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El peor camino para salir de la crisis

12/09/2012 09:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Tras los injustos, antisociales, antieconómicos e inmorales recortes del gobierno de Rajoy plasmados en la sesión de las Cortes del 11 de julio de 2012, y que han conseguido el milagro de unir a los votantes de izquierdas y de derechas, está claro, confirmado por la protección de la casta política, sobre todo autonómica, que los dirigentes han perdido por completo el apoyo de la población, apoyo masivo que consiguieron en las elecciones celebradas el 20 de noviembre de 2011.

También está muy clara la enorme injusticia social de los recortes, plasmada, en roman paladino, en que la factura de la crisis, provocada por las castas política y financiera, la van a pagar los de siempre, los más desfavorecidos. Entre ellos están los que sufren el drama del paro, los autónomos angustiados, los empleados desesperanzados y sobrecargados de trabajo, los embargados por hipotecas, y hasta tal punto llega la situación, que sectores sociales que la población considera privilegiados, como funcionarios y pensionistas, también tienen sus problemas, estrecheces y embargos.

A sumar a todo esto hay que añadir el vergonzante descaro de la casta política que proclama la intangibilidad de todos sus privilegios, reforzando además las diputaciones y haciendo gesto de cara, posiblemente a Europa, de eliminar concejales, que son los políticos peor pagados, con menos privilegios y con más contacto con el pueblo.

Fruto de toda esta crispación o utilizada ésta de manera interesada (en España, la política no es la forma de gobernar, sino un cáncer), se han producido en las últimas horas dos hechos lamentables. Situémonos cronológicamente.

El primero se produce en la sesión de las Cortes. La diputada del PP por Castellón Andrea Fabra grita «¡Que se jodan!» cuando en el Congreso de los Diputados, el presidente Mariano Rajoy está tratando los recortes a las prestaciones por desempleo. La diputada ha reiterado que la expresión fue dirigida a los diputados del grupo socialista, y en ningún caso contra las personas en paro. Desde entonces ha sufrido un auténtico linchamiento mediático. Aunque ha quedado claro que la casta política española vive por completo de espaldas a los sufrimientos del pueblo (y bien lo ha demostrado no dando un mínimo ejemplo), estoy convencido que la diputada no es tan cruel. Y si me equivoco, allá ella con su conciencia. Sin embargo no cesan los ataques contra la misma en foros y redes sociales.

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El segundo es todavía mucho más lamentable y vergonzoso.El hostigamiento al que se vio sometida la delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, el viernes por la tarde cuando caminaba por su barrio de Malasaña, tras encontrarse con una manifestación de funcionarios, sufrió empujones, amenazas y hasta escupitajos, durante un trayecto de unos 50 metros, por un grupo de radicales, de los cuales la mayoría no tenía nada que ver con el funcionariado, hasta que logró refugiarse en un restaurante etíope de la calle de Manuela Malasaña. Ningún transeúnte le echó una mano. A raíz de conocerse los hechos, las redes sociales se convirtieron en un hervidero de opiniones, unas a favor y otras en contra, pero también de insultos y amenazas, muchas de ellas parapetadas tras el anonimato. Lamentable el hecho de la agresión, lamentable el hecho de la denegación de ayuda (propio de una sociedad como la nuestra, insolidaria) y lamentable el hecho de los insultos, algunos agravados con la cobardía del anonimato.

Comprendo la crispación de quien está desesperado, pero la violencia jamás condujo a nada bueno. Nunca construyó un mundo mejor, sino mucho peor. En las situaciones violentas o en las cuales cesa el orden, como revueltas, guerras, catástrofes naturales, salen a flote los instintos más malignos y bajos del ser humano; como contrapartida, sucede lo mismo con los más nobles y heroicos.

Pretender solucionar la crisis linchando a políticos es propio de gente malvada, de pocas luces y de nulo espíritu democrático. Que se lo hayan ganado o se lo merezcan tampoco es un motivo para ejercer la violencia, aunque ésta sea solamente verbal. Lo único que se hará será agravar la crisis e incrementar la mala imagen del país. No hay más demoledor, que más aleje la inversión y cree desconfianza que las imágenes de disturbios violentos.

¿Debemos entonces permanecer callados y sumisos ante lo que consideramos un abuso del poder? De ninguna manera, es lo peor que se puede hacer. Las vías pacíficas, legales y democráticas son la única manera y la más eficaz de revertir los abusos de los poderosos. El hecho de la revuelta pacífica y democrática de Islandia lo demuestra por completo. En España apenas se han utilizado y queda un largo camino por recorrer en este sentido.

Malditos sean los violentos, los intolerantes, los maltratadores, los canallas. El mundo sería mejor sin ellos.

Y benditos sean los pacíficos y tolerantes. Y si además éstos son inteligentes, voluntariosos y resolutivos, mejor. Porque cambiarán el mundo a bien.

Jaime Arroyo


Sobre esta noticia

Autor:
Jaime Arroyo (321 noticias)
Fuente:
tendenciasdelmundocontemporaneo.blogspot.com.es
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