×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×

Alejandro CastilloMiembro desde: 26/02/18

Alejandro Castillo
0
Posición en el Ranking
0
Usuarios seguidores
Sus noticias
RSS
  • Visitas
    85.015
  • Publicadas
    30
  • Puntos
    0
Veces compartidas
70
¡Consigue las insignias!
Trimestrales
Recientes
Visitas a noticias
09/07/2018

Los matices de un cambio

 ¿Puede cambiar una persona?”…

 LA RESPUESTA ES ¡AFIRMATIVA!

Veamos;

En mí opinión- "Las personas verdaderamente "cambian" cuando piensan en las consecuencias de no hacerlo"

Por lo tanto existe conveniencia o necesidad de que se establezcan cambios en un estilo, modo de vida y pensamiento,  porque algo de lo que veníanmos haciendo no ha dado los resultados apetecibles. Me encuentro con que muchos confiesan que les parece imposible modificar la propia personalidad y el carácter. Están convencidos de esa imposibilidad, probablemente, porque creen que su personalidad y carácter son obra de los genes y que la herencia es algo indeleble, cuando, en realidad, la personalidad es el resultado de dos influencias, el aprendizaje y la acción de los genes y cuando la epigenética (ciencia relativamente nueva) viene desmontando esa creencia, al afirmar que nosotros podemos activar y desactivar muchos de nuestros genes, mediante el estilo de vida, de conductas y de la forma de pensar que practiquemos. Por eso se les agrandan los ojos de escéptica sorpresa hasta que les demuestras que sí es posible, (aunque sea difícil) mientras  que si le digo a alguien que puede cambiar, piensan que se lo dices para animarlos y que tal manifestación no pasa de ser un intento de sembrarles esperanza, para que se motiven.

En realidad resulta esperable que quien viene comportándose y pensando de un modo determinado, considere improbable o imposible llegar a ser de otra manera. Pero están en un error.

Veamos esto de manera objetiva y la opinión basada en el contexto en un marco psicológico conductual.

SE PUEDE CAMBIAR

 

Para demostrar que lo que digo es posible lo primero que hace falta es ponerse de acuerdo en qué es la personalidad y si es cierto que es poco menos que inamovible. En efecto, la personalidad viene determinada en parte por la herencia, pero también es verdad que, fundamentalmente, es el resultado de las miles de interacciones con el ambiente y contexto que nos rodea, entendiendo por ello las personas, las situaciones, los lugares, los sucesos, el trabajo, la cultura, etcétera; la personalidad, pues, es el resultado de cierta carga genética, más de esas miles de vivencias, experiencias, aprendizajes y comportamientos a lo largo, sobre todo, de los primeros años de vida, pero también de toda la existencia. Es decir, es el resultado en una medida mayor de lo que nos parece de nuestras conductas, de lo que hacemos y eso que hacemos en una determinada dirección va constituyendo nuestro perfil o nuestra personalidad: uno se hace pesimista pensando de forma negativa, uno se hace avaro acaparando bienes y objetos, uno se hace introvertido encerrándose en sí mismo y sin comunicarse cuando debería hacerlo, uno sea hace sensible a base de reaccionar de esa manera y asi sucesivamente. Ahora bien, ¿que es la personalidad?

 

Lo que llamamos personalidad también es resultado del conjunto de nuestros pensamientos, juicios y creencias. Un ejemplo: Si un ser humano se muestra extrovertido, es porque desde pequeño ha ido construyendo la experiencia y la creencia de que relacionarse es saludable y positivo, bien porque se lo han inculcado, porque ha visto a otros modelos comportándose extrovertidamente o porque ha ido descubriendo esa realidad a base de ir comportándose de esa forma en miles de ocasiones, porque ha practicado las conductas de hablar, de dirigirse a los demás,  de integrarse en los grupos en lugar de limitarse a que los demás se acerquen a él, de jugar, preguntar, responder, divertirse y reírse en compañía,   saludar, mostrar afecto, buscar a la gente en vez de evitarla, etcétera. El resultado de todos estos comportamientos es su sociabilidad o personalidad sociable y extrovertida. Añádase a ello que se haya esforzado en actuar de forma que se facilitasen esos comportamientos, en pensar lo bueno que es relacionarse, que los demás lo necesitan y él a los demás, en plantear que resulta estupendo ayudar a otras personas y facilitar la comunicación, que el resto de gente puede enriquecerlo o viceversa. Su pensamiento habrá estado a favor de considerar las ventajas de socializarse y eso se une a sus conductas y todo ello va configurando su carácter o manera de ser.

