­gar à la esen­cia de su pen­sa­miento.

Ya lo he dicho. ¿Usted quiere que los pre­cios suban? Pón­gase a impri­mir bille­tes. Eso ha pasado en el Perú y en todas par­tes donde se ha hecho lo mismo. Pero es eso, de manera que todas esas expre­sio­nes... Usted está como los econo­mistas, que siem­pre hablan para que no los entiendan.

Pero usted es un enten­dido, un economista...

Pero no soy tan téc­nico ni soy tan buen eco­no­mista que sepa usar pala­bras que nadie entiende. A mí me preo­cupa que la plaza no cueste más. Cuando otros impri­men bille­tes y lla­man a eso medios de pago, yo lo llamo maqui­nita. Yo no entiendo ese voca­bu­la­rio. Yo estoy bien abajo...

Ese arte de sub­es­ti­marse para que otros lo sobre­es­ti­men es muy peruano, y muy inte­li­gente, pero...

Yo no quiero que usted me sobre­es­time, por­que cuando me conozca bien me va a esti­mar en lo que valgo, que es muy poco... Pero le diré que es muy grata una con­ver­sa­ción con usted. Por­que usted per­mite y busca que uno con­teste las cosas como son. A mí no me gusta usar pala­bras raras por­que creo que muchos las dicen para impre­sio­nar; como decía alguien, «para impre­sio­nar a los indígenas».

Ima­gino que usted ha tenido tiempo para medi­tar sobre los par­ti­dos polí­ti­cos del Perú, y tal vez habrá hecho una elec­ción íntima. ¿O sigue siendo de los in­depen­dien­tes?

En reali­dad no he tenido tiempo. No se olvide que sólo hace muy poco que estoy aquí. Y la infor­ma­ción que tengo es única­mente de las per­so­nas con quie­nes con­verso. No se puede decir que me informo de los perió­di­cos, por­que éstos no están hechos para infor­mar. Están hechos para no infor­mar. Están hechos para cojudear.

Ese es un tér­mino que a usted le gusta, ¿no? Por­que tam­bién lo emplea en su libro...

Mi len­guaje es el len­guaje de la cha­cra. Yo me crié en Cañete. Y las pala­bras que uso son las que me pare­cen que expre­san mejor lo que quiero decir...

No, si yo no tengo nada con­tra esa pala­bra. En este caso, me parece precisa...

¡Muy bien! ¡Así que a usted le parece pre­cisa! ¡Eso sí no me voy a olvidar!

Usted es un crio­llazo, don Pedro, y como buen crio­llazo es muy astuto. Pero le sugiero que no sea tan astuto por­que se va a notar. Y el arte de la astu­cia con­siste en que nadie repare en ella.

Fíjese, pues, el juego de pala­bras que me hace...

¿Por quién vota­ría usted?

¿Sabe lo que pasa?

¿Por quién vota­ría usted?

¡Cómo le voy a con­tes­tar si toda­vía nadie empezó su cam­paña! Sólo Haya hizo un dis­curso en la Plaza de Armas. Y des­pués otro en lca. Oiga usted, ¿y ya entre­vistó a Haya?

Sí.

¿Ahora?

No, ahora no.

Hay que hacerlo, tiene usted que hacerlo. No es abu­rrido estar con él.

Cuén­teme algo de usted. Le voy a decir con fran­queza que para mi gene­ra­ción usted sólo era un sím­bolo, alguien des­po­jado de espe­sor humano, una figura geométrica...

Me fregó, ah, ¡carajo!... Figura geométrica.

Lo que quiero decir es que usted era dema­siado una figura pública. Qui­siera saber algo de usted. ¿Lee usted? ¿Qué lee?

Leo sobre todo cues­tio­nes que están rela­cio­na­das con la economía.

¿Cuál es su autor pre­fe­rido en eco­no­mía? ¿Marx?

Marx es como Adam Smith.

¿Y Mil­ton Friedman?

Ese es el número uno. Por­que piensa en el ser humano como es y en las accio­nes de los gobier­nos como son. Hay eco­no­mis­tas, en cam­bio, que pien­san que la feli­ci­dad de los hom­bres se da por teo­rías. Bas­tan­tes teo­rías hemos tenido ya aquí. Había eso que se lla­ma­ban principios...