Tal cosa puede llegar a producirse. No niego el hecho de que, por herencia, el sujeto tenga predisposición a relacionarse, pero eso es una parte más, no la más decisiva, aunque a muchos les interese justificar con ello su falta de determinación para ponerse a ello. Lo importante es que lo que ha practicado ha sido la comunicación y creer que la comunicación es positiva y eso le ha ido convirtiendo en un ser sociable y abierto .

 

Esto no es más que un ejemplo de que la manera de ser es fruto o resultado de los comportamientos, sobre todo, más de los pensamientos que cultiva y en parte de la herencia. Así, en cuanto practicamos los comportamientos que queremos,  porque nos llevan en la dirección deseada, comienza a producirse y hacerse realidad el cambio de hábitos, con lo cual se han sentado las bases para seguir en esa línea y poder constatar que hemos cambiado en efecto.

Por lo tanto, a la vista de lo dicho, si una persona quiere cambiar puede hacerlo simplemente empezando a modificar, DESDE ESE MOMENTO, los comportamientos que no le dan resultado, poniendo en práctica los contrarios  a los que venía haciendo y que no le convenían, o haciendo los que se corresponden al objetivo que se fije como cambio. De este modo, uno puede ser más sociable a base de practicar la comunicación y la sociabilidad, a base de hablar, mirar, acercarse, amar, admirar, preguntar, saludar informar, ayudar, tocar, acariciar, sonreir y todas aquellas conductas que exige la comunicación interpersonal.Basta con comenzar a actuar de manera contraria a como se hacía en un área de la vida que a uno no le sirve para que, al poco tiempo,   perciba que  va experimentando una transformación. Sólo con asegurarse de cambiar los comportamientos, que como sabe se pueden observar, oir, medir y comprobar, es suficiente para modificar en parte nuestra forma de ser. Eso es lo que constata la epigenética, citada.

Si a eso se le añade, como guinda, una nueva actitud mental, una forma de pensar favorable a ese cambio, éste queda asegurado. En cualquier caso, con modificar las conductas externas y visibles sería ya suficiente forma de empezar.

Hay quien dice aceptar que, si uno es agresivo y hostil, puede comportarse en un momento dado amablemente con alguien, aun creyendo que este acto es, además de artificial y forzado, algo puntual que no ayuda a cambiar la personalidad. Ahora bien, en el momento en que se asume que se puede modificar una sola vez la respuesta agresiva, se está admitiendo que podrá hacerse más veces, si uno se empeña. A base de repetir esos comportamientos se logrará ser de otra manera, ( La repetición es la madre de la retención) a pesar de que no se llegue a ser completamente diferente. Uno modificará en parte su manera de ser y los demás comenzarán a verlo también distinto. Es decir, se puede cambiar en parte nuestra forma de ser, que es lo que aquí se defiende. Por lo tanto, si quiere invertir en algo, invierta en su personalidad, es gratis y la gente se lo agradecerá siempre digo.

*Se puede cambiar nuestra forma de ser a base de sumar cambios en nuestras conductas personales y sociales y en nuestras actitudes, creencias, expectativas y pensamientos.*

Sin embargo existe un fenómeno que se presenta a la hora de intentar cambiar, a saber; RESISTENCIA

Lo que sucede, y en esto si estoy de acuerdo con esas personas reticentes e incrédulas, es que en todo cambio, aunque sea de unas pocas conductas, crea una resistencia.

 

Somos reacios a cambiar sencillamente porque es más cómodo seguir en la senda estamos transitando, aunque nos sea perjudicial. Somos reacios porque la zona de confort nos atrapa. Cambiar, sobre todo cuando se trata de algún aspecto de nuestro estilo, forma de ser o personalidad, cuesta bastante trabajo,   tanto el cambio en si como el mantenimiento del mismo. Los cambios profundos se logran a través de actos continuos, y nuestro cerebro se opone a ello. Veamos.

¡Es posible!

Aunque parezca poco creíble preferimos seguir en el mismo rail, por comodidad, a cambiar en otra dirección. La ley del “mínimo esfuerzo” nos frena.

 

Como todo hábito, adquirirlo ha supuesto miles de veces de ponerlo en práctica y empezar de nuevo a establecer y repetir miles de veces comportamientos saludables o beneficiosos supone un esfuerzo sostenido y la pereza es el vicio que nos dificulta dar el salto.

 

Amparándose en esa creencia de que cuesta mucho cambiar, muchas personas dan el salto  de la “dificultad” a la “imposibilidad” de cambiar nuestra forma de ser. Pero una cosa es la dificultad y otra la imposibilidad. Casi todos los cambios que tratamos de hacer son posibles, que es lo interesante, aunque ofrezcan mayor o menor dificultad, pero esta no es la cuestión. Es obvio que es difícil, pero no puede ser una excusa creíble.

 

*Es una forma de justificarse y admitir la falta de verdadera motivación  para pagar el precio del esfuerzo que todo cambio lleva implícito.*

Ya lo decía el gaucho coplero;

No hay desgracia más atroz en la vida de un humano que ampararse en el desgano por ocultar su razón.No hay cielo que de perdón para él que oficia de gusano.

Voy a repetirlo para que quede claro. La manera de ser de una persona es, en gran medida, el resultado de miles de conductas en una dirección determinada y, por tanto, bastaría con cambiar varios de esos actos durante una temporada y con una frecuencia grande para notar que uno va sustituyendo su manera de ser por otros rasgos. Pause por un momento y piense en esta declaración.

Somos lo que   repetidamente hacemos, por lo tanto, la excelencia no es un "acto", *es un hábito*  Obvio que para crear un hábito se requiere entrenamiento y constancia, hablare de eso más adelante o en otra nota.

Si a  lo mencionado  se le quiere añadir un cambio de actitud mental que favorezca el tener presentes sus ventajas, entonces los resultados se verán más claros, pero con lo primero bastaría para comenzar a verse uno mismo distinto de forma satisfactoria. 

No es necesario esperar a que se den las condiciones favorables, porque eso sería estar a expensas de, a merced de factores externos, cuando si algo tiene el ser humano es la capacidad de tomar la iniciativa y responsabilizarse de sus cambios. Y además se trata de uno de los mayores privilegios que tiene el ser humano: no estamos condenados por el determinismo, por el destino, a ser de una forma determinada. No vale echar la pelota fuera.Lo que no nos hace cambiar de manera de ser es atiborrarnos de medicamentos, esperando un remedio mágico-químico, que no existe. La magia radica en cambiar las actuaciones que a uno le perjudican y experimentar el bienestar que eso supone. 

De todas formas, ya dijo William James que, si uno desea sentirse de una determinada forma, debe empezar por elegir y realizar las conductas acordes con la emoción deseada. No hay que esperar a sentirse alegre (por ejemplo) para actuar con alegría, sino actuar “como si” estuviese alegre, aunque no lo esté.

Finalmente y para que no parezca que el cambio es solo el resultado de aplicarlos a las conductas, si a eso se añade un cambio de actitud mental y de poner la atención o pensar en lo que uno desea convertirse se estará apuntalando bien el cambio porque se estará trabajando en las dos áreas esenciales de nuestro ser: el actuar (los actos) y el pensar.

SE REQUIERE CONSTANCIA Y MOTIVACIÓN

 

Aunque no necesitamos miles de horas de entrenamiento en las nuevas acciones que nos proponemos, ni tampoco miles de horas de reflexión sobre el cambio, sí que es preciso, para empezar a notar y asegurarse buenos resultados, practicar de modo constante, sin extrañarnos de que, a pesar de que el tiempo pase, nos siga costando mantener en vigor ese cambio. Nadie niega tal cosa, pero eso es otra historia.

 

Naturalmente, la constancia debe ir acompañada de una motivación alta, una elevada determinación de cambio, un deseo ardiente, un elevado interés y un importante grado de pasión. No es sólo cuestión de tiempo y práctica; si siempre se hacen las cosas de manera forzada y sin poner el debido esfuerzo, es más que probable que desistamos en poco tiempo.

 

Este canto optimista sobre el cambio posible es para que lo escuchen los deprimidos, los estresados, los ansiosos, los acomplejados, los introvertidos y los fóbicos, los inseguros y los indisciplinados, entre otros muchos que sufren porque son y viven como no quisieran ser ni vivir. Es para todos aquellos que quisieran mejorar y disfrutar con ello de un mayor bienestar personal. Y también para los escépticos.

Dificultad-imposibilidad

¿PRIMERO CONOCERSE Y LUEGO CAMBIAR? Continuará..

 

 

 

 

 

 

Más recientes de Alejandro Castillo

Elevar la conciencia

¿Que más puedes pedirle a la vida, que ser consciente de ti mismo? 08/09/2018

Mostrando: 1-5 de 30