¿Las Bases Ideo­ló­gi­cas de la Revolución?

Las Bases Ideo­ló­gi­cas de la Revo­lu­ción. Que tal resul­tado, ¡carajo! ¡Si no hay ni pa" comer! ¡Y toda­vía dicen que si la Cons­ti­tu­yente pone de lado algo de eso, la anu­lan, la botan! Mil­ton Fried­man es otra cosa. El dice que las cosas hay que juz­gar­las por su resul­tado. El pasó por Chile y ahí se encon­tró con una serie de gente que había estu­diado en la Uni­ver­si­dad de Chicago, que habían sido sus alum­nos. Enton­ces, el les dijo: lo que hay que hacer es que los hom­bres actúen por sí mis­mos, que los lle­ven sus deseos de bene­fi­cio per­so­nal... No como Zim­mer­mann, que es un San Fran­cisco moderno. No había que aspi­rar a... ¿cómo le lla­man?, lucro. El lucro es un cri­men. Fried­man dijo: ¿Cómo quie­ren uste­des que un pobre hom­bre, que sacan del cuar­tel, pueda mane­jar la eco­no­mía? Tie­nen que hacerlo uste­des. Y lo que él dijo se empezó a apli­car. ¿Cuál es el resul­tado? Hasta hace un año y medio todos habla­ban pes­tes de Pino­chet. Ahora, están hablando de cómo están mejo­rando las cosas en Chile. Eso lo oye usted no sólo en Chile sino en Esta­dos Unidos.

Para mucha gente, usted es el repre­sen­tante más neto de la dere­cha, de la reac­ción en el Perú. ¿Qué piensa de eso?

Con mi vul­ga­ri­dad de cha­cra ya le iba a decir una pala­bra que no debo...

Dígala, nomás, don Pedro, vamos...

No me intere­san las dere­chas ni las izquier­das. Me impor­tan un cara­col. Y no se dedi­can a hacer el bien a nadie. Yo lo que quiero hacer es el bien à la mayo­ría. A mí que me lla­men reac­cio­na­rio, de dere­cha, no me importa. Para hablar de polí­tica hay que hablar del bie­nes­tar de la gente, que es la medida de todo.

¿Cree usted que el régi­men de Prado buscó el bie­nes­tar de las mayorías?

Infi­ni­ta­mente más que éste. Es decir, no se com­para. Nunca hemos estado en una situa­ción como la de ahora.

¿Usted cree que el gobierno de Manuel Prado fue un gobierno para el pueblo?

Infi­ni­ta­mente. ¡Va usted a comparar!

Claro que eso no fue para alguna gente.

¿Para qué gente?

Para los cam­pe­si­nos de Ran­cas, por ejemplo.

Yo no sé qué hacían los cam­pe­si­nos de Ran­cas. Pero sí sé que ahora la pro­duc­ción está bajando en toda la agri­cul­tura. Y eso afecta a todo el mundo.

¿Usted cree que la reforma agra­ria no era nece­sa­ria para el país?

¿A qué se refiere? ¿Al dis­pa­rate que han hecho? Vaya usted a Ita­lia y va a ver lo que es reforma agra­ria. Pero lo que han hecho aquí es un cri­men. Yo toda la vida he sido par­ti­da­rio de la reforma agra­ria, pero eso sig­ni­fica que la tie­rra pro­duzca más, que haya más ali­men­tos. Aquí se han atre­vido a dar la medida que debe tener cada cha­cra, como si la tie­rra fuera igual en todas par­tes. Eso revela una igno­ran­cia absoluta...

¿Usted cree que la «revo­lu­ción verde» podría sus­ti­tuir à la reforma agraria?

No le llame reforma agra­ria a esto. Esto es el dis­pa­rate agra­rio. La «revo­lu­ción verde» es vital en todas par­tes. Cerca de Manila se ha arre­glado un cen­tro téc­nico para hacer la «revo­lu­ción verde». Han aumen­tado diez veces el ren­di­miento de la tie­rra. Eso sí es bueno para la pobre gente...

Foto­gra­fía del encabezado: Cortesía de Fondo Edi­to­rial Perio­dís­tico Oiga / Archivo Docu­men­tal y Foto­grá­fico de la revista Oiga.


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